Tantadel

noviembre 28, 2014

Una renuncia natural

Hace apenas un par de semanas, la UAM-X, en la Casa Galván, le hizo un reconocimiento al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas por su amplia labor en favor de la democracia. Un grupo de analistas políticos de alto rango opinaron de su trabajo. Algunos incluso estudiaron sus antecedentes más remotos como un político siempre preocupado por la situación social de la nación. La mayoría prefirió hablar de su salida de un PRI autoritario para formar grupos, organizaciones y finalmente un partido, el PRD, para democratizar a México, para sacarlo de la esfera del priismo. Me correspondió moderar.

Al concluir, Cárdenas habló de los problemas del país e hizo énfasis en la defensa del petróleo. No tocó sus diferencias con su partido ni se asomó a su discurso muy puntual otro tema que no fuera el de los hidrocarburos y la defensa de la Constitución. Poco tiempo después del evento, solicitó la salida de los dirigentes actuales del PRD como una manera de limpiar a un partido que visiblemente se ha envilecido. La corrupción es notable, trabaja en función de los intereses de las tribus que lo componen y, para colmo, se descubre la brutalidad con la que opera en ciertas zonas, como Guerrero, concretamente en Iguala.

Cárdenas se reunió con Carlos Navarrete y como es obvio no llegaron a ningún punto de acuerdo. No es fácil que un político tenga una alta posición personal y renuncie a ella por el bienestar común del organismo que representa. Casi de inmediato, Cárdenas presentó a los medios, a la nación, su renuncia al partido que él mismo propuso y edificó empeñosamente y que ahora está poblado de intereses de escasa o nula respetabilidad. La discusión ha sido ya fatigosa. No ha escapado nadie al tema, para criticarlo o para elogiarlo.

El actual PRD nada tiene que ver con el fundado hace veinticinco años. Se degradó con celeridad y muchos de sus cuadros de alto rango ahora han pasado al PRI o al PAN o han seguido a López Obrador, quien desea servidumbre más que adhesión a principios ideológicos. En ese mundo, tan ajeno a Cárdenas o a algunos de sus más leales camaradas, no hay mucho más qué hacer. Cabe la refundación, la que se antoja imposible debido a que cada cuadro de esa “izquierda” desea conservar su cuota de poder y para ello tiene un cúmulo de argumentos patrióticos.

Es evidente que esta nueva salida deja al PRD muy lastimado y con escasa fuerza para enfrentarse a un PRI, que desde el poder utiliza su larga y proverbial habilidad y su ausencia visible de ideología y de principios éticos. El PRD está herido de muerte que podríamos considerar natural: la corrupción lo doblegó. El PAN, en su turno, no tiene otra cosa que hacer salvo escandalizar y hacer declaraciones tremendistas, ya con la cola entre las patas luego de doce años de destruir al país. López Obrador no muestra el poderío de otras ocasiones, pero podría salir mejor librado (siempre contará con la necesidad de los mexicanos de buscar caudillos) que el perredismo. Sin embargo, es imposible que vuelva a tener la fuerza que tuvo en las dos candidaturas presidenciales anteriores.

Así las cosas, el PRI volverá a triunfar. En las redes sociales imaginan que es posible echarlo de Los Pinos con toda facilidad. No observan el entorno, la perversión a la que ha llegado todo el sistema de partidos. Se ha envilecido sin remedio. Ni reflexionan en instituciones claves del sistema: el Ejército y la Armada.

¿Qué hará Cárdenas? ¿Sus memorias? Ya las escribió, al menos lo fundamental. ¿Hará otro partido? No es fácil. Llegaría en mal momento. Me parece que ya cumplió con su cometido. México no es el mismo de hace veinticinco años. La historia lo ha registrado, nos guste o no, concediéndole un papel distinguido. A diferencia de hace dos décadas y un lustro, ya no apasiona al país, la sociedad mexicana posee una gran capacidad de olvido. Cuando el ruido cese, quedará como un político ilustre que tuvo el valor de intentar transformar a México y que si bien no lo consiguió por completo, mucho se ha avanzado. Es verdad, el monstruo sigue en Los Pinos, pero ahora ya no tiene el poder absoluto como lo tenía antes de la irrupción de Cárdenas en el necesario proceso para progresar en democracia.

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