Tantadel

abril 28, 2014

Vicente Lombardo Toledano, ¿dónde lo perdimos?

a derrota de la República Española en 1939 trajo a México a muchos y muy diversos socialistas, anarquistas y comunistas. Entre estos últimos llegaron Adolfo Sánchez Vázquez y Juan Rejano. De este modo, la cultura nacional recibió una fuerte inyección político-cultural que consolida las posturas de la izquierda y que le da, sobre todo a los comunistas, una innegable presencia. Todo ello junto hace que la izquierda de origen marxista, comunista o trotsquista influya poderosamente en la cultura nacional. Los pintores y escritores comunistas contribuyen a impulsar una cultura revolucionaria, incluso más allá de los valores del movimiento mexicano de 1910, al fundar, digamos, la Liga de Artistas Revolucionarios. Al contrario, la derecha ha resultado incapaz de crear no únicamente una ideología estética, pero tampoco figuras artísticas notables. No en vano, muchos intelectuales de aquella época pensaban, como los surrealistas, en cambiar el arte y la vida. Trostsky, Diego Rivera y André Bretón, en Coyoacán, redactaron un manifiesto de arte vanguardista, ajeno al estalinismo.

El obsesivamente festejado Octavio Paz no fue distante de su tiempo juvenil y las luchas revolucionarias al escribir el poema “No pasarán”, pero lo obsesionaba la búsqueda del poder, lo que al fin consiguió, como el Cid campeador, ya muerto, al ser consagrado, como prócer nacional o un papa que es canonizado por una comisión burocrática. Cervantes y Shakespeare fueron igualmente declarados autores clave de la cultura universal, no simplemente local, pero no lo hicieron legisladores poco letrados, sino millones de lectores que los han seguido tenazmente por más de cinco siglos.

Cuando el PAN es fundado como reacción ante los avances del general Cárdenas, no establece un solo punto cultural, pese a que entre sus creadores está uno de los llamados Siete Sabios de México, Gómez Morín, un destacado (uso la terminología de Enrique Krauze) caudillo cultural. Acción Nacional recoge la herencia contrarrevolucionaria de México, la de los reaccionarios del siglo XIX, los enemigos de la Revolución Mexicana y los cristeros. No deja de ser extraño que de esa generación sea el marxista Vicente Lombardo Toledano (Teziutlán, Puebla, 1894), quien haya dejado multitud de acabadas creaciones culturales y políticas progresistas. Dirigió la Escuela Nacional Preparatoria. Pensando en la clase trabajadora, creó la Universidad Obrera. En 1923 fue gobernador de Puebla. Luchador antifascista, forma en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, la CTM, destinada para apoyar las tareas del general Cárdenas como la expropiación petrolera y el reparto agrario y la Confederación de Trabajadores de América Latina para frenar los avances nazis en América Latina. Fue vicepresidente de la Federación Sindical Mundial. Al ver la decadencia del PRI, funda el Partido Popular Socialista, del que fue candidato presidencial contra el priista Adolfo Ruiz Cortines, mientras que a Gómez Morín sólo se le recuerda por la fundación del PAN, lo que, para la derecha, no debe ser gran cosa. Este partido nunca se ha preocupado por la cultura. El PRI lo hizo de modo natural en sus inicios y de muchas maneras consolidó la tradición luminosa de un Estado promotor de arte. Gracias a eso, para bien y para mal, hoy México cuenta con una enorme estructura cultural, con frecuencia caótica, sin una política clara, que ha utilizado para cooptar intelectuales y artistas. Pero dejemos claro que nuestras acciones culturales han sido hechas por artistas y creadores de pensamiento avanzado.

En la ALDF está el nombre del panista Gómez Morín en letras de oro y asombra que no está el de Vicente Lombardo Toledano, sin duda uno de los mayores polemistas del país, un intelectual brillante y una de las mayores culturas del continente, reconocido por admiradores y críticos, autor de más de cien libros donde tocó, desde la perspectiva marxista, los más diversos temas nacionales e internacionales, políticos y culturales. Baste recordar su polémica celebérrima con Alfonso Caso, libros como Summa, suerte de autobiografía intelectual y su notable lista de obras fundamentales de la humanidad. José Revueltas lo menciona como un hombre clave de la izquierda latinoamericana. Acaso su error haya estado en que, al fin producto de la Revolución Mexicana, le veía potencial a ese movimiento todavía en los sesentas.

Su legado, dirigido a los trabajadores y a todos aquellos que buscan un México distinto, es válido, por ejemplo, su Carta a un joven socialista, una obra inspiradora que ahora podrían darles armas ideológicas a quienes no están de acuerdo con la globalización del capitalismo salvaje.

México debería hacer un esfuerzo por conservar a sus mejores hombres y mujeres y no dejarse guiar por las modas estimuladas por los medios de comunicación, en especial los electrónicos. En los años difíciles que van del ascenso del fascismo a la Guerra Fría, luego de la derrota del fascismo por los aliados, hay figuras intelectuales sin par. ¿Dónde las ha puesto el panteón oficial? Las olvidó. El daño hecho al país es incalculable. Pareciera que somos producto de cuatro o cinco artistas y no de las hazañas que cometieron infinidad de escritores, pintores y músicos de talento y grandeza. Vicente Lombardo Toledano reposa en la Rotonda de las Personas Ilustres. Silenciosamente. Sin citas presidenciales.

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