Tantadel

noviembre 21, 2014

La inmortalidad de Edmundo Valadés

Los homenajes, por regla general, los llevan a cabo las instituciones, al menos así surgen los mayores. Del INBA o por iniciativa de alguna universidad pública. No conozco muchos casos donde los lectores y admiradores de un escritor decidan unir esfuerzos y hacerle un reconocimiento mayúsculo a un escritor. Octavio Paz, ya envuelto por la magia del poder político, ha tenido un sinfín de festejos. Baste decir que todo este año se le ha honrado desde las más altas posiciones de la pirámide gubernamental. Y si en vida se le temía, ya muerto provoca la idea de que es posible que regrese del más allá al más acá a arruinarle la existencia a un enemigo o simple crítico de sus posturas políticas.

Edmundo Valadés siempre fue un hombre sereno, reflexivo, gran lector y uno de los mayores cuentistas que ha dado México. Vivió con modestia y sin aspavientos, dedicado a la lectura. Recuerdo que un día me telefoneó para hacerme notar que un puntal académico de la lengua en Madrid, estaba buscando dar con él y conmigo porque estaba interesado en nuestros cuentos. Parecía emocionado. El autor de algunos de los mejores relatos breves estaba contento. Me conmovió. En vida tuvo multitud de honores y premios. Lo que me llama la atención es que tanto su obra como sus generosas acciones literarias ahora produzcan el portentoso homenaje que le rinden escritores jóvenes y mayores, argentinos, mexicanos, colombianos… Escritores de todas las edades, algunos con abultadas e importantes obras, se han citado para iniciar un magno homenaje con escaso apoyo y con la voluntad de los organizadores.

Este gran homenaje internacional sin duda tiene su origen en la legendaria revista El Cuento, fundada por Valadés y que por lustros recibió colaboraciones de todo el continente. No sólo ello, sirvió como un taller literario, donde muchos escritores recibieron recomendaciones del maestro y director de la publicación. En lo personal me emociona por dos razones principales, por la hermosa amistad que mantuvimos y porque veo que si se tiene talento, obra y bondad, es posible que el reconocimiento, el gran homenaje, salga de sus pares y de sus admiradores. Conozco el mundo de los intelectuales, de los escritores, es cerrado, hermético y no suele ser cordial con sus similares. Es egoísta. Al contrario. Y ahora acudimos al llamado hecho por Alfonso Pedraza y algunos  de sus amigos cercanos a recordar al cuentista ejemplar bajo el título de 20 años sin Valadés a recordarlo con nuestros propios cuentos, con otros dichos por cuentacuentos y leyendo la obra del maestro.

Me parece que Edmundo, de apariencia tímida y gentil, siempre dispuesto a dar un consejo, estaría feliz. Nunca le conocí, como a tantos otros, un acto de vanidad, al contrario, lo vi actuar siempre con plena sencillez. Eso, sumado a su talento prodigioso de narrador, es lo que le ha permitido lo imposible: crecer sin necesidad de apoyos y estímulos oficiales. No sólo escribió libros considerados clásicos, lecturas obligatorias, sino que con su revista El Cuento nos dio la posibilidad de conocernos en un descomunal continente donde pocas cosas cordiales nos unen. Ahora su literatura y su recuerdo ejemplar consiguieron el milagro de la plena inmortalidad. Qué duda cabe: pasarán los años y seguiremos leyendo al maestro de la brevedad.  Por ahora, en su nombre, se formó una suerte de internacional de microcuentistas que fomentan los relatos breves y al mismo tiempo le rinde homenaje permanente a Valadés. Al amigo que jamás escatimó palabras de apoyo en el quehacer literario de los recién llegados.

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