Tantadel

mayo 12, 2014

Marcela del Río, eficaz y discreta escritora

Conocí personalmente a Marcela del Río en el Centro Mexicano de Escritores en 1965. Era la única mujer de esa generación de becarios. Destacaba por su cultura y conocimiento literario. Los compañeros como el prosista Jorge Arturo Ojeda, los poetas Leopoldo Ayala y Sergio Mondragón, el novelista Raúl Navarrete, por quien Juan Rulfo sentía especial afecto, muerto prematuramente, el venezolano Domingo Miliani, ensayista brillante que llegara a ministro de cultura en su país, y yo mismo, escuchábamos las intervenciones de Marcela con respeto y asombro. No subía el tono, sus palabras analíticas, jamás destructivas, nos llamaban la atención. Podía discrepar, pero lo hacía con fineza y tacto. Eran otros tiempos y nuestros maestros alcanzaban una magnitud pasmosa: Juan José Arreola, Juan Rulfo y Francisco Monterde. Difícilmente otras generaciones tendrían maestros de esa dimensión, alta y distinguida. Marcela ya estaba casada con el violinista Ermilo Novelo y escribía brillantes artículos en el suplemento de Excélsior sobre las más variadas manifestaciones estéticas. Marcela y yo teníamos afinidades literarias por la fantasía y en especial por la ciencia-ficción, ella la desarrollaría con Proceso a Faubritten, publicada en 1976, yo me atoraría en pequeños relatos donde aparece algún tema futurista.

No suelo hacer entrevistas, me cuesta trabajo imaginar preguntas, me extiendo peligrosamente, sin embargo, en algún momento, hace más de quince años, me armé de valor, me esforcé en la capacidad para sintetizar y toda una tarde me dediqué a interrogar a Marcela: trabajamos en una entrevista que apareció en El Búho. Confieso que han sido pocas las veces que hemos platicado largamente, nuestros encuentros han sido breves, de tal suerte que a veces me siento muy distante de Marcela, aunque jamás la he olvidado, pese a la distancia, yo sí tengo memoria en un país que suele extraviarla no sólo en el campo de la política, asimismo en el de la literatura. Mis recuerdos se centran en los compañeros varones de generación como José Agustín, Alejandro Aura o Gustavo Sainz, algunos de los mencionados y ya. Como en todas las épocas, incluida ésta, de docenas o cientos de aspirantes a poetas, cuentistas o novelistas, queda tan sólo un puñado. Yo diría que Marcela se ha convertido en la mejor representante, en la más lograda escritora, de una prosa elegante y fina, de argumentos agudos y complejos.

La carrera de Marcela del Río ha sido intensa, está poblada de novelas y cuentos, también pinta y es una brillante crítica literaria merced a su amplia cultura e inteligencia. Una de sus más recientes novelas, La utopía de María, es un libro lleno de talento y difícil de clasificar. El lector, a ciencia cierta, tendrá dificultades para saber exactamente qué tiene frente a sus ojos. Desde el principio, aparecen las dificultades para explicarla como género literario. Marcela, en los agradecimientos, habla de novela, pero la narradora de la historia (o las historias), María, titubea y hace interesantes reflexiones sobre lo que Michel Tournier, en El vuelo del vampiro, llama géneros confesionales y distingue y separa de los de ficción, a los que mira más estéticos. “No es una autobiografía —escribe María—, tampoco es un diario, ni lo que se conoce por novela, porque ni todo es verdad ni todo es ficción. Diría como Unamuno, que es una ‘nivola’ si supiera cuál era, en verdad, su definición, pero ya que no es ni la una ni la otra ni la tercera, tendría que encontrar un término intermedio entre autobiografía, novela y nivola que podría ser ‘autonovela’, pero suena tan complicado que resultaría pretencioso; pienso que, tal vez, en lugar de definirla por lo que es, podría mejor nombrarla por lo que no es; pero sería una negación de sí misma; además, no sólo hay autobiografía, sino también biografías ajenas, así que, buscando un vocablo que combinara la realidad con la ficción, de modo que ni fuera totalmente biográfica ni totalmente novela, se me ocurrió que el mejor término para caracterizarla sería bionovela”

Sea lo que sea, Marcela es una de las mejores escritoras de nuestro tiempo, su conducta fina y discreta la aleja del ruido. Es todo.


La crónica

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