Tantadel

agosto 06, 2014

El mundo al revés

Empecé a sospechar que el mundo globalizado por el neoliberalismo, incluidos los países que muchos suponen comunistas como China y Cuba, estaba mal o los valores invertidos, cuando salí de una visita al Mausoleo de Mao Tse-tung en China. Me impresionó ver el cuerpo del líder marxista envuelto en la bandera roja, con la hoz y el martillo. El espectáculo que me recibió fue desconcertante. Los cientos, sin duda miles, de visitantes, se topan con anuncios típicos del capitalismo: Coca-Cola, Mc Donalds, Burguer King, pollo Kentucky, papas de Pepsico y alguno que otro de automóviles norteamericanos. Pregunté por aquella escandalosa dualidad y un chino me dijo algo que ya había leído: Dos sistemas, una patria. Oh. Entonces el pianista Lan Lang es el nuevo hombre propuesto por el marxismo-leninismo sobre todo en los años en que Ernesto Guevara pensaba en liberar a la América Latina del imperialismo norteamericano y de las tiranías locales. Se exhibe como rock star y no lucha por nuevos valores que eliminen las injusticias, las diferencias sociales y fomenten la dignidad y la sencillez. Todos somos hermanos, algo así como libertad, igualdad y fraternidad.

En días pasados festejaron, no conmemoraron, como tendría que ser, el inicio de la sangrienta Gran Guerra, la que luego tomó el nombre de Primera Guerra Mundial, puesto que los alemanes necesitaban una más, para probar que es imposible abrir dos frentes al mismo tiempo.

En 1914 Europa vivía la Belle Epoque, todo era festivo, los grandes inventos aparecían cotidianamente y las artes prosperaban como nunca. Podría decirse que el siglo XIX se había extendido perezosamente por sus maravillosos logros. Pero el nacionalismo acechaba y las pugnas entre potencias aumentaban. Por otro lado, nacían nuevas ideologías y aspiraciones políticas: en la izquierda, el comunismo; en la derecha, el fascismo. El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, cometido por un nacionalista en Sarajevo, desató una incontenible violencia. Franceses, rusos, alemanes, belgas, ingleses, austriacos, norteamericanos, turcos e italianos corrieron a sumarse a violentos combates plenos de ambiciones políticas y de gloria militar. Pero el romanticismo había desaparecido del campo de batalla y aquello fue una brutal carnicería. Muchos millones de hombres quedaron en lodosas trincheras y muchos sufrieron atroces mutilaciones. A lo largo de cuatro años se mataron primero alegremente y enseguida por la necesidad de sobrevivir.

Fue una experiencia brutal, salvaje, jamás vista, que de nada sirvió. Firmada la paz en 1918, en 1939, ya Europa se preparaba para una nueva y más feroz guerra. Ahora veo fotografías donde distintos presidentes y monarcas “festejan” el arranque de la guerra de 1914-18. ¿Festejar? ¿No sería mejor festejar la fecha en que callaron las armas? La nota explicaba que más de 80 delegaciones internacionales, una decena encabezada por sus jefes de Estado o de gobierno, festejaron en Bélgica el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial… Tendría que haber sido un acto luctuoso. Una conmemoración.

Quizá porque todo está al revés, la mayoría de los países del orbe defienden el derecho de Israel a existir, mientras que le niegan a Palestina el derecho a sobrevivir. La masacre israelita de civiles palestinos no tiene explicación lógica alguna. Como alguien dijo: Israel ya no es Ana Frank.

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