Tantadel

diciembre 05, 2014

Sebastián, el placer creativo

Sobre Sebastián hay mucho escrito y él mismo es siempre noticia por su intensa actividad. Nació escultor, sí, pero ha trabajado lo mismo en la serigrafía y el grabado, es diseñador, ingeniero, arquitecto, científico y un hombre imbatible. Su hiperactividad le rinde frutos memorables y ha sabido poblar a su país y al mundo con esculturas monumentales. Es imposible seguirle el paso. Trabaja simultáneamente en varias obras de gran formato. Como han precisado críticos y literatos, es un hombre que ha fusionado el arte y la ciencia y lo ha hecho de manera audaz. Asombra a sus críticos, cuando le vaticinan que los cálculos de una inmensa, descomunal escultura no son precisos, él y el tiempo demuestran lo contrario.

Pero al mismo tiempo diseña muebles o ropa, joyas, ilustra libros, tiene su propia Fundación y la hace trabajar en apoyo de toda suerte de artes. La música y la literatura tienen cómoda cabida. Cuenta con coros y una orquesta, ha creado sus propios reconocimientos que entrega anualmente en medio de grandes ceremonias.  Como nadie ha desarrollado las artes plásticas en México convirtiendo a la Fundación en un centro internacional de artes plásticas. Por ahí pasan los más destacados pintores y escultores, entrega premios a los grandes creadores y ha entrado a la tarea editorial con muy hermosos libros de arte. Parte del sentido de tal institución radica en una tesis cierta: el Estado no es ya el único promotor del arte, no tiene ni las posibilidades ni la audacia de llevar a cabo lo que Sebastián ha conseguido en tan poco tiempo. Está exhausto, son ahora los artistas mismos los que deben promoverlo.

Pero es su obra lo más inquietante. Sabe que las ciudades son dominantes en la vida social y que se han hechos grises, manchas urbanas con frecuencia carentes de belleza, a no ser las obras que vienen del pasado y que por alguna razón han sido salvaguardas del tiempo y de la destrucción. De allí el tamaño y los colores fuertes. Se han convertido en puntos de referencia lo mismo en la ciudad de México que en Madrid o en Tokio. Su geometrismo no es un arte descarnado, ha sabido ponerle los necesarios toques de belleza y poesía, sabe que cada obra simboliza o glorifica hechos humanos, la hermosura de un ave o de un animal acuático, de una palmera.

Heredero de Mathias Goeritz y Henry Moore, Sebastián ha avanzado a pasos agigantados. Si los muralistas de la Escuela Mexicana de Pintura buscaban afanosamente un arte que estuviera al alcance de todos, él lo ha conseguido. Aunque museos y galerías, coleccionistas de todo el mundo poseen obras suyas, las mejores piezas, inalterablemente grandiosas, están a la vista de cualquiera. Sus puertas están en multitud de ciudades y son un maravilloso recibimiento al extraño y al que regresa a casa. Hombre nacido en el estado más grande de la República, Chihuahua, hoy es el que mejor ha trabajado la escultura monumental.

Pero no sólo ello, Sebastián ha vuelto la mirada no por instinto sino de forma deliberada, como producto de una reflexión histórica y estética, al mundo prehispánico y aquí aparecen algunos de sus mayores aciertos, como el Chac Mool de Quintana Roo o el Nezahualcóyotl de Ciudad Nezahualcóyotl. Impresionantes obras que embellecen el entorno, lo dignifican.

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