Tantadel

agosto 18, 2014

La derecha sin la hoja de parra

Si bien es cierto que en México, y acaso en el mundo, no sabemos precisar a la izquierda, la derecha por fortuna es evidente y entre nosotros la representa el Partido Acción Nacional. Es el heredero principal del conservadurismo que apoyó a quienes se oponían a la Independencia, a los que llevaron a cabo las profundas reformas económicas, políticas y culturales del siglo XIX y, finalmente, mostraron una tenaz resistencia a la Revolución cuyos mejores representantes son Zapata y Villa. Los argumentos más elaborados de tal tesis podemos hallarlos en El pensamiento de la reacción mexicana de Gastón García Cantú.

No hay duda que con el tiempo y el triunfo de la globalización neoliberal, las ideologías se han deformado o de plano han desaparecido. El espectro político nacional es una buena muestra: los partidos dicen tener posturas políticas definidas, distintas y casi antagónicas, pero al final sus intereses coinciden; ninguno de ellos desea un cambio radical. Las coincidencias asombran, las diferencias no son de fondo, son superficiales.

Pero hay algo que llama la atención: la hipocresía de la derecha nacional. En 1939 el conservadurismo, preocupado ante los “excesos” del cardenismo, fundó un partido, al frente estaba justo un beneficiario de la Revolución, Manuel Gómez Morín. Su basamento, dijeron los iniciadores, era la lucha contra la corrupción, el autoritarismo, la inmoralidad, la defensa de los valores cristianos y la decencia. En una palabra: su alegato era anticomunista. Algo sucedió en el camino. Cuando llegaron al poder con un caudillo provinciano, Vicente Fox, mostraron de qué pasta estaba formada la derecha. No eran discípulos de Teresa de Calcuta, sino aventureros en busca de dinero y poder. La presencia de Felipe Calderón fue el extremo. México no pudo resistir más de doce años demenciales.

Ahora vemos a los panistas en plenitud y sin disfraces: tan sucios y corruptos que avergüenzan al propio Calderón, quien, luego de los más recientes escándalos cometidos por militantes conservadores, declara a los medios: “Obviamente me da tristeza y pena. Yo lo que veo es un proceso de degradación y descomposición que no sé qué limite pueda tener. Pena y vergüenza”. En efecto, la derecha es un fracaso en materia política. Como todos los demás partidos, quiere el poder para hacer negocios y disfrutar la vida en el peor estilo mexicano. La doble moral es evidente y cínica, en México y en el extranjero.

Me limito por ahora a pensar en el ámbito cultural, ya que el político y económico han sido analizados de sobra por los medios. En doce años, entre Sari Bermúdez y Consuelo Sáizar (evitemos a Sergio Vela, quien estuvo escaso tiempo y lo dedicó a la música) dañaron seriamente la estructura artística del país. Hubo incapacidad, majadero absolutismo y abierta corrupción. Envilecieron lo que tocaron y no se escaparon ni el Fondo de Cultura Económica ni el Conaculta. En efecto, fueron malos tiempos, incluso para los beneficiarios de ambas gestiones que no escapan del desprestigio que fue recibir sus dádivas interesadas.

La derecha fue tenaz en su lucha para llegar al poder en México, lo ha tenido varias veces y en todas ha sido un fracaso. Cuando llegaron por la limpia vía electoral, permitieron que la hoja de parra que cubría sus partes pudendas se cayera. En quince años mostraron que son tan viles y corruptos como aquellos que desprecian y miran como equivocados, autoritarios e inmorales.

No hay comentarios.: