Tantadel

agosto 29, 2014

Los movimientos que se niegan a morir

Hace unos días, en Puebla, me fue entregado por un antiguo luchador social, F. de J. Galván Rodríguez una reedición del libro Octubre 2, historias del movimiento estudiantil. La primera fue editada por la UAM en 1998. Se trata ahora de una versión enriquecida. En esencia, la obra está centrada en la participación del IPN en la lucha de 1968, son testimonios de personas que participaron en aquellos complejos momentos. Una parte menos estudiada. Por otro lado, el infatigable camarada Arturo Martínez Nateras, en la UNAM, publicó un libro más sobre el tema: El 68, conspiración comunista, obra asimismo colectiva, que posee no sólo comentarios de viejos militantes comunistas sino material gráfico poco conocido. Finalmente, la Universidad Popular Autónoma de Veracruz hizo una edición conmemorativa de mi novela El gran solitario de Palacio, editada en 1971. La nueva edición aporta un prólogo del politólogo de origen chileno y profesor de la UAM-X, Ricardo Yocelevsky, donde analiza el contexto internacional en que se publicó originalmente en Buenos Aires y un epílogo del escritor Mario Saavedra, en el que valora la novela dentro de lo que algunos llaman literatura tlatelolca. Esto significa que el tema sigue vivo y las inquietudes que provoca se mantienen vigentes a pesar de los años que han pasado. No se trata de salir a destruir comercios el 2 de octubre, sino de analizar con riguroso detenimiento qué ocurrió, quiénes fueron los culpables, para que tengamos la certeza de que no se repetirá una represión draconiana.

El miércoles se hizo pública la orden del IFAI a la PGR para entregar la información que posee sobre la represión de 1968 y la de 1971, conocida como el halconazo del jueves de Corpus. Estos expedientes fueron desclasificados en 2011, pues estaban engavetados para ser públicos en 2016, año en que pasarían al Archivo General de la Nación. A estas alturas de la historia, casi medio siglo, es ridículo que sigan existiendo materiales considerados secretos por la maquinaria estatal. Luego de un estira y afloja, entre la terquedad histórica y la PGR, Ximena Puente de la Mora señaló que nada impide que al fin impere la transparencia en estos casos que han sido analizados y vueltos a estudiar y que siguen presentando algunas lagunas.

A muchos podría parecerles una terquedad inútil la exigencia de saber exactamente qué ocurrió en esos fatídicos momentos. Pero la historia suele ser necia, exigente, terca y al fin podremos tener una mayor información que nos permita hacer una minuciosa reflexión, basada en documentos largamente ocultados. Recuerdo que hace unos veinte años, formamos una Comisión de la Verdad sobre el 68. Estudiamos los materiales existentes y solicitamos información no sólo a dependencias policíacas y militares nacionales, sino también en las agencias policíacas de EU. La Comisión, unos doce escritores y académicos, recuerdo a Lorenzo Meyer y a Carlos Monsiváis, entregamos nuestro informe y apareció publicado en La Jornada. Quizá no fue mucho, pero en ese momento fue un paso adelante en la búsqueda precisa de los sucesos.

La acción del IFAI al ordenar a la PGR la entrega de la información clasificada es un acto que prueba que los tiempos han cambiado y que la lucha que han dado miles de ciudadanos para saber la verdad, las razones por las que el Estado mexicano recurrió a la violencia están a punto de concluir. En lo personal he escrito mucho sobre el tema, desde que publiqué mi citada novela, igual que lo han hecho otros compañeros, pero qué duda cabe que existen todavía muchas inquietudes. Dudo que alguna vez tengamos la totalidad de la historia de las dos represiones, sin duda mucha información habrá sido destruida y los testigos o autores han muerto, pero con lo que la PGR entregue y sin duda otras dependencias gubernamentales, podríamos tener una idea más justa. Es indispensable para que los violentos sepan que sus acciones no quedarán impunes.

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