Tantadel

julio 23, 2014

Guillermo Ceniceros, un grande en la UAM-X

…Mi vida artística ha sido como una línea que cambia dirección al llegar a diferentes puntos. Hay líneas derechas, curveadas y líneas rotas… Vivir es aprender a no temerle a la curiosidad…

Guillermo Ceniceros
Desde que Guillermo Ceniceros comenzó su carrera ha tenido críticas y comentarios muy favorables a su arte, sea de caballete o sobre muros como los de: Margarita Nelken, Antonio Rodríguez, Jorge J. Crespo de la Serna, Bertha Taracena, Raquel Tibol, Alaíde Fopa, Julio Solórzano, Elías Nandino, Armando Torres Michúa, Evodio Escalante, Santiago Genovés, José Ángel Leyva, entre otros más. Ceniceros tiene su propio museo.

Nacido en El Salto, Durango, en 1939, estudió en Monterrey y se formó en el taller de Artes Plásticas de la Universidad de Nuevo León. Ya en la ciudad de México, Guillermo Ceniceros tuvo la oportunidad de trabajar junto al notable artista plástico David Alfaro Siqueiros, quien ejerció una influencia que es posible notar más en la obra muralista que en los cuadros de formato pequeño. Es posible decir que, a pesar de tener una edad semejante a la de varios de los integrantes de la Generación de la Ruptura, Guillermo optó por conservar un pie en la Escuela Nacional de Pintura y otro entre aquellos que consideraban un freno a la frase “No hay más ruta que la nuestra”. Esto significa que el mundo del artista duranguense es rico en matices y que lo mismo produce fantasías abstractas que reproduce pasajes de la historia mexicana. En ambos terrenos es seguro y original. A veces, en sus grabados se nota una revitalización de un tipo de arte que fue resultado de la intensa Revolución Mexicana, mientras que en obras de caballete hay una imaginación dedicada a jugar con formas y colores que surgen de sus pinceles con notable armonía. Una prueba de esta capacidad podemos hallarla en el Metro Copilco, más que en murales como el que se encuentra en la Cámara de Diputados.

Para Ceniceros, la experimentación es una constante que le ha permitido multitud de exposiciones individuales y conquistar un amplio prestigio que rebasa las fronteras de un país como el nuestro, gran productor de pintores y grabadores. Podríamos decir, un tanto a manera de metáfora, que el estilo de Guillermo es un resultado memorable de dos amplias corrientes que parecieron chocar de modo irremediable: La Escuela Mexicana de Pintura con sus más representativas figuras, Rivera, Orozco y Siqueiros, con las nuevas voces plásticas que exploraron rutas diferentes. Dos ortodoxias al parecer irreconciliables que en Ceniceros hacen una mezcla interesante y sumamente original.

En tal sentido, el propio Siqueiros escribió sobre Ceniceros en 1967: “Un creador que sabe dar a luz con los dolores de los partos valiosos en la marcha de la creación artística…”. Tales palabras se anticipan a un hombre que da con su propio estilo estético utilizando lo más valioso del arte universal y que crea una escuela de corte muy personal. En una entrevista que le hizo al pintor, María de Luz Hoyos, a la pregunta ¿qué realidad pintas tú?, Guillermo responde: “Soy un fotógrafo frustrado porque no puedo pintar una realidad fotográfica, sólo puedo pintar la realidad que imagino…”.

Como todo gran artista, Ceniceros no retrata la realidad, la recrea, juega con ella. Y esto fue posible apreciarlo en sus trabajos recientes como los que la UAM-X presentó. La realidad, parece decir Ceniceros, es con frecuencia menos real de lo que podemos imaginar. Es, como todo artista de genio, un hombre que explora y busca lo mismo en el México prehispánico que en las manifestaciones de vanguardia del mundo. Ajeno al ruido publicitario, es sin duda uno de los grandes artistas plásticos del país.

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