Tantadel

junio 04, 2014

México en los tiempos del neoliberalismo

Cuando asomé por primera vez la cabeza para ver al país, López Mateos era presidente. Yo todavía niño, me guiaba por las pláticas de los mayores, quienes a su vez repetían lo dicho por los medios de comunicación. Con todavía un tufillo a Revolución Mexicana, pero ya de lleno en el camino que nos llevaría al reino capitalista. Con Cárdenas se acabó el ascenso revolucionario. El sistema arranca su paso firme hacia la derecha.

Las conquistas revolucionarias caerán poco a poco. De modo implacable, víctimas del propio sistema engendrado por un proceso de cambio pequeño-burgués, que no llegó, contra lo esperado por voceros de un socialismo ramplón, a transitar al comunismo, como sucedió en Rusia. Gradualmente la verborrea “revolucionaria” desapareció. La educación pública, orgullo de los gobiernos hasta López Mateos, se hizo indigente. Los hijos de los ricos que emergían del PRI prefirieron mandarlos a universidades privadas, para colmo religiosas. López Mateos fue hábil al ser el primero en hablar de “economía mixta”. Un Estado rector y la inversión privada, coexistiendo. México fue por unos años “de izquierda dentro de la Constitución”.

Fueron tiempos curiosos, como los que ahora Peña Nieto duplica. El Estado intenta ser guía de la economía, cuando en realidad sirve a los intereses empresariales. Y aquí se repite el perverso juego. Los medios leales a López Mateos acentuaban su lucha contra la voracidad empresarial y bancaria. Nada ocurría. Ahora Peña Nieto les advierte entre amable y enérgico, pensando en lenguaje deportivo, que la IP debe ponerse la camiseta para que ganemos todos. Precisa: ya están las reglas del juego, ahora, señores, primero la patria e inviertan aquí.

Tan lastimosas me suenan sus palabras como las de López Mateos. Hay que suplicarles a los millonarios, rogarles que salven al país que explotan, que los ha hecho inmensamente ricos. El Estado al servicio de los poderosos. Para los pobres tenemos a Rosario Robles repartiendo sarapes y despensas. Es aquí donde entran los medios a elogiar el patriotismo presidencial y a hacerles algunas críticas a los millonarios, bien organizados y sabedores que el Estado está a su servicio. El dinero no tiene patria.

El sistema, no hablemos de partidos, todos son casi idénticos, le sirve a los poderosos, no a los millones de mexicanos pobres. Con las mayorías se ensañan, para paliar sus protestas y quejas, les dan limosnas y charlatanería. El discurso oficial es por demás demagógico y tiene pocas variantes. Hay que progresar para que nuestros poderosos sean felices. Por fortuna para el sistema, viene el mundial de Brasil. Las críticas se detendrán y seremos abrumados por los gritos nacionalistas de ¡Gol, gooool!, si es que la selección consigue anotar. Pero lo importante es que le darán a Peña Nieto algunas semanas para repensar sus farragosos discursos y tratar de explicarnos mejor por qué la cancha de los ricos es muy bonita y nosotros jugamos en llanos polvorientos.

Por lo menos la oratoria de López Mateos era creíble, nos estaba salvando de la voracidad de los ricos que el sistema ha creado. En tiempos de globalización de la libre empresa, a Peña Nieto le toca el triste papel de rogarles a los poderosos que sean buenos con la muy lastimada patria.

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