Tantadel

diciembre 28, 2014

En busca del héroe perdido 2/2

Madero pudo desencadenar una gran revolución social no por su genialidad, sino porque existían condiciones para ello

El célebre y polémico Carlos Marx concibió una lista de “héroes” que lograron transformar el curso de la historia, rodeados por las condiciones objetivas y subjetivas de una estructura que los dejó moverse cómodamente, merced a su genio y capacidades.
Contribuyeron a mover la pesada maquinaria económica y política de la  superestructura. Y a la lista del pensador alemán, sugerida en El dieciocho Brumario... se podrían añadir con toda facilidad los nombres de grandes héroes, de personajes que edificaron magnos edificios en la filosofía, la religión, la música, las artes plásticas, las letras o la política. No es posible entender a Hemingway sin haber leído aTwain o sin conocer los elementos sociales y económicos que lo conformaron. Así como tampoco lo es imaginar aLenin sin mirar hacia los movimientos revolucionarios del pasado: la Revolución France­sa, la Comuna y la primera gran derrota del proletariado ruso, el llamado por él mismo “ensayo general” de 1905...
Pero Marx precisa más todavía. En el prólogo a la citada obra, critica a Víctor Hugo, otro héroe, y considera que su obra Napoleón le Petit no es más que “una amarga e ingeniosa invectiva” contra el sobrino de Bonaparte. Y ello podría ser considerado una poderosa refutación a Carlyle. “No ve en él —dice Marx a Víctor Hugo refiriéndose a Luis Napoleón, futuro emperador de Francia, respon­sable de una invasión dolorosa a México y cuya medida vio la asombrada Europa en la derrota de Sedán frente a los nacientes y poderosos ejércitos prusianos— más que un acto de fuerza de un solo individuo: no advierte que lo que hace es engrandecer a este in­dividuo en vez de empequeñecerlo al atribuirle el poder personal de iniciativa que no tenía paralelo en la historia universal... Yo, por el contrario, demuestro cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe”.
Y en efecto toda una serie de condiciones materiales u objetivas y subjetivas, como se dice comúnmente dentro del marxismo, son las que permiten una hazaña o un efecto negativo como lo fue el surgimiento del nacional socialismo de Hitler.
A estas alturas ningún historiador podría afirmar que llegó al poder por su enorme talento político; no, lo obtuvo merced a una compleja cadena de acontecimientos que permitieron que una doctrina criminal dominara a una magnífica nación y convirtiera a ese pueblo en una suma de asesinos de comunistas y judíos.
Dentro de esa cadena está el profundo nacionalismo alemán, el militarismo prusiano, la crisis económica del 29 y las convulsiones internacionales de aquella época. Si esto no es contemplado, sólo se conseguirá darle un valor enorme al arribo de Hitler al poder, algo que fue sumamente costoso para la humanidad.
Marx, pues, no niega jamás el papel del héroe dentro de la historia, lo que hace es ir más lejos. Algo semejante a lo que hizo con la dialéctica hegeliana al decir que era correcta y que sólo necesitaba ponerse de pie, pues estaba de cabeza. El héroe existe y su papel es fundamental, pero hay que aceptar que actúa conforme a una concatenación de hechos históricos muy concretos, que le permiten surgir y actuar.
Para señalarlo con un ejemplo nuestro, Madero pudo desen­cadenar una gran revolución social no por su genialidad, sino porque existían condiciones para ello y una vez que apareció, los héroes pudieron aflorar, tanto los militares como los artísticos. Zapata y Villa en el campo del guerrero, Azuela yMartín Luis Guzmán en el terreno de las letras, Rivera y Siqueiros en las artes plásticas.
El héroe existe, en suma, como resultado de circunstancias.Carlyle tenía razón: hay un culto a los héroes que le rendimos los simples mortales, los que no conseguimos nunca las grandes hazañas, las gestas maravillosas.
También existe para Marx, nada más que éste lo despoja del halo romántico y poético que Carlyle le concede y lo pone en un papel secundario: el primero se lo da a la lucha de clases, el motor de la historia. Pero bien podríamos decir con dosis de irresponsabilidad científica social que ese motor siempre busca a un hombre para darle la tarea magna de conducir a los pueblos, justo al que denominamos héroe.

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