Tantadel

agosto 31, 2014

Luis Leal, enamorado de nuestras letras

Por años mantuve una estrecha relación con él, que sólo la muerte acabó.

En 1965 acompañé a Vicente Leñero a comprar la Breve historia del cuento mexicano, de Luis Leal; su nombre me era familiar ya, sus trabajos sobre AzuelaMartín Luis Guzmán y Rulfo lo distinguían.
En 1969 Leal vino a México y nos reunimos acompañados por el ecuatoriano Demetrio Aguilera Malta. La conversación fue larga y aleccionadora. Me enteré de los valores de quien, de modo ingenuo, yo consideraba un autor menor: Adolfo Bioy Casares, figura discreta atrás de la inmensa y luminosa de Jorge Luis BorgesLeal me refutó, como solía hacerlo, afectuosamente, y me recomendó con vehemencia La invención de Morel (Paz la consideraba una de las grandes novelas latinoamericanas, fue uno de los argumentos). El libro me impresionó a tal grado que me convertiría —comoBernardo Ruiz, quien le dedicó su tesis de licenciatura— en fanático del increíble narrador argentino. Por años mantuve una estrecha relación con el crítico Luis Leal que sólo la muerte acabó.
Leal, mexicanista, autor de 45 libros y unos 400 artículos, se preocupó por estimular en EU la atención y el cariño por nuestras letras. Como Andrés Iduarte y John S. Brushwood formaron varias generaciones de jóvenes estadunidenses interesados en la literatura mexicana.
En 1981, en Yale, Juan Bruce Novoa organizó un encuentro sobre literatura mexicana. Los convocados éramos Rubén Bonifaz NuñoSandro CohenMartha RoblesCarlos MontemayorBernardo RuizMarco Antonio Campos y yo, por México. Entre los representantes de EU estaban, entre otros, Luis LealJohn S. Brushwood y Emir Rodríguez MonegalLeal en su turno, analizó el 68 mexicano. Es importante advertir que en México carecemos de una crítica minuciosa sobre la literatura de Tlatelolco y no sabemos con precisión cuáles son los méritos de cada obra escrita sobre el movimiento que culminaría trágicamente el 2 de octubre.
El trabajo de Luis LealLa literatura del 68, me fue especialmente agudo. Hurgaba los antecedentes del fenómeno con lucidez. Para Leal era obvio que nada existe por generación espontánea, entonces mostraba las obras que anticipaban las letras del 68. Encontró elementos en la Novela de la Revolución Mexicana (Martín Luis Guzmán yMariano Azuela), en escritores como Carlos Fuentes (La muerte de Artemio Cruz), en el José Trigo de Fernando del Paso, en José Revueltas y en Agustín Yáñez. Mientras escuchaba a Luis reflexioné: cierto, releí en 1969 La sombra del caudillo de GuzmánTirano Banderas de Valle Inclán yEl señor presidente de Asturias, para escribir El gran solitario de Palacio.
Volví a verlo en 1984. Fui invitado a Berkeley a un coloquio sobre la izquierda mexicana. Al concluir, el grupo de académicos se dispersó y me encaminé a Santa Bárbara, California. Me esperaban en la Universidad Juan Bruce Novoa y Luis Leal. Cumplidos los compromisos de trabajo,Luis y yo recorrimos detenidamente la población, sus lugares de interés, las organizaciones chicanas y restaurantes. Maravillosa experiencia la de ir de un lado a otro con un jovencito de 70 años. Supe de su vida: de su natal Nuevo León, de sus estudios en Estados Unidos, de su admiración por Rulfo, de la guerra en el Pacífico en la que participó como artillero.
Después estuvimos juntos en Albuquerque, en un encuentro de LASA. De nuevo mis recuerdos me enfrentan a un Luis Leal hablando con amor de la literatura nacional.
En la tarea de difundir las obras de los escritores mexicanos, la contribución de Luis Leal no es poca. Entendía la crítica profunda, lejos de modas y simpatías personales. A sus libros y artículos, hay que añadir el trabajo que realizó con sus alumnos. Les inculcó el interés por la literatura mexicana y, más adelante, por la chicana. Por ello los homenajes a Luis Leal no sobraron ni aquí ni en EU. Durante el que le hicieron sus alumnos y amigos en California, Leal mostró otra vez su cariño por nosotros con una plática graciosa: “México en un piñón”.
Para la publicidad hicieron un cartel con un hermoso dibujo de Luis de perfil. El póster costaba cinco dólares. Lo solicité a una empleada de la Universidad de California y no quiso cobrarme. Dijo: A don Luis le gustará que usted lo tenga. Después, Leal le puso una grata dedicatoria. Era un ejemplo de sencillez y trabajo riguroso.
Poseía una inagotable capacidad para hacer felices a quienes tuvimos la fortuna de conocerlo.
México le entregó la Orden del Águila Azteca.

agosto 29, 2014

Los movimientos que se niegan a morir

Hace unos días, en Puebla, me fue entregado por un antiguo luchador social, F. de J. Galván Rodríguez una reedición del libro Octubre 2, historias del movimiento estudiantil. La primera fue editada por la UAM en 1998. Se trata ahora de una versión enriquecida. En esencia, la obra está centrada en la participación del IPN en la lucha de 1968, son testimonios de personas que participaron en aquellos complejos momentos. Una parte menos estudiada. Por otro lado, el infatigable camarada Arturo Martínez Nateras, en la UNAM, publicó un libro más sobre el tema: El 68, conspiración comunista, obra asimismo colectiva, que posee no sólo comentarios de viejos militantes comunistas sino material gráfico poco conocido. Finalmente, la Universidad Popular Autónoma de Veracruz hizo una edición conmemorativa de mi novela El gran solitario de Palacio, editada en 1971. La nueva edición aporta un prólogo del politólogo de origen chileno y profesor de la UAM-X, Ricardo Yocelevsky, donde analiza el contexto internacional en que se publicó originalmente en Buenos Aires y un epílogo del escritor Mario Saavedra, en el que valora la novela dentro de lo que algunos llaman literatura tlatelolca. Esto significa que el tema sigue vivo y las inquietudes que provoca se mantienen vigentes a pesar de los años que han pasado. No se trata de salir a destruir comercios el 2 de octubre, sino de analizar con riguroso detenimiento qué ocurrió, quiénes fueron los culpables, para que tengamos la certeza de que no se repetirá una represión draconiana.

El miércoles se hizo pública la orden del IFAI a la PGR para entregar la información que posee sobre la represión de 1968 y la de 1971, conocida como el halconazo del jueves de Corpus. Estos expedientes fueron desclasificados en 2011, pues estaban engavetados para ser públicos en 2016, año en que pasarían al Archivo General de la Nación. A estas alturas de la historia, casi medio siglo, es ridículo que sigan existiendo materiales considerados secretos por la maquinaria estatal. Luego de un estira y afloja, entre la terquedad histórica y la PGR, Ximena Puente de la Mora señaló que nada impide que al fin impere la transparencia en estos casos que han sido analizados y vueltos a estudiar y que siguen presentando algunas lagunas.

A muchos podría parecerles una terquedad inútil la exigencia de saber exactamente qué ocurrió en esos fatídicos momentos. Pero la historia suele ser necia, exigente, terca y al fin podremos tener una mayor información que nos permita hacer una minuciosa reflexión, basada en documentos largamente ocultados. Recuerdo que hace unos veinte años, formamos una Comisión de la Verdad sobre el 68. Estudiamos los materiales existentes y solicitamos información no sólo a dependencias policíacas y militares nacionales, sino también en las agencias policíacas de EU. La Comisión, unos doce escritores y académicos, recuerdo a Lorenzo Meyer y a Carlos Monsiváis, entregamos nuestro informe y apareció publicado en La Jornada. Quizá no fue mucho, pero en ese momento fue un paso adelante en la búsqueda precisa de los sucesos.

La acción del IFAI al ordenar a la PGR la entrega de la información clasificada es un acto que prueba que los tiempos han cambiado y que la lucha que han dado miles de ciudadanos para saber la verdad, las razones por las que el Estado mexicano recurrió a la violencia están a punto de concluir. En lo personal he escrito mucho sobre el tema, desde que publiqué mi citada novela, igual que lo han hecho otros compañeros, pero qué duda cabe que existen todavía muchas inquietudes. Dudo que alguna vez tengamos la totalidad de la historia de las dos represiones, sin duda mucha información habrá sido destruida y los testigos o autores han muerto, pero con lo que la PGR entregue y sin duda otras dependencias gubernamentales, podríamos tener una idea más justa. Es indispensable para que los violentos sepan que sus acciones no quedarán impunes.

agosto 27, 2014

Yes, we can’t

La nota no deja de causar asombro: los medios de mayor presencia política en EU han señalado que la política exterior del presidente norteamericano Barack Obama es un fracaso. Incluso la comparan con las de George W. Bush y Jimmy Carter. Es más grave el asunto si notamos que las publicaciones, además de relevantes y serias, provienen de todas las tendencias políticas: liberales y conservadoras.

