Tantadel

noviembre 19, 2014

La carta de Cárdenas al PRD

La carta del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, donde pide la desaparición de todos aquellos que han manejado lamentablemente al PRD, es una misiva que, bien vistas las cosas, es un documento que podrían recibir todas las dirigencias de partidos políticos, no hay uno que podamos declarar virtuoso e inocente. Están diseñados para la corrupción y la búsqueda del poder no con fines correctos, dignos, con deseos de convertir a México en un país distinto y superior a lo que hasta hoy hemos visto.

Por ahora el PRD, luego de las perversiones alcanzadas en Guerrero, Oaxaca y en más de una delegación del Distrito Federal, ha recibido un balde de agua helada en pleno rostro. Una muy severa crítica del fundador, de alguien que lo hizo crecer hasta convertirlo en un organismo poderoso y que no ha sabido aprovechar su fuerza más que para mezclarse en turbios negocios y afanosas búsquedas de poder con fines económicos. La pareja Abarca es sólo un ejemplo. Los negocios de Marcelo Ebrard, en donde brilla la Línea 12 del Metro, es otro caso digno de mención. Entre ex priistas y dirigentes salidos de los bajos fondos políticos han acabado con el prestigio que tuviera el PRD.

La carta de Cárdenas produjo revuelo en el partido, las reacciones fueron diversas y no cabe duda que faltarán otras. Pero si Carlos Navarrete y Los Chuchos siguen aferrados a su cuota de poder, no es fácil que los restantes, los que ahora viven holgadamente y han hecho de la demagogia una efectiva arma política, renuncien y opten por reconstruir al PRD y darle ahora un rostro de auténtica y digna izquierda, con una clara ideología y no palabrería hueca. A la larga, será Cárdenas el que se tenga que ir acaso a formar otro partido. Nadie mata a la gallina de los huevos de oro.

Pero realmente esa carta, con semejantes términos, deberían recibirla los directivos del PRI, del PAN y demás partidos. La crisis que vivimos es producto de sus demoledoras tareas, de sus turbios manejos. Entre todos han envilecido a México al convertir al sistema político nacional en una lucha de intereses donde, en rigor, todos coinciden en lo fundamental: tener a la sociedad domesticada, bajo control. La tragedia de Ayotzinapa ha permitido ver el rostro de la clase gobernante. Ha despertado del letargo a un país que merece otra forma de vida realmente justa, democrática y lo más alejada de la dominación capitalista. Ojalá que la carta de Cárdenas sea un aviso a los partidos políticos para que dejen de ser parte de un inmenso fraude político. Por ahora, en un importante golpe de audacia política, el líder moral precisa que el partido se encuentra inmerso en un proceso de descomposición. Sugiere que los candidatos pasen por un severo proceso de revisión curricular para recuperar la credibilidad. Para salvarlo es indispensable la renuncia de todos los que de una forma u otra han contribuido a ella y luego poner orden en la casa.

Por ahora, Navarrete dice que no renunciará. La misma postura tomarán los demás.

La carta de Cárdenas es para el PRD, pero cada partido debería leerla como propia. El trágico caso de Ayotzinapa es una dura lección para los partidos políticos y, bien vistas las cosas, todos reprobaron.

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