Tantadel

octubre 05, 2014

Las muertes de Truman Capote

Avanzó hacia el triunfo a grandes pasos y no supo qué hacer con él.

e he preguntado cómo un hombre de genio y capaz de utilizarlo para escribir algunos de los grandes libros de nuestro tiempo sea capaz de dejarse atrapar por las drogas y el alcohol, en detrimento de la belleza física y el talento.
Truman Capote estuvo sometido a tratamientos, unay otra vez fue al hospital, sus amigos le abandonaron o desaparecieron, y él no podía detenerse. Su muerte ocurrió el 23 de agosto de 1984.
Por razones periodísticas llegó a mi poder el cable que anunciaba su muerte, aún lo conservo. Poco antes, en Madrid, había comprado Música para camaleones y leído en el vuelo de regreso a México. Su prosa es perfecta, sus observaciones agudas, cada relato es una obra maestra. Un autor asombrosamente impecable. Desayuno en Tiffany’sA sangre fría,Otras veces, otros ámbitosLas musas son escuchadas, son libros que suelo usar como textos para mis alumnos.
A un cuento mío lo titulé Miriam, en homenaje a Truman por su maravilloso relato que lleva este mismo nombre. Sus declaraciones que tanto escandalizaron: “Soy homosexual, soy alcohólico y soy un genio”, me encantaron, son exactas. De su generación admiro a Norman Mailer, pero me siento más satisfecho con la literatura de Capote.
En la biografía que Gerald Clarke escribió sobre Truman Capote parece no quedar nada fuera: están su infancia, años de formación, el éxito, quiénes fueron sus amigos, quiénes sus enemigos, a dónde viajó, cuáles fueron sus amantes y la manera en que escribió algunos de sus más importantes libros, en especial el doloroso A sangre fría. Sin embargo, resulta curioso que para narrar su muerte apenas utilice una media docena de páginas y recurra a una serie de observaciones médicas sobre las razones de su fallecimiento.
Capote era un ser destructivo y autodestructivo; sus relaciones eran por regla general tormentosas. Avanzó hacia el triunfo a grandes pasos y no supo qué hacer con él, cómo administrarlo. Una sociedad refinada y frívola lo consumió.
No tenía 70 años cuando murió: “Hepatitis complicada con flebitis y múltiple intoxicación por fármacos diversos”, según el forense que efectuó la autopsia.
Clarke habla con timidez de un posible suicidio, no deseaba darse otra oportunidad. Pero le faltaba mucho por escribir, como una ambiciosa novela, Plegarias atendidas, de la que dejó fragmentos. Estaba harto de viajes al hospital, de la incomprensión de quienes lo rodeaban y optó por una sobredosis.
Trabajar en A sangre fría fue descomunal. El biógrafo nos recuerda que antes habían muerto Marilyn Monroe y Montgomery Clift, dos personas que se entendían bien con Capote, y también Tennessee Williams, a quien por cierto está dedicado Música para camaleones. ¿Para qué, entonces, seguir viviendo? Sin fuerza para defenderse, se dejó vencer por el alcohol. Sentía pasión por los fármacos (contemplaba las pastillas como joyas) y más de una ocasión tomó fuertes dosis de coca. Había tenido éxito y poco esperaba de sí mismo, se sabía un clásico de la literatura. A diferencia de la mayoría, no le importaban los reconocimientos internacionales, incluido el Nobel; tenía, a cambio, asegurado un amplio público lector: revolucionó las letras con su non fiction.
En estas condiciones, si Capote sentía que ya poco o nada le quedaba por hacer, ¿para qué seguir en el mundo? En los hospitales, había frecuentado la muerte una y otra vez, parecía morir por minutos y hasta por horas.
Lo más infortunado para nosotros, sus devotos lectores, fue que se enamoró de la muerte y se le entregó por completo. Cuando falleció casi nada quedaba de aquel hombre ambicioso, arrogante y burlón que fue. Sus últimas palabras fueron dos: “Siento frío”. Junto a él estaba esa dama atroz que llamamos muerte y que la humanidad ha preferido darle una apariencia sombría o esquelética, cuando acaso sea su antítesis: luminosa y bella.
Tal vez Gerald Clarke deliberadamente olvidó, en su intento por reconstruir la vida de Truman Capote, uno de los hombres más fascinantes y talentosos de nuestra época, que desde que comenzó a vivir iba hacia una muerte dramática. No regresa a sus orígenes, como elCiudadano Kane, llega al final que vislumbró desde pequeño. Para tenerlo, tuvo que pasar por una vida intensa, el éxito deslumbrante y la incomodidad que produce estar rodeado de seres humanos que fingen devoción y tienen envidia. Capote tuvo muchas muertes, hoy es inmortal.

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