Tantadel

octubre 27, 2014

La política: búsqueda de lo imposible

El político en nuestro país carece de grandeza y visión histórica.

La política —esa difícil participación en los asuntos del Estado que Lenin magistralmente definiera como la expresión concentrada de la economía— en México tiene rasgos peculiares. Cuesta trabajo aceptar que tenemos políticos. Pareciera un término elevado, sólo aplicable a aquellos personajes que actúan con especial talento, honestidad, firmeza y sólida cultura. En todo caso, padecemos burócratas de distintos rangos y niveles. El término “político”, tal como lo maneja el sentimiento popular mexicano, es sinónimo de poderoso, arbitrario y deshonesto. Es una palabra peyorativa que produce temor, no respeto. Es el resultado de una lamentable y penosa actividad estatal. ¿Estadista? ¿Hemos tenido alguno?
Los grandes políticos de la humanidad tuvieron cualidades específicas. Cabría destacar la pasión, la audacia, el deseo de transformar y una teoría. Necesitaban el poder para utilizarlo según sus creencias. Cada tanto, con una frecuencia sospechosa, los políticos mexicanos hablan de servicio a la sociedad como la base del arte de gobernar. Omiten que por ello reciben enormes sumas de dinero y un inmenso poder que con frecuencia no es usado en forma correcta e inteligente.
La política en México es una lucrativa carrera incapaz de brindarnos líderes, en cuyo ejemplo podamos encontrar aliento, salvo en la generación de liberales que en el siglo pasado supo mostrar una dignidad difícilmente superable y el de Lázaro Cárdenas, quien rompió reglas y creó nuevas. Por su audacia, sensibilidad y honradez, por no abusar de la retórica, sigue siendo considerado como el mejor gobernante del México posrevolucionario.
El político en nuestro país carece de grandeza y visión histórica. No ve el futuro y desconoce el pasado. Todo acaba en el goce de fuerza temporal, dentro de un sistema de adulaciones vergonzosas al Presidente, quien se engolosina y convierte en un hombre soberbio y solitario, incapaz de entender realmente lo que sucede a su alrededor por más información que pueda recibir.
Recuerdo haber visto en el Kremlin la vajilla y los cubiertos que Lenin utilizaba: eran baratos e incompletos. No tuvo automóvil propio y, como Trotsky, no se interesaba en obtener riquezas para formar un patrimonio familiar. Pensaba obsesivamente en transformar a su país, sacarlo del atraso mediante la mejor fórmula: una revolución. Murió en 1924, pero todavía sabemos quién fue y tenemos una idea de lo que hizo, mientras que a nosotros mismos nos cuesta trabajo encontrar datos biográficos sobre Ávila Camacho y este nombre nada dice en el extranjero.
En la escena XII de Calígula, de Albert Camus, Calígula habla de la importancia del erario, un asunto principal del Estado y de lo relacionado con él: “Todo es importante: las finanzas, la moralidad pública, la política exterior, el aprovisionamiento del ejército y las leyes agrarias”. Pero hay algo más importante para Calígula, en tanto hombre que tiene el poder político: conseguir lo irrealizable. Por ello le pide a Helicón la luna y más adelante dice con cierta soberbia: “Tomo a mi cargo un reino donde lo imposible es rey”. Tal ambición muestra al auténtico político, al capaz de transformar positivamente a su sociedad y acaso a la humanidad.
Antes de Camus, un observador inteligente y sagaz como Max Weber había llegado a la misma conclusión. En uno de sus más hermosos trabajos, La política como vocación,Weber señala que “la política es un fuerte y lento taladrar de duras tablas. Requiere pasión y perspectiva. Ciertamente toda la experiencia histórica confirma la verdad: que el hombre no habría podido alcanzar lo posible si una y otra vez no hubiera tratado de alcanzar lo imposible”. Es también el caso de Marx, cuando decía que los filósofos sólo habían querido explicarse el mundo, mientras que él intentaba transformarlo.
¿Algún día nuestros políticos nos darán algo más que palabras tediosas y lleguen al poder a buscar lo utópico para el bien de la nación? Buscando quimeras, Napoleón esparció los restos de la Revolución Francesa por Europa, Bismarck obtuvo la unidad alemana, Bolívar liberó a media América hispana, Lenin cambió el curso de la humanidad, De Gaulle recobró el poderío burgués de Francia y Fidel Castro construyó el socialismo a unos cuantos kilómetros de la principal potencia imperialista.
¿Grandeza es un término del vocabulario político mexicano ahora que cavamos para buscar restos de jóvenes asesinados?

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