Tantadel

noviembre 24, 2014

Mi vida entre universidades

Suelo insistir en que México es un país creado por sus grandes universidades públicas y que yo soy producto de al menos dos de ellas. Estudié en la UNAM y allí inicié mi labor académica y luego pasé, recién fundada, a la UAM-Xochimilco. Al cumplir cincuenta años con mis tres actividades a cuestas: las clases, el periodismo y la literatura, fue esta institución, cuando su rector era Salvador Vega y León, la que me hizo el primer gran festejo. De allí arrancaron muchos más. Entre homenajes, reconocimientos, doctorados honoris causa y la presidencia del Premio Nacional de Periodismo, pasó poco más de un año. La culminación fue la entrega de la Medalla Bellas Artes 2014 y la Medalla al Mérito Artístico de la Asamblea Legislativa del DF.

Si hago un balance, desde luego intensamente emocionado, veo que destacan algunos de los homenajes de universidades públicas. El siguiente luego de la UAM lo llevó a cabo la Universidad de Colima. Casi enseguida, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, cuyo rector, doctor José Manuel Piña Gutiérrez, no sólo me hizo un magnífico reconocimiento, sino que me entregó el Premio Mallinali y la Feria del Libro en ese momento llevó mi nombre. Fue un festejo conmovedor, como lo fueron los de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, el de la Universidad de Nuevo León, la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, entre otras. Ahora reacciono con gratitud y pienso que la BUAP, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, me concedió un honor más: publicó mi más reciente libro: La cantante desafinada y algo adicional. Su directora de Fomento Editorial, la doctora Ana María Huerta Jaramillo, lanzó una convocatoria para iniciar la Colección de Literatura para Jóvenes que lleva mi nombre. El argumento utilizado para la invención de la colección literaria es semejante a la que dijo José Manuel Piña Gutiérrez: mi largo trabajo literario y académico, las tareas de periodismo cultural y mi facilidad para interactuar con la juventud.

Cuando la funcionaria de la BUAP externó la idea, no supe cómo reaccionar. Realmente me emocionó escuchar la decisión de tan importante institución de estudios superiores. Poco después, mi querido amigo el poeta Jorge Ruiz Dueñas me hizo notar que bien vistas las cosas, el reconocimiento más notable era el de la universidad poblana. Tiene razón. No sé por cuánto tiempo, espero que sea por muchos años, jóvenes escritores mexicanos de menos de 30 años podrán aparecer en dicha colección. Por lo pronto, ya están listos los tres primeros títulos. Usted quería saber (cuento), de Ivonne Vira; La pared del laberinto: ceniza y destierro (poesía); de Miguel Martínez Barradas, y Los elefantes son contagiosos (novela), de Jorge Jaramillo Villarruel. Las tres obras iniciales serán presentadas tanto en Puebla como en México, en Bellas Artes, en la Sala Adamo Boari. Vale la pena añadir que todas las obras presentadas se someten al juicio de un comité responsable de la colección y de mantener la calidad de los jóvenes seleccionados.

Recuerdo bien cuando ingresé a la Escuela Nacional Preparatoria, de camino hacia la Ciudad Universitaria. Jamás imaginé que sería tan gozoso y productivo y que las universidades me serían tan gratificantes. Son la fuente de buena parte de los reconocimientos que he recibido.

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