Tantadel

abril 04, 2014

La UNAM no debe ser agredida


La ANUIES, agrupación que incluye a prácticamente la totalidad de las universidades públicas del país y a algunas particulares (unas 175 instituciones de educación superior), es un órgano que orienta y sensibiliza tanto a la sociedad y a los medios de comunicación, como al Estado sobre el papel clave de la educación. Dos figuras destacaron en su más reciente reunión: el titular de la organización, el Dr. Enrique Fernández Fassnacht y el rector de la UNAM, José Narro. Con ANUIES estuvo Luis Videgaray, secretario de Hacienda, que deberá hacer mayores esfuerzos por atender las justas demandas de las universidades públicas. Los países de mayor desarrollo han logrado sus altos niveles, no siempre por la posesión de grandes ejércitos o de riquezas naturales, sino por la educación y la cultura. Allí están Finlandia, Dinamarca o Suecia.

El funcionario del gobierno de Peña Nieto dijo que no disminuirán los recursos, pero son palabras gentiles, no se consideran los enormes gastos de una población creciente, el precario desarrollo económico y la necesidad que tienen las universidades de ponerse al día tecnológicamente. Toda mi vida he trabajado en universidad, primero en la UNAM, ahora en la UAM, sé bien de sus dificultades, enfrentamos asombrosos desafíos, buscando con ingenio la forma de mejorar la docencia, la investigación y la difusión de la cultura. Como responsable de esta última tarea sustantiva en la UAM-X, busco como pedigüeño recursos que no nos fueron asignados. En lo personal, tengo la certeza de que el actual Estado mexicano, absorto en problemas que supone claves para salir del ancestral atraso, ha descuidado la educación que antaño fue una seria preocupación, diría que hasta los años de López Mateos en la presidencia y Jaime Torres Bodet en la SEP. La globalización sobre bases que nosotros no contribuimos a consolidar, nos ha conducido a ser simples globalizados, donde los globalizadores nos dicen que debemos adelgazar al Estado y a preocuparnos por abolir las propiedades que antaño tuvo, para ser una mera oficina reguladora de la economía de mercado. En este complejo contexto, la educación pública se encuentra atorada, con graves problemas que vienen de lejos, con sindicatos corruptos y líderes anacrónicos, las barreras no son fáciles de romper.

Sin embargo, las universidades públicas y sobre todo ANUIES, hacen su mejor esfuerzo y demandan recursos y poner frenos a los actuales mecanismos que parecen modernizarlas, pero que en el fondo son puro papeleo administrativo. Los problemas son de fondo y el rumbo parece perdido en un país que políticamente no pasa por su mejor momento pese al optimismo desbordado por la clase gobernante. Hubo en esta pasada reunión de ANUIES un velado forcejeo entre las instituciones de educación superior y el gobierno de Peña Nieto, al que a mí, en lo personal, me parece frívolo y superficial, parte del espectáculo y no de una cultura socio-política seria. Pero en fin, debemos aprender, diría López Portillo, a administrar la demagogia.

Sin embargo, hubo un hecho significativo de apoyo y solidaridad de ANUIES a la UNAM, sin duda la mayor institución educativa de México, una universidad que ha contribuido como ninguna al desarrollo actual del país. ANUIES la respaldó para que se lleve a cabo, por los mejores términos, la recuperación del auditorio Justo Sierra, el que desde doce años es una cueva de fósiles e imaginarios activistas, que algo hacen y no son los preparativos para una revolución transformadora. Para que la UNAM, y especialmente la célebre Facultad de Filosofía y Letras, por donde han pasado y seguirán pasando las mayores figuras intelectuales de México, vuelva a su actividad normal, a servir de foro para las expresiones culturales propias de Filosofía y Letras. Desde que fue tomado no han podido convencer a un pequeño grupo de liberar su potencial académico, el que le conocimos y contribuyó a la grandeza de la facultad que lo posee.

ANUIES, en síntesis, determinó sumarse a la exigencia de que dicho auditorio regrese a su vida académica. Esperemos que así sea, por el bien de la UNAM.

Creo que no será fácil, como suele suceder en México, para evitar problemas inmediatos, las cosas se quedan en la ambigüedad. Hace años, en una comida con el rector Juan Ramón de la Fuente, en la Rectoría de la UNAM, el escritor y maestro en letras Sergio Fernández, solicitó que las autoridades hicieran arreglos para que el auditorio Justo Sierra fuera devuelto a la institución. Un alto funcionario cultural universitario repuso que no era el momento adecuado. ¿Entonces, ya es? ¿Cuando los jóvenes que lo controlan han radicalizado sus posiciones? Esperemos que la cordura retorne.

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