Tantadel

noviembre 05, 2014

Griselda Álvarez, literatura y política

Hace 35 años Griselda Álvarez fue electa gobernadora de Colima. Fue algo ruidoso, hasta entonces, ninguna mujer había llegado tan alto. Los comentarios sexistas menudearon. ¡Una mujer gobernando un estado! Imposible. Hasta ese momento, Griselda era conocida y respetada por su hermosa poesía y por un feminismo delicado y eficaz: no necesitaba disfrazarse de hombre, ni beber y fumar, decir majaderías y ser una suerte de amazona. Le escribió hermosos poemas al hombre, pero jamás dejó de dar la batalla por sus ideas avanzadas. Aunque escribió una espléndida autobiografía, publicada por el Fondo de Cultura Económica, sus mejores páginas sobre su vida están en su poesía. Fue, por ejemplo, una sonetista impecable, dicho por Rubén Bonifaz Nuño.

Yo, desde que la conocí, la vi escritora, su mundo y el mío eran afines. Teníamos los mismos amigos, escritores e intelectuales. Tengo la impresión que manejaba sus dos amores de manera hábil y sutil. Por ejemplo, poseía un rostro severo para la política, mientras que su dulzura afloraba en las letras. Así lo escribí en las muchas páginas que le dediqué a la brillante, culta, talentosa y sensible Griselda Álvarez. Hace un año estuve en Colima para un reconocimiento por mis 50 años de escritor y pude hablar para la televisión local de mi largo trato con ella.

Griselda Álvarez gobernó Colima con sabiduría. Sus paisanos la recuerdan con respeto. Incluso cuenta con un museo que aunque pequeño, nos da una idea de la grandeza de la mujer que se movió en las complicadas aguas de la política nacional y las letras. Me parece imposible recordar cómo y cuándo la conocí. Sin duda fue antes de que llegara a gobernadora, pues solíamos encontrarnos en las reuniones de escritores más contemporáneos suyos que míos. Brillaba por su ingenio y agudeza. Su sentido del humor era magnífico en un país solemne. Llegamos a ser muy grandes amigos y yo solía acompañarla en presentaciones de libros y mesas redondas. A cambio, generosa, escribió sobre mi trabajo literario.

Algunos de nuestros mejores momentos de amistad se dieron cuando ella colaboraba domingo a domingo en El Búho, entonces suplemento cultural de Excélsior. Sus colaboraciones fueron memorables. Alguna vez, el panista Diego Fernández de Cevallos, como candidato presidencial, se refirió con desdén a las mujeres. Dijo el “viejerío”. La respuesta de Griselda Álvarez fue inmediata: publicó más de diez sonetos ridiculizando al soberbio político conservador. Casi enseguida los reunió e hizo una plaquette que llevó prólogo mío. Esa edición sin duda le restó votos al antipático Fernández de Cevallos. Todos los domingos solíamos conversar telefónicamente. Aparte de realmente culta, estudió Letras en la UNAM, tenía un agudo sentido del humor, lo que probaba su inteligencia.

Griselda Álvarez fue discreta en su vida privada, amaba a su familia, pero no necesitaba pregonarlo. Recibió muchos homenajes y reconocimientos. Que recuerde, el que más la emocionaba, fue el haber obtenido la Medalla Belisario Domínguez, concedida por el senado de la República.

Se cumplieron hace unos días 35 años de que Griselda abrió amplia brecha a las mujeres. Por allí aparecieron algunas notas y comentarios. Su partido, el PRI, que yo me haya percatado, nada o poco hizo para recordarla. Es posible que no sepan de ella. No son hombres y mujeres de alta cultura. Pero entre quienes la leímos y tratamos, hubo tristeza. Una mujer como ella, es irrepetible. Jamás la olvidaré. Algunos libros míos fueron comentados con larga generosidad. En estos tiempos complejos, donde los políticos merecen nuestro desdén, no es malo recordarla. No todo era como hoy en día. Unos dos años antes de morir, en una comida, algún escritor amigo, tuvo la indiscreción de preguntarle la edad. Ésa, respondió con firmeza, la sabrán cuando me muera. Así fue, falleció en plenitud de facultades a los 94 años.

No hay comentarios.: