Tantadel

julio 07, 2014

¿Linchamiento de mexicanos en Brasil?

Familiares, defensores, dirigentes panistas y algunos usuarios de las redes sociales se quejan ruidosamente de que los cuatro mexicanos detenidos en Brasil por manosear a una mujer y golpear con salvajismo al esposo están encarcelados de manera injusta, mientras que en México los linchan política y mediáticamente. Sin embargo, no son pocos los periodistas serios que analizaron el caso y se tomaron la molestia de investigar para saber cuál es la manera en que muchos compatriotas se comportan en el extranjero.

Es el caso del periodista Jorge Fernández Menéndez, cuya seriedad y objetividad es irreprochable. Calificó, en principio, como un hecho vergonzoso la pésima conducta de los mexicanos en Brasil. Fue más allá en un interesante afán de saber cómo actuamos fuera del país. Al parecer, tan mal como aquí. Sólo que en otras naciones hay menos corrupción, el influyentismo es mínimo y las leyes son severas. Copio un párrafo de Fernández Menéndez, no tiene desperdicio: “Se podrá decir que se trata de una casualidad, de una mala noche, pero es algo que trasciende Brasil. Se trata de París, apagando con orines la llama del soldado desconocido en pleno Arco del Triunfo; se trata de Alemania, con un joven borracho que se encierra en un búnker militar y tiene que ser rescatado, se trata de Japón frenando con la llave de emergencia el tren bala, sólo como diversión, se trata de Sudáfrica, poniendo un sombrero charro y un sarape a la estatua monumental de Mandela. En todos los casos los responsables fueron detenidos por las autoridades y todos, dejados en libertad poco después, porque, también, en todos los casos, los vándalos resultaron ser, como los de Fortaleza, juniors de la política o la empresa que creen, como lo hacen en México, que se puede cometer cualquier imprudencia o delito y que no habrá consecuencias”.

Recuerdo a un grupo de mexicanos en Los Ángeles en un hotel elegante. Bebían en el bar, gritando majaderías en español y tratando de conquistar a las meseras. Visiblemente eran turistas ricos. Obvio, los administradores llamaron a patrulleros y los echaron. La policía norteamericana (lo he visto varias veces) no es la mexicana, debilucha, sin carácter ni educación, temerosa de apresar a un grupo de jóvenes poderosos y con amigos en el gobierno, con rudeza los detuvieron. No supe más, ni me importaba. Supongo que el cónsul mexicano corrió de inmediato a apoyarlos y a defender sus derechos humanos, como si lo hiciera con los indocumentados nacionales que ahuyenta la miseria de aquí y allá son tratados de modo brutal.

Que las prisiones brasileñas son lamentables. No las conozco, pero he visitado algunas de las mexicanas y son patéticas. Si la justicia brasileña está mal, dudo que la nacional sea perfecta. Y si se quiere que la imagen de México mejore en el extranjero debemos comenzar por casa. Dejar de lado la corrupción, combatir eficazmente el narcotráfico, darle especial énfasis a la educación y la cultura. De otra manera cada vez que muchos mexicanos salgan del país habrá que esperar algún desaguisado.  

No es un problema de patriotismo, al contrario, es cuestión de respeto y educación. Si en México les permiten a los fanáticos del futbol agredir el Monumento a la Independencia, donde están los restos de quienes lucharon por ella, o prestan el Monumento a la Revolución, edificio fúnebre donde están enterrados los cuerpos de varios combatientes revolucionarios, el general Lázaro Cárdenas entre otros, para que hagan tocadas de rock y verbenas, bueno, pues nos lo merecemos. En el extranjero hay otras costumbres y valores distintos por fortuna.

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