Tantadel

septiembre 15, 2014

Entre consultas populares te veas

Las consultas suelen ser como las encuestas: salen al gusto de quien las solicita y las paga. No hay que tomárselas muy en serio. De cualquier manera, dan una idea del poder de los partidos y sus propuestas. El PAN afirma haber obtenido dos millones y medio de firmas para su idea de aumentar el salario mínimo, como una contribución al proyecto de Miguel Mancera y en un vano intento de rescatar algo de popularidad para Madero, mientras que el PRD le dice a los medios que tiene una cifra semejante de mexicanos que desean que Pemex siga siendo un monopolio estatal.

El PRI, redivivo y tratando de recuperar los viejos tiempos de presidencialismo desaforado, ya dijo con altas dosis de arrogancia que en solamente 18 días reunieron cuatro millones y medio de firmas para reducir el número de diputados y senadores plurinominales. Vio su consulta como un “modelo ejemplar de organización y convocatoria”. En las fotografías donde hacían el aviso, César Camacho estaba feliz, gozoso, y sus camaradas aplaudían como si México hubiera entrado de lleno al exclusivo club de potencias mundiales.

La verdad es que son muy pocos los mexicanos que realmente desean más legisladores. Sus ocurrencias, sus eternas pugnas, la incultura que los caracteriza, sus altos costos y magros resultados, no conmueven positivamente a la ciudadanía. Se han hecho antipáticos. Aquella expresión muy socorrida hace unos veinte años de que la diputación dura tres años y la vergüenza el resto de la vida, es cierta. Sólo que ellos no se percatan de la opinión popular. Viven su propio y memorable mundo, donde está el poder y el dinero.

Fue una promesa de campaña de Peña Nieto, nos dicen los dirigentes priistas encargados de llevar a cabo la consulta. De acuerdo. Pero habrá que aceptar que también fue un golpe político, una respuesta a las consultas de sus rivales políticos. El problema para PAN y PRD y demás partidos pequeños es que a ellos les afectará la medida si llega a instrumentarse. Ahora, honestamente, ya hay demasiados partidos, todos a cargo del erario, como para seguir manteniendo políticos que jamás han podido vivir de algo más que no sea discursear y aprobar leyes, obedecer y si es posible hacer algunos negocios al amparo del poder. Nunca he analizado qué tanto en otros países los políticos resultan detestables, pero en México, salvo los beneficiarios de cada partido o del poder en general, son los únicos que creen en sí mismos. La sociedad los mira con recelos.  

Por lo pronto, como dicen ahora los colegas periodistas, ya el PRI mostró “músculo”, fuerza. En poco más de dos semanas consiguieron millones de firmas para su propuesta o la de Peña Nieto, la pregunta es qué sigue: ¿habrá menos legisladores o sólo fue una manera de contrarrestar los gritos y protestas del PAN y del PRD? En lo personal, tengo muchas dudas. La creación o invención de los plurinominales, antes diputados de partido, fue del PRI, cuando estaba tan solo en el poder, que daba pena, cuando existía el presidencialismo a ultranza y la oposición apenas tenía unas cuantas cabezas sin mucha legitimidad. Ahora que México ve a muchos partidos, acaso un exceso, el PRI prefiere quitarles posibilidades. Gracias a los plurinominales, hasta el PRI ha tenido dirigentes que no necesitaron hacer campaña, como una especie de premio. De un cargo pasaron a otro sin ensuciarse los zapatos ni gastar la voz en discursos baratos.

Como suele decir mi buen amigo Ricardo Alemán, al tiempo.

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