Tantadel

abril 30, 2014

El universo de Rulfo

Aunque quepa en dos libros, el universo rulfiano es infinito. Cada uno de los relatos de Juan Rulfo es de una asombrosa intensidad.

“Talpa”, digamos, es un monólogo que apenas dura unos minutos, acaso no más de tres, en lo que pasa el llanto callado de Amalia en brazos de su madre. En este reducidísimo tiempo, encontramos una perpetua riqueza de sentimientos y pasiones, un triángulo lleno de perversiones y arrepentimientos, de amor-pasión y crueldad, que ocurre a lo largo de una angustiosa peregrinación en busca de alivio para el hombre que agoniza y debe morir para que florezca una nueva relación. Estas historias de compleja estructura que normalmente requerirían de grandes extensiones, Rulfo las consiguió en unas cuantas páginas. Por ello, un crítico estadunidense, James East Irby, señaló la influencia de William Faulkner en el trabajo de varios narradores latinoamericanos, Onetti, Revueltas y el propio Rulfo. Es probable, particularmente al leer los cuentos del norteamericano como Estos trece y Miss Zilphia Gant, obras breves y agudas, de temas tormentosos, cuyos andamiajes ponen en entredicho la necesidad de la novela-río. No estoy seguro. Una vez le pregunté a Revueltas si ello, en su caso, era cierto y me dijo que en la época en que escribió sus principales relatos, no leía inglés y Faulkner aún no estaba traducido al castellano.

Pero independiente de las afanosas búsquedas de influencias que los críticos padecen, en Rulfo se conjugan los grandes méritos de muchos más narradores, propios y extraños, y sobre todo la presencia de una naturaleza profundamente mexicana. Es difícil volver al tema rural nacional luego de Pedro Páramo y El llano en llamas. Un universo imposible de reproducir o de captar literaria o cinematográficamente. De todos los filmes sobre Rulfo, es probable que sólo La fórmula secreta, de Rubén Gámez, haya sido capaz de apropiarse esa atmósfera terrible y hermosa, solitaria y densa de claroscuros, que el rigor del narrador sabía producir. Para conseguirla, Gámez se apoyó en Jaime Sabines y en el propio Rulfo.

Desde el principio, Juan Rulfo deslumbró a escritores, críticos y lectores. Joseph Sommers expresa que Rulfo “encuentra la clave de la naturaleza humana en otra parte.

Él se aproxima al lado opaco de la psique humana, en donde residen los oscuros imponderables: Este mundo, que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá, deshaciéndose en pedazos como si rociara la tierra con nuestra sangre. ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué se nos ha podrido el alma? Es esta zona, intemporal y estática como una tragedia griega, la que, en su misión, decide los avatares del encuentro del hombre con el destino”. En este aspecto, el notable crítico Luis Leal, uno de los que más de cerca han estudiado a Rulfo, insiste: “...los personajes por lo general son seres desolados que dudan de sus propios actos y se entregan, con característica resignación, a lo que el destino les depare. Los personajes de Rulfo, por lo tanto, parecen ser movidos por fuerzas que no se derivan de sus propias convicciones, sino que emanan desde fuera”.

Esto es justamente lo que a Rulfo le da universalidad: la poética hondura de sus personajes, que son griegos, rusos, argentinos, españoles, portugueses y tremendamente mexicanos. Álvaro Mutis contaba la impresión que le produjo leer la única novela de Rulfo. Su primer encuentro mexicano con García Márquez lo obliga a hablarle de esta obra perfecta. Pronto Gabriel se contará entre los enamorados del escritor jalisciense. Carlos Fuentes y Mario Benedetti son otros que al nacer a la fama declaran la importancia de Pedro Páramo y de El llano en llamas. Y no hace mucho tiempo el escritor español Arturo Pérez-Reverte le dijo con rabiosa claridad a un joven novelista mexicano que la maravilla de Juan Rulfo “es el caos de la lengua en una explosión imaginativa, que aparte de mexicano, tiene mucho de español…

Pedro Páramo es una obra espléndida, la novela del siglo y no me explico por qué en España no está junto a Cien años de soledad”. Era imposible trabar relaciones con escritores, críticos o lectores de otras latitudes sin que apareciera el tema Rulfo: ¿Cuándo publicará su nuevo libro, La cordillera o lo que sea?

¿Qué podía responderse? Sólo pedir respeto para quien no desea o no puede escribir más. Mejor sería hablar de Comala o de la extrema lentitud con la que sus personajes e historias se mueven, con penosas dificultades en un mundo opresivo.

Pero, en efecto, ¿lo habrá paralizado su enorme y veloz éxito? Esta discusión es nimia, conjetura torpe. ¿Podríamos reprocharle a Tolstoi la larga extensión de La guerra y la paz o a Balzac el haber creado una Comedia Humana de tantos volúmenes? Hay que centrarnos en lo hecho y en aquello que surgió a partir de dos libros formidables, inagotables: el universo rulfiano, una compleja mezcla de realismo y fantasía que probablemente sólo las peculiaridades de México permitieron, pero que fue creada desde la cima del planeta, mirando hacia todos los puntos cardinales. Si otro hubiera sido el carácter de Rulfo, bien hubiera podido afirmar con arrogancia lo que dijo Juan Ramón Jiménez; “todos los poetas españoles e hispanoamericanos jóvenes me deben algo; algunos mucho y otros todo”.

abril 28, 2014

Vicente Lombardo Toledano, ¿dónde lo perdimos?

a derrota de la República Española en 1939 trajo a México a muchos y muy diversos socialistas, anarquistas y comunistas. Entre estos últimos llegaron Adolfo Sánchez Vázquez y Juan Rejano. De este modo, la cultura nacional recibió una fuerte inyección político-cultural que consolida las posturas de la izquierda y que le da, sobre todo a los comunistas, una innegable presencia. Todo ello junto hace que la izquierda de origen marxista, comunista o trotsquista influya poderosamente en la cultura nacional. Los pintores y escritores comunistas contribuyen a impulsar una cultura revolucionaria, incluso más allá de los valores del movimiento mexicano de 1910, al fundar, digamos, la Liga de Artistas Revolucionarios. Al contrario, la derecha ha resultado incapaz de crear no únicamente una ideología estética, pero tampoco figuras artísticas notables. No en vano, muchos intelectuales de aquella época pensaban, como los surrealistas, en cambiar el arte y la vida. Trostsky, Diego Rivera y André Bretón, en Coyoacán, redactaron un manifiesto de arte vanguardista, ajeno al estalinismo.

El obsesivamente festejado Octavio Paz no fue distante de su tiempo juvenil y las luchas revolucionarias al escribir el poema “No pasarán”, pero lo obsesionaba la búsqueda del poder, lo que al fin consiguió, como el Cid campeador, ya muerto, al ser consagrado, como prócer nacional o un papa que es canonizado por una comisión burocrática. Cervantes y Shakespeare fueron igualmente declarados autores clave de la cultura universal, no simplemente local, pero no lo hicieron legisladores poco letrados, sino millones de lectores que los han seguido tenazmente por más de cinco siglos.

Cuando el PAN es fundado como reacción ante los avances del general Cárdenas, no establece un solo punto cultural, pese a que entre sus creadores está uno de los llamados Siete Sabios de México, Gómez Morín, un destacado (uso la terminología de Enrique Krauze) caudillo cultural. Acción Nacional recoge la herencia contrarrevolucionaria de México, la de los reaccionarios del siglo XIX, los enemigos de la Revolución Mexicana y los cristeros. No deja de ser extraño que de esa generación sea el marxista Vicente Lombardo Toledano (Teziutlán, Puebla, 1894), quien haya dejado multitud de acabadas creaciones culturales y políticas progresistas. Dirigió la Escuela Nacional Preparatoria. Pensando en la clase trabajadora, creó la Universidad Obrera. En 1923 fue gobernador de Puebla. Luchador antifascista, forma en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, la CTM, destinada para apoyar las tareas del general Cárdenas como la expropiación petrolera y el reparto agrario y la Confederación de Trabajadores de América Latina para frenar los avances nazis en América Latina. Fue vicepresidente de la Federación Sindical Mundial. Al ver la decadencia del PRI, funda el Partido Popular Socialista, del que fue candidato presidencial contra el priista Adolfo Ruiz Cortines, mientras que a Gómez Morín sólo se le recuerda por la fundación del PAN, lo que, para la derecha, no debe ser gran cosa. Este partido nunca se ha preocupado por la cultura. El PRI lo hizo de modo natural en sus inicios y de muchas maneras consolidó la tradición luminosa de un Estado promotor de arte. Gracias a eso, para bien y para mal, hoy México cuenta con una enorme estructura cultural, con frecuencia caótica, sin una política clara, que ha utilizado para cooptar intelectuales y artistas. Pero dejemos claro que nuestras acciones culturales han sido hechas por artistas y creadores de pensamiento avanzado.

En la ALDF está el nombre del panista Gómez Morín en letras de oro y asombra que no está el de Vicente Lombardo Toledano, sin duda uno de los mayores polemistas del país, un intelectual brillante y una de las mayores culturas del continente, reconocido por admiradores y críticos, autor de más de cien libros donde tocó, desde la perspectiva marxista, los más diversos temas nacionales e internacionales, políticos y culturales. Baste recordar su polémica celebérrima con Alfonso Caso, libros como Summa, suerte de autobiografía intelectual y su notable lista de obras fundamentales de la humanidad. José Revueltas lo menciona como un hombre clave de la izquierda latinoamericana. Acaso su error haya estado en que, al fin producto de la Revolución Mexicana, le veía potencial a ese movimiento todavía en los sesentas.

Su legado, dirigido a los trabajadores y a todos aquellos que buscan un México distinto, es válido, por ejemplo, su Carta a un joven socialista, una obra inspiradora que ahora podrían darles armas ideológicas a quienes no están de acuerdo con la globalización del capitalismo salvaje.

México debería hacer un esfuerzo por conservar a sus mejores hombres y mujeres y no dejarse guiar por las modas estimuladas por los medios de comunicación, en especial los electrónicos. En los años difíciles que van del ascenso del fascismo a la Guerra Fría, luego de la derrota del fascismo por los aliados, hay figuras intelectuales sin par. ¿Dónde las ha puesto el panteón oficial? Las olvidó. El daño hecho al país es incalculable. Pareciera que somos producto de cuatro o cinco artistas y no de las hazañas que cometieron infinidad de escritores, pintores y músicos de talento y grandeza. Vicente Lombardo Toledano reposa en la Rotonda de las Personas Ilustres. Silenciosamente. Sin citas presidenciales.

Contra el olvido: Juan de la Cabada

Cuentista combativo, fundó la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios

Juan de la Cabada fue devoto del marxismo, para él la militancia en el Partido Comunista era sagrada. Cuentista famoso y combativo, que fundó la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios y estuvo en España, durante la Guerra Civil. Pocos lo recuerdan o quienes lo hacen no ocultan un cierto desdén para su tarea literaria. Pero no todos los críticos han sido desdeñosos o injustos. Luis Leal, en su Breve historia del cuento mexicano, editado por Pedro Frank de Andrea, en 1956, explica: “Juan de la Cabada(Campeche, Camp., 1903) se dio a conocer como gran cuentista con su obra Paseo de mentiras (1940), en la cual colecciona varios cuentos de diversa índole. ‘Sus cuentos y narraciones —dice Sánchez Barbudo en tal recuento literario— están llenos de atisbos, de hermosas promesas. El cuento llamado La niña y el de María La Voz… nos parecen de lo mejor… en ambos, sobre todo en el segundo, el recuerdo de Valle Inclán es inevitable. El libro toma el nombre del último cuento, La cantarilla; paseo de mentiras, o chan-paseo, entre los mayas, es un paseo corto, contrapuesto al noj-paseo, paseo grande, paseo de verdad, esto es, la muerte. En todos sus cuentos De la Cabada descubre al hombre de rasgos firmes”.
   Una crítica literaria inexperta y perversa ha dejado de lado a infinidad de magníficos escritores que gozaron de una sólida reputación. A Juan de la Cabada, por ejemplo. Personajes como Andrés IduarteAndrés Henestrosa yJosé Luis Martínez elogiaron su literatura y, desde luego, el ser un autor poco común en las letras latinoamericanas.
  En el libro de Enrique Congrains MartínAntología contemporánea del cuento mexicano, 1958, incluyen su relato La botica y al precisar sus cualidades dice que parece mejor dispuesto para la narración oral que para la escrita. El antologista explica que Juan posee “una reiterada tendencia a la dispersión”. Sin embargo, pese a estas observaciones injustas, sucesivas antologías recogen sus cuentos: En 1956, el Anuario del cuento mexicano del INBA selecciona Llovizna como uno de los mejores relatos del año. Esta misma historia la toma Emmanuel Carballo para ponerla en El cuento mexicano del siglo XX. También aparece en la antología de María del Carmen Millán y en otras.
Un buen estudio sobre Juan de la Cabada se debe al críticoAlejandro Miguel. Es el prólogo de Cuentos rescatados. Son 12 los salvados: “cinco de ellos fueron publicados en periódicos de escasa circulación, editados por urgencias del Partido Comunista...”. La introducción hace un recuento de sus publicaciones incluyendo las ediciones del Fondo de Cultura Económica y la publicación de sus Obras completaspor la Universidad Autónoma de Sinaloa, en los momentos en que Juan aparecía en la televisión acompañado porCristina Pacheco, donde hacía alarde de ingenio, cultura y sencillez.
Alejandro Miguel contrarresta las afirmaciones acerca de que la capacidad oral de Juan le restaba méritos a su literatura. El crítico precisa: “De la Cabada es el cuentista mexicano por antonomasia; aportó al cuento la claridad y la sencillez en el aspecto formal y el carácter nacional, la posición partidaria y la ternura e ironía de la vida humilde, cotidiana, en el plano de las ideas…”.
En una antología seria, inteligente y olvidada, publicada en 1945 por Manuel Lerín y Marco Antonio Millán (hombre muy cercano a José Revueltas), 29 cuentistas mexicanos actuales, Ediciones de la revista América, bellamente ilustrada por Julio Prieto y Salvador PrunedaJuan de la Cabada aparece. La ficha sobre Juan lleva las siglas deMillán y vale la pena reproducirla: “Cuentista, novelista, nace tres años después que nuestro siglo. Antes de llegar a la mayoría de edad abandona Campeche para ampliar su horizonte en Cuba… Retorna a México y recorre el país en función de estudio y enseñanza. Comunista en épocas de represión, se singulariza por su combatividad y firmeza de convicciones. Sus primeros escritos —siempre atentos al problema social sobre su poderosa fantasía y su sencilla belleza— aparecen primero en El Machete, órgano del PC y después en la revista de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios... Ha publicado Paseo de mentiras eIncidentes melódicos del mundo irracional”.
Entrañable amigo de Elena Garro, murió en la pobreza, sobre su féretro colocaron la bandera roja de la hoz y el martillo.    

