Tantadel

mayo 02, 2014

El Día del Trabajo en México

Los trabajadores mexicanos, pocas veces dueños de su propio destino y jamás vanguardia de las luchas revolucionarias, seleccionaron por vía oficial, el 1 de mayo para conmemorar sus luchas. El día fue tomado de la brutal represión que las fuerzas policiacas cometieron en Chicago contra obreros en huelga. Los estadunidenses tomaron otro día para conmemorar sus combates sociales y políticos. En ambos casos, son días para medio gritar consignas sin mayor sentido histórico, protestar por naderías y entorpecer el tránsito. Los niños están felices porque es un día de asueto más, en un calendario que apenas les permite aprender mal lo básico.

Por años, el PRI hizo que el desfile obrero fuera la fiesta del presidente. La CTM, con su infaltable Fidel Velázquez y otras centrales de trabajadores, desfilaban ante el presidente y le agradecían que los explotaran. Era algo idiota.

Luego comenzaron a aparecer sindicatos, “libres”, “democráticos”, “críticos”, “opuestos al presidencialismo” e igual, sin ningún proyecto político de envergadura. Lemas comunes, que cualquiera podría decir ante los patrones más salvajes y no producirle más que una discreta sonrisa sardónica. Esos sindicatos son en apariencia severos contra los empresarios y los priistas, pero en doce años de panismo y uno de retorno priista comprobamos que ninguno deseaba democracia sindical, sino permanecer en sus puestos de líderes por años, siguiendo el modelo de Fidel Velázquez en la CTM.

Los sindicatos “independientes” carecen de democracia interna. Uno se pregunta. ¿Independientes de qué? puesto que están al servicio de otros partidos. Buscan cargos de diputados y senadores, permanecer al frente de sus organizaciones. Realmente son un estorbo para la marcha de los trabajadores hacia un mejor futuro. Si Marx los vio al servicio de una magna ideología que transformaría radicalmente a la sociedad, en México sólo un puñado de autoritarios y hábiles líderes han sido los beneficiados. Los trabajadores ponen el esfuerzo, la carne ante las macanas. Los líderes los jinetean.

Ahora se han reunido con Peña Nieto. No hay dirigentes sindicales capaces de arrojar la primera piedra. Los políticos son corruptos y aman el poder, los sindicatos “independientes” son igualmente corruptos y aman el poder. Unos y otros desconocen el significado de democracia, se han eternizado en sus cargos.

Cuando los obreros mexicanos estaban casi todos en sindicatos y centrales oficiales contraladas por el PRI, en París, filósofos avanzados como Sartre pensaron que los movimientos juveniles podían desatar la furia contenida de los trabajadores y los explotados. Los estudiantes serían en 1968 la mecha que detonaría la revolución socialista. Pero no, la euforia pasó. Los jóvenes cada tanto se indignan y al final vuelven a casa. El combate contra los sistemas económicos imperantes es complejo, especialmente ahora que el capitalismo se ha globalizado y la izquierda se derrumbó.

No sé cuál es el empeño de seguir conmemorando a los mártires de Chicago con marchas que ingenuamente piden un poco más de justicia o algo de democracia e insultar al presidente, cuando dentro de sus organizaciones están dominados por líderes vetustos que quieren todo menos un cambio radical y sin un sólido proyecto ideológico.

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