Tantadel

octubre 06, 2014

Los estudiantes siempre

El sábado por la tarde estuve en el Teatro Enrique Lizalde. Había festejo por las muchas representaciones de la obra de Miguel Ángel Tenorio, 68: las heridas y los recuerdos, un notable monólogo donde recrea con inteligencia y sensibilidad el movimiento estudiantil que culminó de manera trágica el 2 de octubre. Al concluir, el autor y actor nos invitó a develar la placa conmemorativa. Lo hicimos la actriz Zaide Silvia Gutiérrez, Joel Ortega Juárez y quien esto escribe. Enseguida fuimos entrevistados sobre el 68 y de tal manera aparecieron de nuevo los estudiantes como tema político y social.

Joel Ortega es un ser eminentemente político y fue quien explicó la situación de las inquietudes juveniles. En 1968 y en 2014. La razón es idéntica: inconformidad. Tanto hace casi 50 años como en estos momentos, México no acaba de satisfacer a los sectores, muy amplios por cierto, de jóvenes, estudiantes o no, que padecen el atraso del país. Son el sector más sensible de la sociedad, en consecuencia, los primeros en estallar.

Los tiempos han cambiado, no vivimos ya bajo la tiranía de un PRI encabezado por Gustavo Díaz Ordaz, pero eso no significa que los problemas hayan concluido, que las desigualdades hayan desaparecido y en general todas las contradicciones. A pesar de las muchas transformaciones ocurridas, nacional e internacionalmente, padecemos situaciones de violencia y miseria extrema que indignan. Ante ellas, los jóvenes estudiantes forman un muro que puede crecer o disminuir, según quieran las autoridades. No tenemos Guerra Fría ni soportamos un gobierno draconiano. Sin embargo, la globalización nos abruma, somos globalizados y listo. Tenemos que hacer lo que de fuera nos exigen: cosas como adelgazar al Estado, crear un sistema educativo acorde a las necesidades de la globalización distante de nuestra cultura y nuestros ideales.

En estas circunstancias, los jóvenes son víctimas y no verdugos. Otra cosa es que no encuentren (debido al derrumbe del socialismo) una alternativa ideológica, pero de cualquier manera, buscan la manera de reforzar su rebeldía natural. Tendremos que incluir en este veloz diagnóstico, de un lado, un sistema político que no acaba de conformarse y que piensa básicamente en él mismo, y del otro, un sombrío futuro para aquellos que concluyen una carrera y no encuentran acomodo laboral. He tenido brillantes alumnos que luego de un posgrado bien hecho y de buscar un empleo no consiguen más que actividades lamentables para sobrevivir.

Los problemas educativos de México vienen de muy lejos, de sindicatos corruptos y de autoridades complacientes. Para colmo no acaban de entender que la mejor arma de un país para progresar es la educación y la cultura. En los países más avanzados la consigna, escrita o no, es educación y cultura. Por eso existen grandes y pequeñas naciones, sin mayores recursos naturales, que han podido abandonar el atraso.

México tendrá que llevar a cabo un enorme esfuerzo y entender que en la educación está la clave del éxito. De lo contrario, seguirán ayudando a incubar mayores dosis de rebeldía juvenil.

Hoy los ojos de los sectores avanzados no están más en el campesinado o en el proletariado, que sufren, cierto, están en los jóvenes que desde 1968 han salido a las calles a mostrar su malestar. Por ahora, aunque sea temporalmente, porque además los jóvenes tienen distintos orígenes sociales, pero parecida sensibilidad, en ellos está la posibilidad de cambio. Sobre todo si el o los gobiernos cometen tantos desatinos al querer imponer sus puntos de vista. El crimen de los muchachos normalistas en Guerrero, el intento de doblegar a los estudiantes del IPN, la politiquería universitaria por la caza de otros cargos, el decaimiento del presupuesto de las escuelas públicas, los malos sueldos, los sindicatos obsoletos, la corrupción, son elementos que conmueven a la juventud y por ello muchos comienzan a pensar en un hecho que ocurrió en Francia y en México, y que puede ser la mecha de un largo estallido social.

Soy un viejo profesor universitario, pero vivo rodeado de estudiantes y por ello entiendo sus problemas.

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