abril 25, 2014

Gastón García Cantú, poblano universal

En su momento, la muerte de Gastón García Cantú produjo una oleada de dolor y de sentimientos encontrados: no es posible sustraerse al fallecimiento de un mexicano excepcional, notable por su obra y su vida ejemplar. Las reacciones fueron diversas y en ningún caso hubo desinterés. Los medios dieron la noticia y ensayistas, periodistas y escritores en general externaron opiniones que reflejaban la pérdida irreparable que había sufrido el país. Entre las muchas opiniones, menciono la del científico Eduardo Cesarman, quien dijo que Gastón había sido un profundo y rendido enamorado del país: tenía “una profesión: amar a México”. Y ello, añado yo, no es poca hazaña entre tanta ruina moral como padecemos. En efecto, México fue su gran pasión, quienes lo conocimos y estuvimos cerca de él por diversas razones, lo sabemos. Le preocupaba en consecuencia el avance de la derecha, la globalización, la prepotencia norteamericana y el desplome de los valores nacionales. Para argumentar, inalterablemente recurría a su poderosa inteligencia y a su cuidadoso conocimiento de la historia. Si en materia histórica su conocimiento era poco común, en literatura llegaba a sorprendentes niveles. Era, en esencia, un crítico literario. Es verdad, su atención se centraba en el estudio del pasado para analizar el presente y vislumbrar el futuro, pero no podía ser distante de sus orígenes literarios. Gastón arranca su camino hacia la notoriedad con un libro de relatos francamente hermoso: Los falsos rumores. No sólo ello, su amistad con el poeta Rubén Bonifaz Nuño estaba justamente cimentada por el amor de ambos personajes hacia dicha manifestación artística. Su prosa excelente y de enorme elegancia prueba que nunca abandonó su pasión por la literatura. Recuerdo un desayuno hace muchos años donde estábamos Rubén y yo con Gastón. La plática se centró en la literatura del siglo XIX y principios del XX. Fue un día mágico. Gastón habló como pocas veces (lo he consignado en mi libro de memorias Recordanzas) de novelas y poemas. La mañana dio paso a la tarde, oscureció y en la noche Gastón nos había dado un repaso por el mundo desconcertante y prodigioso de las letras. Rubén y yo, como en la conocida broma de Jorge Luis Borges y Juan José Arreola, pudimos intercalar algunos silencios.

Gastón era un hombre generoso, distante de envidias y muy pasional. Creía en la palabra impresa. Si en el ensayo vemos la presencia de un hombre profundamente nacionalista que analiza con cierta frialdad los hechos, en el periodismo era demoledor. Argumentaba con profunda cultura y encontraba los defectos del sistema, de los partidos y de los líderes con implacable frialdad. Sabía que el fundamento del periodismo es la crítica y allá iba con irremediable inteligencia. Más de una vez se vio envuelto en grandes polémicas y por ese periodismo honrado y agudo, siempre crítico, Gastón se alejó de amigos y colegas, se creó enemigos y también muchos amigos y admiradores que lo miraban desde la distancia que él permitía.

La obra de Gastón es formidable y supone un gran número de páginas, páginas de inteligencia, cultura y amor por la patria. En tal sentido, nunca estuvo lejos de un pensador de la estatura de Vicente Lombardo Toledano, como él, poblano ilustre, como él, decidido enemigo del imperio y sus atrocidades, como él un hombre en búsqueda de un México más justo y equilibrado.

Gastón García Cantú estuvo cerca de las grandes personalidades del país, las trató. Su relación con Fernando Benítez fue intensa y sólo se acabó porque el primero estaba distante de la frivolidad del segundo, porque Gastón era de una pieza y no creaba lealtades profesionales sino amigos cercanos al corazón. Con Alfonso Reyes fue asimismo una relación próxima, pero en este caso, Gastón veía a Reyes como el maestro de las letras que fue, al hombre sabio e incapaz de hacer daño, mientras que con otro personaje, Jesús Reyes Heroles, lo ligó el afecto y la admiración (ambos habían escrito obras fundamentales de la historia), pero lo distanciaba la adicción al poder del brillante funcionario.

Gastón nació en Puebla en 1917 y murió el 3 de abril de 2004. A pesar de diversos estudios formales, bien podría decirse que fue un autodidacta brillante y agudo, libros como Utopías mexicanas, El pensamiento de la reacción mexicana, El socialismo en México en el siglo XIX y Las intervenciones norteamericanas en México lo convierten en un clásico de la historia. Como periodista no hubo otro, su trabajo en México en la cultura (Novedades) y en La cultura en México (Siempre) y más adelante sus artículos editoriales en Excélsior y Proceso lo mostraron como una analista crítico del sistema, feroz e inteligente, apasionado como pocos. Su enorme cultura era puesta al servicio de la reflexión política y sus artículos eran en verdad ensayos de enorme profundidad.

Lo conocí alrededor de 1964, cuando fui a entrevistarlo en su posición de director general de Difusión Cultural de la UNAM. A partir de ese encuentro y de una entrevista para El Día de Enrique Ramírez y Ramírez, comenzó una cordial amistad que se hizo intensa cuando vivimos en el mismo rumbo. Siempre era una delicia escuchar a Gastón: brillante, mezclaba su erudición con el amor a México.

Hoy, parece haber sido olvidado por los medios, a diez años de su muerte, siempre pendientes de las novedades y de ciertas figuras que obsesivamente muestran.

abril 23, 2014

Emmanuel Carballo: algunos recuerdos

Cuando me di a la tarea de explorar el mundo literario que me rodeaba, anticipado por la biblioteca materna y las amistades de mi padre, aún vivían muchos de los grandes personajes que hicieron la gran literatura del siglo XX: Vasconcelos, Reyes, Martín Luis Guzmán, Rafael F. Muñoz, Jaime Torres Bodet, Salvador Novo... y era el arranque de dos notables narradores jaliscienses: Arreola y Rulfo. Poco después aparecían en el horizonte dos figuras afines: Carlos Fuentes, quien se iniciaba impetuosamente con Los días enmascarados y La región más transparente, y Emmanuel Carballo, un crítico sobresaliente cuyas entrevistas a las grandes figuras deslumbraban. Ambos tenían una publicación memorable, la Revista Mexicana de Literatura, hoy buscada por coleccionistas.

