Tantadel

junio 16, 2014

La familia Zendejas y la literatura

Si de llevar a la práctica una política debe ser la resistencia al olvido, que he utilizado aquí. Lo digo pensando en que México es un país de mala memoria. En materia política, sus recuerdos son los inmediatos, los que le afectan. Poco retrocede, a menos que sea un investigador especializado, dos o tres sexenios. En lo cultural, supone que son los intelectuales de moda los inolvidables, los que llegaron para quedarse, aquellos que el sistema ha endiosado con la gozosa contribución de los medios de comunicación. La lista de los grandes olvidados es inmensa. Inagotable. De tal suerte que los nunca o poco mencionados van siendo libros o partituras empolvadas o cuadros cubiertos de telarañas. Todas aquellas luminosas figuras que de chico veía frecuentemente en los diarios, hoy no aparecen salvo que el Estado decida festejarlos y no lo hace a menos que tenga una razón mezquina.

Ayer escuché una cápsula literaria en Opus 94. La voz era de Alicia Zendejas señalando los méritos de un nuevo novelista. Recordé a su esposo, Francisco Zendejas, años atrás, afamado crítico literario de Excélsior, creador de algunos de los premios que hoy consagran a escritores nacionales e internacionales. Por ejemplo el Xavier Villaurrutia y el Alfonso Reyes. Fueron obra suya y él fue el primero en entregarlos a narradores como Elena Garro en lo nacional y a Jorge Luis Borges en lo internacional.

Su hermana, Adelina Zendejas, fue una de los creadores del Libro de Texto Gratuito: trabajó años en la elaboración de los primeros ejemplares, bajo la dirección de Martín Luis Guzmán, en los momentos en que Jaime Torres Bodet bien conducía la Secretaría de Educación Pública. Adelina fue una maestra reflexiva que escribió espléndidas páginas sobre la niñez mexicana y sus problemas. ¿Dónde están ambos ahora? Curiosamente, lo fundamental de su trabajo sobrevive, pero a ellos los hemos dejado de lado. Queda, como tenaz sucesora de su esposo Francisco, Alicia, quien insiste en promover la lectura, a los autores que lee y analiza. Lo hace en radio, en la única estación de música culta que tenemos en México. Como van las cosas, y escuchando a los políticos, la cultura pronto estará en vías de extinción. Se aferrará en el mejor de los casos a sus grandes figuras y los demás buscarán el sostén de las nuevas tecnologías. Qué pobreza. En radio (en televisión lo ignoro porque no la veo) he escuchado un anuncio prosaico de papel higiénico, que está en oferta, es resistente y suave, barato, por añadidura. La música de fondo es el Aleluya de Händel. ¿Los cristianos se darán por aludidos de la ofensiva vulgaridad? ¿La cultura tiene derechos, tiene un defensor? Imposible.

Francisco Zendejas fue un obstinado promotor de la literatura mexicana, sin duda un crítico literario polémico, como lo son casi todos, pero supo crear premios memorables y por décadas hizo reseñas literarias invitándonos a leer. No deja de asombrarme que los galardones se mantengan y llenen de prestigio a nuevos escritores que seguramente ignoran quién fue el autor del lauro que ahora reciben. Si hacemos una lista de grandes autores olvidados, sería infinita en México. En cambio, para evitarnos trabajo, sólo poseemos una impresionante figura cultural, Octavio Paz, cuyos plagios, actos de brutal autoritarismo y adhesión al sistema político-económico que nos oprime, son parte de su extrema perfección.

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