Tantadel

diciembre 08, 2014

La corrupción intelectual en México

México tiene una tradición abominable: la del intelectual que comienza su vida siendo crítico del sistema y termina sirviéndolo. No es nueva, va del gran poeta Díaz Mirón a Carlos Fuentes y Octavio Paz. Tiene hondas raíces y su vinculación más estrecha es con el caudillismo nacional. En un país donde el presidente de la República es heredero de una larga historia de tiranos que acumulan un poder inmenso y  desean someter a toda la sociedad a su control, al intelectual no le queda otra alternativa que serle útil si en efecto busca premios y recompensas. La lista de grandes artistas plásticos y de notables escritores que buscaron el afecto del poder es amplia y triste. Muchos de ellos no lo necesitaban, habían hecho obras memorables como Agustín Yánez, secretario de Educación Pública con Díaz Ordaz.

El intelectual tiene una compleja red de relaciones sociales y de entre todas ellas sin duda la más debatida se refiere a sus contactos con la política. Hay quienes se quejan de la creciente despolitización de los artistas y escritores mexicanos. Cierto, tienen razón, carecemos de los herederos de Rivera y Siqueiros, de Revueltas y Juan de la Cabada. A lo sumo padecemos jóvenes que alardean de sus juicios contestatarios, pero que de inmediato se suman a los empleos burocráticos que les ofrecen o a las tareas que hallan dentro de la esfera gubernamental.

Tenemos, sí, un buen número de poetas y narradores de calidad, sólo que casi todos ellos parecieran vivir de espaldas a la historia. Solamente en México existen o sobreviven más de 50 millones de personas en extrema pobreza. Y en el ámbito internacional, EU ha invadido países árabes sin que aparezcan las protestas de otra época. Nadie recuerda ya las fotografías que muestran a los miembros del Taller de Gráfica Popular o a los escritores de la LEAR recorriendo las calles haciendo campaña contra el fascismo o, más adelante, contra la guerra fría. Hoy prácticamente no existen intelectuales y artistas que asuman responsabilidades políticas y sociales, se limitan a buscar el éxito y la fama y ven en el Estado, sin importar quién sea el titular, una posible forma de apoyo.

El México reciente es un claro ejemplo. Los intelectuales y artistas de mayor éxito se formaron en tiempos en que pertenecer a la izquierda resultaba no sólo un hecho de coraje, sino también de prestigio. Carlos Fuentes y Fernando Benítez le deben parte de su reputación a este tipo de conductas. De este modo el éxito los abrumó. Los medios y la sociedad cayeron en la trampa: eran intelectuales avanzados. La mala memoria nacional también ha contribuido al mito. Pocos o nadie recuerda los lazos de ambos con Luis Echeverría. El primero fue embajador en Francia a su servicio y el segundo se dedicó a promover la imagen “combativa” de Echeverría, al proponer la siguiente disyuntiva “Echeverría o el fascismo”.

Luego, más adelante, ambos fueron útiles para que Carlos Salinas de Gortari reorientara el rumbo nacional. Asustado por la forma en que artistas e intelectuales le dieron su voto al ingeniero Cárdenas, Salinas prefirió revitalizar el tradicional apoyo estatal a los intelectuales y creó Conaculta para ponerlo en manos de Víctor Flores Olea y en las de Octavio Paz. La pugna entre ambos escritores fue un choque que terminó con el efímero reinado de Flores Olea, izquierdista en su juventud, marxista, para mayores precisiones, luego priista y finalmente (otra vez) crítico del sistema. El eterno juego intelectual, saltimbanquis políticos, incapaces de fidelidad a una causa, a ciertos principios. El hecho de que se haya derrumbado el socialismo no significa que los problemas y las injusticias hayan desaparecido. Al contrario, han aumentado merced al intento globalizador de EU, a su necesidad de continuar con el Destino Manifiesto y poner en la Casa Blanca al presidente de todo el planeta, bajo un sistema económico capitalista y un ejército demoledor mandado por el Pentágono. ¿Dónde quedaron los intelectuales sensibles a los daños del imperio o a los eternos problemas nacionales?

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