Muchos norteamericanos creyeron que el de Obama sería un mandato con tendencias a la paz mundial, que ahora el policía internacional brutal que ha sido desde su nacimiento trabajaría más con los métodos diplomáticos que con las armas. No ha sido así. Las acciones pacificadoras no aparecen por ningún sitio: grandes zonas de Afganistán o de Irak son bombardeadas y la Casa Blanca sigue tolerando las acciones brutales de Israel sobre sus enemigos. Le reconocen cierta habilidad guerrera: no ha sido el responsable de muchas bajas estadunidenses, pues gracias a los aviones no tripulados (drones) ha cazado y matado “terroristas” en Yemen, Afganistán y Pakistán, al tiempo que no trata de impedir seriamente la matanza de palestinos en Gaza.

Pareciera un falso pacifista, un lobo cubierto con piel de cordero. Prometió que desaparecería la cruel base de torturas para todos aquellos sospechosos de tortura que es Guantánamo y sigue sin que su gobierno se preocupe por la acusación de atroces violaciones a los derechos humanos. Pero así es el espíritu norteamericano, el Destino Manifiesto, el país invencible que apenas ha sido tocado militarmente. Que ha moldeado al planeta entero a su imagen y semejanza. Ahora queda claro que no importa el partido, origen racial o educación, Estados Unidos es un país guerrero, imperialista y dispuesto a todo con tal de mantener su hegemonía. Con aliados dóciles y enemigos de una enorme debilidad.

El caso de Ucrania y en general con Rusia (que algo ha heredado de la Guerra Fría) lo ha puesto a prueba. Ni él ni sus aliados, las potencias europeas, han podido encontrar una solución que no sea el regreso a las amenazas belicosas. Por el otro lado, el opuesto, China crece económica y militarmente, Rusia resucita su animadversión por EU, el Oriente Medio está destruido por las intervenciones norteamericanas y Cuba es una herida abierta a unos cuantos kilómetros de territorio yanqui. Con Irán no halla la forma de someterla, nadie debe producir armamento atómico salvo EU y sus socios más cercanos como Gran Bretaña, Israel y Francia, supuestamente en manos de gobernantes de izquierda. Obama ha optado por el uso de las armas y no por la diplomacia. Está visto que no cambia. Al menos en materia internacional, su lema es: Sí, no podemos.

Las ideas de Obama que imaginamos refrescantes en todo sentido, en el exterior no han hecho sino seguir la larga línea de gobernantes estadunidenses que recurren a la violencia en lugar de ir a negociaciones. El norteamericano tampoco será un imperio de larga vida. Su tradición violenta, su nacimiento y desarrollo, su impetuoso crecimiento por la fuerza de las armas, le ha dado un inmenso poderío. Ello le ha permitido ser el polizonte del planeta y lo ha hecho en general, de manera lamentable. Acusan y destruyen naciones enteras para hacer negocios. Ello no ha impedido que otras fuerzas entren en conflicto con EU, De seguir por la misma ruta violenta, sólo se consolidará como una inmensa fábrica de dolor a escala global, donde millones de seres humanos claman venganza. A la larga cosechará odios y desprecio. Son pocos los países que sienten auténtico respeto por la Casa Blanca y sus múltiples organismos de destrucción y espionaje. Lo que los mueve o determina sus acciones es el miedo por su poderío económico y militar, los que usará siempre que le dé la gana, por ahora sin contrapesos.

agosto 25, 2014

Muchos legisladores ¿garantizan la democracia?

Una caricatura en La Crónica es el mejor ejemplo. Bajo el título de “Consultitis”, aparecen representantes de los tres partidos mayores: cada uno con su propuesta de consulta pública. El PRD sobre el petróleo, tratando de resucitar a esa vieja deidad. El PAN, la relativa al salario mínimo, es insuficiente, desde luego. El PRI: hay un número excesivo de costosos e inútiles legisladores. En fin, cada quien con su propia consulta popular, mientras el pueblo tiene un concepto desdeñoso sobre la clase política.

Todo comenzó cuando el PRI era todopoderoso e invencible, ello le permitía ser autoritario, despótico y arrogante. El gobierno de López Mateos se preocupó, acaso sinceramente. Era necesario que la oposición, no representada más que por discursos y algún artículo filtrado, tuviera un lugar en el concierto democrático que nunca ha sido México. Háganse los diputados de representación proporcional, hoy plurinominales, y se hicieron. Id, creced y multiplicaos sin el sudor de la frente, dijo el presidente en turno y así ha sido. Diputados, senadores y asambleístas, plenos de ignorancia y vulgares, pululan y sangran al erario. Hacen demagogia y charlatanería, son refractarios a la honestidad y les gusta, en todos los casos, el dinero y el poder. Convirtieron a la política en un circo poco divertido. Para colmo, se resisten a disminuir el número, quieren asegurar su bienestar personal.

Dudo que haya muchos mexicanos que rechacen la propuesta de eliminar plurinominales. Ya un afamado periodista hizo una encuesta al respecto y fue apabullante. Sólo los plurinominales votaron por la sobrevivencia de los plurinominales.

Invento infernal del PRI para darle vida a la oposición, ahora son un lastre. En nada estimulan la vida democrática de la nación. Subsisten porque es una manera de aumentar las ambiciones de los partidos. El PRI, nuevamente en el poder, no los necesita, pide la eliminación de cien diputados plurinominales y unos treinta senadores. Para los demás son el maná, en particular para los partidos familiares. Los defensores del sistema inventado hace unos sesenta años imaginan que al ser eliminados, el PRI volvería a ser un partido descomunal. Como lo serían el PRD o el PAN si ganaran las elecciones, algo que con el segundo ya ocurrió y nada hubo.

El Revolucionario Institucional en el poder dice que su propuesta es congruente porque fue promesa de campaña de Peña Nieto. Pero pocos ignoran que en realidad, si la lucha es de proponer consultas públicas, los priistas tienen la suya y resulta más amenazante que las tediosas del petróleo y la imposible de efectuar, la que concierne al salario mínimo. Entre ellos se asustan con el petate del muerto. Lo que desconcierta es que algunos piensen dos simplezas: que es una cortina de humo (lugar común) o que entre más legisladores, mayor democracia. Para la ciudadanía, sea o no parte de la agenda de una maniobra política, la abundancia de legisladores fastidia con sus necedades. Lo que escandaliza a la población en general es la abultada cifra que el Estado gasta (despilfarra es la palabra justa) en procesos electorales, en sueldos y prebendas de los legisladores, cuando básicamente producen mucho ruido y pocas nueces. Unos toman la tribuna, otros se van de viaje cada dos meses y unos más duermen en sus curules. Discuten sin fin y se insultan con frecuencia. Hablar con alguno de ellos es francamente patético. Ahora, tomarse en serio las consultas públicas en México no es ninguna garantía de salud pública. Como las encuestas, son una buena farsa que sólo le sirven al promotor.

De las tres consultas, sálvenos la Guadalupana: sólo serán polémicas majaderas y carecerán de resultados positivos. Son acciones para atraer la atención electoral y asustarse unos a otros.

agosto 24, 2014

Literatura y política

Para algunos pensadores marxistas, Althusser entre ellos, la literatura no es una ideología, es una relación con ella.

Las discusiones sobre arte y política son ya fatigantes. No es grave. Lo incómodo del caso es que luego de tanta polémica no hemos llegado a ningún acuerdo. En especial ahora que se derrumbó el socialismo real, el que con tanto empeño propuso tesis en favor de un arte comprometido y que sólo sirvió para ocultar una realidad lamentable.
Sin embargo, hay puntos que arrojan mayor claridad. Por ejemplo, dicen que la literatura (para circunscribirnos al tema) es un reflejo social, algo que influye sobre la sociedad como antes ésta la ha determinado. Tal como Madame de Staël lo propuso hace unos 200 años. Pero no se trata de un reflejo sencillo y elemental sino de algo más elaborado. Una historia tendrá que pasar largos procesos para convertirse en arte.
Para algunos pensadores marxistas, Althusser entre ellos, la literatura no es una ideología, es una relación con ella: más claramente una forma de percibir la ideología. Y la ideología es en su turno la refracción de la existencia social, del sistema económico que predomina en un momento dado, nos guste o no. En una sociedad de clases, la ideología es clasista y expresa y defiende los intereses de tal o cual clase en el poder, aunque puedan coexistir diversos intereses, aun los opuestos a esa clase en el poder.
La literatura, independientemente de lo que piensen sus creadores, es en efecto un producto social. Podría ser, como a los primeros soviéticos les gustaba decir, un espejo de la realidad. Sólo que tal realidad no es fotográfica, no es la pura materia prima, hay un complejo camino que la convierte en literatura.
Y en este fenómeno, “la clase dominante organizadora de la esfera cultural —ha explicado Jacques Leenhardt en la Lectura política de la novela—, impone un orden ideológico del discurso, cimienta toda legitimidad literaria”. Con el entierro del socialismo, muchos han creído ver el fin de un arte político o politizado.
Lo que murió fue el recetario ideológico que Zdhanov le presentó a Staliny que éste, gustoso, hizo suyo. Este bagaje de torpezas viajó por el mundo a través de las maletas de los comisarios políticos del PCUS. El buen escritor es reacio al poder, es libre.
De otro lado, la resistencia a aceptar que el arte es un reflejo social, es inadmisible por su inconsistencia. Me parece que la francesa Jacqueline Held, en su libro Los niños y la literatura fantástica, función y poder de lo imaginario, la mira de manera distinta y aguda, citando a Bernard Epin: “En el nivel de los cuentos nos damos cuenta de que las obras clásicas que los niños se apropiaron hace mucho tiempo, hayan sido escritas para ellos o no, no son ni las historias moralizantes ni las historias azucaradas. Detrás de los cuentos se perfilan conflictos políticos, sociales, referencias a la sexualidad, y a la realidad trágica y a menudo cruel de las relaciones humanas. Si esas obras pertenecen a la literatura infantil, no es por cierto por lo insulso de sus temas o por la imagen idílica del mundo de la infancia que proponen”.
Y algo parecido ocurre con la literatura de ciencia ficción, la seria, naturalmente. No son más que metáforas de una realidad conocida. ¿O podríamos olvidar a los negros en Ray Bradbury emigrando del planeta para evitar el racismo? Nada en la gran literatura es evasión, sí, a cambio, una serie de destellos de un mundo complejo y, a veces de conducta difícil y contradictoria.
Habrá que añadir, según queda señalado en alguna página del marxismo clásico, que la llamada estructura económica no tiene por qué coincidir con toda exactitud con la superestructura artística. Ésta no irá al rumbo opuesto, pero tampoco dejará de forjarse en ese crisol que la motiva o condiciona.
Tal vez éste sea el momento de una nueva reflexión estética, ya sin el pesimismo de quienes abogan por un arte sin “compromisos” ni con el optimismo de los que deseaban que el arte tuviera la condición militante, de abrir una nueva discusión al respecto.
Con la tranquilidad de que una parte del dogmatismo ha desaparecido, hoy que Borges es editado en Cuba, Nabokov dice que el mensaje es para telegrafistas y Solyenitzin no es perseguido, es tiempo de pensar en los movimientos del arte. No olvido la sorpresa que me causó saber que un impresionante defensor de la burguesía, cuando ésta era una clase pujante y revolucionaria, Balzac, era un hombre de salones aristocráticos y nostalgias monárquicas.

agosto 22, 2014

Hacer la guerra, no el amor

Napoleón no escribió ningún libro, ocupado estuvo haciendo la guerra y gobernando. Leyó, eso sí, una gran cantidad de obras y algunas como El Príncipe de Maquiavelo, las acotó. Fingió amar a muchas mujeres, pero lo que en realidad idolatraba era el poder. Pese a ello, hay un libro que lleva su firma. Lo publicó Editions Champ Libre y se titula Comment faire la guerre. Se trata de una serie de sentencias y máximas militares y de gobierno extraídas de sus discursos, leyes y proclamas. Sorprenden por su penetrante agudeza y el talento con que están concebidas y expresadas.

Napoleón era un genio militar y político. Utilizó los restos de la impetuosa Revolución Francesa para destruir a la nobleza y el feudalismo por Europa entera. En donde quiera que sus tropas pusieron el pie, quedaron leyes y acciones más acordes con los tiempos de una burguesía en ascenso, una nueva clase social que todavía era republicana y revolucionaria. No son los historiadores quienes mejor han hablado de este hombre audaz y prodigiosamente inteligente que en la cinematografía han interpretado, entre otros, Marlon Brando, Rod Steiger y Charles Boyer; son los literatos. Pensemos en un momento en Víctor Hugo. En su novela Los miserables, le dedica algunas páginas memorables al Emperador. Son un emotivo homenaje a su derrota en Waterloo. Un poeta y un guerrero juntos. Nada más opuesto. Pero así son las cosas de la historia, o de la vida, para ser más sencillos.

Napoleón no fue como Karl von Clausewitz, quien aunque militar modesto fue un gran teórico de la guerra. Tampoco como Maquiavelo, un pensador vigoroso en el arte de hacer política, hasta hoy no superado, ni como Sun Tzu, guerrero y filósofo. Cercano a Alejandro Magno y a Julio César, era un inmenso soldado y un excepcional gobernante que consiguió destruir con grandes golpes militares el antiguo sistema. Ya no tuvo tiempo de edificar uno nuevo; Napoleón se quedó sepultado entre las ruinas del antiguo. Pero al irse a Santa Elena al destierro consiguió lo principal: transformar a Europa y dejar como un glorioso centro político y cultural a Francia.

En París todo, a los ojos del visitante atento, lo recuerda y lo festeja: desde la N con guirnaldas que aparece en muchos de los viejos puentes del Sena, hasta el Arco del Triunfo pasando por la pequeña calle Bonaparte y la magnífica columna de Place Vendôme, hecha con los cañones tomados en la batalla de Austerlitz. Por último, cómo no visitar Les Invalides, uno de los mayores museos militares del mundo y la majestuosa tumba del Emperador, rodeada por los símbolos de sus grandes campañas. Hay que inclinarse para verla desde la parte superior. Esto hace que propios y extraños, admiradores y enemigos de Napoleón tengan que reverenciarlo respetuosamente. ¿Qué hubiera pensado ese genio de la guerra de la expresión hippie hagamos el amor y no la guerra? ¿La habría tomado en cuenta? Lo dudo mucho. Nadie como él encontró satisfacción sexual en los grandes movimientos bélicos. La victoria en este guerrero nato debió ser equiparable al orgasmo.

En México, a menudo he escuchado la idea que los políticos encuentran el mayor placer, casi orgásmico, en el poder. En consecuencia pensaríamos que no requieren de las mujeres. Pero si los púdicos panistas las buscan en tugurios y las acosan hasta en Brasil, que será de aquellos que dicen ser de izquierda o de centro.


agosto 20, 2014

Mi amigo José Agustín

Ayer martes, fiel a los cánones de la buena amistad, le llamé a mi cuate José Agustín para felicitarlo. Estaba gozoso. Y es normal: 70 años bien cumplidos, con una obra impecable y multitud de premios y reconocimientos. Lejos de los inicios, donde había escepticismo y mala leche debido a su juventud y audacia, pero, asimismo, cerca de buenos y solidarios amigos y personas del medio literario que creyeron en él. A nadie decepcionó, acaso a sus detractores y críticos. Nunca fue “ondero”, fue un gran escritor que encontró principalmente en la ciudad sus temas y que exploró el interior de los jóvenes. Recuerdo la emoción que me produjo leer sus dos novelas iniciales: La tumba y De Perfil. Ambas pude leerlas en los originales, mismos que ahora están en el Museo del Escritor. La primera fue en la secundaria, la segunda cuando ya rolábamos en la Prepa 7, entonces situada en Licenciado Verdad y Guatemala.

Fueron años fantásticos. El rock, la literatura norteamericana, la militancia de izquierda, la Revolución Cubana que nos impulsaba, los excesos de todo tipo y la presencia del Centro Mexicano de Escritores, legendaria institución que becó a los mejores narradores y poetas durante medio siglo, impulsando las letras nacionales. Estaban Juan Rulfo, Juan José Arreola y Francisco Monterde. De esos tres maestros, Arreola fue el más significativo, su ayuda, fundamental.

He leído la totalidad de sus libros y guardo memoria de sus artículos en El Día, Excélsior y El Universal. Agustín ha abordado todas las posibilidades, incluyendo el cine, la televisión y la cátedra. Hoy, con prácticamente la mayoría de los grandes premios nacionales en sus manos y varios reconocimientos internacionales, traducido y con una legión de admiradores, cumplió 70 años, lejos de las calificaciones simplistas y de las críticas perversas.

Cuando lo conocí alrededor de 1958, ya escribía, le gustaban el teatro y la poesía. Llegó a actuar en sus propias obras con un grupo de jóvenes intelectuales de la zona donde vivía, en Narvarte. Sus hermanos también resultaron talentosos. Uno, Alejandro, fue actor, como sus hermanas Hilda y Yolanda, la última, desafortunadamente murió muy joven. Augusto Ramírez, el más formal de todos ellos, fue un pintor de enorme talento, concentrado en el hiperrealismo y de muchas maneras el cronista artístico de todos nosotros: para sus telas, posamos casi sin excepciones. Su fallecimiento fue doloroso, José Agustín escribió un artículo sobre su hermano y lo publicamos en El Búho, cuando todavía era impresa. En la portada apareció uno de sus cuadros.

Hay quienes sólo lo han leído como el notable prosista que es, también como dramaturgo y autor de libros memoriosos, pero Agustín escribió poesía y de ella hace tiempo que nada sé. Alguna vez, hace unos tres años, le pregunté por ella (era fascinante verlo en los salones preparatorianos redactando sonetos irónicos sobre algunos de sus compañeros de clases) y me respondió con otra pregunta: ¿Crees que tu cuate Rubén Bonifaz Nuño pueda echarle una mirada a mis poemas? Nunca concretamos algo. Rubén ya estaba delicado de salud y casi ciego.

