Tantadel

julio 28, 2014

Tribulaciones de un tlalpense

Desde que el PRD se adueñó del DF, mi zona, vivo desde hace cuarenta años en Tlalpan, no ha dejado de ver la escalada de problemas sociales. Sé, puesto que me muevo por toda la capital como profesor universitario y periodista, que mi delegación no tiene la exclusividad. Pero con dosis de egoísmo, me preocupo por el sitio donde pensé que pasaría los mejores y últimos años de mi vida.

Si alguien ha tenido el mal tino de leerme con frecuencia, sabe que con regularidad trato el tema. Tanto así que diversos vecinos míos me solicitan ayuda para al menos intentar atraer la atención de las autoridades capitalinas y esperar el milagro de una solución, de una simple cortesía de los delegados o del propio Miguel Ángel Mancera, ocupado en una vida frívola, superficial y de magros resultados, en espera de que la ciudadanía del país lo seleccione candidato “ciudadano” a la presidencia de México. Me parece que no será así. Los comentarios sobre su pésima gestión se hacen más severos. Acabo de leer un artículo que circula en las redes sociales, (Ciudadanos en red) titulado “Por qué Mancera debe renunciar al DF”. Las razones enumeradas y bien pensadas son 13 y francamente el autor se quedó corto.

Al leerlo pensé que al menos cuatro de ellas las haría propias. La basura en las calles de Zacatépetl y Santa Teresa, sitio donde los ambulantes se han adueñado y así lo he denunciado mil veces. Los baches, las luminarias, la falta de seguridad y el mal uso del Bosque de Tlalpan que avanza aceleradamente hacia su destrucción, como le ocurre a toda área vegetal capitalina. Falta la corrupción.

Mi calle está copada realmente por automóviles de usuarios del Bosque y por los que trabajan en la zona. Hay desde luego franeleros y lavacoches. Como los puestos de comida son un  éxito total, envidiable, en ambos extremos de las dos largas calles de Zacatépel, de Periférico a Santa Teresa, zona de Tlalpan, la afluencia de coches es intensa y no se detiene de las siete de la mañana hasta las siete de la tarde. Los que vivimos allí, no tenemos dónde dejar el auto propio. O se arriesga a estacionarlo lejos. El viernes lo dejé frente a mi casa. Muy ocasionalmente, sobre todo en las mañanas, pasan las grúas y amenazan a los que comen tacos de canasta o tortas o a quienes se hacen bolear plácidamente los zapatos o compra golosinas, tirando la basura en calles donde nunca pasa un barrendero.

El pobre y anticuado Neón me esperó. Conozco de sobra la manera que los grulleros operan, buscan autos para cumplir una cuota y pagarles a los mandos altos y quedarse con algo. De tal forma que la tarea no es cotidiana sino selectiva. Cuando salí, ya no estaba, un vecino me dijo acaban de llevárselo al corralón, llamé telefónicamente y sí, pase por él y traiga tanto dinero y los papeles equis. Pero el sábado el coche no circula y entonces fui por él ayer domingo.

Al salir temprano de mi casa para rescatar mi coche, la calle estaba, como ocurre diario, con autos de aquellos que hacen ejercicio en el Bosque y por los oficinistas que se arreglan con los franeleros. La odisea puedo completarla si a los baches le añado que los autos que se estaciona allí ya han destruido varias luminarias de pequeño tamaño, una cinco por lo menos y nada ha ocurrido, las derriban conductores descuidados o se funden y allí quedan como mudos testigos del descuido y la corrupción en la capital.

No falta mucho para las elecciones delegacionales, por favor, vea el estado de la ciudad y piense cuidadosamente por quién votar y en qué clase de chiquero quiere vivir pagando altos impuestos por servicios inexistentes y en medio de una escandalosa podredumbre.

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