Tantadel

marzo 05, 2014

La derecha mexicana es inocente

El PAN se hizo acreedor, en tanto partido de oposición, al respeto de sus rivales: presumía demasiado su decencia, su incapacidad para la corrupción y era en este punto donde señalaba al PRI como un organismo integrado por ladrones del erario. Fox se hizo célebre al decirle a Labastida, entonces su rival por la presidencia de México, quien lo acusaba de ignorante, que a él podría quitársele lo inculto, pero a los priistas jamás lo corruptos.

Hoy podemos estar seguros, las pruebas se acumulan diariamente de que el PAN alberga multitud de corruptos, de buenos amigos de los dineros estatales. Les gusta hacer negocios al amparo del poder. Allí está el caso Oceanografía, el que apenas ahora están investigando, pues ha resultado un nido de pillos, donde gente cerca al presidente Fox, que no se sentía amante del dinero estatal, aparecen con sobradas pruebas de culpabilidad.

Si hace más de doce años Vicente Fox se sentía ajeno a la corrupción, hoy tanto él, su familia y desde luego el partido que lo cobijó, el PAN, tienen las manos sucias de lodo. Aprovecharon el poder para hacer negocios sucios, como han hecho perredistas y priistas. Allí está el hombre puro de Felipe Calderón. Camilo Mouriño, joven secretario de Gobernación que murió en un accidente aéreo: él y su familia estaban y están coludidos con la podredumbre de Oceanografía.

Pero lo grave es que ya no sabe uno, simple mortal, qué partido político se lleva las palmas en este negocio de utilizar recursos oficiales para edificar un imperio personal o familiar. Es probable que los mexicanos seamos corruptos por naturaleza. Desde el que consigue que algún trámite burocrático sea agilizado o ensuciado, hasta aquellos que saquean las arcas nacionales y aprovechan el puesto para hacer dinero a través de empresas fantasmas. O lo que resulta más indignante con empresas sólidas, afamadas y posiblemente hasta respetadas como son los bancos.

Ello significa, que contrario a lo que han insistido en decirnos, tanto los políticos nacionales, de derecha o de izquierda sin dejar de lado a los comodinos que afirman ser de centro, y los empresarios son mercaderes y no dejan de explotar cualquier ruta para mejorar sus fortunas personales. Nada de que sólo los políticos son pillos, también los empresarios y en ocasiones los modestos empleados. Por tal razón estamos tan desprestigiados a escala internacional como ladronzuelos por naturaleza. El lugar que ocupamos es preocupante.

Cuando Vicente Fox llegó a la Presidencia de la República, solía decir que había que limpiar al Estado de la corrupción habitual, pensaba y lo manifestaba que la iniciativa privada es tan sólo una suma de empresarios honestos que desean el bien de México. Nada más falso. Ninguno ha hecho su fortuna legalmente, siempre explotando a los trabajadores o recibiendo prebendas oficiales. Todos ellos han aprovechado las debilidades legales del gobierno para cometer atrocidades, pillerías y saqueos, aprovechando a los bancos, esas modernas tiendas de raya que nos tienen a la totalidad de los ciudadanos tomados del cuello. No hay nadie que no pase por la banca, de todo nos cobran, negocios grandes y pequeños, préstamos y hasta servicios, se hacen ricos con nuestro trabajo, todo bajo la complacencia del Estado. Vicente Fox, que tanto presumió su honorabilidad, así como otros panistas, ahora es claro que también están enamorados del dinero ajeno, el de nosotros, los mexicanos. La decencia la tuvieron cuando eran oposición, no más. El fraude es de más de 360 millones de dólares. Algunos piden mayor información, pero ya tanto los medios como el procurador Murillo Karam han mencionado datos y las vinculaciones de los Bribiesca Sahagún con la empresa Oceanografía.

Por ahora en EU y en México investigan a esos bancos y a los familiares y amigos de Vicente Fox. Espero que los frenen antes de que, tal como prometió el ex presidente de la República, cambien de giro y se dediquen al negocio de tráfico de drogas suaves o duras.

Los buenos mexicanos son desconfiados, ya no creen en palabras y discursos oficiales. No quieren más lugares comunes como aquello de “caiga quien caiga”, “llegaremos hasta el final”, “caerán cabezas”… Lo que desean es que al fin haya justicia y al menos un poco menos de corrupción, la que ahora vemos tan extendida y cuyas sombras cubren también a la nueva administración del gobierno. Lo que está visto es que Pemex es el lugar ideal para hacer fraudes, no importa qué partido esté en el gobierno. Desde luego, no sería mal momento para que al fin las autoridades pongan un alto a los abusos de los bancos, instituciones que parecieran ser la base de una antigua canción mexicana: nunca pierden y cuando pierden arrebatan y eso con el apoyo de las leyes y de las autoridades.

No es mal momento para que la señora Vázquez Mota, quien antes de ser titular de la SEP escribía libros de autoestima, haga uno más llamado: Dios mío, hazme panista, dedicado a sus camaradas o cómplices. Para ellos, la política también resultó un vulgar negocio. Muy sucio además.

No hay comentarios.: