Tantadel

septiembre 29, 2014

Carmen de la Fuente, homenaje

Hace unos días, la UAM-X llevó a cabo un memorable homenaje a tres mujeres: Yoloxóchitl Bustamante, María Luisa Mendoza y Rina Lazo. Me correspondió recibir a la primera y por fortuna me sentaron a su lado. En algún momento intercambiamos palabras sobre un escritor de origen portugués, Antonio Rodríguez, que le dedicó parte de su trabajo intelectual al IPN. Me anticipó que la institución a su cargo preparaba un homenaje.

Dos días después, pensando en Antonio Rodríguez, también maestro de la UNAM, pasé a recordar a una mujer que le dedicó parte de su vida al Politécnico: Carmen de la Fuente. Una mujer notable. Supe de su talento y sensibilidad, fui su lector y más adelante tuve la fortuna de hacerme su amigo. Su vida es legendaria y es una mujer que pertenece a la estirpe de las grandes figuras femeninas de México. Luchadora social, poeta distinguida, jamás abandonó esas dos descomunales tareas. Fundó el grupo y la revista Vórtice. Fue presidenta de la Tribuna de México, donde la vi por vez primera.

Publicó infinidad de libros maravillosos de teatro, poesía, relato, ensayo. Citaré algunos: De la llama sedienta, Las ánforas de abril, Nueva epístola a Fabio y Proceso de la memoria. Ahora están apareciendo sus prodigiosas obras completas. Pero ha sido en el teatro donde mayores logros tuvo Carmen de la Fuente. Cono sur y Nezahualcóyotl, brazo de león, ambas premiadas.

El Instituto Politécnico Nacional es el sitio donde Carmen de la Fuente dejó su mejor esfuerzo, la prueba es que es la autora del himno del IPN. Allí, por fortuna, se le rindieron en vida diversos homenajes y se le entregó la medalla Juan de Dios Bátiz como reconocimiento a sus más de treinta años de docencia.

Carmen fue una gran mujer, una bella, sensible, inteligente y aguda escritora, con una correcta postura política por añadidura. En un país donde la gente suele cambiar de ideología, ella permaneció fiel a las ideas avanzadas que contribuyeron a formarla en la UNAM y en un México donde la lucha era por las ideas.

Fui francamente muy afortunado de tener a Carmen de la Fuente como amiga y colaboradora. Tanto en el viejo Búho de Excélsior como en la revista El Búho, donde publicó poemas memorables.

En otros momentos, por ejemplo durante la presentación de sus Obras completas, hablé de la tarea literaria, estética de Carmen, ahora, luego de su lamentable fallecimiento no hace mucho tiempo, quisiera más bien señalar sus muchas virtudes y destacar entre ellas la generosidad y la bondad que la rodearon y que con su simple presencia emanaba. He conocido a muchas mujeres legendarias, grandes luchadoras y escritoras, como Elena Garro, Adelina Zendejas o Pita Amor, todas ellas, como Carmen, tenían grandes talentos artísticos, inteligencias privilegiadas, agudeza a flor de piel, pero nuestra querida amiga las superaba en cuanto a bondad y generosidad. ¿Es tan difícil ser bueno y decente en México? ¿Qué tan complejo es ayudar al prójimo o al menos no vituperarlo, calumniarlo, enlodarlo? A Carmen jamás la escuché criticar por sus defectos a otras personas, acaso por sus ideas reaccionarias. Pero a éstas siempre las combatió con energía y sin fines destructivos. La verdad es que yo pocos intelectuales y escritores recuerdo que hayan sido buenos (y la palabra suena hasta cursi, ramplona, porque nos hemos distanciado de los grandes valores) como Carlos Pellicer o Juan Rulfo o Juan José Arreola que nos daba clases de literatura sin cobrar un centavo.

Carmen de la Fuente fue una gran maestra, el título se lo ganó a fuerza de dictar clases, pero hay mucho más en el concepto: es una maestra de la vida, nos enseñaba la literatura y la política, pero asimismo nos mostraba el camino más adecuado para el país. Por fortuna, la literatura de Carmen de la Fuente sigue creciendo, cada día le descubrimos mayores valores y más talentos.

Carmen de la Fuente es una ya clásica dentro de las letras nacionales, ocupa uno de los más altos escaños. La recuerdo en un viaje a Campeche, caminamos por el mercado y haciendo paradas para comprar algún objeto popular, me hablaba de los Estridentistas, los describía física e intelectualmente. Logró verlos como fueron en su juventud: rebeldes, innovadores y alegres.

Carmen de la Fuente debe ser mantenida como un alto ejemplo de valores culturales y académicos, aquellos que el país que ella amó, necesita.

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