Tantadel

julio 30, 2014

Literatura revolucionaria y literatura de la revolución

Es fácil confundirse. Pero hay una gran diferencia entre literatura revolucionaria y literatura de la revolución. Es obvio que estéticamente importa más la primera, la segunda es tan sólo una crónica, documentos históricos de un amplio fenómeno social. En la Unión Soviética, por ejemplo, se impuso una corriente literaria de carácter testimonial y de precarios valores formales: A no ser, claro está, en ciertos casos, en los referentes a escritores de genio que supieron sustraerse al llamado realismo socialista. Citemos los casos de Alexei Tolstoi (pese a sus pecadillos de última hora), de Eherenburg a Shólojov, a Pasternak y sin duda a Esenin y al legendario Mayakovsky. Naturalmente que hay más autores, pero no se trata de hacer un directorio.

Entre los soviéticos que brillan más alto está Isaac Babel, el autor de solamente tres obras: Caballería roja, Cuentos de Odesa y Debes saberlo todo, que son libros de cuentos. Babel desapareció en las prisiones estalinistas sin haber concluido ninguna novela. Pero con sus relatos obtuvo un primerísimo lugar dentro de la gran literatura universal. Babel nació en Odesa en 1897, detenido en 1937 y al parecer fue ejecutado en 1941 en un campo de concentración de Siberia. Sus papeles se perdieron y fue muy difícil rescatar algunos de .sus textos que aparecieron de manera póstuma. Desde 1917 y hasta alrededor de 1924, Babel peleó con la caballería roja que comandaba Budiony. De esta lucha nació su primera gran obra: Caballería roja, publicada por vez primera en 1924 y que de inmediato le valió el reconocimiento de talentos como Gorki y el odio de muchos burócratas metidos a intelectuales.

Isaac Babel supo narrar de modo magistral toda una serie de interesantes relatos vistos o vividos durante los años en que los soviéticos peleaban por arrojar de su patria a los invasores y por consolidar la revolución. Esta obra puso de manifiesto que Babel utilizaba materiales del gran movimiento social que afectó a Rusia; pero simultáneamente se descubrió que se trataba de un autor que revolucionaba la literatura, que le daba una nueva dimensión al relato. Es decir, Babel era un escritor producto de la Revolución. Durante las purgas estalinistas fue acusado de trotskista y es muy posible que simpatizara con el creador del Ejército Rojo. Por muchos años sus obras estuvieron prohibidas en la Unión Soviética y en el resto del mundo apenas fueron editadas. En 1954, a causa del XX Congreso, Babel fue rehabilitado y Eherenburg solicitó emotivamente que sus libros volvieran a la circulación. Gracias a ellos, hoy sabemos que Babel pudo combinar arte y política, que fue un combatiente y al mismo tiempo un estupendo narrador. Algo que muy pocos han alcanzado. Pero si fue un combatiente imbatible en el campo de batalla, su obra literaria renovó la prosa de su tiempo que basó su éxito en una severa economía de medios expresivos.

México más bien conoció la literatura de la Revolución. Una pléyade de grandes narradores que participaron en el movimiento o que supieron de primera mano de la gesta, la conformaron. Fue la crónica literaria de la Revolución, cuyo mejor compilador y analista la tuvo en la figura del crítico y ensayista Antonio Castro Leal. Un autor verdaderamente revolucionario en el sentido artístico fue Martín Luis Guzmán. El creador de la mejor novela del siglo XX mexicano: La sombra del caudillo.

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