Tantadel

agosto 25, 2014

Muchos legisladores ¿garantizan la democracia?

Una caricatura en La Crónica es el mejor ejemplo. Bajo el título de “Consultitis”, aparecen representantes de los tres partidos mayores: cada uno con su propuesta de consulta pública. El PRD sobre el petróleo, tratando de resucitar a esa vieja deidad. El PAN, la relativa al salario mínimo, es insuficiente, desde luego. El PRI: hay un número excesivo de costosos e inútiles legisladores. En fin, cada quien con su propia consulta popular, mientras el pueblo tiene un concepto desdeñoso sobre la clase política.

Todo comenzó cuando el PRI era todopoderoso e invencible, ello le permitía ser autoritario, despótico y arrogante. El gobierno de López Mateos se preocupó, acaso sinceramente. Era necesario que la oposición, no representada más que por discursos y algún artículo filtrado, tuviera un lugar en el concierto democrático que nunca ha sido México. Háganse los diputados de representación proporcional, hoy plurinominales, y se hicieron. Id, creced y multiplicaos sin el sudor de la frente, dijo el presidente en turno y así ha sido. Diputados, senadores y asambleístas, plenos de ignorancia y vulgares, pululan y sangran al erario. Hacen demagogia y charlatanería, son refractarios a la honestidad y les gusta, en todos los casos, el dinero y el poder. Convirtieron a la política en un circo poco divertido. Para colmo, se resisten a disminuir el número, quieren asegurar su bienestar personal.

Dudo que haya muchos mexicanos que rechacen la propuesta de eliminar plurinominales. Ya un afamado periodista hizo una encuesta al respecto y fue apabullante. Sólo los plurinominales votaron por la sobrevivencia de los plurinominales.

Invento infernal del PRI para darle vida a la oposición, ahora son un lastre. En nada estimulan la vida democrática de la nación. Subsisten porque es una manera de aumentar las ambiciones de los partidos. El PRI, nuevamente en el poder, no los necesita, pide la eliminación de cien diputados plurinominales y unos treinta senadores. Para los demás son el maná, en particular para los partidos familiares. Los defensores del sistema inventado hace unos sesenta años imaginan que al ser eliminados, el PRI volvería a ser un partido descomunal. Como lo serían el PRD o el PAN si ganaran las elecciones, algo que con el segundo ya ocurrió y nada hubo.

El Revolucionario Institucional en el poder dice que su propuesta es congruente porque fue promesa de campaña de Peña Nieto. Pero pocos ignoran que en realidad, si la lucha es de proponer consultas públicas, los priistas tienen la suya y resulta más amenazante que las tediosas del petróleo y la imposible de efectuar, la que concierne al salario mínimo. Entre ellos se asustan con el petate del muerto. Lo que desconcierta es que algunos piensen dos simplezas: que es una cortina de humo (lugar común) o que entre más legisladores, mayor democracia. Para la ciudadanía, sea o no parte de la agenda de una maniobra política, la abundancia de legisladores fastidia con sus necedades. Lo que escandaliza a la población en general es la abultada cifra que el Estado gasta (despilfarra es la palabra justa) en procesos electorales, en sueldos y prebendas de los legisladores, cuando básicamente producen mucho ruido y pocas nueces. Unos toman la tribuna, otros se van de viaje cada dos meses y unos más duermen en sus curules. Discuten sin fin y se insultan con frecuencia. Hablar con alguno de ellos es francamente patético. Ahora, tomarse en serio las consultas públicas en México no es ninguna garantía de salud pública. Como las encuestas, son una buena farsa que sólo le sirven al promotor.

De las tres consultas, sálvenos la Guadalupana: sólo serán polémicas majaderas y carecerán de resultados positivos. Son acciones para atraer la atención electoral y asustarse unos a otros.

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