Ernesto de la Torre Villar, un hombre generoso e historiador de talla, cuyos libros son fundamentales para el estudio del país, director de la Biblioteca Nacional, fue quien me presentó con Carballo. El encuentro se dio una tarde. Emmanuel me recibió sonriente y cordial, estaba con Neus Espressate, su esposa de aquel momento. La casa, a un costado de Ciudad Universitaria, era acogedora: libros por todas partes y excelentes botellas de vino. Platicamos especialmente de literatura y política. A la semana siguiente, Emmanuel publicaba en Excélsior, en su “Diario Público”, columna que anticipaba en mucho el uso de la primera persona del singular en el periodismo, una nota de su encuentro conmigo: me describía como un joven nervioso e inquieto. ¿Cómo no estarlo? Era la primera vez que me encontraba platicando con un escritor de peso. Por algún tiempo lo visité. Salía de la Facultad de Ciencias Políticas y conversábamos. Emmanuel publicó algunos de mis primeros artículos periodísticos en el suplemento cultural de Ovaciones. Aquello fue un buen inicio, no era fácil que un escritor como Emmanuel aceptara en su casa la visita de un joven sin ninguna obra, sólo con la promesa de que tarde o temprano publicaría libros.

Como dato interesante, nos encontramos en la tarde fatal del 2 de octubre en Tlatelolco. Iba yo con Rosario y él con Neus. Platicamos largo sobre el magnífico movimiento estudiantil antes de perdernos entre los innumerables jóvenes que ocupaban la amplia área frente al edificio Chihuahua. Años después, Emmanuel me diría con molestia, qué barbaridad, ahora todos los intelectuales mexicanos estuvieron en Tlatelolco, cuando ni tú ni yo los vimos en la plaza.

Carballo fue un crítico literario de peso, un entrevistador de talento, su vasta cultura le permitía conocer a fondo al literato que tenía enfrente. Sin sus trabajos no sería posible explicarse la literatura nacional. Sus entrevistas son magistrales y de una enorme riqueza. Pienso que con la hecha a Salvador Novo arranca el nuevo periodismo mexicano.

Emmanuel Carballo poseyó un sentido de la ironía que debemos agradecerle en este país solemne, poblado por gente solemne. Fue claridoso y agudo, siguió paso a paso a los mejores escritores mexicanos de su época. Tuvo otra virtud más, hablar directamente, sin tapujos: una vez declaró a Proceso que la mayoría de las actuales celebridades estaban infladas y dio datos y precisiones. Algo semejante sucedió a la muerte de Juan Rulfo: hicimos una gran mesa redonda para recordarlo y lamentar su muerte en el Palacio de Minería. Emmanuel aprovechó para expresar su malestar acerca del reinado de Paz (eran sus momentos de enorme fuerza política y capacidad destructiva), de inmediato hubo una reacción, a la que Carballo no dio mayor importancia, se limitó a explicar sus juicios, no a cambiarlos.

Una de sus hazañas fue la recuperación de Elena Garro. Con las dificultades propias del tema y del carácter cambiante de Elena, supo sortear las incomodidades para incluirla entre los grandes narradores del siglo XX, el mayor trabajo crítico jamás emprendido entre nosotros. No olvidaré la noche memorable en Monterrey cuando Carballo, Fernández Unsaín y yo explicamos a una multitud la importancia del trabajo de Elena Garro, quien mostraba su rostro de mujer sorprendida por las injusticias y el enorme peso del hombre que la desposara para ser muy infelices el resto de sus vidas. Emmanuel cerró su intervención dirigiéndose a la autora de Los recuerdos del porvenir: He estado contigo en la guerra y en la paz. En su mejor libro, 19 protagonistas de la literatura mexicana, en la versión definitiva, el capítulo dedicado a la Garro es insuperable.

Imposible dejar de lado al Carballo editor, en esta función natural a sus devociones literarias, impulsó carreras como la de los jóvenes Parménides García Saldaña, José Agustín, Gustavo Sáinz y el peruano Edmundo de los Ríos, todos de mi generación y fue más lejos al editar autobiografías, prologadas por él mismo, de escritores de talento que no cumplían treinta años. Un gesto de audacia que ahora permite saber cómo nacieron y se formaron muchos escritores célebres.

La obra de Carballo es amplia: comprende también poesía, antologías y libros de memorias. Ello junto refleja la obra de un hombre que vivió eterna y pasionalmente enamorado de la literatura, le dedicó su mayor esfuerzo y al hacerlo nos mostró la nueva grandeza literaria de México sin juicios benevolentes, sólo literarios de implacable certeza.

A mi querida amiga, la talentosa narradora y académica Beatriz Espejo, ahora viuda de Emmanuel, desde estas páginas, le doy mi más sincero pésame.

abril 21, 2014

La cultura en la UAM-X

Los jóvenes que ingresan a la UAM-X lo hacen a una universidad pública que en tan sólo cuarenta años ha ganado el respeto de la nación. En cuatro décadas supo crecer impetuosamente y a las tres unidades originales, Iztapalapa, Azcapotzalco y Xochimilco, sumamos dos más: Cuajimalpa y la naciente Lerma. Las cinco reunidas forman una peculiar potencia que está entre las mejores del mundo, en consecuencia de la república. Son muchachos afortunados. También nosotros al recibirlos.

Cada unidad, tiene sus peculiaridades y en la UAM-X poseemos el sistema modular que es audaz y de probada eficacia. En sus aulas lo corroboran miles y miles de alumnos que sin duda se sienten cómodos bajo la tutela de profesores-investigadores del más alto nivel. Xochimilco ha sabido acrecentar su prestigio. Y en materia de difusión cultural, estamos en un profundo proceso de renovación para que nuestra oferta sea atractiva y contribuya a una formación más adecuada. La vida universitaria no estaría completa si careciera de una amplia vida artística y cultural. Es el complemento ideal para los jóvenes que van tras diversas profesiones, tanto en el campo de las ciencias sociales como en los de biológicas y de arquitectura y diseño. No deseamos, porque les aguarda una intensa lucha por ganarse un lugar en México y alcanzar el éxito en sus respectivas carreras, que sean profesionistas incompletos, que la especialización los distancie del arte y la cultura. Del mismo modo que no queremos psicólogos, comunicadores, diseñadores, odontólogos o comunicadores, ajenos a la sensibilidad estética, tampoco queremos jóvenes que sean distantes de la ciencia. Pretendemos un profesional interdisciplinario que sepa moverse con fluidez en lo que le indicó su vocación, sin ser ajeno a la música, la literatura, la danza, el cine o la pintura. Por lo que a mí respecta, las tres actividades sustantivas de la universidad pública: docencia, investigación y difusión de la cultura, están a la par. Si hay profesores que centran su tarea en las dos primeras, cometen un error en su tarea universitaria. La cultura no puede ser desdeñada en ninguna universidad pública, es parte de su ser e identidad.

