Tantadel

julio 16, 2014

Muchos partidos no significan mayor democracia

Desde hace unos días, México cuenta con tres partidos más: dos de ellos desconocidos, extraños, el otro de sobra conocido a causa de quien le dio vida. ¿Ello significa que la democracia peculiar de México ha madurado? No. Simplemente serán mayores gastos para la sociedad mexicana, al menos para aquellos que no evaden impuestos. Nuestro sistema político, que tanto enorgullece a los políticos, ha engordado sensiblemente, lo cual no quiere decir que se haya perfeccionado. México no es una nación, es un botín para políticos y funcionarios, para la iniciativa privada: todos ven cómo obtener provecho de ello, incluidos sectores que a primera vista parecieran ajenos al lodazal como los intelectuales. No olvidemos que es el gobierno, el Estado si se prefiere la amplitud, quien los hace famosos y les concede premios sin fin, aunque como algunos muy célebres, carezcan realmente de méritos y sean más producto de la versión nacional de Gramsci: el intelectual orgánico, al servicio de una causa, en nuestro caso, con seguridad patética.

El ingreso de nuevos partidos nada aporta, confunde y divide. Morena se convierte en formal enemigo del PRD y de otros partidos que aseguran ser de “izquierda”. En consecuencia, el siguiente proceso electoral lo achicará y hará menos visibles a Movimiento Ciudadano y Partido del Trabajo. Tanto el Partido Encuentro Social como el Partido Humanista son inventos indefinibles. Sus siglas nada dicen. Sus proyectos son vagos e imprecisos deliberadamente. Es posible que no pretendan ser negocios familiares como el Verde Ecologista, pero no parecen ser organizaciones con un hondo y serio compromiso social. El primero fue un modesto partido local y el segundo dice buscar un Estado que haga énfasis en los aspectos sociales. En ambos casos, cuentan con dirigentes y vinculaciones políticas de mala reputación. Consiguieron dinero y lograron con esos recursos atraer a los ciudadanos indispensables para obtener su registro. Les falta pasar algunas pruebas y, de aprobarlas, tendremos más barrotes en la prisión que algunos llaman sistema político mexicano, cuyas formas de obtener recursos provienen del gobierno y de alianzas con poderosos empresarios que requieren cabilderos en las cámaras.

De alguna forma, acaso de muchas, los tres nuevos partidos dicen ser de izquierda. No cabe duda, son el resultado de una moda. Si ex priistas como Marcelo Ebrard y Manuel Camacho, en un momento decididos amigos de Carlos Salinas y del PRI, se ven como “izquierdistas, si el PRD y aun Morena, los cuentan por docenas y el PRD tiene a ex panistas como la señora Carpinteyro, cada vez más enfangada, por qué pensar que “humanistas” y “moralistas” tienen intenciones sanas. La política es un negocio y vale la pena invertir. Las ganancias son altas.

Estados Unidos y Gran Bretaña no tienen más que dos partidos, así han funcionado desde casi siempre. En el primero hubo un tímido y acosado Partido Comunista que el macartismo ahuyentó para siempre. No les va mal. Mi maestro de Historia en la UNAM solía decir que era una lucha entre la Coca-Cola y la Pepsi-Cola, sus envases son distintos y el contenido muy parecido, los dos poco saludables. La tradición latina es la del pluripartidismo, luego de la caída de Porfirio Díaz surgieron como hongos y así estuvo el país, hasta que Plutarco Elías Calles inventó una institución “magnífica” que hoy conocemos como PRI.

La “transición” trajo competencia política, sólo que no vemos diferencias notables entre los muchos partidos salvo el afán de obtener buenos trozos del pastel espléndido llamado México. No es grave, la sociedad es la pagadora.

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