Tantadel

julio 04, 2014

Panistas en Brasil

Entre los miles de mexicanos, llenos de fervor futbolístico, que fueron a Brasil para ver perder una vez más al seleccionado nacional, destacaron cuatro finos y distinguidos mexicanos que no sólo se limitaron a echarle porras al Piojo Herrera, sino que aprovecharon su estancia para beber en serio y una vez muy pasados de copas, asumirse como aguerridos mexicanos, meterle mano a una atractiva brasileña y enseguida golpearon al marido, hasta hacerlo sangrar, sólo porque tuvo el mal gusto de defenderla.  Las leyes de ese país son severas en este tipo de casos y los metieron a la cárcel pese a las débiles protestas de la fatigada política y diplomática (priista) Beatriz Paredes.  De los educados mexicanos, dos resultaron miembros del PAN, partido que gobernara con escaso tino durante doce años y funcionarios de la delegación Benito Juárez. Son directores generales, uno de Desarrollo Delegacional y el otro de Coordinación de Gabinete y Proyectos Especiales. Los dos restantes son el hermano de uno de los funcionarios y un empresario. Uf. Buen cuarteto.

No me preocupa que sean panistas, allá cada quien con su militancia favorita. Lo que me sorprende es que los panistas de altos vuelos, educados en el temor a Dios, respetuosos de sus mandamientos, estaban en un viaje por un mes, lo que dura el mundial de futbol. Es obvio que tienen dinero, gastos de representación delegacionales y el permiso para ausentarse tanto tiempo de sus responsabilidades en Benito Juárez, zona tradicionalmente panista. Podría no importarme en lo personal, pero me llama la atención porque tenemos una fundación cultural allí, donde todos los funcionarios son ejemplares. Por fortuna, jamás he tenido contacto con ellos.

Mariana Gómez del Campo, quien más de una vez nos ha sorprendido con su lenguaje “avanzado”, por no decir soez, acaba de precisar que a “una mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa, a una mujer se le respeta”. Y entonces ¿por qué sus correligionarios se propasaron con una brasileña que caminaba por las calles de su país?

Ahora el delegado de Benito Juárez ha cesado a los funcionarios o los ha suspendido, el hombre no acaba de explicarlo, atolondrado como está por la noticia. Le preocupa que sus compañeros de partido y empleados no tengan trato preferencial y que sobre ellos pendan años de cárcel sin derecho a fianza. En Brasil ese delito es penado con seriedad. No están en México, país de las mil y una influencias.

Pero como lo que esos finos panistas hicieron en Brasil parece algo común en México, y la mayoría está preocupada por la derrota y por el futuro del Piojo Herrera, no han prestado mayor atención al caso. Ahora, ¿qué espera el delegado de Benito Juárez: que Peña Nieto intervenga, que la diplomacia mexicana vaya más allá de sus límites y le declare la guerra a Brasil? Esperemos que no.

Es grave para el PAN que los escándalos no se limiten a la lucha por el poder entre Madero y Cordero, sino que también los funcionarios menores son rijosos y carecen de principios y buena educación. Pero eso ya es algo más complejo. El PAN nació en pañales de seda y en su búsqueda del poder se corrompió como cualquier otro partido.

No deja de ser notable que el empeñoso y limitado Madero siga calificando a sus opositores como corruptos e indignos. Eso, en idioma popular, se llama ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

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