Tantadel

agosto 04, 2014

Géneros literarios y periodísticos

En muchos momentos de mi vida académica, ya dentro de la carrera de Comunicación, lo mismo en la UNAM, que en la UAM-X, me ha correspondido hablar de los géneros periodísticos. A partir, sobre todo, de la aparición de A sangre fría del norteamericano Truman Capote, era obvio que su metamorfosis se había consolidado. Los literarios le habían dado con generosidad sus recursos y a la inversa, los periodísticos enriquecieron la prosa narrativa.

Sin embargo, esa saludable fusión de géneros, al ayudarse mutuamente ha creado algunas confusiones. La vida académica ve, por ejemplo, las cosas distintas, pocas veces utiliza la pomposa expresión “ensayo” al redactar una investigación, usa la simple palabra “artículo” y engrandece el texto, le da un rango fuera de serie. Sthephen Hawking, al referirse al resultado de sus investigaciones los califica como artículos, lo que a los ojos de un lector común, sería poca cosa. Y algo semejante nos ocurre a quienes estamos familiarizados con los géneros literarios y periodísticos, escribimos bajo la influencia de grandes periodistas y literatos innovadores, no hacemos deliberadamente un ensayo, un cuento, un reportaje novelado, una crónica política, sino algo distinto, un híbrido. Ya no hay géneros en estado de pureza sino mezclados. Los editores de mi libro El Evangelio según René Avilés Fabila, en la cuarta de forros, escribieron que se trata de un conjunto de ensayos sobre temas bíblicos, cuando en realidad yo los imaginé como una mezcla de ensayo y cuento o una suerte de ensayo con ficción. Así las cosas, es posible confundirse. Prefiero dejarle al crítico literario la explicación de lo que escribo. Pero no siempre hallo lo que busco o trato de decir. A mi novela El reino vencido algunos la calificaron de libro autobiográfico, de memorias. Lo vi como algo descabellado, puesto que a los hechos de carácter autobiográfico, les añadí elementos de ficción total. El personaje central, que muchos imaginaron era yo, viaja a través del tiempo, como personaje de H. G. Wells, en busca de mejores momentos históricos donde disfrutar su vida.

Al escritor Martín Luis Guzmán le sucedió algo interesante que transcribo:

El periodista Carlos Landeros en un libro, Los inolvidables, 1999, lo entrevista considerándolo uno de los mayores novelistas mexicanos:

“—¿Podría existir alguna relación entre La sombra del caudillo y las Crónicas de Bernal Díaz del Castillo?

“—La sombra del caudillo no es crónica en ningún aspecto.

“—¡Desde luego que es novela!, pero está basada en hechos reales. Ésa es la diferencia. La sombra del caudillo tiene la estructura de una novela, pero desde cierto punto de vista, como testimonio para las nuevas generaciones, es también una crónica. Se puede tomar así, ¿no?

“—Bueno, extendiendo la connotación de la palabra crónica, sí, porque pinta, no cabe duda que pinta, unos años de la vida política mexicana.”

Imagino que la presencia de las nuevas tecnologías y todo aquello que pueda surgir de ellas, servirá para ir gradualmente avanzado hacia otras mezclas, por ejemplo con manifestaciones de lenguaje popular. Por ahora los resultados son ridículos. Pero con el tiempo algo nuevo surgirá. Estoy seguro.

Por ahora es el periodismo el que más ha ganado. Un artículo, columna, reportaje o entrevista, con buena prosa, bellamente escrito y desarrollado, se convierte en literatura. Así escribieron Salvador Novo y Renato Leduc su periodismo, el que se mantiene vivo hasta hoy.

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