Por años fuimos amigos inseparables y ello conlleva multitud de acciones, fui testigo en su boda con Margarita y él lo fue en la mía con Rosario. Viajamos juntos por el país y nos correspondieron, asimismo, viajes al extranjero. Cuando él estuvo en Lecumberri, yo estaba en París y nos limitamos a unas cuantas cartas largas. A mi regreso, el país estaba cambiado, para colmo los Beatles se separaron. Una ciudad compleja nos fue distanciado, luego Agustín se fue a EU una larga temporada a dar clases y al volver se asentó en donde ahora vive.

Estos son algunos de nuestros recuerdos recurrentes cuando nos bebemos una o dos botellas de whisky. La realidad es que tenemos un mundo de años compartiendo, aunque sean telefonemas o correos electrónicos. A veces lo visito o él viene al DF. Lo acompañé cuando recibió la Medalla de Oro de 50 años de Bellas Artes y él estuvo conmigo en la Sala Manuel M. Ponce cuando festejaron mis 50 años de escritor. Creo que con altas y bajas ha sido una hermosa amistad. Felicidades, mi buen Agustín.

agosto 18, 2014

La derecha sin la hoja de parra

Si bien es cierto que en México, y acaso en el mundo, no sabemos precisar a la izquierda, la derecha por fortuna es evidente y entre nosotros la representa el Partido Acción Nacional. Es el heredero principal del conservadurismo que apoyó a quienes se oponían a la Independencia, a los que llevaron a cabo las profundas reformas económicas, políticas y culturales del siglo XIX y, finalmente, mostraron una tenaz resistencia a la Revolución cuyos mejores representantes son Zapata y Villa. Los argumentos más elaborados de tal tesis podemos hallarlos en El pensamiento de la reacción mexicana de Gastón García Cantú.

No hay duda que con el tiempo y el triunfo de la globalización neoliberal, las ideologías se han deformado o de plano han desaparecido. El espectro político nacional es una buena muestra: los partidos dicen tener posturas políticas definidas, distintas y casi antagónicas, pero al final sus intereses coinciden; ninguno de ellos desea un cambio radical. Las coincidencias asombran, las diferencias no son de fondo, son superficiales.

Pero hay algo que llama la atención: la hipocresía de la derecha nacional. En 1939 el conservadurismo, preocupado ante los “excesos” del cardenismo, fundó un partido, al frente estaba justo un beneficiario de la Revolución, Manuel Gómez Morín. Su basamento, dijeron los iniciadores, era la lucha contra la corrupción, el autoritarismo, la inmoralidad, la defensa de los valores cristianos y la decencia. En una palabra: su alegato era anticomunista. Algo sucedió en el camino. Cuando llegaron al poder con un caudillo provinciano, Vicente Fox, mostraron de qué pasta estaba formada la derecha. No eran discípulos de Teresa de Calcuta, sino aventureros en busca de dinero y poder. La presencia de Felipe Calderón fue el extremo. México no pudo resistir más de doce años demenciales.

Ahora vemos a los panistas en plenitud y sin disfraces: tan sucios y corruptos que avergüenzan al propio Calderón, quien, luego de los más recientes escándalos cometidos por militantes conservadores, declara a los medios: “Obviamente me da tristeza y pena. Yo lo que veo es un proceso de degradación y descomposición que no sé qué limite pueda tener. Pena y vergüenza”. En efecto, la derecha es un fracaso en materia política. Como todos los demás partidos, quiere el poder para hacer negocios y disfrutar la vida en el peor estilo mexicano. La doble moral es evidente y cínica, en México y en el extranjero.

Me limito por ahora a pensar en el ámbito cultural, ya que el político y económico han sido analizados de sobra por los medios. En doce años, entre Sari Bermúdez y Consuelo Sáizar (evitemos a Sergio Vela, quien estuvo escaso tiempo y lo dedicó a la música) dañaron seriamente la estructura artística del país. Hubo incapacidad, majadero absolutismo y abierta corrupción. Envilecieron lo que tocaron y no se escaparon ni el Fondo de Cultura Económica ni el Conaculta. En efecto, fueron malos tiempos, incluso para los beneficiarios de ambas gestiones que no escapan del desprestigio que fue recibir sus dádivas interesadas.

La derecha fue tenaz en su lucha para llegar al poder en México, lo ha tenido varias veces y en todas ha sido un fracaso. Cuando llegaron por la limpia vía electoral, permitieron que la hoja de parra que cubría sus partes pudendas se cayera. En quince años mostraron que son tan viles y corruptos como aquellos que desprecian y miran como equivocados, autoritarios e inmorales.

agosto 17, 2014

La balada de Oscar Wilde

En general su obra es aceptada por todos, incluyendo a los profanos.

