Tantadel

abril 18, 2014

Cambio climático

En Estados Unidos la mayoría cree seriamente que la humanidad tiene lo que indica el calendario cristiano, por ahora 2014 años. En todo caso, la Creación es un poquito más antigua. No obstante que sus científicos han logrado avances prodigiosos y sus naves ya exploran el Universo, siguen pensando en la Biblia como fuente de todos los conocimientos, en consecuencia Dios nos salvará en el momento en que lo juzgue conveniente. Ello conduce a hacerlo pensar que el cambio climático es una broma de los fundamentalistas y terroristas, como antes todo mal venía de los comunistas. EU vive obsesionado por unas enigmáticas fuerzas del mal que amenazan al mundo que está bajo su cuidado policiaco. En síntesis, bajo su lógica destructora del medio ambiente para construir aviones, automóviles, computadoras y refrigeradores, lo del cambio climático es una buena broma. Pocos lo toman en serio a pesar de la información que poseen y a las visibles modificaciones ambientales. Los casquetes polares se derriten, los bosques se convierten en zonas casi desérticas y la humanidad avanza a costa de la naturaleza. No la ha modificado, la ha destruido salvajemente. Especies extinguidas, otras desaparecidas irremediablemente. Nada de ello es grave. Las aguas están contaminadas y los árboles mueren en un bestial ecocidio. No obstante, pese a las evidencias, con tal de mantener los altos índices de producción, incluidas las empresas altamente contaminantes, EU no ve mayores peligros, el mundo no se agota, es capaz de regenerarse, gracias a los avances tecnológicos. Se consideran siempre súper héroes norteamericanos capaces de enfrentar los desastres que nos amenazan y que ya se manifiestan de diversas maneras por todo el orbe.

En México sí se toma en cuenta el cambio climático, hasta las gentes con menor cultura lo perciben y ven los peligros que trae consigo. Datos oficiales indican lo siguiente, sigo la información de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), planteadas en el Plan Nacional Hídrico, 2014-2018, “debido al cambio climático que se experimenta en todo el planeta, las lluvias en México habrán de disminuir hasta 30% durante este siglo y los primeros efectos de esta transición climática comenzarán a sentirse en los próximos 16 años.

“Entre el 2013 y el 2030 –señala el documento, aprobado por el presidente Enrique Peña Nieto y publicado la semana pasada en el Diario Oficial de la Federación–, las variaciones de temperatura y precipitación en el territorio mexicano se intensificarán”, generando como consecuencia que “para finales de este siglo, en los estados del noroeste la precipitación (pluvial) tenderá a disminuir hasta en 30% en temporada invernal, mientras que los estados del sureste tendrán un decremento similar en el verano”.

“En los próximos 16 años, además, la disponibilidad de agua en los ríos del país se verá disminuida hasta en 7%, situación que, para 2030, se sentirá principalmente en los estados de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Tabasco, Chiapas, el sur de Veracruz, Tamaulipas, Nuevo León, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Nayarit y Sinaloa”.

“Asimismo, el volumen de agua de los ríos disminuirá entre 4% y 5% en Oaxaca, Puebla, Morelos, Tlaxcala, Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, San Luis Potosí y el norte de Veracruz, mientras que en el resto del país el descenso en el caudal de los ríos será de 1% a 3.9%”.

“Y mientras la disponibilidad de agua disminuirá progresivamente, durante los próximos 20 años las autoridades federales prevén que la demanda del líquido en el país aumente hasta en 16%, debido al incremento en las actividades productivas y el crecimiento de la población”.

“Sin embargo, la Semarnat estimó que en 20 años el país sólo podrá disponer de 75% del caudal demandado, lo que significa que la brecha estimada entre oferta y demanda será de 23 mil millones de metros cúbicos de agua”.

“La disminución en el agua disponible, generada por la sobreexplotación, la sobreconcesión y la contaminación, ha provocado diversos conflictos en algunas cuencas del país, a causa de los cuales la estabilidad social, económica y política de México se ha visto comprometida”.

“De hecho, señala el Plan Nacional Hídrico, en la actualidad, de las 731 cuencas hidrológicas del país, 20% está contaminado y otro 14.5% son acuíferos sobreexplotados. Además, 41% de las aguas industriales se vierte en los ríos sin haber sido tratadas, lo mismo que 52.5% de las aguas negras colectadas a través del sistema de alcantarillado”.

“Para enfrentar esta problemática, el Plan Nacional Hídrico se plantea objetivos generales que deberán seguir todas las dependencias de gobierno, entre las que se encuentran:

*Promover la gobernanza y gobernabilidad del agua.

*Garantizar la seguridad hídrica ante los efectos de fenómenos hidroclimatológicos extremos que atentan contra la vida humana.

*Garantizar el ejercicio efectivo de los derechos sociales en torno al agua para toda la población.

*Desarrollar potencial humano en el sector hídrico.

*Impulsar un “crecimiento verde incluyente y facilitador que preserve nuestro patrimonio natural, al mismo tiempo que genere riqueza”.

Imaginemos que estas indicaciones México las lleve puntualmente y hasta haya mayores avances y logros, ¿y el reto del mundo? Son los países altamente industrializados los que más contaminan y son los que más se quejan del deterioro de la naturaleza. México tendría que darle vigor a sus políticas internacionales, a su diplomacia y exigir que esas naciones frenen su monstruosa capacidad para contaminar y destruir el medio ambiente, modificarlo negativamente. Porque los países pobres serán los mayormente perjudicados con consecuencias graves desde el punto social y económico que a nadie benefician. Y sí pueden crearse revueltas de alcances poco imaginables por todo el mundo.


La crónica

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