Tantadel

septiembre 14, 2014

Sade y Marx, dos revoluciones teóricas

No hay personajes más trágicos que Marx y Sade. Ambos fueron pensadores que se adelantaron a su época. El primero construyó, después de años de incesante y arduo trabajo, una de las más bellas utopías. A pesar de que estaba seguro de que el socialismo científico era una realidad casi inmediata, su modelo no ha llegado a ser construido en ningún país.
Lo que existió, el llamado socialismo real, no fue sino una distante caricatura de lo que Marx imaginó. La libertad y la democracia no han llegado ni el ser humano se comporta según sus deslumbrantes vaticinios basados en la veleidosa historia. Tampoco el Estado desapareció: se hizo más poderoso y rígido, un leviatán que ha devorado a generaciones enteras en distintos países.
Marx ha sido, además, tergiversado y calumniado. Es difícil precisar quién le ha hecho mayor daño: sus admiradores o sus detractores. Sin embargo, nadie tan profundamente humanista como él. Puso su genio y vida en la concepción socioeconómica más lúcida y brillante que haya surgido. Su propósito no era explicar el mundo, era más ambicioso: quería cambiarlo.
Al socialismo utópico (hermosos proyectos de PlatónMoro,CampanellaBaconOwen que hoy leemos como si fueran imaginativas novelas), lo hizo científico. Con su muerte, y la de su gran amigo Engels, el marxismo toma otro camino.Lenin, en su desesperación por modificar a Rusia, lo remodela y ajusta a una realidad distinta de lo que su autor había concebido. Lo planeado para países occidentales de alto desarrollo económico y con un proletariado emergente, es aplicado en naciones atrasadas, a veces tanto como China, Vietnam y Cuba. Allí se hace quimera. El socialismo real, a los ojos del marxismo clásico, es una evidente aberración.
Marx fue básicamente un teórico, como Maquiavelo, fervoroso patriota y agudo observador del poder, incapaz de llevar sus ideas a la práctica. Hizo esfuerzos angustiosos con el proletariado de aquella época y no vio cuajado su trabajo de biblioteca.
Algo parecido le ocurrió a Sade: crea una teoría audaz sobre la libertad y la felicidad del ser humano basada en la crueldad sexual. Ambos, en el terreno de la acción, fracasan con estrépito. Su idea era de alguna manera superar los tabúes que la sociedad y la religión le han impuesto al hombre. Para obtenerlo, escribió novedosas obras que la censura universal ha perseguido implacablemente, Justine yJuliete son dos buenos ejemplos de su arte.
Como Marx (y Maquiavelo), Sade fracasó en sus intentonas de praxis. Acusado de libertinaje y escándalo, visto con recelo aun por los revolucionarios de 1789, pasó la mayor parte de su vida adulta en prisión. Miolans, La Bastilla, Vincennes, Saint Pélage y Charenton fueron sus principales cárceles y sitios donde escribió la mayoría de sus libros. Su nombre sigue siendo capaz de sobresaltarnos, sus novelas aún tienen la capacidad de subvertir los valores tradicionales y su apellido se convirtió en sinónimo de perversión.
Sade trató de mostrarle al hombre el camino de la libertad sexual, para ello nunca se detuvo en los obstáculos: la familia, la sociedad, el convencionalismo y la religión principalmente, todo lo combatió usando como armas el irrespeto, el placer y el ateísmo. Su erotismo es legítimo y normal, sabía que aun las personas más pusilánimes y mojigatas son capaces, en un momento dado, de desear con brutalidad y violencia, que en sueños aparece la necesidad de acometer el amor haciendo daño o quizás recibiéndolo, y aquí entraría otro ilustre de la perversión sexual, Masoch, quien consiguió legarnos el socorrido término de masoquismo.
Mucho antes que FreudSade nos puso ante un espejo y la imagen reflejada nos disgustó: era demasiado real. Algo parecido le ocurrió a la humanidad cuando supo de la teoría evolucionista de Darwin: a ningún pretencioso ser humano le hizo gracia saberse descendiente del mono.
Tanto Marx como Sade siguen produciendo malestar. Los utilizan para mostrar lo negativo. ¿Llegará el día en que la sociedad pueda verlos como a grandes pensadores que sacrificaron su vida con objeto de buscar mejores estadios para la humanidad? ¿O seguirán siendo dos seres malignos que desearon destruir lo edificado por dos mil años de cristianismo y valores occidentales? En todo caso, su mayor responsabilidad fue la de soñar con un hombre libre de ataduras y feliz por carecer de prejuicios.

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