Tantadel

junio 09, 2014

Combatir la pobreza y divertir al mismo tiempo

Cuando Rosario Robles era una arrogante guerrillera perredista que trabajaba como altísima funcionaria del DF, la visitamos un grupo de vecinos para pedirle ayuda: nuestra delegación, Tlalpan, se deterioraba visiblemente bajo el mando de su amigo El Pino. A ella nos envió, luego de una conversación amable, Cuauhtémoc Cárdenas, jefe del gobierno capitalino. Nos recibió a regañadientes y luego de escucharnos, con voz gritona dijo que no toleraría “campañitas” contra su partido, el PRD. No hubo diálogo, las quejas fueron al basurero. Salimos derrotados y yo comencé a dudar de la sinceridad y decencia de aquellos por los que había votado. Lo siguiente lo he narrado en innumerables artículos y conferencias.

Han pasado muchos años de ese momento en que fuimos groseramente regañados por Rosario Robles. En mi fraccionamiento, por cierto, no ha vuelto a ganar una elección el PRD. La célebre “izquierdista” se vio involucrada en un escándalo mayúsculo y bien conocido y dejó “su partido”. Soportó, ciertamente con dignidad, el despido y como muchos hábiles políticos logró superar la crisis y ahora está, en el PRI, junto al presidente Enrique Peña Nieto. Imagino que si voy a quejarme ante ella por la pobreza de mi rumbo me dirá algo semejante: “Campañitas contra mi partido no, el PRI”.

Lo asombroso es el cambio operado en su persona. Acabo de escucharla en una entrevista, luego de saber que la Cruzada contra el Hambre arrancó con un soberbio fiestón en el costoso Auditorio Nacional y de la entrega de uniformes para el ejército de portadores de recursos que serán destinados a paliar la miseria. El costo total, según datos mediáticos, fue de 114 millones en la vestimenta y unos diez millones en el pago del concierto, donde tocaron La Gusana Ciega, Ruido Rosa, Ely Guerra y DLD. Esto es, hay que celebrar con gastos excesivos la batalla contra el hambre.

Entrevistada Rosario Robles, me llamó la atención su discurso sentimental. Habló como si fuera Sara García dirigiéndose a Pedro Infante o la madre Teresa de Calcuta a cualquier indigente. Decía cosas como la emoción que le producían las “caritas agradecidas” de los niños que recibían comida y de lo felices que se ponían aquellos a los que les entregaban  cobijas. La combativa mujer que de la nada llegó a jefa del DF y que luego, nuevamente de la nada, se hizo secretaria de Sedesol, y muy cercana al Presidente de la República, ha modificado su discurso y manera de actuar. No más el lenguaje duro de los opositores de antaño, ahora es dulce y gentil en su trato.

Sin embargo, no deja de llamar la atención que el PRI, para iniciar su portentosa Cruzada contra el Hambre, requiera festejos costosos. Pudo haber encontrado otro medio menos escandaloso y elegante, acorde a la miseria del país.

Finalmente, está visto que los partidos, aquí o en España, abrazan las mismas causas, las propias, y que eso que alguna vez llamamos ideología no existe más. Los mexicanos hemos optado por repartir dádivas, limosnas, en lugar de crear fuentes de trabajo, exigirle a los muchos multimillonarios que inviertan, creen empresas necesarias en lugar de rogarle a los ricos extranjeros que vengan a invertir. El Teletón ha triunfado. Pidamos a la sociedad dinero para que el Estado dé comida a los más necesitados. Ah, y aprendamos a admirar al sistema político mexicano. Es genial.

No hay comentarios.: