Tantadel

marzo 12, 2014

Una izquierda sin ex priistas

Hace poco un viejo luchador marxista, que cayó en manos de Cárdenas primero y enseguida en las de López Obrador, y para colmo en las de Marcelo Ebrard, me dijo con tono de preocupación o posiblemente de arrepentimiento: Los problemas de la izquierda aumentaron de manera muy grave con la llegada de los ex priistas.

Le recordé que en su momento, cuando decidieron liquidar al Partido Comunista, anticipé mi punto de vista: Con las nuevas organizaciones, las que vengan, desapareceremos por completo y la izquierda más seria, combativa y con una ideología positiva, con una propuesta distinta, se extinguirá. Por desgracia, tuve boca de profeta y de nada valieron mis críticas al PSUM o al PRD. No son un partido político, son a lo sumo cocteles de lamentable calidad. Ahora vemos con toda claridad que entre ellos y los personajes salidos de las cloacas, la izquierda se perdió. Tenemos un puñado de sobrevivientes buscando un madero al cual sujetarse para mantener una senaduría, una diputación o una delegación en el DF. Los demás, lamemos nuestras graves heridas, lloramos en silencio o en público cuando hay por allí la presentación de un libro que habla, nostálgico, de las grandes batallas libradas por el Partido Comunista que sólo sirvieron para dejar cadáveres e ideas en el camino. La izquierda no existe más. Somos un puñado de mexicanos en busca de la identidad perdida.

Mientras los viejos luchadores marxistas se lamentan, personajes siniestros como Manuel Camacho y Marcelo Ebrard buscan su propia salvación, no la de la izquierda. La dupla, que ha pasado por todos los matices: del priismo salinista fervoroso, al centro rencoroso por la pérdida de la candidatura presidencial prometida por Salinas, a la supuesta izquierda, donde hacen extraños movimientos para mantenerse vivos políticamente hablando, es su última oportunidad, lo saben y por ello buscan algo, lo que sea, con tal de no perderse en el basurero de la historia que Marx mencionó por primera vez, antes de que se hiciera frase común.

Marcelo, al que muchos periodistas ven como un hombre de notable inteligencia, es el más activo. Desea la presidencia del PRD, partido que sin López Obrador naufraga. El ex priista tabasqueño supo aprovechar la oportunidad que los dioses le dieron y se convirtió en caudillo, pero tampoco pudo llegar a la Presidencia de la República, va por la tercera ocasión a dar la batalla, ya lo veremos en una cuarta o en la quinta pelea, cada vez más mermado. Pero son las fuerzas no ex priistas las que por fin se adueñaron del partido y no piensan soltarlo; Carlos Navarrete exige para sí la titularidad, está en su derecho. Pero los demás saben que necesitan al viejo caudillo Cárdenas, él, a pesar de fracasos y dificultades, es el único que puede mantenerlo vivo y en posibilidades de recuperar terreno ante los triunfos del partido padre y madre de todos ellos, el PRI. Sólo que Cárdenas juega su última carta también y por ello desea todo el poder, obtener la jefatura del PRD sin oposición.

Ebrard tendrá que salir del PRD, no tiene más opción, seguirá a López Obrador por otra ruta, sin duda por la vía de Dante Delgado, otro ex priista. De ser así y si la mayor parte del ex priismo deja al partido que pareciera ser la izquierda, podría quizás convertirse con algunos esfuerzos en un organismo realmente progresista, que sea de verdadera izquierda y que no luche en la cancha de los muy conservadores PAN y PRI. Pero es de dudar. El daño está hecho, no hay mucho que salvar. El PRD pasó muy pronto de esperanza a fallida realidad.

El paso de Manuel Camacho y Marcelo Ebrard por la política nacional ha sido funesto para el país y especialmente para la izquierda. Su tortuoso y perverso actuar luego de que Salinas optó por Luis Donaldo Colosio, enturbió más las aguas. Alguna vez Cárdenas dijo, en su discurso críptico, que tenían las manos manchadas de sangre, no porque hayan disparado en Lomas Taurina sino porque su malestar al no ser elegidos, permitió tales confusiones que condujeron a la muerte del candidato priista y a meter a México en un caos del que no ha salido.

Falta saber qué hará exactamente un hombre, Miguel Ángel Mancera que tanto presume su distancia del partido que lo condujo al poder capitalino. No tiene muchos posibles caminos. Seguirá en el PRD diciendo que no es perredista y se concentrará en el DF mientras se aclara un poco el panorama. Su destino es incierto, pero podría ser el candidato presidencial “ciudadano” del alicaído PRD. Tiene una ventaja, el PAN carece por completo de posibilidades. El DF no parece estar dentro de sus proyectos, aunque afirma que sí y que buscará alianzas con el PAN para sacar al PRD de su centro de operaciones. La siguiente gran lucha será de alianzas y el gran rival el PRI.

Pedir que haya un PRD realmente de izquierda, con proyectos serios que vayan más allá de pintar fachadas y con una sólida ideología, es un exceso. Todo indica que habrá que aguardar a que la izquierda salga del seno de la sociedad y sepa crear un partido sobre el gran cementerio que dejaron los ex priistas.

En tanto, Ebrard y Camacho harán su última función antes de que el telón caiga y los elimine de la política que tanto envilecieron.

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