Por ello ofrecemos una intensa actividad cultural que sin duda los hará más competitivos en el momento de la búsqueda de acomodo en el mundo laboral. De este modo, mejor preparados, con una excelente y más sólida educación, las oportunidades de trabajo serán más y la adaptación a la sociedad más respetuosa y digna. En materia artística, México pertenece al primer mundo.

Pero no pretendemos ofrecerles a los alumnos y a los maestros, eventos decididos por nosotros, los que tenemos bajo nuestra responsabilidad la difusión cultural, queremos, necesitamos las opiniones de la comunidad, su participación. Estamos a la búsqueda de proyectos culturales de gran envergadura que sean de utilidad y proporcionen mejores herramientas de trabajo. Pronto la unidad Xochimilco contará con un sistema de comunicación e información para que opinen alumnos y docentes. De tal modo, ayudarán a conformar un proyecto cultural dentro de una extensa definición de lo que es arte, más amplio y creativo, moderno y eficaz, entretenido. A través de tableros electrónicos distribuidos en puntos de máxima afluencia y utilizando las nuevas tecnologías, cada miembro del campus quedará bien informado y sabremos qué exactamente prefieren, si un taller de literatura, música, danza, encuentros con grandes figuras intelectuales del país. En fin, una larga serie de posibilidades culturales.

Juntos, profesores y alumnos, podremos dar un paso hacia el futuro y ser una universidad que al mismo tiempo que forme a los jóvenes en sus respectivas carreras, redondee su educación mediante al apoyo decidido e innovador de aspectos culturales durante toda su formación académica. La idea que prevalece es la de darle a la UAM-X una política cultural seria y de altos vuelos, basada en una consulta estudiantil. No es posible que difusión cultural se mueva en base a las ocurrencias de cada nueva administración. Cumplimos cuatro décadas, es tiempo de llevar a cabo tareas memorables, recuperar lo mejor del pasado y mirar hacia delante con proyectos ambiciosos y útiles a la comunidad en su conjunto. La cultura no es un simple complemento universitario, es su esencia, como lo ha sido en la UNAM, cuya huella es imborrable. Es tiempo de revalorar las tareas artísticas y ponerlas en donde deben estar: en un destacado lugar. Xochimilco no tiene letras, por ejemplo, ni posee una orquesta, el presupuesto para difusión cultural y publicaciones es bajo, pero la imaginación contrarresta las carencias. Tenemos además, un cuerpo de promotores culturales y un equipo de editores de alto nivel. Contamos con tres galerías y pensamos hacerlas crecer. Tenemos ya talleres de literatura y danza y funciones de cine. Nos falta, en efecto, ser una universidad que haga una realidad su lema: casa abierta al tiempo, que sea un centro cultural no sólo para sus habitantes sino para el entorno. Nuestro compromiso social debe ser redondo y pensar en un trabajo artístico que atraiga a los habitantes de la zona, tal como ocurre con la Ciudad Universitaria o el Complejo Cultural de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

La UAM-X es una gran universidad pública y sus egresados jamás se arrepentirán de haber pasado por sus aulas, porque la docencia y la investigación consideraron con respeto a las artes, a la cultura en su más amplia y correcta definición.

abril 20, 2014

Semana Santa en México

El dramatismo de la crucifixión se hace verbena popular.

Católicos en su abrumadora mayoría, los mexicanos conmemoran de modo extraño la Semana Santa: en playas y sitios vacacionales festejan, beben, bailan, se divierten no distantes de la irreverencia pagana. Pocos recuerdan la Pasión y no son muchos los fieles que optan por orar. El dramatismo de la crucifixión se hace verbena popular. Yo, agnóstico, prefiero escribir paráfrasis bíblicas en memoria de los días en que mis abuelos mostraban profundo respeto por los ritos puntuales.
*En el Principio, Dios estaba tan solo que se aburría en la Eternidad. Entonces decidió crear. Hizo el Cielo, los ángeles, la luz, el firmamento, los mares, los animales, los árboles y las flores, y por último hizo al hombre y a la mujer. El Paraíso era un lugar fantástico: de exuberante vegetación, no se pasaban hambres ni había división de clases, carecía de gobierno, la tierra era propiedad colectiva, y como sus dos únicos habitantes vivían en estado de inocencia, el problema de la sobrepoblación era inexistente.
Pero como Adán y Eva le daban pésimo uso al Edén, el Señor decidió retirarlos de ahí, pues no deseaba reinar sobre ese tipo de vida; Él tenía ambiciones: quería, por ejemplo, que hubiera más seres capaces de discernir entre el Bien y el Mal, que siguieran una de las dos o que las mezclaran, ya en el Juicio Final tendrían el premio o el castigo merecido. Para ello, el Creador montó la primera obra teatral del mundo. Como podemos ver a través de pinturas y grabados antiguos o leer en el Viejo Testamento, los personajes eran seis: Dios mismo, Adán, Eva, el Ángel expulsor, la Serpiente y la Manzana. La trama nos indica que los peores papeles les fueron asignados a éstas últimas. Desde entonces, la pobre Serpiente (“Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo para siempre y tú y el hombre seréis enemigos”) no ha podido resarcirse del desprestigio en que el Supremo la hundió sin misericordia, gratuitamente, mientras la Manzana desempeña tristes números como crear discordias o envenenar niñas simplonas.
*La indignación que los cristianos sienten ante el Vía Crucis los ha hecho perder de vista la dura y trágica vida de Judas, uno de los discípulos más abnegados y útiles que tuvo Jesús de Nazaret, pese al fango que han echado sobre su nombre. La misión de Judas en la tierra fue penosa: vender a su Maestro por treinta monedas de plata. Y nadie supo llevar la tremenda responsabilidad histórica con mayor dignidad y coraje.
Recordemos. Cuando estaba en el Huerto de Getsemaní, Jesús recibe el beso y las palabras de Judas Iscariote: “Dios te guarde, Maestro”, y como respuesta interroga con ingenuidad desconcertante: “¿A qué has venido? ¿Así, con un beso, entregas al Hijo del Hombre?”.
Lo que sigue, descrito magistralmente en los Evangelios, es de sobra conocido: el nazareno es aprehendido y enjuiciado por sedicioso y subversivo; la flagelación, la corona de espinas, el peso de la cruz sobre los débiles hombros de un Jesús agotado, las tres caídas y el dramático corolario: la crucifixión en medio de dos ladrones, humillado por la soldadesca y, al fin, la muerte temporal. Todo ocurrido gracias a la “traición” de Judas, sin duda, como De Quinceysugirió, el mejor de los discípulos. Engañó, padeció remordimientos, se suicidó y con su sacrificio hizo posible el triunfo del cristianismo: sin él, hubiera tomado un curso menos grandioso, el Calvario no habría ocurrido y la fragilidad lo acompañaría, igual que a las religiones menores.
Antes de ahorcarse, Judas sabía que en este mundo su memoria iba a ser siempre execrada, pero que, llegado el Juicio Universal, quedaría a la diestra del Señor, entre los elegidos, cerca del que tanto amó y por quien tuvo que cometer la Gran Traición, para hacer realidad los sueños del Redentor.
*Si el hombre ha tomado en serio algún precepto divino no son los Diez Mandamientos, sino lamentablemente aquello de creced y multiplicaos.
*Me pregunto ¿cuál fue el objeto de castigar a los hombres y animales con el Diluvio Universal y más adelante destruir ciudades como Sodoma y Gomorra si las cosas quedaron mucho peor?
*Ayer me encontré con Dios. Estaba desolado, visiblemente conmovido. Le pregunté qué ocurría y sólo pudo decirme que su perfección lo abrumaba. Me hizo una petición: Dile a tus semejantes que rueguen por mí, antes de regresar entre sombras iluminadas a su eterna soledad.
*Fragmentos tomados de mi libro El Evangelio según René Avilés Fabila.

abril 18, 2014

Cambio climático

En Estados Unidos la mayoría cree seriamente que la humanidad tiene lo que indica el calendario cristiano, por ahora 2014 años. En todo caso, la Creación es un poquito más antigua. No obstante que sus científicos han logrado avances prodigiosos y sus naves ya exploran el Universo, siguen pensando en la Biblia como fuente de todos los conocimientos, en consecuencia Dios nos salvará en el momento en que lo juzgue conveniente. Ello conduce a hacerlo pensar que el cambio climático es una broma de los fundamentalistas y terroristas, como antes todo mal venía de los comunistas. EU vive obsesionado por unas enigmáticas fuerzas del mal que amenazan al mundo que está bajo su cuidado policiaco. En síntesis, bajo su lógica destructora del medio ambiente para construir aviones, automóviles, computadoras y refrigeradores, lo del cambio climático es una buena broma. Pocos lo toman en serio a pesar de la información que poseen y a las visibles modificaciones ambientales. Los casquetes polares se derriten, los bosques se convierten en zonas casi desérticas y la humanidad avanza a costa de la naturaleza. No la ha modificado, la ha destruido salvajemente. Especies extinguidas, otras desaparecidas irremediablemente. Nada de ello es grave. Las aguas están contaminadas y los árboles mueren en un bestial ecocidio. No obstante, pese a las evidencias, con tal de mantener los altos índices de producción, incluidas las empresas altamente contaminantes, EU no ve mayores peligros, el mundo no se agota, es capaz de regenerarse, gracias a los avances tecnológicos. Se consideran siempre súper héroes norteamericanos capaces de enfrentar los desastres que nos amenazan y que ya se manifiestan de diversas maneras por todo el orbe.

En México sí se toma en cuenta el cambio climático, hasta las gentes con menor cultura lo perciben y ven los peligros que trae consigo. Datos oficiales indican lo siguiente, sigo la información de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), planteadas en el Plan Nacional Hídrico, 2014-2018, “debido al cambio climático que se experimenta en todo el planeta, las lluvias en México habrán de disminuir hasta 30% durante este siglo y los primeros efectos de esta transición climática comenzarán a sentirse en los próximos 16 años.

“Entre el 2013 y el 2030 –señala el documento, aprobado por el presidente Enrique Peña Nieto y publicado la semana pasada en el Diario Oficial de la Federación–, las variaciones de temperatura y precipitación en el territorio mexicano se intensificarán”, generando como consecuencia que “para finales de este siglo, en los estados del noroeste la precipitación (pluvial) tenderá a disminuir hasta en 30% en temporada invernal, mientras que los estados del sureste tendrán un decremento similar en el verano”.

“En los próximos 16 años, además, la disponibilidad de agua en los ríos del país se verá disminuida hasta en 7%, situación que, para 2030, se sentirá principalmente en los estados de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Tabasco, Chiapas, el sur de Veracruz, Tamaulipas, Nuevo León, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Nayarit y Sinaloa”.

“Asimismo, el volumen de agua de los ríos disminuirá entre 4% y 5% en Oaxaca, Puebla, Morelos, Tlaxcala, Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes, San Luis Potosí y el norte de Veracruz, mientras que en el resto del país el descenso en el caudal de los ríos será de 1% a 3.9%”.

“Y mientras la disponibilidad de agua disminuirá progresivamente, durante los próximos 20 años las autoridades federales prevén que la demanda del líquido en el país aumente hasta en 16%, debido al incremento en las actividades productivas y el crecimiento de la población”.

“Sin embargo, la Semarnat estimó que en 20 años el país sólo podrá disponer de 75% del caudal demandado, lo que significa que la brecha estimada entre oferta y demanda será de 23 mil millones de metros cúbicos de agua”.

“La disminución en el agua disponible, generada por la sobreexplotación, la sobreconcesión y la contaminación, ha provocado diversos conflictos en algunas cuencas del país, a causa de los cuales la estabilidad social, económica y política de México se ha visto comprometida”.

“De hecho, señala el Plan Nacional Hídrico, en la actualidad, de las 731 cuencas hidrológicas del país, 20% está contaminado y otro 14.5% son acuíferos sobreexplotados. Además, 41% de las aguas industriales se vierte en los ríos sin haber sido tratadas, lo mismo que 52.5% de las aguas negras colectadas a través del sistema de alcantarillado”.

“Para enfrentar esta problemática, el Plan Nacional Hídrico se plantea objetivos generales que deberán seguir todas las dependencias de gobierno, entre las que se encuentran:

*Promover la gobernanza y gobernabilidad del agua.

*Garantizar la seguridad hídrica ante los efectos de fenómenos hidroclimatológicos extremos que atentan contra la vida humana.

*Garantizar el ejercicio efectivo de los derechos sociales en torno al agua para toda la población.

*Desarrollar potencial humano en el sector hídrico.

*Impulsar un “crecimiento verde incluyente y facilitador que preserve nuestro patrimonio natural, al mismo tiempo que genere riqueza”.

Imaginemos que estas indicaciones México las lleve puntualmente y hasta haya mayores avances y logros, ¿y el reto del mundo? Son los países altamente industrializados los que más contaminan y son los que más se quejan del deterioro de la naturaleza. México tendría que darle vigor a sus políticas internacionales, a su diplomacia y exigir que esas naciones frenen su monstruosa capacidad para contaminar y destruir el medio ambiente, modificarlo negativamente. Porque los países pobres serán los mayormente perjudicados con consecuencias graves desde el punto social y económico que a nadie benefician. Y sí pueden crearse revueltas de alcances poco imaginables por todo el mundo.


La crónica

abril 16, 2014

Algunas palabras sobre Juan José Arreola

Si el Juan José Arreola escritor fue breve, el Juan José Arreola oral fue extenso, un torrente verbal, un exceso tal vez. Una cosa por la otra. Sin embargo, merced a sus admiradores más tenaces, como Jorge Arturo Ojeda, sus muchas conferencias, conversaciones y declaraciones siempre literarias, dejaron más libros que aquellos que quiso y pudo hacer el Arreola escritor.

