Tantadel

julio 25, 2014

Ebrard, el hombre de los mil rostros

De aventajado alumno de Manuel Camacho y admirador de Carlos Salinas, parte del grupo que contribuyó a su encumbramiento político y cambiaron de rostro cuando el presidente designó a Luis Donaldo Colosio sucesor, Marcelo Ebrard pasó a llevar la batuta, al menos formalmente, de un grupo ambicioso y perverso. Luego de probar fortuna en un partido de “centro”, él y sus camaradas se disfrazaron de “izquierdistas” y se sumaron al PRD. No les fue mal. Marcelo llegó a ser jefe de Gobierno del DF. El siguiente paso era la Presidencia de la República. Pero los problemas comenzaron y el camino se pobló de obstáculos. Los llamados Chuchos y otras tendencias descubrieron que los ex priistas eran realmente incómodos y en exceso ávidos de poder y decidieron ponerles un alto.

En la era de Ebrard, las diferencias y la corrupción comenzaron a ser más visibles, ya no sólo eran fenómenos de tal o cual delegación, eran (son) males generalizados. La Línea 12 del Metro lo puso en evidencia junto con sus más cercanos colaboradores.

El actual PRD busca al parecer su propia identidad ya sin caudillos venidos del PRI. Jesús Zambrano y el viejo compañero del delfín de Salinas, Manuel Camacho, se confrontaron. El asunto era banal: quién defiende con mayor entusiasmo el petróleo. El perredista recordó los orígenes de Ebrard. Una historia zigzagueante que hasta hace unas semanas parecía exitosa. Hoy el político, que tiene en casa multitud de ropajes políticos, parece no poder mantener su permanencia en los altos mandos del PRD. Zambrano se preguntaba: “¿Qué es lo que verdaderamente quiere Marcelo? ¿Cuál es el objetivo que persigue…?”.

No parece haber duda. Marcelo sabe que su poder en el PRD se agotó y busca nuevo acomodo en otra fuerza política que jura ser asimismo de “izquierda”: Movimiento Ciudadano, cuyo dueño es Dante Delgado, otro venido del PRI, donde llegó a gobernador de Veracruz. Allí se podrá rehacer y de nuevo moverse en los altos cargos que él y Manuel Camacho siempre han disfrutado. El analista político Adrián Rueda dio datos interesantes para ver la solidez política de Manuel y Marcelo. Han estado en cuatro partidos y van al quinto. Eso promedia una militancia distinta cada cuatro años al menos. Todas sus luchas desde que estaban en la cúpula del PRI hasta hoy que se tambalean en el PRD y acaso también en Morena, las han dado juntos y con ellos un grupo cada vez más pequeño, pero de una asombrosa lealtad a la deslealtad política. Todos han buscado de manera enfermiza el poder y en particular la presidencia del país.

Estamos en presencia de su fin, sólo un milagro los haría recuperar peso y seguir en las grandes batallas. Para mantenerse en primera línea, no han tenido escrúpulos. Lo interesante es ver qué hace Miguel Ángel Mancera cuando despierte de su enorme frivolidad política, deje de correr maratones, promover espectáculos enajenantes, no pierda el tiempo en fiestas de estrellas del jet-set y sepa que su futuro ya no es tan promisorio como lo fue en el momento en que se llevó todo el DF a su molino. Ebrard y su grupo son una barda incómoda: o la salta o la demuele.

Lo que les queda de vida a Manuel Camacho, a Marcelo Ebrard y a sus cinco o seis leales, bien podría ser un digno retiro. Pero para el político mexicano no hay retiro, lo he escuchado de personajes que llegaron muy alto, cayeron y se mostraron dispuestos a seguir dentro del presupuesto, aunque sea de policías. Un ex gobernador priista impresentable me respondió furioso cuando le pregunté con ingenuidad cómo le iba en el retiro: Un político jamás deja de serlo, siempre está en activo. Ah.

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