Tantadel

noviembre 17, 2014

Ante la violencia, ¿qué se hace?

Los pasados jueves y viernes estuve con el primer actor Carlos Bracho y el poeta Dionicio Morales en la Feria Universitaria del Libro de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) para la presentación de mi libro de reciente publicación, La cantante desafinada, y me tocó escuchar a más de un escritor hacer mención de la violencia que se ha acentuado en el país.

Al regresar el sábado a la ciudad de México, noté que Perisur, a dos o tres calles de mi casa, estaba lleno de policías ante la presencia de un puñado de muchachos que protestaban por la masacre de Guerrero. El domingo leo que hubo un extraño tiroteo en la Ciudad Universitaria. Saldo: un herido, según un medio, dos, según otro. Es decir, hay malestar, indignación acumulada por la lamentable conducta de algunas personas y mala información que contribuyen a aumentar el desorden y a estimular la indignación social en general y de los jóvenes en particular.

Como es obvio, los medios de ayer daban amplia información del discurso de Peña Nieto. Sus palabras pueden ser fácilmente reducibles a un llamado a no “motivar vandalismo ni violencia”. Dicho en otras palabras, condenó la violencia. Me pregunto: ¿cuál?, ¿la ejercida por el poder o la natural reacción del sector más sensible de la sociedad: los jóvenes estudiantes? En esta fórmula hay quien ejerce inicialmente la violencia, el Estado, y quien reacciona ante ella mediante las protestas. El problema es que Peña Nieto, quien estaba de gira internacional, no tiene quizás un buen sistema de información o él mismo no le concede gran importancia a los sucesos que estamos presenciando. Esto último es una posibilidad no descartable, pues nunca debió permitir que su esposa adquiriera una costosa mansión en medio de una situación compleja: a la ancestral miseria de México, la represión en diversos estados de la República y la incertidumbre en el DF, el anuncio de la escandalosa compra. Grave en especial si pensamos que no se trata de la pareja de un empresario exitoso, sino de un alto servidor público. En lo sucesivo, la familia del Presidente de México tendrá que ser más cautelosa y discreta para evitar que la molestia social crezca. Y algo más: entender el origen de la violencia, sus causas y, desde luego, las formas de frenarla.

No será con discursos que la violencia desaparezca, será con acciones concretas e inteligentes que vean el futuro inmediato y no el ruinoso presente. La sociedad está harta de partidos políticos, de todos ellos, desde los tradicionales hasta los que recién arrancan sus tareas demagógicas y su compulsiva necesidad de utilizar el poder para enriquecerse.

La reacción de las autoridades también tiene rangos: si agreden a una universidad pública, la policía llega tarde, cuando debería, en estos momentos, estar atenta. No deja de ser interesante el despliegue policiaco que las autoridades llevaron a cabo para proteger el distinguido centro comercial Perisur. Claro, es un templo donde se le rinde culto al consumismo, a la base del capitalismo, vender y vender, para que unos cuantos puedan comprar hasta lo innecesario. El “Buen Fin” y el “Teletón” son dos fuerzas que impulsan y sustituyen las funciones del Estado. En lo primero, el gobierno estimula el gasto superficial, en lo segundo, nos invitan a pagar por segunda vez las tareas que son obligación estatal.

El gobierno de Peña Nieto parecía hábil o menos malo que los anteriores. Ahora vemos con preocupación que es igual de inepto que los demás. A menos que nos diga de forma convincente qué obtuvo de su viaje en momentos delicados, seguiremos pensando que no debió asistir a esa reunión internacional mientras que la violencia en México crece y necesita su presencia y sus acciones.

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