Tantadel

mayo 19, 2014

El gran solitario de Palacio en Xalapa y Pachuca

Acaba de aparecer editada por la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV) la edición conmemorativa de mi segunda novela, El gran solitario de Palacio, escrita entre 1969 y 1970 y publicada en Buenos Aires en 1971. El impulso para escribirla fue político: la matanza del 2 de octubre. La viví paso a paso, desde que llegué, en compañía de Rosario, mi esposa, hasta que ya en la madrugada salimos del departamento de Tlatelolco donde un matrimonio nos ocultó para no caer en manos de policías y militares. La noche más larga de mi vida. Desde las ventanas podíamos apreciar la intensa lluvia de balas sobre jóvenes desarmados y huyendo en total desorden. Hasta ese momento, prefería el cuento breve. Allí descubrí que requería de mayor espacio para denunciar el aberrante crimen.

La novela fue escrita de principio a fin en París y al concluirla fui avisado que no había condiciones para publicarla en México. Por fortuna, una editorial argentina, Fabril Editora, la pidió y apareció en Buenos Aires. A México llegó un año después. A partir de entonces, se hizo una novela de discreta y tenaz presencia. Lleva unas 25 ediciones y está traducida a varios idiomas. La crítica literaria y política ha sido generosa con ella. Es la segunda obra en aparecer, luego de la de Luis González de Alba, Los días y los años. Para escribirla releí toda la literatura sobre dictadores latinoamericanos: de Tirano Banderas y La sombra del caudillo, hasta El señor presidente. No había mucho más. No intentaba hacer la crónica de un crimen que presencié, sino criticar al sistema político mexicano.

Ahora la UPAV, con motivo de mis 50 años como literato, ha hecho la edición conmemorativa. Será presentada en distintos foros: el próximo jueves 22 en la Universidad Autónoma de Hidalgo, en esa misma institución, repetirá en la Feria del Libro y finalmente, lo será en su actual casa: en Xalapa, el 7 de junio, día de la libertad de expresión. Una curiosa paradoja: de la prohibición al festejo.

Cuando la tradujeron al coreano, en Corea del Sur, pregunté la razón, me parecía algo extraño. Me respondieron diciéndome que allí también hubo represión contra los estudiantes. Quedaba claro que el 68 mexicano no fue un caso aislado, sino un fenómeno mundial complejo. En mi caso, considera María Esther Arredondo, autora de la cuarta de forros de la edición conmemorativa, basada en el número de críticas y comentarios, que “Para muchos, El gran solitario de Palacio es considerada la mejor novela sobre el 68 y posee grandes méritos literarios y testimoniales que resisten las pruebas del tiempo y el espacio…”.

La nueva edición tiene el prólogo del politólogo chileno Ricardo Yocelevzky y al final una aguda historia de las vicisitudes de la novela escrita por el literato Mario Saavedra. El primero precisa: “El poder y su solitario han dejado en buena medida su hosquedad, parte de su alejamiento y su exigencia de solemnidad en su presencia. La modernidad le exige exposición mediática y la búsqueda de imagen ha traído cinismo y desparpajo… El ambiente refrescado puede ser engañoso. ¿Será que la cirugía es más sofisticada y el solitario está ahí todavía?”.

Vale señalar que la primera Legislatura del DF, encabezada por el PRD, hizo una conmemoración del 68 con tres o cuatro libros memorables, entre ellos mi novela.

El gran solitario de Palacio ha sido capaz de entrar en el imaginario colectivo.

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