Tantadel

noviembre 09, 2014

L’amour, toujours l’amour

Un artista de genio como Alfred Hitchcock tomó más de una obra de arte literaria para incorporar la reunión de una pareja.
No siempre en las obras maestras literarias y cinematográficas está presente el amor. Más todavía, a veces no funciona. Es un elemento innecesario. Se me ocurre pensar en Lawrence de Arabia, el grandioso filme de David Lean basado en Los siete pilares de la sabiduría. Yo lo prefiero como recurso. Hasta novelas mías como El gran solitario de Palacio, obra esencialmente política, tiene por allí un toque romántico entre Sergio y Patricia. Es difícil sustraerse al influjo del amor.
Libros como Romeo y Julieta, de ShakespeareAnna Karenina, deTolstoiMadame Bovary, de FlaubertEl amante de lady Chaterley, de D. H. LawrenceEl gran Gatsby, de FitzgeraldLolita, de Nabokov, los cuentos eróticos de Anaís Nin o las duras novelas de Henry Miller han estado cerca de mí.
Las novelas y cuentos de aventuras pocas veces prescinden del amor. Tarzán, pese a su primitivismo, resultó un leal enamorado de Jean y en una de las más recientes versiones cinematográficas, acaso la última, Greystoke, un salvaje en la cama. Por esta razón, un artista de genio, como Alfred Hitchcock, tomó más de una obra de arte literaria para incorporar la reunión de una pareja. Tal fue el caso de su célebre películaLos pájaros, uno de los filmes más inteligentes y agudos de la cinematografía de suspenso.
En el cuento de Daphne du Maurier, en que se basa, no hay joven pareja de enamorados. Se trata de una familia, la del inválido de guerra Nat Hocken, un granjero inglés. Pero he aquí que Hitchcock traslada la acción a California y allí pone a una bella mujer de sociedad, algo extravagante, Tippi Hedren, persiguiendo a Rod Taylor, como de costumbre algo plano e incapaz de dejarse asediar plenamente por una dama en cuyo currículum está el arrojarse medio vestida o medio desnuda a una de las fuentes de Roma, creo que a la de Trevi.
La mamá de Rod (Jessica Tandy) resulta peor que Sara García, pero con más estilo y elegancia, sin puro entre los dientes postizos, intenta débilmente oponerse a que su guapo hijo se deje seducir por Tippi (Melanie en la película).
No obstante, entre bandadas de pájaros decididos a acabar con los torpes humanos, Rod se enamora, como recordarán quienes vieron el filme. No le importa que la atractiva maestra (Suzan Pleshette) del pueblo Bodega Bay, lo ame sin esperanza, como corresponde a una maestra rural de escasos recursos.
El cuento de Daphne du Maurier, una señora talentosa, y ya poco leída, tiene una gran intensidad y por la brevedad no se pierde nunca la emoción. Llevarlo a la pantalla era extender la historia y eso fue el reto para Hitchcock. La persecución de Tippi sobre Rod Taylor es audaz e interesante. Ella representa a una rara mujer osada. Al mismo tiempo, siguiéndola, vemos a los pájaros, gradualmente entrar en acción para vengarse de tanto niño idiota que les tira con resortera, o de adultos imbéciles, que les disparan sin ton ni son.
Rod Taylor tiene entonces una doble tarea: defender a su familia, una niña llorona, a su madre y a la hermosa Tippi, tan asexuada siempre que al año siguiente de Los pájaros, en 1964, Hitchcock la pone como cleptómana y forzada pareja del apuesto joven Sean Connery, quien se haría célebre internacionalmente interpretando al personaje de Ian FlemingJames Bond, espía inmejorable y amante desmesurado. Hablo naturalmente de Marnie, que en español tuvo apodo: La ladrona.
Según la larga entrevista que le hiciera el cineasta francés François Truffaut al agudísimo de Alfred Hitchcock, publicada por Alianza Editorial, nunca hay nada gratuito en el cine de éste. O al menos la gratuidad va a formar parte del gusto por la fantasía fundada en el absurdo. Hitchcock acierta. No se trata de deformar el cuento deDaphne du Maurier, sino de llevarlo a la pantalla y ello supone otro lenguaje y diferentes recursos. La literatura son palabras, el cine imágenes.
He leído unas tres veces Los pájaros y como película la he visto por lo menos cuatro ocasiones. Uno y otra me encantan. Aunque prefiero la versión cinematográfica: me gusta ver a una pareja de enamorados luchando contra los elementos o contra la sociedad o contra lo que sea. El amor es lo único que vale la pena de vivir.

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