Tantadel

diciembre 17, 2014

Entre rimas te veas

Hace unas semanas encontré a Emilio Cárdenas, compañero de generación en la Facultad de Ciencias Políticas. Hoy funcionario de la delegación Miguel Hidalgo. Para mayores datos, estábamos en uno de los homenajes a Octavio Paz y su viuda arribaría en unos minutos. Me dijo que siempre que platicaba con ella yo salía a la conversación. Sí, porque alguna vez el muy reconocido poeta se dio por ofendido conmigo, imagino que por mi estrecha amistad con su ex esposa, Elena Garro, e hizo un artículo en mi contra que concluyó con una rima fácil y sañuda: Rene quiso ser Hábil-es y sólo fue Ah, vil-es.

Respondí señalando que era pésima rima, no en todo caso la de un hombre inteligente y culto en exceso. Cuando cumplí veinte años, José Agustín me ofreció un festejo sensacional en su casa y como regalo me entregó en papel higiénico un largo poema irónico que terminaba más o menos así: René Avilés Fabila que pensando no da una, bebiendo Hábil-es. Lo leyó ante los festejantes y aplaudimos entusiasmados.

Mucho más adelante, mi querido Francisco Liguori, quien como Andrés Henestrosa se enorgullecía de haber bebido con tres generaciones de Avilés: mi abuelo, mi padre y yo. Debo añadir que pocos escritores, pintores y políticos de talento se sustrajeron de hacerme bromas con dardos de corrosivo buen humor. Sobre mi persona fueron varios los epigramas que hizo Liguori. No los memoricé. Por lo pronto, hay uno publicado en la revista Siempre! (número 2159, noviembre 9, 1994) que rescato:

Varios homenajes ha merecido el escritor René Avilés Fabila, creador del suplemento cultural El Búho de Excélsior:
Habilidades de Avilés

Amigo he sido de tres

Avilés:

de don Gildardo, el abuelo,

pedagogo de alto vuelo,

y también de dos Renés,

padre e hijo, y éste es

cual fue su padre, escritor;

su literaria labor

le ha dado muy justa fama.

Periodístico interés

desde muy joven lo llama.

¡Muy hábil es Avilés!



Muy a su manera, Griselda Álvarez también me escribió varios poemas, en este caso, sonetos, uno de ellos es el siguiente, publicado en El Búho, el 4 de febrero de 1996:
A René (El renacido)

Con cariño por su hermosa dedicatoria
René Avilés Fabila, escribe, escribe

como niño aplicado en su tarea.

¿Es su afán trascender? Justo que sea

que nada en este mundo lo prohíbe,

Rompe, fustiga, nadie lo cohibe,

Arremete a los grandes, sermonea,

arma la bronca, intrépido pelea,

ni siquiera su sombra lo proscribe.

Yo, la gran desvalida de la suerte,

quisiera ser su abuela. Su berrido

bañarlo en mi ternura, niño fuerte.

Aislarlo de la angustia y renacido

defenderlo con furia de la muerte

y de las telarañas del olvido.
Este soneto es más profundo de lo que a primera vista parece. Creo que hubo un amor sentimental tardío. Entramos en el típico juego nacional de escribes sobre mí y yo escribo sobre ti sin ponernos de acuerdo. Recuerdo un poema suyo, puesto en un regalo de cumpleaños que terminaba diciendo, “para René, un búho, ya que en amor no se púho”.

Paz o alguno de los suyos, probablemente Jaime García Terrés, volvió a la carga, ahora en Vuelta con una nota sobre mi periodismo cultural, y me dijo Bebé Avidez Tequila. Respondí de nueva cuenta: Está mejor, sólo que bebo, sí con avidez, pero puro whisky.

Esto viene a cuento porque me aburrí de ser objeto de la misma rima. ¿No podrían buscar algo distinto? La semana pasada recibí la enésima versión jugando con Avilés. Falta ingenio, qué duda cabe. Pero ahora sobra odio gratuito. No pienso responder a nadie más, son enanos y resentidos. Con Paz fue distinto, era y es un figurón. Cuando Octavio publicó el texto en mi contra, Alberto Dallal me telefoneó entusiasmado: René, ya la hiciste, un Premio Nobel te escribió, ahora tienes el epitafio para tu lapida.

Tuvo razón, ahora, tarde o temprano, aparecerá el artículo de Paz y seré reconocido no porque gane su amistad, sino su aversión.

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