Tantadel

junio 13, 2014

Sólo un “poquito” de corrupción

México, nadie lo ignora, ocupa un lugar destacado dentro de las naciones más corrompidas. Pareciera una imperiosa necesidad de hurtar dinero ajeno, evadir impuestos, hacer negocios turbios especialmente al amparo del gobierno, extorsionar. Para no parecer pillos, los legisladores suelen subirse los sueldos y bajo cualquier pretexto darse jugosas prestaciones. La política es un negocio y como tal es asumida. Son muy pocos aquellos que participan del turbio juego sin afanes de lucro, pensando en la salud de la república.

Por décadas vimos al PRI producir nuevas oleadas de millonarios. La ruta era obligada: de funcionarios a empresarios. A partir de 1939, apareció un crítico implacable: el PAN. No pasó un año sin que acusara al partido oficial de ladrón. Pero, la historia juega bromas terribles, llegó el momento en que el conservadurismo nacional conquistó la presidencia. Muchos pensamos que se acababa la corrupción tras varios intentos fallidos de algunos mandatarios priistas. No. Fue peor o al menos idéntico. Llegaron los panistas y fueron directo tras el dinero. Un ejemplo que me viene a la mente es el de Alberto Cárdenas, que en varios altos empleos, no sólo mejoró su hacienda familiar, sino que destruyó buena parte de la administración pública, por ejemplo en  Semarnat, donde puso a sus amigas cercanas en cargos que les permitían lucrar en serio. Algunos senadores, entre ellos Óscar Cantón Zetina, lo señalaron y nada pasó. Fox estaba en lo mismo, permitiendo que la familia se enriqueciera. Hablar de Felipe Calderón es más de lo mismo. Conclusión: el PAN es un partido corrupto.

Ahora uno de sus militantes o simpatizantes, según se quiera, declaró con cinismo (que él luego llamó “broma ranchera”) que como presidente municipal de San Blas, Nayarit, de 2008 a 2011, había “robado poquito”. Los periodistas no saben qué pensar, la población menos. El PAN ha olvidado su promesa de 1939. La mala memoria envuelve a sus militantes inmaculados. El tipo aspira, como todos, por impulso ciudadano, a ocupar de nuevo el cargo. Sabe que no se llevó sino una parte mínima del presupuesto, “un poquito”, y desea concluir su obra. Desde luego, no sólo consiguió hacerse célebre sino que es posible que triunfe: “él sabe cómo hacerlo”.

A modo de disculpa por la “broma”, declaró a cuanto medio se le acercó que él era un ranchero dicharachero y amante de los chascarrillos. Hasta hoy, ninguna autoridad, salvo un diputado priista, ha solicitado que se le investigue y enjuicie en caso de probar que en efecto es un ladrón en pequeño, que únicamente, se defendió más adelante, le dio una “rasuradita” al presupuesto.

En verdad duele ser gobernado por corruptos y mucho más saber que la política es un negocio. El colmo es que los ciudadanos vean eso quizás no con simpatía, pero sí con la certeza de que es algo válido. O al menos parte de un sistema que no considera robar al erario público una ofensa, sino un mérito, un valor. Para los mexicanos es más grave que un portero de la selección nacional, en cuyos pies está el honor patrio, sea incapaz de detener un balón, a que un funcionario ratero se lleve millones a sus cuentas personales.


No hay comentarios.: