Tantadel

mayo 30, 2014

Marcos, el gran olvidado

El subcomandante Marcos, posiblemente el egresado más famoso de la UAM, llevaba varios años amparado en el silencio, acaso disfrutando el envilecimiento del sistema político mexicano sin excepciones. Su proeza, la de declararle la guerra al Ejército Mexicano y al sistema que lo opera, no fue hazaña menor. Despertó oleadas de entusiasmo entre los jóvenes y excesiva demagogia entre los intelectuales. Carlos Fuentes, por ejemplo, decía que actuaba más por la influencia de Carlos Monsiváis, que por la de Carlos Marx. Elena Poniatowska le entregó la parte de su corazón que no estaba en manos de López Obrador. El PRD vio con envidia la actitud entre viril y graciosa con la que Marcos actuaba desde algún lugar de la selva Lacandona, enviaba mensajes intergalácticos, pero daba una pelea desigual y poco frecuente en un país dominado por partidos políticos que siempre logran superar sus diferencias, ninguna ideológica, para enfrentar a la sociedad. Luego el perredismo lo olvidó.

Estos no son tiempos para guerrillas, para enfrentar ejércitos regulares, bien armados y entrenados, lo son para darle al capitalismo salvaje que impera un puñado de sonrisas que muestren resignación. Por eso la lucha de Marcos, dirigida más a los indígenas del sureste que a los campesinos del norte y centro, estaba condenada a estancarse. Pudo crecer en el cambiante ánimo de los jóvenes y los intelectuales, pero hasta allí. Marcos se quedó solo. Su figura teatral fue perdiendo peso y los medios ni siquiera se preguntaban qué hacía, dónde quedaron sus esfuerzos.

Debió pensar en Marx, y no en Monsiváis y acercarse a los obreros, buscar la manera de hacerles comprender su explotación. Repensar el socialismo científico, estudiar el México bronco en sus distintos puntos y complejidades. Por ello el EZLN no creció, se hizo un fenómeno social, objeto de miradas morbosas de los medios. Ciertas dosis de exhibicionismo fueron mortales para su causa. Y sin duda, una ideología más formal, pensada científicamente, en lugar de los chistes que solía endilgarnos cada tanto.

Como sea, el hombre tiene un amplio lugar en la historia mexicana y acaso latinoamericana, cuando la globalización arrancaba arrogante y segura, él, con un puñado de indígenas explotados, se atrevió a retar al Estado mexicano. Pensó en la ayuda veleidosa de académicos e intelectuales, los que enseguida corrieron en busca de un caudillo más aparatoso y sin imaginación, sólo lleno de terquedad y deseoso de controlar al país. Obrador va en pos de una nueva intentona de ganar Los Pinos, no la tendrá. Pero Marcos, distante del poder del sistema optó por una pelea destinada al fracaso, conservará mejor imagen por sus méritos sociales y políticos.

No encontró las herramientas adecuadas para la transformación, pecó de arrogancia y excesos de seguridad, sin embargo, dio un gran paso en la trasformación positiva de México. Sus ideas están fijas en el país, en los despojados, en un sistema de partidos cínico y desvergonzado. Pocos han pensado seriamente el enorme esfuerzo que un mestizo universitario llevó a cabo para crear un ejército indígena que defendiera la dignidad de los pueblos fundadores, hoy vejados y despojados.

mayo 28, 2014

Ideológicamente, ¿dónde quedó el PAN?

Dentro del esquema tradicional del sistema político mexicano, la derecha está representada por el PAN. Sin embargo, es posible apreciar que todos los partidos luchan por el centro, lo que al PRI le ha dado magníficos dividendos. Carlos Ramírez, hace poco, decía que el PAN oscilaba entre el centro y la derecha. El PRD se mantiene incólume: es la izquierda. Sólo los medios de comunicación, para simplificarse el análisis, lo aceptan.

Luego de un proceso electoral plagado de ofensas, triunfó Gustavo Madero. De inmediato iniciaron gestiones para reunificar al partido, pero no será tan sencillo como imaginan. A la toma de posesión de Madero, ningún calderonista relevante asistió.

El PAN ha salido mucho más ruinoso que el PRD: en ambos casos las divisiones y pugnas internas los están destruyendo. La arrogancia del PRI se ha recuperado al ver a sus rivales arrinconados y sin rumbo claro.

El PRD nació con tendencias a la fragmentación, aunque era esperanzador, se sabía de sus dificultades para entenderse unos con otros. El caudillismo (primero con Cárdenas, luego con López Obrador) los mantuvo débilmente unidos. Pero no es el caso del PAN. Si tuvo caudillos, o líderes de gran peso, fueron personajes lamentables como Vicente Fox y Felipe Calderón. Presidentes más por las circunstancias favorables que la nación les brindó, que por su peso político personal, contribuyeron a destruir al partido. Si Fox ni panista se sentía, Calderón, que lo era, usó al partido y jamás lo ayudó. Lo vio como un instrumento para mantener en el poder a su gente y no lo consiguió. Ni siquiera su hermana pudo llegar a controlar Michoacán. El calderonismo sigue a la baja.

En este contexto, el PAN de Madero lo primero que hizo fue reunirse con la cúpula del perredismo. Desea reunir fuerzas para enfrentar a un PRI que es un costal de habilidades políticas. No es fácil que PAN y PRD coincidan en muchos puntos, pero sí es posible que logren juntos ser una piedra en el zapato del PRI. En tal sentido, ambos partidos opositores son expertos.

Sin embargo, faltan muchas cosas. En dos años habrá proceso electoral, cambio de diputados principalmente, de delegados y presidentes municipales. En ese momento veremos qué tanto poder tienen unos y otros. El PRI no cuenta con el DF, pero tiene el poder a escala federal. El PRD ya sólo tiene un bastión significativo, la ciudad de México. El PAN cuenta con Puebla, donde el ex priista Moreno Valle espera ser candidato presidencial de un partido que se cae a pedazos. No es mal momento para que los partidos se reorganicen y adquieran proyectos y programas serios y capaces de sacar al país del hoyo en que se mantiene pese a lo que digan las cifras oficiales.

Por lo pronto, el PAN, con un Madero gozoso, no tiene rumbo. Menos un proyecto serio que le permita flotar en espera de mejores momentos. Mientras tanto, Vicente Fox hace declaraciones tontas, su especialidad y Calderón prepara clases y conferencias para disculparse del hundimiento del barco añoso que es el PAN fundado en 1939 por un grupo conservador preparado para salvarnos del “comunismo” cardenista. Mal empezaron, mal siguen. La derecha es la peor representada en el mapa político del país. No sólo es atrasada sino poco sabia en el manejo de los asuntos nacionales.

mayo 26, 2014

Guillermo Ceniceros, un grande en la UAM-X

Desde que Guillermo Ceniceros comenzó su carrera ha tenido críticas y comentarios favorables a su arte, sea de caballete o sobre muros: Margarita, Nelken, Antonio Rodríguez, Jorge J. Crespo de la Serna, Bertha Taracena, Raquel Tibol, Alaíde Fopa, Julio Solórzano, Elías Nandino, Armando Torres Michúa, Evodio Escalante, Santiago Genovés, José Ángel Leyva, entre otros más. Ceniceros tiene su propio museo y dos estados disputan su nacimiento, desde luego, con sentido del humor: Durango y Nuevo León.

Nacido en El Salto, Durango, en 1939, estudió en Monterrey y se formó en el Taller de Artes Plásticas de la Universidad de Nuevo León. Ya en la ciudad de México, Guillermo Ceniceros tuvo la oportunidad de trabajar junto al notable artista plástico David Alfaro Siqueiros, quien ejerció una influencia que es posible notar más en la obra muralista que en los cuadros de formato pequeño. A pesar de contar con una edad semejante a la de varios de los integrantes de la Generación de la Ruptura, Guillermo optó por conservar un pie en la Escuela Nacional de Pintura y otro entre aquellos que consideraban un freno a la frase “No hay más ruta que la nuestra”. Esto significa que el mundo del artista duranguense es rico en matices y que lo mismo produce fantasías abstractas que reproduce pasajes de la historia mexicana. En ambos terrenos es seguro y original. A veces, en sus grabados se nota una revitalización de un tipo de arte que fue resultado de la intensa Revolución Mexicana, mientras que en obras de caballete hay una imaginación dedicada a jugar con formas y colores que surgen de sus pinceles con notable armonía. Una prueba de esta capacidad podemos hallarla en el Metro Copilco, más que en murales como el que se encuentra en la Cámara de Diputados.

En tal sentido, el propio Siqueiros escribió sobre Ceniceros en 1967: “Un creador que sabe dar a luz con los dolores de los partos valiosos en la marcha de la creación artística…” Estas palabras anticipan a un hombre que da con su propio estilo estético utilizando lo más valioso del arte universal para crear una escuela de corte muy personal. En una entrevista que le hizo al pintor, María de Lourdes Hoyos, a la pregunta ¿qué realidad pintas tú?, Guillermo responde: “Soy un fotógrafo frustrado porque no puedo pintar una realidad fotográfica, sólo puedo pintar la realidad que imagino…”

Otro aspecto que llama la atención de críticos y espectadores, de coleccionistas, es su insistencia en la exploración, lo comprobamos ahora que exhibiremos en la UAM-X diseños novedosos de figuras volátiles y en complicadas posturas, sobre amate, donde apenas queda algún espacio para reposar la vista. La exposición denominada  “20 trípticos para el Laboratorio Experimental Contemporáneo”, muestra un juego visual insólito que Ceniceros había esbozado en trabajos anteriores como uno donde le rinde homenaje a los llamados tres grandes de la pintura mexicana. La diferencia principal es que aquí eran los rostros de los artistas y ahora son figuras humanas, principalmente femeninas, donde sus distintas y extrañas posiciones brindan un juego lúdico y un equilibrio perfecto.



mayo 25, 2014

Cortázar, feliz centenario

Para muchos, Rayuela es una contranovela o una antinovela.

Julio Cortázar era un mago de las letras. Nació en 1914, en Bruselas, y pasó su niñez y adolescencia en Buenos Aires; allí, como es normal, siguió siendo europeo, con acento porteño, usaba el lunfardo, sentía placer por el tango, los bifes, el vino tinto y admiración por Jorge Luis Borges.
Ya mayor, bajo presiones políticas, Cortázar sale de su apreciada Argentina para radicar en París y, casi al final de su vida, adquiere la nacionalidad francesa sin dejar de ser profundamente argentino, como Ernesto Guevara.
Cortázar comenzó escribiendo cuentos breves que pronto se alargaron hasta convertirse en novelas ambiciosas y deslumbrantes. Fue al mismo tiempo un traductor de altos vuelos que puso en magnífico castellano a Edgar Allan Poe, a quien Charles Baudelaire había dado a conocer en París en memorables traducciones al francés.
Su fama como escritor se consolidó internacionalmente cuando Antonioni hizo una película extraordinaria, Blow Up, con David Hemmings y Vanesa Redgrave, basándose en un cuento suyo: Las babas del diablo. Con su celebridad mundial a cuestas, Cortázar nunca asumió las actitudes arrogantes que conceden la fama y el éxito y fue sabio y discreto.
   Políticamente vivió su época y, en ella, cómo no amar a la naciente Revolución Cubana y su ambicioso proyecto de transformar al llamado Tercer Mundo: incendiar con llamas socialistas a toda América Latina, África y Asia.
Aquellos momentos fueron de confusión, resultado de la Guerra Fría. Había muerto el Che Guevara y en Vietnam los bombardeos norteamericanos se acentuaban. El mayo 68 de París y luego las rebeliones juveniles en Praga, Estados Unidos y México vaticinaban una amplia revuelta contra la sociedad de consumo.
Los partidos comunistas tradicionales mostraban resquebrajaduras y el rock and roll se sumaba a los aires de subversión planetaria. Dentro de este mundo que se globalizaba alrededor de un proyecto socialista ante la histeria anticomunista norteamericana, los intelectuales latinoamericanos, debido a la Revolución Cubana, discutían el papel del compromiso político.
Las posiciones más obvias eran aquellas que convertían al escritor en autor de panfletos al servicio del partido o de la Unión Soviética. Cortázar mostraba una tenaz rebeldía ante esta postura que hoy se antoja extraña y servil, pero que tenía raíces complejas.
Es natural que uno cite Rayuela como ejemplo de experimentación literaria, de una intensa búsqueda formal, pero asimismo en el collage La vuelta al día en ochenta mundosCortázar inventa y recurre a la literatura fantástica y le da un nuevo sentido, se apoya en la escritura automática y, desde luego, en sus recuerdos.
Para muchos, Rayuela es una contranovela o una antinovela, si se prefiere. En realidad, definirla no es prioritario. Lo maravilloso es sumergirse en ese mundo cortazariano tan coherente y lleno de posibilidades.
Julio Cortázar, como pocos escritores en la segunda mitad del siglo XX, fue un artista que hurgaba en la mente humana y en la fantasía. Tampoco dejó de explorar las estructuras literarias y llegó hasta donde otros no se hubieran atrevido.
Los resultados son portentosos e inagotables. Lo que sí se manifiesta son los aires de soledad y nostalgia que se pasean por toda su obra, aun en las páginas más llenas de buen humor: en un hombre trasterrado, la tristeza permanece y no desaparece por más que las posibilidades de retorno sean una realidad.
Julio Cortázar dejó más de una clave para ingresar en su literatura, instrucciones para leerlo y una de ellas es el libre albedrío para que el lector haga lo que le venga en gana. Por tal razón, es improbable que uno se ponga en total armonía con otro que ha leído atentamente su obra. Si alguien del siglo XX ha de sobrevivir por siempre, ése es exactamenteJulio Cortázar, no importa si los premios llegaron o no en la cantidad necesaria, si José Saramago era capaz de cederle su Premio Nobel o si su amistad con la Cuba de Fidel Castroperjudicó su aspecto de crítico político.
Fue un hombre de absoluta honestidad ética y estética. Dominó el reino de la creación pura, por más que Julio Cortázar haya contado sus experiencias personales como la pelea donde Luis Ángel Firpo derribó a Jack Dempsey o la emoción que le producía escuchar a Thelonious Monk,Louis Armstrong y Charlie Parker, traducir a Poe o el bello arte de caminar París, sitio que eligió para producir una literatura prodigiosa.

mayo 23, 2014

Carlos Bracho, actor, escritor y periodista

El día 7 de junio próximo, El Club de Periodistas de México, AC, Delegación Veracruz, para festejar la libertad de expresión y fortalecerla, en amplia ceremonia le entregará, entre otros, a Carlos Bracho la “Presea a la Libertad de Expresión”. Muchos se preguntarán ¿por qué tal reconocimiento a un actor? La respuesta es larga. Trataré de simplificarla.

Conozco a Carlos Bracho desde hace muchos años. Sus inquietudes lo han llevado a multitud de campos. Es cierto, el principal, donde ha dejado mejor su huella, es en la actuación. Exitoso actor de cine, televisión y teatro desde su juventud, ha sido también escritor y periodista, político progresista y un fanático coleccionista de juguetes mexicanos y plantas cactáceas. Como político ha sido diputado federal y candidato a gobernador del Estado de México por la izquierda mexicana. Junto con Heberto Castillo, dio largas luchas para que México saliera del partido único. En varios diarios capitalinos Bracho combate políticamente, es tenaz y suele dejar su estilo amable y caballeroso para convertirse en fiero rival del sistema.

En su faceta literaria, ha publicado un par de libros de relatos, donde aparece un escritor con un amplio sentido del humor. Algunas de sus más graciosas anécdotas las ha convertido en gratas historias. Uno de sus libros, Cuentos cínicos, publicado por la UAM-X, fue una obra exitosa que pronto se agotó. Del teatro y de las letras ha saltado a trabajar en el INBA: es uno de los actores que frecuentemente viajan a diversas ciudades a leer a los grandes autores del castellano. En lo personal, hemos participado en muchas conferencias sobre diversos temas literarios. Su generosidad me la ha probado acompañándome a presentar libros míos. Recuerdo que cuando Bellas Artes me hizo un reconocimiento por la aparición del primer volumen de mis Obras completas en la editorial Nueva Imagen, proyecto que fue truncado cuando vendieron la empresa a un consorcio extranjero, Carlos Bracho y la notable y bella actriz Jacqueline Andere leyeron fragmentos de mis novelas Tantadel y La canción de Odette. Actualmente, Carlos tiene una columna en la revista digital “El Búho”, donde suele hablar de los temas que más le interesan: teatro, literatura, política, gastronomía, mujeres y sus más cercanos amigos.

Las inquietudes políticas de Carlos Bracho las ha puesto en varios periódicos, entre ellos en el Diario de México, donde escribió muchos años. Sus artículos eran como su oratoria, fogosos, duros y sumamente críticos. Por ellos, merece más de una medalla o reconocimientos. No es frecuente en México ver a un actor de su talla, expresarse con dureza contra el sistema.

Carlos Bracho fue también mi compañero de andanzas literarias iniciales. Asistía a las sesiones del taller de Juan José Arreola. Y ya que hablo de escritores, para colmo, también es un destacado fotógrafo. Hace un par de años en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, durante la Feria del Libro, expuso una excelente colección de fotografías de escritores latinoamericanos.

Por todo ello, muy velozmente narrado, me da gusto acompañar a Carlos Bracho en el momento en que el Club de Periodistas de México, AC, Delegación Veracruz, le entregue una de sus preseas en Xalapa. El destacado actor tiene muchas facetas y en todas se ha comportado con talento y dignidad.

Felicidades, querido amigo de andanzas y recordanzas.

mayo 21, 2014

Resistencia al olvido: Andrés Iduarte

Andrés Iduarte nació en San Juan Bautista, Tabasco, hoy Villahermosa; su formación se la debe a la Universidad Nacional de México, los posgrados a la Universidad Central de Madrid y a la Universidad de Columbia en Nueva York. Hizo una larga carrera académica y ocupó puestos relevantes dentro de la educación y la cultura. Su última gran tarea de política cultural la tuvo al frente del Instituto Nacional de Bellas Artes, de 1952 a 1954. Murió en 1969, dejándonos recuerdos imborrables y libros formidables como El libertador Simón Bolívar, Veinte años con Rómulo Gallegos, Elogio de México, Alfonso Reyes, el hombre y su mundo, El mundo sonriente y En el fuego de España. Sobresale su hermoso libro Un niño en la Revolución Mexicana. Libros todos de estilo delicado, cuidado y hermosa prosa.

Lo conocí personalmente en las oficinas del antiguo edificio del Fondo de Cultura Económica en avenida Universidad. Ambos éramos autores de tal empresa. El primer encuentro fue muy formal. Nos presentó Salvador Azuela y platicamos acerca de libros. Fui más lejos y le pregunté por un hecho de su vida, muy significativo en la vida cultural: la muerte de Frida Kahlo. Su plática fue cautelosa y no fue más allá de lo sabido públicamente. Quizá la diferencia de edades lo hizo cauto. La muerte de Frida Kahlo desconcertó a sus amigos y admiradores y hasta a rivales. El velorio en el Palacio de Bellas Artes fue presenciado por cientos de comunistas. Diego Rivera pidió que le pusieran al féretro la bandera roja por respeto a la causa que ambos habían abrazado con devoción. La reacción del gobierno fue brutal y lo despidieron. Iduarte optó por irse a trabajar a Estados Unidos y recién regresaba jubilado; fue cuando lo conocí. Tuvo la gentileza de obsequiarme dos libros suyos, uno era justamente Un niño en la Revolución Mexicana, autografiado. Ambos están ahora en el Museo del Escritor.

Cuando releí Un niño en la Revolución Mexicana le encontré mayores méritos que durante la primera lectura. Redescubrí su muy hermosa prosa, su estilo elegante y lamenté mucho no haberlo conocido antes. Por fortuna nos legó libros de memorias. Don Andrés Iduarte al final de su vida, como yo lo vi, era un hombre educado, gentil y fino. No me parece que haya modificado su carácter con el paso de los años. Por recuerdos de amigos suyos (y míos) como Andrés Henestrosa y José Luis Martínez, siempre fue el mismo. Desde sus mocedades debió ser un hombre distinguido que guardó con emoción sus distintos sentimientos, a veces encontrados, que le produjo el movimiento revolucionario. No todos fueron capaces de amar o entender la justa violencia de la Revolución Mexicana.

Sin duda, la visión de Iduarte contrasta con la admiración que produjo en sus contemporáneos la Revolución. Sus páginas al respecto son las de un niño asustado por la brutalidad. Al contrario de Rafael F. Muñoz o el propio Martín Luis Guzmán. Visto en conjunto el movimiento político social de enorme violencia, produjo una literatura de gran peso y alta calidad que en todos los casos produce una sensación de tristeza, fue una revolución grandiosa que estaba destinada a fracasar. Acaso la mejor metáfora de la época la proporcione Mariano Azuela en Los de abajo, cuando cierra con la muerte de Demetrio Macías apuntando su fusil hacia la nada, hacia un futuro incierto e igualmente desigual e injusto, que en 2014 vemos.

mayo 19, 2014

El gran solitario de Palacio en Xalapa y Pachuca

Acaba de aparecer editada por la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV) la edición conmemorativa de mi segunda novela, El gran solitario de Palacio, escrita entre 1969 y 1970 y publicada en Buenos Aires en 1971. El impulso para escribirla fue político: la matanza del 2 de octubre. La viví paso a paso, desde que llegué, en compañía de Rosario, mi esposa, hasta que ya en la madrugada salimos del departamento de Tlatelolco donde un matrimonio nos ocultó para no caer en manos de policías y militares. La noche más larga de mi vida. Desde las ventanas podíamos apreciar la intensa lluvia de balas sobre jóvenes desarmados y huyendo en total desorden. Hasta ese momento, prefería el cuento breve. Allí descubrí que requería de mayor espacio para denunciar el aberrante crimen.

La novela fue escrita de principio a fin en París y al concluirla fui avisado que no había condiciones para publicarla en México. Por fortuna, una editorial argentina, Fabril Editora, la pidió y apareció en Buenos Aires. A México llegó un año después. A partir de entonces, se hizo una novela de discreta y tenaz presencia. Lleva unas 25 ediciones y está traducida a varios idiomas. La crítica literaria y política ha sido generosa con ella. Es la segunda obra en aparecer, luego de la de Luis González de Alba, Los días y los años. Para escribirla releí toda la literatura sobre dictadores latinoamericanos: de Tirano Banderas y La sombra del caudillo, hasta El señor presidente. No había mucho más. No intentaba hacer la crónica de un crimen que presencié, sino criticar al sistema político mexicano.

Ahora la UPAV, con motivo de mis 50 años como literato, ha hecho la edición conmemorativa. Será presentada en distintos foros: el próximo jueves 22 en la Universidad Autónoma de Hidalgo, en esa misma institución, repetirá en la Feria del Libro y finalmente, lo será en su actual casa: en Xalapa, el 7 de junio, día de la libertad de expresión. Una curiosa paradoja: de la prohibición al festejo.

Cuando la tradujeron al coreano, en Corea del Sur, pregunté la razón, me parecía algo extraño. Me respondieron diciéndome que allí también hubo represión contra los estudiantes. Quedaba claro que el 68 mexicano no fue un caso aislado, sino un fenómeno mundial complejo. En mi caso, considera María Esther Arredondo, autora de la cuarta de forros de la edición conmemorativa, basada en el número de críticas y comentarios, que “Para muchos, El gran solitario de Palacio es considerada la mejor novela sobre el 68 y posee grandes méritos literarios y testimoniales que resisten las pruebas del tiempo y el espacio…”.

La nueva edición tiene el prólogo del politólogo chileno Ricardo Yocelevzky y al final una aguda historia de las vicisitudes de la novela escrita por el literato Mario Saavedra. El primero precisa: “El poder y su solitario han dejado en buena medida su hosquedad, parte de su alejamiento y su exigencia de solemnidad en su presencia. La modernidad le exige exposición mediática y la búsqueda de imagen ha traído cinismo y desparpajo… El ambiente refrescado puede ser engañoso. ¿Será que la cirugía es más sofisticada y el solitario está ahí todavía?”.

Vale señalar que la primera Legislatura del DF, encabezada por el PRD, hizo una conmemoración del 68 con tres o cuatro libros memorables, entre ellos mi novela.

El gran solitario de Palacio ha sido capaz de entrar en el imaginario colectivo.

mayo 18, 2014

Bestiarios occidentales y bestiarios americanos

En las páginas de la revista Mester consolidé mi devoción por la brevedad.

Cuando comencé a escribir, en el bachillerato, actuaba bajo la influencia de libros fundamentales: La BibliaLa Ilíada y La Odisea, los fabulistas clásicos y, entre los recientes, los deKafka. Ingenuamente estaba seguro de mi originalidad. Desconocía el mundo de los bestiarios al que llegué, en esos mismos años, merced a Borges y su Libro de los seres imaginarios, título dado en Buenos Aires o Manual de zoología fantástica, según el que recibió en México.
Fue Juan José Arreola quien leyó mis primeros cuentos breves, cuando términos como minificción o microrrelato no existían. Los publicó en la revista, creada por él para mi generación, Mester. En esas páginas consolidé mi devoción por la brevedad, aunque he redactado largas novelas.
Los bestiarios me gustaron y conservo la admiración. Con uno, Los animales prodigiosos, ilustrado por José Luis Cuevas y prologado por Rubén Bonifaz Nuño, vigoricé mi amor por los seres fantásticos, un zoológico que, al decir deBorges, no supera al de la realidad. Con ese libro obtuve el Premio Colima. Pronto reparé en algo interesante: estaba trabajando con bestias occidentales, ¿y las americanas?Chac Mol, de Carlos Fuentes, me dio una pista. Hurgué en nuestras antiguas culturas y con tal bagaje llevé a cabo un primer libro: El bosque de los prodigios, ahora ilustrado porGuillermo Ceniceros. Inventé unos cuarenta animales que se suponía poblaron nuestro continente antes de la llegada de los europeos. Los imaginé basado en códices, esculturas, murales, religiones, deidades y mitos. Les di una fisonomía extraña y añadí una trama. La tarea es crear una mitología propia y no repetir bestias que surgieron en otras regiones. Como muestra, incluyo la más reciente, escrita en Londres, hace medio año.
La serpiente bicéfala azteca. Las serpientes de dos cabezas, una donde suele estar, la segunda en la cola, no existieron únicamente en Europa. Hay multitud de indicios que prueban que hace muchos siglos habitaron en distintos puntos del planeta. La variedad más famosa de todas ellas, la anfisbena, fue vista en Europa: su figura desconcertante inspiró diversos relatos e interpretaciones.
En el continente que llamamos América, la serpiente bicéfala vivió amparada por climas semitropicales. El muy grande emperador Moctezuma tuvo en su zoológico personal un magnífico ejemplar de esta víbora. Solía impresionar a cortesanos y los visitantes, a quienes les mostraba, orgulloso, sus tesoros.
Una hermosa escultura de ese reptil es conservada en el British Museum. Permanece en la sala destinada a la cultura azteca y es considerada una de las obras maestras del célebre recinto. Según la ficha, la pieza, cubierta por pequeñas placas de turquesa, data de 1500 luego de Cristo. Era parte del complejo y poco estudiado rito religioso destinado a Quetzalcóatl. Su origen, precisa el catálogo, es azteca/mixteca.
No hay más información, la obra prehispánica se defiende sólo con su notable belleza y aparece tanto en el inventario como en un disco compacto, en cuya portada luce espléndido el extraño reptante. Está prácticamente intacta: bien conservada; sus cuatro inquietos y luminosos ojos miran la eternidad.
En México algunos descendientes de aztecas y mixtecos saben, por tradición oral, como los investigadores a través de códices que pararon en el Vaticano y en los Archivos de Indias de Sevilla, que a pesar de sus largos y agudos colmillos, no era mortal, sino juguetona y dócil. Dicho en términos actuales, fue una especie de perrito faldero, que se dejaba acariciar. Su mayor placer consistía en que su dueño o aquél que la encontrara, le rozara suavemente ambas cabezas. La serpiente se revolcaba gozosa. Era, pues, inofensiva y no existe información científica, que explique su extinción.
Hay datos irresponsables que indican que el ofidio bicéfalo de pronto entraba en estado agresivo y su primera ocurrencia era devorarse a sí mismo. Entonces las cabezas entraban en un combate que concluía con su muerte. Los zoólogos prudentes han descartado tal hipótesis por descabellada, pues no considera lo primero que cualquier ser vivo utiliza: el instinto de conservación. Sabemos de ella básicamente por la escultura que hábiles manos de artistas le hicieron al ejemplar que estuvo en posesión de Moctezuma, el gran emperador azteca.

mayo 16, 2014

Jaime Torres Bodet

Mi profesor de historia de México, en la UNAM, el doctor Arturo Arnáiz y Freg, acostumbraba citar a Jaime Torres Bodet. Decía: Dos veces secretario de Educación, una de Relaciones Exteriores y titular de la educación mundial al estar frente a la UNESCO, era un mexicano ejemplar, irrepetible. Dueño de una extensa obra literaria y uno de los que de su generación, Contemporáneos, se dedicó a la administración pública sin dejar las letras.

A los 19 años de edad ya era un destacado intelectual; fue secretario particular de José Vasconcelos en su momento más creativo. Luminoso diplomático y poeta excepcional, don Jaime dejó una huella que hasta la fecha no ha sido ni ligeramente opacada, pese a que en el cargo estuvo Agustín Yáñez, cuya experiencia como político e intelectual le precedía.

Tuve la fortuna de conocerlo en los patios de El Colegio Nacional, durante una de sus añoradas conferencias, en esa ocasión habló de Balzac. Mi padre -yo era estudiante preparatoriano- me presentó con el distinguido personaje. Me preguntó qué estudiaría y, al escuchar diplomacia, me hizo algunos comentarios acerca de la oportunidad que tendría de servirle al país. Estudié, en efecto, Relaciones Internacionales y una vez titulado no hubo influencia que me llevara a ejercer la tarea diplomática. No me interesaba, a pesar de que otros dos maestros míos, Modesto Seara Vázquez y Henrique González Casanova, me insistieran en la necesidad de ejercer. Estaba ya atrapado por la literatura y el periodismo.

Varias veces más vi a Jaime Torres Bodet, siempre acompañando a mi padre, quien trabajaba en la Comisión Nacional del Libro de Texto Gratuito, presidida por Martín Luis Guzmán. No volví a saludarlo, lo escuchaba hablar con fría brillantez. Sus discursos eran piezas maestras, ensayos memorables. Sus ideas sobre educación resultaban avanzadas para su época. El Plan de Once Años era un exceso para los políticos y el magisterio. Retirado, se concentró en la lectura y en la redacción de sus últimos textos memoriosos. Una penosa enfermedad lo condujo al suicidio. La carta que dejó antes de matarse es breve y se limita a decir que no desea más sufrimientos, no quiere un simulacro de vida. Una copia está en el Museo del Escritor.

Rafael Solana, su secretario particular, no hizo propiamente libros autobiográficos, pero en diversos artículos dejó constancia de su devoción por Torres Bodet. Sin duda, de su generación, Torres Bodet fue quien más se vinculó a la administración pública. Lo hizo siempre preocupado por la salud de la nación. Dejó no sólo huellas literarias de altos vuelos, sino también señales inequívocas de su andar como funcionario impecable. Don Jaime poseía una cultura enciclopédica y una clara visión de los problemas nacionales e internacionales. Vale la pena releer sus ensayos, no sólo por la prosa extraordinaria y elegancia estilística, sino por la profundidad de sus ideas, sobre todo educativas.

Sus gestiones fueron discretas y eficaces, no buscaba, como ahora los políticos del montón, reflectores, buscaba la grandeza.

Hablar de personas como Jaime Torres Bodet, en 2014, suena a hechos muy antiguos, perdidos. La administración pública se ha envilecido, no hay figuras de su talla. Carecemos de intelectos de alto rango en los partidos políticos. A lo sumo hay voluntariosos administradores que buscan ascender del modo más fácil hacia una cúspide de dudosa dimensión política e intelectual. Muchos echamos de menos el talento público de Torres Bodet.

mayo 14, 2014

La literatura breve en Buenos Aires

Cuando en la adolescencia comencé a leer a Kafka, Borges, Torri, Arreola, Monterroso y Edmundo Valadés, los términos para calificar al cuento muy breve no existían, uno escribía pequeñeces llenas de imaginación y exactitud, de pocas palabras y listo. Hoy llamamos a esos textos de diversas maneras. En Argentina le dicen microrrelato, los mexicanos preferimos llamarlos minificciones y así sucesivamente. Es claro que se trata de un nuevo género con multitud de antecedentes: fábulas, haikus, greguerías, frases memorables extraídas de una novela y acaso bromas agudas. Hoy podríamos hablar sin temor de un nuevo género cultivado por miles y miles de escritores, no importa el nombre que le concedamos. Los resultados son los mismos, un nuevo arte que crece y mejora, que adquiere adeptos fanáticos que no sólo los escriben, asimismo los antologan.

Durante la pasada Feria del Libro de Buenos Aires, los autores de brevedades tuvieron un sitio muy destacado gracias a Raúl Brasca, Ana María Shua, Juan Romagnoli, Rogelio Dalmaroni, Fabián Vique, Débora Benacot, Julio Ricardo Stefan, David Slodky, Mariángeles Abelli Bonardi, Laura Nicastro, Martín Gardella, Eduardo Gotthelf, Sandra Bianchi y muchos más. Como invitados extranjeros estuvimos el colombiano Guillermo Bustamente y yo. El encuentro, donde pude ver al afamado promotor de microrrelatos, Sergio Gaut vel Hartman, tuvo una riqueza notable: hubo microteatro interpretado por actores profesionales, entrega de resultados de premios a los ganadores de cuentos tan reducidos que eran auténticos tuiters. Una fiesta con un numeroso público. Nunca he visto tanta inteligencia, imaginación y sentido del humor reunidos. Un microrrelatista, Eduardo Gotthelf, se dio el lujo de leer su trabajo mezclándolo con actos de magia. Todo dentro de un grato y, eso sí, muy grande sentido de la camaradería.

Fueron días maravillosos. Al contarle públicamente mi formación literaria a Raúl Brasca, me vi saliendo del clóset. No soy tanto un novelista, como me prefieren mis lectores en México, sino un autor (uso la terminología mexicana) de minificciones. Las he escrito sin saberlo con precisión, desde los 18 años o antes. Mis primeros libros eran eso, libros de cuentos muy breves. Hacia el fin del mundo y Alegorías, publicados hace casi cincuenta años.

Si mi primera visita a Buenos Aires, en 1970, me permitió conocer a Borges, Sábato, Conti, Bervitsky, Bajarlía y Ghiano, entre otros, todos mayores que yo, ahora regresé convertido en el decano y un abierto autor de muy breves relatos, posiblemente unos 500. De Argentina llovieron saludos para microrrelatistas mexicanos como Alfonso Pedraza, Javier Perucho, Luis Bernardo Pérez, Lauro Zavala y Marcial Fernández. Una muy amena fiesta de literatura breve, donde no hubo polémicas teóricas, sino lectura de agudos textos. Pláticas llenas de camaradería y nuevas amistades. Ahora descubro que el cuento corto no sólo es hermosa literatura, sino un conducto ideal para hacer nuevas amistades. No sólo trabé relaciones de afecto con escritores que apenas conocía, sino que me vi incluido en varias antologías. ¿Cómo agradecer tanta generosidad? Supongo que escribiendo minificciones y dando a conocer las escritas en otras latitudes. Todas están por lo regular repletas de ingenio e imaginación, de cultura y talento.


mayo 12, 2014

Marcela del Río, eficaz y discreta escritora

Conocí personalmente a Marcela del Río en el Centro Mexicano de Escritores en 1965. Era la única mujer de esa generación de becarios. Destacaba por su cultura y conocimiento literario. Los compañeros como el prosista Jorge Arturo Ojeda, los poetas Leopoldo Ayala y Sergio Mondragón, el novelista Raúl Navarrete, por quien Juan Rulfo sentía especial afecto, muerto prematuramente, el venezolano Domingo Miliani, ensayista brillante que llegara a ministro de cultura en su país, y yo mismo, escuchábamos las intervenciones de Marcela con respeto y asombro. No subía el tono, sus palabras analíticas, jamás destructivas, nos llamaban la atención. Podía discrepar, pero lo hacía con fineza y tacto. Eran otros tiempos y nuestros maestros alcanzaban una magnitud pasmosa: Juan José Arreola, Juan Rulfo y Francisco Monterde. Difícilmente otras generaciones tendrían maestros de esa dimensión, alta y distinguida. Marcela ya estaba casada con el violinista Ermilo Novelo y escribía brillantes artículos en el suplemento de Excélsior sobre las más variadas manifestaciones estéticas. Marcela y yo teníamos afinidades literarias por la fantasía y en especial por la ciencia-ficción, ella la desarrollaría con Proceso a Faubritten, publicada en 1976, yo me atoraría en pequeños relatos donde aparece algún tema futurista.

No suelo hacer entrevistas, me cuesta trabajo imaginar preguntas, me extiendo peligrosamente, sin embargo, en algún momento, hace más de quince años, me armé de valor, me esforcé en la capacidad para sintetizar y toda una tarde me dediqué a interrogar a Marcela: trabajamos en una entrevista que apareció en El Búho. Confieso que han sido pocas las veces que hemos platicado largamente, nuestros encuentros han sido breves, de tal suerte que a veces me siento muy distante de Marcela, aunque jamás la he olvidado, pese a la distancia, yo sí tengo memoria en un país que suele extraviarla no sólo en el campo de la política, asimismo en el de la literatura. Mis recuerdos se centran en los compañeros varones de generación como José Agustín, Alejandro Aura o Gustavo Sainz, algunos de los mencionados y ya. Como en todas las épocas, incluida ésta, de docenas o cientos de aspirantes a poetas, cuentistas o novelistas, queda tan sólo un puñado. Yo diría que Marcela se ha convertido en la mejor representante, en la más lograda escritora, de una prosa elegante y fina, de argumentos agudos y complejos.

La carrera de Marcela del Río ha sido intensa, está poblada de novelas y cuentos, también pinta y es una brillante crítica literaria merced a su amplia cultura e inteligencia. Una de sus más recientes novelas, La utopía de María, es un libro lleno de talento y difícil de clasificar. El lector, a ciencia cierta, tendrá dificultades para saber exactamente qué tiene frente a sus ojos. Desde el principio, aparecen las dificultades para explicarla como género literario. Marcela, en los agradecimientos, habla de novela, pero la narradora de la historia (o las historias), María, titubea y hace interesantes reflexiones sobre lo que Michel Tournier, en El vuelo del vampiro, llama géneros confesionales y distingue y separa de los de ficción, a los que mira más estéticos. “No es una autobiografía —escribe María—, tampoco es un diario, ni lo que se conoce por novela, porque ni todo es verdad ni todo es ficción. Diría como Unamuno, que es una ‘nivola’ si supiera cuál era, en verdad, su definición, pero ya que no es ni la una ni la otra ni la tercera, tendría que encontrar un término intermedio entre autobiografía, novela y nivola que podría ser ‘autonovela’, pero suena tan complicado que resultaría pretencioso; pienso que, tal vez, en lugar de definirla por lo que es, podría mejor nombrarla por lo que no es; pero sería una negación de sí misma; además, no sólo hay autobiografía, sino también biografías ajenas, así que, buscando un vocablo que combinara la realidad con la ficción, de modo que ni fuera totalmente biográfica ni totalmente novela, se me ocurrió que el mejor término para caracterizarla sería bionovela”

Sea lo que sea, Marcela es una de las mejores escritoras de nuestro tiempo, su conducta fina y discreta la aleja del ruido. Es todo.


La crónica

El diablo en casa

El demonio es la más sufrida y abnegada víctima del Señor. Recemos por su descanso eterno. Lo merece.

Ayer inventé historias sobre el diablo, a la primera le puse epígrafe de Max Aub: ahora bien, el diablo no es mal escritor. Y narré: Supe de buena fuente que Satanás escribe, ocupa su tiempo libre en redactar novelas y cuentos y ahora está empeñado en sus memorias. Las obras han tenido amplia difusión entre los habitantes del Infierno, son lectores cautivos. Satanás quiere un inmenso círculo de admiradores. Piensa que el planeta puede caer rendido ante su talento literario. Un recién llegado al Averno dijo al leerlo que su estilo era diabólico, su inteligencia infernal y las tramas endiabladas. Rezuma fuego por todos lados, concluyó antes de pasar a una tortuosa sala de lectura.
Cuando los medios de comunicación supieron de la obra de Satanás, el director del New York Times se limitó a decir: Antes de leerla, hay que esperar la crítica de Dios. Trabamos contacto con él a través del Papa y prometió enviarnos en exclusiva un análisis riguroso.
Los lectores suman millones, saben que los libros de Lucifer podrán tener defectos, menos ser aburridos. Más sabe el diablo por viejo que por diablo, dice el refrán y es cierto: ha aprovechado su larga vida en leer para facilitar su trabajo de engañabobos.
En la segunda señalo: Jonathan Swift, antes de acercarse a la locura, dijo que “cuando el diablo está satisfecho es buena persona”. Swift tenía razón, estudios posteriores lo han probado. Cuando la cosecha de almas ha sido buena, el monstruo se dulcifica y hasta alegre y divertido se pone.
Esto conduce a otra reflexión. ¿El demonio es pecador? ¿Qué mandamientos viola? Pareciera un cristiano ejemplar, cumple con todo aquello que le fue asignado por Dios. ¿No anda buscando espíritus débiles, probando la fortaleza de los creyentes? Es un feo oficio que con frecuencia padece recriminaciones eclesiásticas.
El demonio es la más sufrida y abnegada víctima del Señor. Recemos por su descanso eterno. Lo merece.
Tercera: Sobre el soberbio Príncipe de las Tinieblas he escrito bajo la influencia del libro Historia del diablo, donde Daniel Defoe deja traslucir su simpatía por ese ser enigmático e injustamente tratado. Nadie como él para mostrar la perversión de Dios al señalar algo atroz: la envidia. Ante la belleza y la consecuente vanidad de Luzbel, el Señor optó por vengarse haciéndolo caer al Infierno convertido en ser de fealdad aterradora.
   Sin embargo, y luego de realizar una exhaustiva investigación sobre los textos bíblicos, noté que la verdadera historia del demonio estaba más en Marx que en la Biblia. La interpretación adecuada de la derrota del ángel más hermoso está en los términos siguientes: si en el Cielo todo es perfección y belleza, ¿por qué entonces se dio una rebelión de ángeles encabezada por Luzbel? El origen fue la dictadura de Dios. Un momento decisivo en la eterna lucha de clases en el Cielo y en la Tierra. No tiene pares, sólo súbditos explotados.
Ello significa que en el Cielo hay injusticias, desigualdades, preferencias del Señor, una suerte de contradicción principal entre quienes todo lo tienen y otros que son menos afortunados. Lo que Marx llamó lucha de clases.
En el Cielo no tuvimos simplemente la caída del “soberbio ángel Luzbel”, como le dice Salvador Díaz Mirón, sino un intento de revolución angelical encabezada por un rebelde.Defoe habla de “la mitad del cuerpo angelical, o del Ejército de Serafines”. Esto indica la violencia de la lucha resultado de una serie de injusticias del poder de Dios. No hay duda, pues, que el Paraíso prometido como recompensa a una vida sin pecados, puede ser un sitio donde el malestar de los menos afortunados lleva a otro brote de rebeldía o a una revolución incruenta en la que Dios pierda el poder y al fin exista una democracia celestial perfecta y reine la igualdad.
Ahora, si no hay Dios y el Paraíso no existe, ¿a dónde van a parar quienes a nadie le hicieron mal y a cambio actuaron con sincera caridad? ¿El Infierno será el receptáculo de todo ser humano? Podría ser. Nadie lo sabe. O quienes lo han sabido, MiltonDanteDefoe o Goethe, sólo han contribuido al desorden. Helena Paz Garro, un día, en París, me dijo que a su padre, Octavio Paz, se le había aparecido el diablo. Nunca me habló de lo conversado entre el poeta y Mefistófeles. ¿Entregó, a semejanza de Fausto, su alma a cambio de fortuna? Sólo Dios y el diablo lo saben. Y ambos son discretos.

mayo 09, 2014

Nostalgias musicales

Lo que ahora llaman “retro”, no es más que simple nostalgia por algo pasado que, ante la ausencia de nuevos valores, innovaciones intensas, nos obliga a volver los ojos y toda nuestra atención y sensibilidad hacia lo que llamó la atención de generaciones anteriores. En la moda femenina es frecuente. En los automóviles, de pronto aparece la necesidad de obtener un modelo exitoso, tanto o más que aquellos coches que triunfaron por diversos motivos de belleza o de poder de máquina.

La música tiene esa facilidad. Los gustos musicales siempre van de acuerdo con las necesidades de una época, pero cuando se fatigan, y suelen hacerlo rápido, miran hacia atrás, tratando de encontrar algo mágico, que les guste. Es el caso de la buena música popular, del rock and roll cuando comienza de manera decidida, impetuosa y ayudaba a que los jóvenes se despojaran de sus miedos y afectos por lo convencional. El rock comenzó de pronto, como una suma de ritos y tendencias musicales que requerían reunirse y producir algo nuevo y de valor universal, de alcances mayores y con una profundidad maravillosa. Es la protesta ante un mundo tedioso, ante conductas atrasadas y mentes obtusas. En el principio fue Elvis Presley y casi simultáneamente, siguiéndolo, una infinidad de músicos que sacudieron el polvo de sociedades enteras. Los mejores exponentes se hicieron figuras icónicas que persisten, que cayeron por las drogas y el alcohol, los excesos necesarios para producir su arte, o que la sociedad pudo vencer y restarle su identidad contracultural.

Fueron años de intensidad, de ruptura con lo caduco, que respondieron a una guerra brutal de Estados Unidos contra un pueblo pequeño y pobre, Vietnam. Años que se tornaron en una década prodigiosa, de excelente literatura, de poesía de protesta, de música contestataria, de amor libre, de drogas para la creatividad, de luchas juveniles revolucionarias como las que claramente vimos alrededor de 1968 en diversas naciones. Época inolvidable que ahora produce nostalgia y vuelve en radio y televisión, a través de documentales o programas que invocan y regresan a tales años, a los que arrancaron en 1955 y han seguido de una u otra manera hasta hoy.

La cinematografía, harta de bodrios bíblicos o falsamente épicos, de una ciencia-ficción idiota, recupera a las leyendas del rock. Hay proyectos para llevar al cine: la vida de Jimi Hendrix, Freddie Mercury, James Brown, Elton John, Four Seasons y muchos más talentos, algunos viven, la mayoría murió. Pero el éxito que algunos filmes como La Bamba, basada en la corta vida del músico Ritchie Valens, de origen mexicano, de Great balls of fire, con Denis Quaid interpretando al legendario Jerry Lee Lewis, The Doors, destacando a Morrison, la vida de Johnny Cash, los documentales de Oliver Stone sobre los Rolling Stones, los infaltables Beatles, el piano y la voz de Ray Charles, la presencia eterna de Elvis Presley y muchas más figuras han hecho que los jóvenes recuperen su trabajo.

Me llama la atención que alumnos míos, jóvenes de unos 24 o 25 años, sepan mucho sobre esas figuras, las escuchen a pesar de las diferencias generacionales. Es un buen indicador, la música de hoy, tan mala como cargada de comercialización, productos artificiales y comerciales, donde las coreografías impresionan por su falsedad y exceso de glamour, fastidian, son espectáculos para Las Vegas, es decir para turistas. El buen rock sobrevivirá, como el jazz y el blues, los artistas que hicieron el milagro de mostrarnos su grandeza, están aquí, con nosotros, hoy, y seguirán hasta el fin de los tiempos.

mayo 07, 2014

Inusitada reunión literaria en Bellas Artes

El pasado domingo, con un lleno absoluto en la Sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes, docenas y docenas de autores de minificciones se reunieron a darle la bienvenida a un libro singular: la antología Minificcionistas de El Cuento, revista de imaginación, integrada cuidadosa y amorosamente por Alfonso Pedraza. Al mismo tiempo fue un homenaje emotivo al escritor Edmundo Valadés, quien fundara y dirigiera hasta su fallecimiento la legendaria revista, hoy de culto. La presentación de la obra editada por Ficticia fue divertida y gozosa. La mayoría de los autores seleccionados estuvieron presentes e intercambiaron felicitaciones y hasta nuevos libros. Allí estaba una destacada autora de relatos breves, Queta Navagómez, con su más reciente libro: Hadas ebrias, publicado por la UNAM, y una lista enorme de fanáticos del género de mínimas proporciones.

Las palabras de los presentadores fueron reflexiones sobre el origen y el éxito de la minificción o del microrrelato, según la terminología, pero también se refirieron al gran Edmundo Valadés, a sus méritos como un logrado cuentista y su legado como editor. Alfonso Pedraza hizo un recuento de quienes colaboramos en la revista El Cuento y los clasificó por generaciones y nacionalidades.

No cabe duda que el género breve, a veces diminuto, que no debe rebasar, según yo, una página, que no debe ser una frase ingeniosa o una broma, sino un relato articulado de final inesperado, ha tenido un enorme éxito. Al mismo tiempo que en el Palacio de Bellas Artes aparecía la citada antología, en la Feria del Libro de Buenos Aires se preparaban lecturas sobre esos cuentos de limitadas proporciones, que han triunfado de modo aplastante sobre la novela-río. En México, es posible que los orígenes estén en autores como Julio Torri y la poderosa presencia del escritor argentino Jorge Luis Borges, autor de una de las mayores revoluciones literarias del mundo contemporáneo. Pero es con narradores como Juan José Arreola y Edmundo Valadés que su éxito se consolida y se extiende. Basta con asomarse a la multitud de blogs de jóvenes para probar la aseveración.

Imagino, no soy un estudioso del género como Lauro Zavala, sino un practicante consuetudinario que arrancó la tarea de hacerlos desde los 18 años de edad, que los tiempos modernos son más tolerantes con los textos de medidas reducidas que con las novelas que nos amenazan con tramas que rebasan medio millar de páginas.

Alfonso Pedraza y colegas como Marcial Fernández de Ficticia, Javier Perucho y Luis Bernardo Pérez, entre otros, han tenido la paciencia de buscarlos, recopilarlos y escribirlos. Es una hazaña en absoluto menor que está viendo resultados portentosos. Comenzaron apoyados en internet y en una empresa editorial que ha crecido con celeridad gracias a esas historias breves que suelen desatar la imaginación de los lectores. Las minificciones o microrrelatos, o como quieran denominarlos, están plenamente en el reino de la fantasía pura.