Tantadel

junio 23, 2014

¿Hay algo más que futbol?

Absortos como estamos a escala mundial ante el futbol, poco vemos los grandes problemas que nos agobian. En lo doméstico, padecemos una ciudad descuidada, que sufre inundaciones serias, que tiene carencias e inseguridad, cuyas autoridades están atentas a las actividades deportivas y muy poco miran hacia la cultura o la confunden con toscos festejos de cuestiones ajenas al arte. Como país, muy pocos conocen el rumbo exacto al que un sistema rudimentario de partidos nos lleva sin mayores problemas ni auténtica resistencia social. La vida parece más tolerable en México merced a la cantidad asombrosa de discursos y declaraciones de los políticos. Todos prometen un futuro magnífico. Si antes fallaron docenas de presidentes, ahora el nuevo, Peña Nieto, nos salvará del atraso y nos introducirá sin esfuerzos en la grandeza que buscamos desde que el país dejó de ser colonia española.

La miseria no es privativa de México, la padecen incluso muchos de los países poderosos, EU entre ellos. Basta ver sus desigualdades y recorrer los barrios bajos de las urbes más arrogantes como Chicago, Los Ángeles o Nueva York. Pero bien dice el refrán: Mal de muchos, consuelo de tontos. Brasil vive el mundial con tremendos costos. La gritería provocada por un gol no detiene el hambre ni mengua el descontento social. Lo mismo le ocurre a México. Nos anticipan que estamos a unos días de ingresar al club de las naciones ricas, sólo falta la aprobación de las reformas propuestas por Peña Nieto y los suyos. Pero leemos que EU expulsará sin piedad a los niños inmigrantes, aquellos que sin familia, solos o acompañados, se atreven a cruzar ríos, desiertos, buscar veredas donde no haya cazadores de “ilegales” en busca de trabajo.

Atroz información proveniente de un país que dice ser campeón de la democracia, la libertad y la igualdad, edificado por emigrantes y consolidado por la rapiña, las guerras y la ocupación de territorios ajenos. Gobernado por el partido que dice ser avanzado y con un presidente descendiente de esclavos, cuyo pasado fue olvidado.

Pero los niños no sólo provienen de México, llegan de muchos países que están atentos a los resultados del futbol. Para ellos no hay cánticos ni ovaciones. Nadie piensa en sus hazañas para evadir el hambre ni en las razones que los impulsan tan pequeños a caminar miles de kilómetros en busca de trabajo, el que le niegan sus lugares de origen. Políticos de los países afectados responden con “sabiduría”: Es un problema regional, hay que sentarse a discutir. La solución, claro, no está en la repatriación forzada, sino en la miseria de las naciones que los expulsa y en la hipocresía de los norteamericanos.

Terrible vida la de los niños que viajan a EU. Los menos osados buscan en las urbes nacionales el sustento; los más audaces van al norte porque la mitología estadunidense les ha dejado claro que el sueño americano los hará ricos. Grave que en América Latina no haya sueños, sólo discursos políticos.

Ahora, eso espero, descubrimos que hay miles y miles de niños que ni juegan ni disfrutan el futbol, necesitados como están de trabajo. Lograron con muchos sacrificios llegar a la Meca, al Paraíso. Ahora serán deportados. Mientras coreamos un estupendo gol. La deshumanización ha triunfado. Se consolidó con el triunfo total del capitalismo salvaje.

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