La vida de Oscar Wilde, su ingenio, cultura luminosa, obra magnífica y el escándalo que implicó su relación con lord Douglas contribuyeron a convertirlo en lectura obligada. Los críticos Entwistle y Gillet en suHistoria de la literatura inglesa explican que Wilde es más popular en el extranjero que en Gran Bretaña. Es posible. Sin embargo, la bibliografía sobre Oscar en inglés suma docenas de volúmenes, sus dramas y farsas van con frecuencia a escena y el cine británico ha recogido obras comoLa importancia de llamarse Ernesto, y filmado varias biografías suyas, una, El hombre del clavel verde, con el desaparecido Peter Finch.
En castellano hay menos sobre Wilde. Traducciones, destacan las deLeón Felipe. Su reputación se sostiene fundamentalmente por la enigmática novela El retrato de Dorian Gray y sus cuentos delicados y maravillosos que encantan a niños y adultos.
Que recuerde, sin acudir a la biblioteca, el mejor de los libros dedicados aWilde que encontramos en México es el escrito por Peter Funke y publicado por Alianza Editorial. Este crítico, luego de analizarlo con rigor a través de su trabajo literario y no de anécdotas, nos da una bibliografía completa y testimonios y opiniones de literatos célebres que lo conocieron de cerca: GideBernard ShawJoyceYeats...
Wilde no fue un escritor prolífico: sus energías estaban concentradas en el brillo de una conversación genial, salpicada de ironía, finos conceptos estéticos y audaces críticas a la sociedad. Se hubiera requerido de una grabadora a su lado para conservar frases hermosas y cláusulas sarcásticas.
Wilde era ciertamente un hombre de alta sociedad y en ella se desenvolvía con naturalidad. La cárcel, la soledad y la ausencia de aplausos en los teatros y salones victorianos lo asesinaron.
En general su obra es aceptada y discutida por todos, incluyendo a los profanos. En teatro sobresalen La importancia de llamarse Ernesto ySalomé. Su única novela, El retrato de Dorian Gray, es hasta la fecha lectura obligada. En poesía, sus contemporáneos lo acusaron de plagiario.
El Wilde famoso se da por memorables cuentos como El ruiseñor y la rosaEl fantasma de Canterville. Sus ensayos fueron incapaces de resistir la prueba del tiempo, pero dejaron frases ingeniosas que sus más tenaces admiradores han transformado en lugares comunes.
Yo amo la totalidad de su obra, pero siento debilidad por sus magnos poemas escritos después de las jornadas de sufrimiento: La balada de la cárcel de Reading y De profundis, páginas de enorme y densa hermosura que nos muestran a un Oscar Wilde distinto, atento al alma del ser humano y sus tragedias.
Hay aspectos analizados superficialmente y de manera morbosa: la entereza con que Wilde se enfrentó a la sociedad victoriana, el valor que probó durante dos años de prisión y su actitud al condenar los sistemas carcelarios de la conservadora Inglaterra. Antes de ello, había mostrado su rebeldía desafiando a la sociedad de un país en la cumbre de su poderío. Tal nación no tardó en tomar venganza con un escritor que, como tantos otros —Poe,
WhitmanSwift y Baudelaire, digamos—, supo ser distinto de la sociedad que regía.
Pensando en la conformación de Wilde, recordando sus teorías sobre la vida y la belleza, su transcurrir cómodo, en que fue bisexual (aún mal visto incluso en los países más progresistas), tendremos que llegar a la conclusión de que pudo enfrentarse al infortunio con la mayor dignidad. Sostuvo un desigual combate y lo perdió.
Sin familia (la esposa y los hijos lo abandonaron, aunque más adelante, uno de ellos, bajo el nombre de Vyvyan Holland, escribiría una notable biografía de su padre). Sin recursos económicos, con manías insoportables, casi sin amigos, Oscar vaga por Europa continental. París acepta sus días postreros. Es una sombra con heridas físicas y espirituales. Muere en noviembre de 1900, en pleno Quartier Latin, en un modestísimo hotel que conserva una placa con su nombre.
Oscar Wilde descansa en Père Lachaise bajo un monumento de Epstein. Su tumba siempre tiene flores. He estado ante ella varias veces: al pie, abajo del hermoso fragmento de La balada de la cárcel de Reading: “Y extrañas lágrimas llenarán por él/ El jarro de la piedad ya roto antaño./ Porque quienes le lloren serán los parias/ y los parias eternamente lloran”, y he depositado claveles como un modesto homenaje a quien tanto bien me ha hecho con su literatura.