Tantadel

junio 18, 2014

El difícil arte de la sencillez

os nuevos tiempos, desde fines del siglo XIX y principios del XX, demandaron redefinir la cultura. Imposible mantener la equivalencia con las bellas artes clásicas. Otras concepciones, tendencias e inventos hicieron las definiciones más complejas. Pero nunca se ha tratado de equiparar la cultura a una explicación antropológica. Hay que localizar un campo nuevo y más amplio. Me parece que las conversaciones entre Mario Vargas Llosa y Gilles Lipovetsky lo prueban. Tenemos que aceptar que a los valores aceptados se han sumado nuevos autores y corrientes que amplían la idea de cultura. El cine, los cómics, el rock y en general la buena música popular aparecen como fuente de creatividad y educación. Imposible limitarse a los antiguos moldes y modelos. En efecto, los tiempos modernos y las nuevas tecnologías han permitido profundas modificaciones.

   En este contexto, en la Galería del Sur de la UAM-X, Félix Beltrán expuso algunas de sus aportaciones al diseño, obras que lo han prestigiado internacionalmente; ha enriquecido el arte con excepcionales trabajos de emotiva imaginación.

   Félix Beltrán nació en La Habana y luego de largos estudios, de diplomarse en la School of Visual Arts y en la American Art School de Nueva York, decidió instalarse en México. Es profesor titular de la UAM-A. Ha obtenido multitud de premios, expuesto en galerías internacionales, recibido doctorados Honoris Causa en diversos países, el nuestro incluido. Acaba de ofrecer una muestra de su trabajo, llamada La función de la simplicidad.

  La exposición en la UAM-X estuvo integrada por trabajos realizados de 1956 a la fecha; es posible ubicar los años por los temas y tratamientos singulares. Si bien Beltrán explica que su obra está señalada por la síntesis, con un deseo obsesivo de evitar complicaciones estériles que en nada enriquecen al arte, el principio rector es hacer énfasis en los deseos del autor, en lo que desea remarcar. La figura de Ernesto Guevara, que es emblemática, en manos del maestro Beltrán adquiere relevancia y deja de ser ícono barato, ha sido enriquecida con los trazos de la sencillez, es, en efecto, el deseo de simplificar el diseño y en general las artes visuales. Hay una libertad creativa que llama la atención. La obra, vista en conjunto, es un hermoso rompecabezas fácil de acomodar en sus justas dimensiones estéticas.

   Félix Beltrán ha trabajado en el campo de la publicidad, escuela compleja por sus exigencias, aquí y en EU, en París y en Barcelona. Sus diseños buscan la sencillez, pero al mismo tiempo es el resultado de hondas meditaciones y un constante recrear hasta llegar a lo adecuado. Este tipo de diseño tiene funciones sociales muy precisas y directas. El mensaje debe ser el adecuado y aquí entra el artista comprometido. El apoyo decidido del joven que fue marcado, como tantos otros, por la Revolución Cubana.

   El trabajo de Beltrán es el resultado de una larga experiencia en distintos puntos, pero es en México donde adquiere el sello definitivo: la síntesis, explica Teresa Camacho, en función de un objetivo, sin jamás descuidar su implicación social. El arte de Félix Beltrán posee la maestría y belleza de quién sabe exactamente a dónde quiere llegar: a la fusión de valores estéticos, con los contenidos de positivas claves sociales que puedan llegar a amplios públicos.

   Beltrán, luego de pasar por muchas escuelas de arte y diseño, de trabajar en empresas privadas y públicas y de participar en luchas políticas, ha formado la suya propia y es realmente notable.


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