Juan José Arreola, lo afirma Emmanuel Carballo y lo cita Luis Leal,  “nació adulto para las letras, salvando así los iniciales titubeos. Poseedor de un oficio y de una malicia, dueño de los secretos mecanismos del cuento, rápidamente se situó en primera línea. Desarrollando contrastes, poniendo ejemplos —fábulas—, saltando de lo lógico a lo absurdo y viceversa, dejando escapar sigilosamente la ironía, Arreola ha venido construyendo un nuevo tipo de cuento...”. Esto nos explica su perfección. En Juan José, efectivamente no hay inicios. En Carlos Fuentes se notan. No es lo mismo Los días enmascarados y Aura que Cristóbal Nonato. En cambio, hay la misma intensa calidad, belleza y perfección extrema en todos y cada uno de los cuentos de Arreola. ¿Qué ocurre entonces, por qué Arreola no fue la mejor carta nacional, lógico aspirante a los más altos reconocimientos que el orbe concede? Una de las explicaciones podría ser por sus temas carentes, excepción hecha de La feria y de alguno que otro texto, de “nacionalidad”. Lo universal era su reino y no todos lo comprenden en un mundo, que pese a la globalización aún está marcado por fronteras y peculiaridades exóticas. Además, Arreola se empeñó en vivir dentro de moldes clásicos, los que evidentemente renovó al construir cuentos en los que un lector atento puede descubrir ecos de Swift, Ronsard, Schwob, Borges y La Fontaine, bien sazonados con tratamientos innovadores cuya autoría sólo le corresponden a Juan José Arreola. (Algo semejante a lo que hizo en poesía, partiendo de los clásicos griegos y latinos, el admirable Rubén Bonifaz Nuño.) Otra razón bien pueden ser las dificultades que a veces sus cuentos imponen al lector, obligándolo a adentrarse en otras literaturas y a buscar la doble o triple intención de la fábula o la parábola.

Arreola fue un maestro en todos los sentidos. Sabía más de los demás que de sí mismo, ahora estoy seguro, he podido confirmarlo con las relecturas y el recuerdo de sus largas conversaciones. Por tal razón se anticipaba a sus críticos de aquella época y que hoy son sus más rendidos fanáticos. “La acusación tan reiterada que se me ha hecho de manierista, de amanerado, de filigranista, de orfebre, lejos de ofenderme, me halaga. Dentro de mi experiencia personal, incluso en mis textos juveniles hay algunos pasajes en los que reconozco que he conseguido mi propósito. Lo que yo quiero hacer es lo que hace cierto tipo de artistas: fijar mi percepción del mundo externo, de los demás y de mí mismo”.

Los críticos y los escasos lectores, en México siempre pedantes y demandantes, sin saber nada sobre los misterios de la creación, le pidieron a él y a Juan Rulfo más de lo que podían o querían dar y así contribuyeron a su silencio literario. Arreola, en todo caso, se salvó debido a que también era un escritor oral. Todos los días algún “exigente” pedía otra novela de Rulfo o el nuevo libro de cuentos de Arreola, sin saber de las dificultades estéticas y de los problemas sicológicos que los rodeaban. No todos son torrentes o ríos interminables. Con maestría y rigor, dueño de un talento excepcional, con una belleza agresiva y una calidad que sorprende y abruma, construyó una obra de modestas extensiones, sí, pero de una grandeza ilimitada. Arreola (así lo pienso porque lo he leído y observado desde mi juventud) no aceptó el muralismo sino el cuadro de caballete, las miniaturas. No quiso ser Beethoven o Wagner sino Chopin, List o el Paganini de los Caprichos, no el de los conciertos. Ambicionó escribir, y lo consiguió, cuentos irrepetibles, de un virtuosismo maravilloso. Dudo mucho que se haya propuesto alguna vez redactar la fatigante novela-río que a Vargas Llosa o a Fuentes tanto les deslumbra. Fue desde sus orígenes la precisión, la economía verbal, las más hermosas imágenes, porque Arreola, que bien utilizó la prosa, interiormente fue un poeta perfecto. Lo sabemos porque sus citas más recurrentes son versos, a veces dichos en español, otras en francés, en inglés o en italiano. Él dijo: “Tal vez mi obra sea escasa, pero es escasa porque constantemente la estoy podando. Prefiero los gérmenes a los desarrollos voluminosos, agotados por su propio exceso verbal.” Más adelante precisó: “He escrito poco porque me limito a extender la mano para cortar frutos más o menos redondos. Sólo en casos muy contados he hostigado una idea. Los cuentos se me plantean como oleajes, ritmo, marea. Me gusta reflexionar en la necesidad de que las abstracciones se vuelvan concreciones, porque es una especie de nostalgia de belleza y de forma.” A sus alumnos nos recomendó lo que decía Reyes: del lápiz, usar más la goma que el grafito.

Arreola por ahora no tiene tantos lectores y rendidos admiradores como otros que gozaron el disfrute del poder. Él sólo vivió para complacer su refinado espíritu, no pensó más que en la literatura. Volvamos a leerlo, es una notable experiencia, enriquecedora.

abril 14, 2014

“Pluripartidismo y democracia a la mexicana”

No es complicado percatarse de que los medios de comunicación, al igual que los partidos políticos, se dejan acariciar por el suave afecto del poder presidencial. Para qué señalar a los intelectuales, pocos han navegado por las aguas de la crítica política permanente. Quizás en algún momento sientan que algo los ofende y reaccionan, pero por regla general mantienen excelentes relaciones con el sistema. Todos parecen comprometidos con la propia obra y no con alguna ideología o tendencia realmente valiosa.

El presidencialismo extremo desapareció, esa velada y poco sutil tiranía sexenal pareció diluirse en el año 2000. Creímos por unos pocos meses en que la situación política sufriría modificaciones positivas, que incluso tendríamos una sana alternancia de partidos, cada uno con proyectos propios, una definida ideología y fuerte personalidad. Nos equivocamos. El PRI es demasiado musculoso para derrotarlo cabalmente. En su ayuda aparecieron en el PRD y el PAN los mismos vicios que parecían exclusivos del añoso partido tricolor: la corrupción, la demagogia y el autoritarismo. Habrá que sumarle la imperiosa necesidad que tienen los mexicanos de padecer caudillos y el cuadro es perfecto. De la dictadura de un hombre, el presidente de la República, luego del proceso electoral del 2000, transitamos a la de un sistema, pues el PRI aprendió la dura lección de dos derrotas, el PAN no supo para qué sirve el Estado y el PRD halló su enemigo perfecto en sí mismo, en cada una de las fracciones que edificaban el todo.

Sin embargo, lo peor que nos ha pasado es que padecemos un atroz e irreversible proceso de (por decirlo con un neologismo) de priización. El mapa político de hoy refleja a una derecha y una izquierda que buscan colocarse en el centro que tradicionalmente ha ocupado el partido de nuevo oficial. Que hemos cambiado, es verdad, pero no lo suficiente para descubrir el nuevo rostro de México: tachonado por multitud de siglas, colores y discursos confusos, incoherentes. Políticamente, la nación es un desastre, una Babel de confusiones partidistas sin ninguna ideología seria y profunda. Hemos perdido la identidad que inútilmente trataron de darnos los multicitados movimientos sociales de gran envergadura que nuestros antepasados efectuaron con grandes costos de sangre y esfuerzos intelectuales: la Independencia, la Reforma y la Revolución. 

El problema lo consolidan la modernidad, las nuevas tecnologías y el brutal dominio que ejercen sobre la nación. Somos sus esclavos. Unos de un diario, otros de una revista, unos más de canales televisivos y al final de todos los medios en su conjunto. Son el Big Brother que anticipó Orwell en su asombrosa novela 1984. Convertidos en marionetas de los partidos, el sistema ha ido gradualmente recuperando la figura presidencial, la figura de un nuevo caudillo raquítico y sostenido por cientos de severos hilos. Basta asomarse a los medios y ver cómo nuevamente se ponen al servicio presidencial. Poco tiempo duró el cambio. Era demasiada responsabilidad. De nuevo nos imponen la figura presidencial. La salvación de la patria está en sus manos. Entiendo que no somos la totalidad de los mexicanos, pero la mayoría está ya bajo control y mira de nuevo al llamado primer mandatario como el salvador. No más experimentos, el país, como decían los viejos priistas, tiene rumbo y timón.

El periodismo parecía haberse salvado del yugo, pero no le gustó y de nuevo pidió los grilletes, los que de inmediato le entregaron. La censura pudo haberse mudado de casa, de Los Pinos a los dueños de medios, pero allí está, apoyando, a veces a regañadientes, al tenaz sistema presidencialista.

De este modo, desmadejado en apariencia, pero bajo control de un partido experto, con una chistera llena de trucos, el sistema se ha hecho priista. Hasta los más distantes trabajan con sus métodos. Más de ochenta años le han servido de base para inocularle al país un modo de vida. Uno escucha hablar a un hombre que se considera a sí mismo de izquierda y no va más allá de un discurso cardenista de 1938, y aquél que realmente siente que su estirpe es conservadora, simplemente es un personaje que se formó e hizo fortuna con Miguel Alemán.

La pregunta es: ¿cuándo realmente tendremos medios independientes al servicio de la sociedad, cuándo habrá partidos con personalidad propia, cuándo votaremos por candidatos que quieran ser útiles al país y no a ellos mismos? No es fácil saberlo. La globalización trae beneficios consigo, pero aporta modelos que para nosotros son ilusorios, baratijas, espejos. Tenemos sí una pujante suma de ricos impresionantes, son parte de los beneficiarios del sistema, pero la mayoría de los mexicanos padece problemas y millones viven de forma miserable. Las injusticias y las diferencias sociales parecieran normales. No asombran, mucho menos indignan. Estamos atentos al sistema político nacional y hasta llega a provocarnos admiración. No basta ponerle pintura a la fachada, hay que hacerle cambios profundos a la casa de todos los mexicanos.

abril 13, 2014

Los minicuentos y yo

Navego en las delicadas aguas del texto de extensiones comprimidas.

Al no ser crítico literario, he optado por una subjetividad razonada. No me gusta, en principio, definir o encontrarle precisiones a la literatura. Escribo novelas, cuentos y libros memoriosos de difícil clasificación. Cuando publiqué alrededor de 1967 una antología que llamé del breve cuento mexicano, bajo los auspicios de la Asociación Latinoamericana de Escritores, presidida por Carlos Pellicer, seleccioné cuentos de TorriArreolaMonterrosoEduardo LizaldeCarlos ValdésEdmundo ValadésJosé Agustín y otros más. Los seleccioné con un criterio único: que no pasaran de una página.
Inicié escribiendo cuentos de muy pequeñas dimensiones y he seguido la tarea con asombrosa fidelidad. Provienen principalmente de las fábulas clásicas, los haikús y las greguerías. Son parte esencial del ingenio y la precisión, del reino de la invención pura. No les busco esclarecimiento ni explico características, eso lo dejo para críticos agudos como Lauro Zavala que ha trabajado mucho sobre el tema hasta convertirse en uno de los mayores analistas literarios especializados en la brevedad. Lo más que hago en tal sentido es explicar cómo los escribo y ello a pedido de editores preocupados por el tema. Hago novelas extensas, como El reino vencidoEl gran solitario de Palacio o Réquiem por un suicida, pero me siento mejor navegando en las delicadas aguas del texto de extensiones comprimidas. A diferencia de RiveraSiqueiros y Orozco, amo los cuadros de caballete. Sobre las inmensas obras de Wagner, con frecuencia opto por las piezas de Chopin o de Satie. Ante la novela río, me sumerjo en Borges. Me gustan las cajitas musicales, los camafeos italianos y las miniaturas laqueadas chinas. Si pudiera agrupar mis cuentos breves y acaso ordenarlos temáticamente, probaría que he sido fanático del pequeño texto: calculo haber escrito unos 500 cuentos de tal género.
No abordaré más sobre un tema que desconozco, cuyo nombre definitivo no consigo vislumbrar. Si son brevicuentos, minificciones o microrrelatos, me tiene sin cuidado. Los escribo y así muestro un puñado este domingo.
No nos olvidemos mutuamente
Nunca olvidaré los ojos fríos del hombre que conducía a toda velocidad e irresponsablemente su automóvil: fue un impacto brutal y mi cuerpo quedó destrozado, del mismo modo espero que él jamás olvide los míos, abiertos por la angustia, el dolor y la desesperación de la muerte.
El hombre infeliz
Siempre detesté la felicidad. No hubo día en que no batallara contra su estúpida sonrisa y sus manifestaciones rudimentarias y prosaicas. Hoy al fin logré eliminarla de mi vida mediante un pistoletazo muy preciso en la sien.
Precisión
Miró con atención el reloj: las tres de la mañana. Poco después, vio que seguían siendo las tres. Finalmente, el sol brillaba, pero seguía mirando que eran las tres. No cabía la menor duda: fue la hora en que murió.
El náufrago
Desesperado, con la historia más soberbia posible en su haber, el náufrago, desde su isla solitaria en el Pacífico, arrojó la botella al mar: alguien la encontraría y al fin se sabría su prodigiosa y larga odisea en busca de las sirenas. Sonriendo satisfecho, se acomodó lo mejor posible para esperar la muerte en soledad absoluta. Fue desafortunado, no se percató de lo fundamental: ponerle tapón a la botella.
Juramento
Lo juro, nunca me acosté con él. Siempre hicimos el amor de pie.
Perversiones
La correspondencia y las autobiografías son como el espejo: un invento perverso para desatar la vanidad.
La pareja ideal
Era una pareja de varones homosexuales, realmente dispareja: Jorge, joven y guapo; Marcos, feo y viejo. Esa noche decidieron ir a una fiesta de disfraces. Ambos optaron por ir como Dorian Gray: el primero era el personaje, el segundo su retrato.
“Pero ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?”
Cuando Dios recibió los resultados del censo celestial, entre asombrado e indignado, preguntó: ¿Ninguna virgen, teníamos once mil? Sí, señor, repuso tímido el arcángel que llevaba los datos, pero eso fue antes de que llegara Casanova.
Los fantasmas y yo
Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas, hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes.