Tantadel

octubre 31, 2014

La Medalla al Mérito Artístico de la ALDF

Me ha correspondido la fortuna de hablar en nombre de quienes reciben la Medalla al Mérito Artístico de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Es una situación compleja. Significa hacerlo por personajes de distintas vocaciones, orígenes y formaciones, todos exitosos. En principio, puedo señalar que un reconocimiento de esta magnitud a todos nos distingue. El cuerpo legislativo de la ciudad capital, un inmensa y compleja urbe, capital de un gran país, tiene un peso enorme y sus acciones, políticas o culturales, no pasan desapercibidas. Pensemos algo más: es un recinto plural y democrático, donde se toman decisiones que afectan a millones de capitalinos. Es uno de los ejes claves de la Ciudad de México y esta megalópolis con frecuencia sacude a la República entera. Es el centro de los poderes y el sitio donde están las más prestigiadas instituciones. Su historia es asimismo fascinante. Asentada sobre la capital del antiguo reino azteca, es ahora el punto clave del país en su conjunto. No es, sin embargo, un lugar sólo destinado a quienes nacimos, como yo, aquí, su generosidad es proverbial y acaso única: la mayoría de sus gobernantes han provenido de otros puntos del país.

No debemos olvidar nunca, que México no es un país atrasado en materia de arte, que sus pintores, cantantes, escritores y bailarines le han dado grandeza a la nación. La globalización llega con nuevos y brutales desafíos, entre ellos el menor aprecio por las bellas artes ante la apabullante diversión de corte televisivo.

Con apego a la brevedad solicitada, menciono algunos de los muchos méritos de quienes hoy recibimos la Medalla al Mérito Artístico 2013: Elisa Carrillo Cabrera es Prima Ballerina en el Ballet de la Ópera de Berlín, algo nada fácil de conseguir a menos que se posea su inmenso talento y amor por llevar a cabo su vocación con el rigor que demanda. Formada en el DF, en la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA, premiada en México y en el extranjero, es una artista que nos prestigia y llena de natural orgullo. Inútil es añadir que ha bailado en los foros más rigurosos, como en San Petersburgo, Rusia. El Conaculta la nombró Embajadora de la Cultura de México.

Adolfo Mexiac es un pintor y grabador que proviene del Taller de Gráfica Popular. De muchas formas es parte de la célebre Escuela Mexicana de Pintura. Su participación en exposiciones individuales y colectivas es larga y suma más de ochenta. Se le ha reconocido asimismo como un muralista de talla en un país que revolucionó tanto las técnicas del muralismo como sus temas. Mexiac ha sabido mantenerse dentro de la tendencia que encabezaron Rivera, Orozco y Siqueiros.

Alfredo Nieto Martínez debe más su excelente reputación al muralismo que a la pintura de caballete y la gráfica. Su obra es amplia, siempre realizada bajo redes de preocupaciones sociales. Su obra se halla en multitud de edificios, básicamente públicos. Ha tenido un sinfín de exposiciones dentro y fuera de México. Vale la pena mencionar que trabajó estrechamente con Luis Nishizawa.

Antonio González Orozco. Muralista, grabador y escultor. Ha realizado murales excepcionales. Destacan los del Castillo de Chapultepec, el de la Casa de Francisco I. Madero en Coahuila y el del Hospital de Jesús. El maestro González Orozco tiene un alto número de exposiciones individuales en México y en el extranjero. La UNAM tiene obra suya. Infatigable, trabaja en un nuevo mural para Chihuahua.

En mi caso, imagino que me es otorgada porque todos mis libros, novelas y cuentos, obras autobiográficas, transcurren en la Ciudad de México. A pesar de haber vivido largas temporadas en el extranjero, mi centro de acción es la urbe donde nací. Estoy aquí como resultado de la propuesta de la UAM-X, mi casa de trabajo, en la que la Dra. Patricia Alfaro Moctezuma es la rectora.

Me siento muy bien acompañado, orgulloso de mis compañeros. Imagino que todos coincidimos en insistir que el Estado, en sus distintos niveles y grados de composición, deben mantener la costumbre de estimular las artes, la cultura. Es parte de sus tareas. Aristóteles le señalaba al poder, en su obra La política, la importancia de estimular las artes. No hay grandes naciones que hayan prescindido de la educación y la cultura. En los llamados Estados de bienestar, Finlandia, por ejemplo, los dirigentes políticos señalan que la clave de su éxito está en la educación y la cultura. México debe hacer suya esa misma idea para sortear tanto los problemas del desarrollo interno como para resolver los enigmas que le propone una globalización más forzada que natural.

octubre 29, 2014

La confusa política nacional

Leí un mensaje del combativo Luis González de Alba, respondiendo a un correo que le mandó la familia Taibo, donde le piden que firme un furibundo manifiesto exigiéndole a Enrique Peña Nieto que regrese a los estudiantes desaparecidos. Luis pregunta: ¿Y dónde los tiene, debajo de la cama? No, el crimen lo cometieron perredistas y da la lista de todos aquellos que en Guerrero han cometido asesinatos y actos de escandalosa corrupción. Hay reacciones favorables y otras contrarias a la actitud del escritor que estuvo preso en Lecumberri y que ha mostrado su enfado y malestar ante los actos de charlatanería de intelectuales y políticos que por extrañas razones son los héroes de miles de personas despistadas y poco críticas o acaso sólo críticas hacia donde su lógica elemental les indica, desde luego, conducidas por medios de comunicación imaginariamente avanzados.

Esa sola polémica, llevada a cabo en las redes sociales, me da una idea de las miles de opiniones que padecemos en materia de política. Imposible ponerse de acuerdo en algunas cuestiones centrales. En lo personal, no veo partidos limpios, dignos y dueños de una teoría y como decía Lenin, sin teoría revolucionaria no hay revolución. En estos momentos vivimos una paradoja, con medios de comunicación poco creíbles, estamos dentro de las redes buscando la “verdad”, allí, donde cada quien se expresa como quiere y puede. Del otro lado de la Luna, la globalización, llevada a cabo luego del aparatoso derrumbe del socialismo, no deja cabida a ideologías que puedan sostener acciones inteligentes contra el sistema político nacional.

Nos rodea y abruma la presencia de partidos turbios y corruptos, ninguno posee una ideología y sí a cambio tienen historiales siniestros, algunos a pesar de su juventud. Veo y escucho por todos lados personas, normalmente jóvenes (soy profesor universitario), que buscan mejorar la fachada, ponerle un poco de pintura, cuando la idea es, debe ser, derrumbarlo para hacer un nuevo edificio, acorde a las necesidades de una izquierda moderna, inteligente y capaz de llevar a cabo las exigencias de las grandes teorías avanzadas. He escuchado que el Estado debe desaparecer, en lo que siempre he estado de acuerdo, pero, ¿cómo? Los anarquistas proponen diversos medios, el marxismo tiene claridad sobre cómo llevarlo a cabo, sólo que en la praxis ha ido muy lejos. El socialismo deificó al Leviatán. Y así seguimos.

No parece fácil organizar a la sociedad para modificar el rumbo y desaparecer a los partidos que nos asfixian. Es sencillo insultar al Presidente, lo complicado es proponer proyectos para darle a México un rumbo distinto, especialmente si consideramos la globalización, más poderosa de lo que a simple vista se aprecia. Basta con mirar a nuestro entorno para ver cómo los valores impuestos nos han colonizado. La lucha cuenta con otro enemigo: la idea de poseer una hacienda familiar, de respetar ritos y religiones y de vivir supeditados al televisor que transmite como desesperado teledramas y futbol, programas idiotas, más que ayudar estorban. La publicidad enviada por los medios embrutece, enajena. Los culpables no son tres o cuatro figuras. Es tedioso culpar a Salinas o a Peña como responsables de la matanza de Ayotzinapa. No podemos mentir como lo hace López Obrador. La responsabilidad la tiene un sistema en su conjunto. Y eso es lo que debemos cambiar.

Por ahora tenemos al frente una serie de tareas de titanes. No tiene sentido recurrir a frases gastadas y a ofensas personales, a la destrucción de edificios públicos. Lo que debemos hacer es pensar en la teoría revolucionaria y en la forma en que deja de serlo para hacerse una revolución que modifique realmente el rostro del país. Sólo cuando sepamos del potencial que tiene la sociedad y le ayudemos a despertar, podremos avanzar hacia mejores estratos. Dejemos de imaginar que somos islas y tenemos la razón. Veamos el país en su totalidad. Qué nos ayuda y qué nos agrede. Sólo así podremos arrancar. De lo contrario, seguiremos acudiendo mansamente a las urnas electorales a votar por los mismos, sólo que de distinto color.

octubre 27, 2014

Edmundo Valadés, creador excepcional

Me recuerda Alfonso Pedraza, uno de sus más fieles discípulos, que Edmundo Valadés está por cumplir años. Nació en Sonora, 1915, y falleció en la ciudad de México, en 1994, luego de una intensa vida dedicada al cuento y al periodismo cultural. Imposible olvidar su bibliografía y su trayectoria generosa y cordial. Leí por vez primera La muerte tiene permiso, alrededor de 1957, todavía en medio de la emoción que le produjo a críticos literarios y lectores, la aparición del volumen de relatos en 1955. Junto con Arreola, Rulfo y Revueltas, pasó a convertirse en un autor obligado. Lo conocí personalmente en 1965, luego de  mi paso por el legendario Centro Mexicano de Escritores. Su trato gentil y su amplia cultura me cautivaron.

Su revista El Cuento, que hoy es pasión de coleccionistas y ha tenido descendencia en México y en Argentina, a través de Mempo Giardinelli, fue fundada en 1964, y quienes aspirábamos a ser escritores de textos breves la buscábamos ansiosamente. Allí estaban los mejores relatos y algo más, frases muy bellas extraídas de novelas, obras dramáticas, y ensayos que por sí mismas eran cuentos perfectos. La revista se enriqueció cuando Edmundo invitó a sus seguidores a participar en concursos cuya recompensa era el consejo literario del director y la publicación del mejor cuento breve. Ahora, gracias a la tenacidad de Alfonso Pedraza, nos damos cuenta de la titánica tarea de Valadés, al recoger en volumen todos los cuentos que muchos publicamos en sus páginas.

En los últimos treinta años de su fructífera vida, me acostumbré a los encuentros con Edmundo. Coincidíamos en tareas del INBA, tales como jurados en algunos de sus muchos concursos literarios (por cierto el de cuento de Puebla lleva su nombre y es un éxito notable), en conferencias y presentaciones de libros. La parte social era la más grata. Platicar con él era escuchar a un hombre con miles y miles de lecturas, bien reflexionadas, que desgranaba con voz plácida, tranquila. Tenía devoción por Marcel Proust a quien le dedicó un libro: Por caminos de Proust, publicado en 1974, me parece. Recuerdo un Año Nuevo en su casa, en compañía de su esposa, Adriana, y el poeta y prosista Jorge Ruiz Dueñas, con Arcelia, en la que conversamos largamente del novelista francés.

Mi deuda personal con Edmundo Valadés es muy inmensa. Baste decir que él presidía el Premio Nacional de Periodismo cuando lo obtuve en 1991, por el suplemento cultural El Búho, entonces en Excélsior. Otros de los jurados fueron, Rafael Solana y Margarita Michelena.

La influencia de Edmundo Valadés es más amplia de lo que a primera vista parece. Hace un año en Bellas Artes, el citado Alfonso Pedraza y un grupo de amigos de la obra del cuentista, presentó ante una sala repleta, un volumen conteniendo muchos de las minificciones que en la revista El Cuento algunos narradores publicamos allí. Días después, fui a Buenos Aires, a la Feria del Libro, y participé en un recordatorio a la revista y el trabajo infatigable de Edmundo en pro del texto breve. Me llamó la atención que muchos narradores ahora famosos, como Ana María Shua, habían publicado sus relatos breves iniciales.

El grupo de admiradores de Edmundo Valadés ha crecido merced a las redes sociales. Ahora están organizados y sin apoyos han avanzados mucho. Me alegra, Edmundo Valdés merece eso y más. Por lo pronto cuenta con el apoyo de cientos de sus más devotos lectores y el número crece. Felicidades, querido Edmundo. Tu herencia está en buenas manos.

La política: búsqueda de lo imposible

El político en nuestro país carece de grandeza y visión histórica.

La política —esa difícil participación en los asuntos del Estado que Lenin magistralmente definiera como la expresión concentrada de la economía— en México tiene rasgos peculiares. Cuesta trabajo aceptar que tenemos políticos. Pareciera un término elevado, sólo aplicable a aquellos personajes que actúan con especial talento, honestidad, firmeza y sólida cultura. En todo caso, padecemos burócratas de distintos rangos y niveles. El término “político”, tal como lo maneja el sentimiento popular mexicano, es sinónimo de poderoso, arbitrario y deshonesto. Es una palabra peyorativa que produce temor, no respeto. Es el resultado de una lamentable y penosa actividad estatal. ¿Estadista? ¿Hemos tenido alguno?
Los grandes políticos de la humanidad tuvieron cualidades específicas. Cabría destacar la pasión, la audacia, el deseo de transformar y una teoría. Necesitaban el poder para utilizarlo según sus creencias. Cada tanto, con una frecuencia sospechosa, los políticos mexicanos hablan de servicio a la sociedad como la base del arte de gobernar. Omiten que por ello reciben enormes sumas de dinero y un inmenso poder que con frecuencia no es usado en forma correcta e inteligente.
La política en México es una lucrativa carrera incapaz de brindarnos líderes, en cuyo ejemplo podamos encontrar aliento, salvo en la generación de liberales que en el siglo pasado supo mostrar una dignidad difícilmente superable y el de Lázaro Cárdenas, quien rompió reglas y creó nuevas. Por su audacia, sensibilidad y honradez, por no abusar de la retórica, sigue siendo considerado como el mejor gobernante del México posrevolucionario.
El político en nuestro país carece de grandeza y visión histórica. No ve el futuro y desconoce el pasado. Todo acaba en el goce de fuerza temporal, dentro de un sistema de adulaciones vergonzosas al Presidente, quien se engolosina y convierte en un hombre soberbio y solitario, incapaz de entender realmente lo que sucede a su alrededor por más información que pueda recibir.
Recuerdo haber visto en el Kremlin la vajilla y los cubiertos que Lenin utilizaba: eran baratos e incompletos. No tuvo automóvil propio y, como Trotsky, no se interesaba en obtener riquezas para formar un patrimonio familiar. Pensaba obsesivamente en transformar a su país, sacarlo del atraso mediante la mejor fórmula: una revolución. Murió en 1924, pero todavía sabemos quién fue y tenemos una idea de lo que hizo, mientras que a nosotros mismos nos cuesta trabajo encontrar datos biográficos sobre Ávila Camacho y este nombre nada dice en el extranjero.
En la escena XII de Calígula, de Albert Camus, Calígula habla de la importancia del erario, un asunto principal del Estado y de lo relacionado con él: “Todo es importante: las finanzas, la moralidad pública, la política exterior, el aprovisionamiento del ejército y las leyes agrarias”. Pero hay algo más importante para Calígula, en tanto hombre que tiene el poder político: conseguir lo irrealizable. Por ello le pide a Helicón la luna y más adelante dice con cierta soberbia: “Tomo a mi cargo un reino donde lo imposible es rey”. Tal ambición muestra al auténtico político, al capaz de transformar positivamente a su sociedad y acaso a la humanidad.
Antes de Camus, un observador inteligente y sagaz como Max Weber había llegado a la misma conclusión. En uno de sus más hermosos trabajos, La política como vocación,Weber señala que “la política es un fuerte y lento taladrar de duras tablas. Requiere pasión y perspectiva. Ciertamente toda la experiencia histórica confirma la verdad: que el hombre no habría podido alcanzar lo posible si una y otra vez no hubiera tratado de alcanzar lo imposible”. Es también el caso de Marx, cuando decía que los filósofos sólo habían querido explicarse el mundo, mientras que él intentaba transformarlo.
¿Algún día nuestros políticos nos darán algo más que palabras tediosas y lleguen al poder a buscar lo utópico para el bien de la nación? Buscando quimeras, Napoleón esparció los restos de la Revolución Francesa por Europa, Bismarck obtuvo la unidad alemana, Bolívar liberó a media América hispana, Lenin cambió el curso de la humanidad, De Gaulle recobró el poderío burgués de Francia y Fidel Castro construyó el socialismo a unos cuantos kilómetros de la principal potencia imperialista.
¿Grandeza es un término del vocabulario político mexicano ahora que cavamos para buscar restos de jóvenes asesinados?

octubre 24, 2014

Jóvenes sin futuro

Hace todavía algunas décadas, los padres pensaban que la asistencia a una universidad era garantía de éxito. Una forma de asegurar un buen futuro. Toda mi generación, salvo aquellos que impusieron sus búsquedas fuera del ámbito académico, tuvo algún éxito. Los demás quedaron en un mundo de altas y bajas dependiendo de sus habilidades para hacer negocios modestos. Yo llegué a la UNAM en buena medida obligado por mi madre, quien quería neciamente darme posibilidades de éxito. Tenía razón: no me ha ido mal gracias a un título universitario.

Pero las cosas han empeorado, no bastan los grados académicos. Veo a personas con doctorado hacer fila para hallar empleo. Los profesores jóvenes que me rodean difícilmente tendrán las oportunidades que tuvo mi generación, que por cierto es también la de Carlos Slim, apenas un par de años mayor que yo. Con frecuencia dramática me topo con taxistas que tienen una licenciatura. El asombroso ambulantaje es la solución que evita en las urbes un estallido social de enorme magnitud. En dirección opuesta, hacia una amplia discreción camina la educación y la cultura. Cada vez más los oprime la frivolidad del espectáculo, como ha señalado con brillantez Mario Vargas Llosa en su obra: La civilización del espectáculo, reflexiones que nos permiten ver que la globalización, entre otras cosas, nos ha dado un cierto desdén por la cultura. Carece de interés, no produce ganancias enormes.

Digo lo anterior porque en días pasados escuchaba las quejas de docenas de jóvenes en distintos foros donde trataban la violencia desatada por las autoridades de Guerrero en contra de los jóvenes estudiantes. La mayoría de los muchachos pasaba de los crímenes cometidos en dicho estado a plantear públicamente su futuro. No lo hallan promisorio. Se ven desde ahora mal pagados, sin muchas ofertas laborales e instalados en una globalización que no pidieron, simplemente llegó y todo lo envolvió. Los globalizados mostramos distintos grados de resistencia, pero al final somos derrotados. La escuela pública, que fuera uno de los orgullos del sistema emanado de la Revolución Mexicana, hoy subsiste a duras penas. Debido a mis más de 50 años en la docencia e investigación, tengo un sueldo que algunos juzgarían decoroso. Si me jubilo me queda una pensión en verdad ridícula. Por ello la planta académica ha envejecido (nadie se quiere jubilar) y los nuevos profesores, con nuevas ideas, llegan a cuentagotas.

El joven de hoy no ve un gran futuro, al menos desde la perspectiva de la educación pública. La vida se ha hecho demencial, llena de trámites y papeleos inútiles, odiosos. Y el camino para escalar es lento y como es normal sólo destinado a unos cuantos.

Entiendo, pues, la situación de los jóvenes en rebeldía. Están justamente indignados. La política y los partidos son sus peores enemigos, el sistema es uno y no lo rompen las imaginarias diferencias. Pueden polemizar aquí o allá, a la larga los une el poder y los beneficios materiales que produce en esa suerte de casta social.

Para muchos jóvenes, miles y miles, lo que el país les ofrece en el discurso no basta, quieren algo más que pintar fachadas y conceder dádivas a los muy pobres. País sin empuje ni posibilidades de grandes cambios, los muchachos son llevados por meras promesas y por una clase gobernante en verdad lamentable, penosa. Por ahora el malestar comienza, se organiza, reflexiona. Mañana, de seguir como van las cosas, podría haber una revolución y no una simple revuelta a la que un político puede tranquilizar saliendo en mangas de camisa, ante la ridícula emoción de los gastados medios de comunicación.

México no presentó gran resistencia a la globalización, dejó de lado valores fundamentales, la educación pública, la que ha edificado al país, entre ellos. Estamos en un laberinto. A los jóvenes no les gusta. No quieren más sumisión a otros poderes, quieren crear el suyo propio y tienen razón. El actual es vergonzoso y por más que pregonen sus conquistas, escasamente es exitoso.

octubre 22, 2014

René Avilés Rojas: mi padre

Lo vi pocas veces, era maestro, escritor y periodista. El sistema nacional no le permitió, como a su padre, mi abuelo, Gildardo F. Avilés, recibir el debido reconocimiento. Algunas calles y un par de escuelas con sus nombres. El 15 de diciembre de 2008, en la oficina de Rubén Bonifaz Nuño, una persona de alto rango en la SEP, me dijo que sabía que René Avilés Rojas había sido el autor de la idea del libro de texto gratuito. Eran los tiempos del PAN, que detestó la obra al juzgarla comunista. La funcionaria añadió que sería espléndido que los profesores normalistas supieran el origen de la hazaña educativa llevada a cabo en el sexenio de López Mateos y Torres Bodet, les daría orgullo. Escribí dos páginas conforme a su petición y las envié por correo electrónico. Jamás tuve respuesta. Supe más adelante que en algunas ediciones, lo que titulé El libro de texto gratuito, una idea surgida del propio magisterio, apareció en algunos ejemplares. Las reproduzco.

Hace unos cincuenta años, mi padre, el profesor René Avilés Rojas, me dijo, vehemente: “Si el artículo tercero constitucional indica que la educación debe ser gratuita es necesario complementar los esfuerzos hechos hasta hoy con la entrega de libros de texto gratuitos para los niños de México”. Trabajó, pues, con la idea y se la entregó a Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Pública, a quien había conocido personalmente en París, cuando el poeta y eficaz funcionario era director de la UNESCO. A su vez, Torres Bodet la aceptó y la puso en manos de un político sensible: Adolfo López Mateos. De esta forma surgió el libro de texto gratuito que ha sido fundamental en el desarrollo de la nación. La primera comisión estuvo a cargo del novelista Martín Luis Guzmán y en ella destacaban René Avilés Rojas y Adelina Zendejas, ambos normalistas.

René Avilés Rojas nació en el DF, en 1911, hijo de maestros, también estudió en la Escuela Nacional de Maestros. Su padre, Gildardo F. Avilés había nacido en Chicontepec, Veracruz, y se educó en Jalapa bajo la dirección del célebre Enrique C. Rébsamen. René Avilés Rojas rescató la correspondencia entre ambos personajes en un estupendo libro editado por la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística: Del discípulo y el maestro. En esta obra podemos observar la forma en que Rébsamen trabajaba en la difusión de sus métodos pedagógicos y enviaba a sus mejores alumnos a diversos puntos del país, a don Gildardo lo mandó a Morelos y a la Ciudad de México.

René Avilés Rojas fue maestro de primaria de 1932 a 1937 y más adelante impartió clases de historia  y lengua y literatura en instituciones de segunda enseñanza; asimismo, ocupó diversos cargos en la SEP. Al frente de la Oficina Técnica del Departamento de Supervisión de la SEP, 1938-1940, llevó a cabo la primera encuesta sobre las causas de reprobación en la educación primaria. En 1953 creó la Sociedad de Amigos del Libro Mexicano para, entre diversas tareas, defender los intereses de los escritores mexicanos y editó materiales para adultos recién alfabetizados. Junto con Eulalia Guzmán, Avilés Rojas hizo una importante contribución al estudio de la Guerra de Intervención (veintiocho tomos) en la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. En sus últimos años, ya jubilado, ocupaba la secretaría general del Instituto de Amistad e Intercambio Cultural México-URSS y hacía un boletín para divulgar en nuestro país los avances del socialismo, principalmente en educación.

La obra de René Avilés Rojas es amplia y básicamente la componen libros de historia dirigidos a la niñez y la juventud y una larga serie de libros sobre pedagogía, pero también fue literato. Entre otras obras, escribió una innovadora y hermosa novela, Leonora, urbana y psicológica en una época en que dominaba la literatura rural y los autores no solían mirar el interior de sus personajes. Vale la pena mencionar también que hizo libros valiosos sobre Francisco Zarco, Benito Juárez, Ignacio Altamirano, Ignacio Ramírez, Lenin y la educación socialista y una obra sui géneris: El humorismo en la literatura rusa.

Sin duda su mayor acierto fue la creación del Libro de Texto Gratuito, hecha en los tiempos en que la educación pública mexicana brillaba. Luego de su muerte, ocurrida en 1979, la SEP le puso su nombre a una escuela secundaria, el de un maestro normalista enamorado de la educación, quien con asombrosa fidelidad le dedicó su vida: René Avilés Rojas.

octubre 20, 2014

De Tlatelolco a Ayotzinapa

El movimiento estudiantil de 1968 fue exitoso y dejó huella no sólo por sus demandas sensatas y necesarias, sino porque tuvo una organización inteligente. Ante la brutalidad del Estado, los jóvenes respondieron con acciones atinadas que desconcertaron y que les dio una enorme simpatía de parte de la sociedad. Hay que insistir que tal movimiento no fue una sola noche, fueron meses de gozosa lucha política, con música, cantos, lemas novedosos y sentimientos fraternales de gran intensidad. Históricamente fue un triunfo costoso cuya mejor herencia fue convertirse en vanguardia de las sucesivas luchas sociales que ya no dan los sindicatos ni los partidos políticos. La guerrilla no parece tener cabida, aun suponiendo que hubiera ciertas condiciones; ya hemos comprobado con la llamada guerra sucia y el levantamiento del EZLN que ha pasado el tiempo de las guerrillas y que ahora hay que hurgar en el camino abierto por Salvador Allende, que buscaba lo mismo que Ernesto Guevara, sólo que por otras rutas: la vía electoral.

La caída del socialismo a escala universal y la incapacidad de una nueva e insensata izquierda hace indispensable buscar nuevos rumbos para encontrar un sistema justo, equilibrado, donde la rapiña, la corrupción y las injusticias nos permitan encontrar en el pensamiento más avanzado de todos los tiempos formas de gobierno donde el Estado no sea un verdugo ni estemos a merced de partidos que únicamente persiguen sus intereses. A éstos hay que oponerles ideas avanzadas y acciones audaces. Las utopías todas, socialistas, anarquistas o marxistas, son útiles, pero hay que ponerlas en razonable orden, extraer lo más positivo de cada una, alejándonos de los dogmas que fallaron.

El 68 queda como un hito histórico, pero ya no es posible salir el 2 de octubre a gritar consignas inútiles y a destruir cuanto monumento o negocio se topa uno en el camino. Eso no funciona si realmente se quiere transformar a México y no sólo vandalizar lo que se halle al paso de personas insensibles. Las recientes protestas guerrerenses muestran que la lucha seria ha comenzado. Los estudiantes convocaron a marchas organizadas, ordenadas, con demandas agudas y a su paso por las calles de Acapulco la gente se sumó o les apoyó con carteles improvisados y palabras de aliento.

Eso me convence de lo que he escrito en otros artículos. La lucha definitiva ha arrancado y la encabezan jóvenes con ideales y propuestas vigorosas. Ello acaso permita que los obreros salgan del marasmo ancestral y ocupen su lugar junto a los estudiantes, lejos de sindicatos corruptos y oportunistas, con líderes que aprovechan sus cargos para eternizarse. Nace un nuevo movimiento que puede y debe alejarse de los políticos profesionales que triste huella de su paso han dejado y mostrarnos que no todo está perdido, que hay esperanzas de cambio real.

Ayotzinapa ha mostrado el camino. A la violencia oficial hay que oponer la organización de masas y un adecuado proyecto ideológico que logre hacernos salir del rumbo que nos han marcado y que poco o nada nos sirve. Se requiere un movimiento que sepa crecer y pasar de demandas escolares a las políticas. La brutal matanza, ahora cometida en complicidad con autoridades que decían ser de izquierda, deja ver más clara la situación. Ni la izquierda así autoproclamada ni tampoco el centro y la derecha podrán ir más allá de políticas de dádivas, de un populismo ramplón. Los trabajadores actuales y del futuro necesitan una retribución justa y no limosnas. Hay que eliminar el mundo de sucias complicidades que nos obligan a vivir dentro de un cerco, humillados, donde tenemos empresarios de fortunas escandalosas, funcionarios incapaces y corruptos y millones de personas en pobreza extrema a los que matan a balazos como a los normalistas guerrerenses o de hambre.

octubre 19, 2014

Las antologías de terror

No existe cultura que no haya tenido devoción por el miedo.

Dentro de la literatura fantástica, el suspenso y el miedo juegan un papel determinante. Al ser humano le gusta sentir terror. Por ello desde tiempos remotos, cuando no aparece por sí solo, lo inventa, y en tal sentido nada hay mejor que la literatura. Esta manifestación, enriquecida con la cinematografía, no cesa de provocarnos pavor.
Nuestra capacidad para el temor, la más antigua de las emociones humanas, aumenta. No existe cultura que no haya tenido devoción por el miedo; incluso, en muchas de ellas, ha sido su principal soporte. Para qué citar religiones: todas se basan en castigos y tormentos brutales, en el temor a la deidad. PoeLovecraftDunsanyKafkaMaupassant,WellsWalpoleFanúStockerVilliers de L’Isle AdamQuirogaKing,Rice, no son sino un puñado de autores de lo sobrenatural, frecuentemente recogidos en antologías, que apenas muestran la riqueza de tal corriente.
Hay dos antologías de terror fundamentales: la de Roger Callois y la que realizaron en Argentina BorgesBioy Casares y Silvina Ocampo. Una reciente, básica asimismo, la de Italo Calvino (Cuentos fantásticos del XIX, ediciones Siruela) se remite a las dos y hace variar la suya de modo tal que sea más claro el mundo de lo sobrenatural, el que crea, como señalaTodorov, la perplejidad.
Las tres antologías tienen más de un rasgo común, incluso en las simpatías por los autores fantásticos. Son muestras de un universo casi infinito en donde el miedo campea. Cynthia Asquith, también autora del género, hizo una sorprendente recopilación que en español editara Emecé: Los mejores cuentos fantásticos, con prólogo de Elizabeth Bowen, cuya intención es ver los fantasmas alrededor de 1950. Aquí el terror tiene ciertas características, no son ya los elementos góticos, los que han quedado en el desván de la parodia al ser utilizados como broma por Oscar Wilde en El fantasma de Canterville.
Algunos españoles, amantes del género, han hecho antologías; destaco los trabajos de Rafael Llopis, publicados en tres volúmenes por Alianza Editorial bajo el título global de Antología de cuentos de terror, y el deJuan J. López Ibor, en dos tomos lujosamente editados por Laboren 1967: Antología de cuentos de misterio y terror. En esta última la mayor aportación es el intento de rescatar autores hispanos que escribieron temas fantásticos, una vertiente, por cierto, muy poco española o que choca con el tradicional y a veces pedestre realismo de los peninsulares.
Bruguera, hace tiempo publicó una selección de Laurette Naomi Pizeren varios tomos (Las mejores historias siniestras) que vale la pena por la incorporación de textos o fragmentos de escritores que sólo de paso y a veces por accidente tocaron la literatura de terror: NabokovSusan SontagGravesGreen, etcétera.
Mención especial merece un libro, Pasaporte para lo sobrenatural, relatos de vampiros, brujas, demonios y fantasmas, Alianza Editorial deBarnhardt J. Hurwood, quien, no satisfecho con las viejas ordenaciones, recurre a una nueva metodología para su trabajo y consigue mostrarnos la universalidad del miedo. No importan la distancia y el tiempo, los seres malignos aparecen en todas las civilizaciones, por distintas que éstas sean.
El vampiro, el hombre lobo, el fantasma, el diablo, surgen lo mismo en la antigua China o en el Japón que en Inglaterra o Argentina. Ésta quizá sea la antología más ilustrativa respecto a la amplitud de la fantasía y a las tremendas coincidencias que se dan en lugares opuestos. Habría que añadir, una rareza: Mis suspenses favoritos de Alfred Hitchcock y acasoLas 25 mejores historias negras y fantásticas, de Jean Ray.
El choque con lo sobrenatural produce en el hombre idénticas reacciones, sentimientos y pasiones. Sin el miedo estamos incompletos, es normal padecerlo. La literatura fantástica, por ello, lo representa de manera más honda y compleja. Las antologías dan idea de la amplitud del tema, pero lo mejor es, luego de leer a la multitud de autores fantásticos, hacer la propia.
   En algún momento cundió una acusación sobre la literatura fantástica en todas sus variantes, yo mismo la padecí: es literatura de evasión social y política. Falso, tiene asimismo compromisos, pero son más profundos y simbólicos. La gente no lee obras de Poe y Lovecraft para evadir la realidad, sino para conocerse mejor y más profundamente.

octubre 17, 2014

¿De revuelta juvenil a revolución social?

1968 fue un año donde destacaron los movimientos estudiantiles. En Francia, en ciudades asiáticas, en EU y desde luego en México. En ellos se mezclaron distintos elementos políticos y educativos y alrededor de las inquietudes rebeldes, estaban diversas corrientes ideológicas progresistas. El marxismo tradicional, ya replanteado por personas como Lenin, Trotski, Stalin, Rosa de Luxemburgo y Gramsci, entre otros, no supo exactamente qué hacer. Seguían obsesionados con la idea central que el proletariado era clave en la revolución. Algunos pensadores como Jean Paul Sartre reflexionaron sobre la manera en que esas revueltas pudieran convertirse en detonadores de revoluciones. Atrás comenzaban a ser superadas las tesis que le daban un valor central al proletariado. En China, Mao Tse-Tung, había recorrido su inmenso país con campesinos. Los dirigentes obreros habían sido masacrados por el general Chian Kai-Shek. Y en Vietnam el peso de la guerra contra los imperialismos francés y norteamericano estaba en manos de soldados nacidos campesinos.

Toda inconformidad social debía provenir del proletariado. Pero la clase obrera se movía con pasmosa lentitud, no acababa de salir de la enajenación. En México, por ejemplo, sigue postrada. Bajo líderes que, buenos o malos, no piensan en cambios profundos sino en sus largas gestiones sindicales y en sus haciendas personales. En 1968, en medio de la revuelta juvenil, campesinos y obreros permanecían atados de manos, sujetos por el poder que confiaba en esta maniobra. Para el sistema, los estudiantes no son un peligro real, sus intereses rebeldes son momentáneos, ya tendrán que salir de las universidades y buscar lugar dentro de la sociedad. Esto es, ser asimilados. Perder el impulso revolucionario. Salvador Allende, en Guadalajara, llegó a decir que las revoluciones no pasaban por las universidades y así parecía. Los trabajadores creían tener las llaves que abrirían las puertas de las grandes transformaciones sociales, políticas y culturales. Hoy los estudiantes son la única fuente de sana rebeldía que tenemos. No importa que provengan de clases sociales no siempre explotadas como el proletariado y que esperen graduarse para insertarse en una sociedad imperfecta. Tampoco cuenta el cálculo que son luchas generacionales. Los muchachos de hoy, heredaron mucho del bagaje de inquietudes de aquellos que enfrentaron al poder en 1968.

Ahora, en efecto, no hay una ideología que los apoye. Pero los muchachos están conscientes de que el sistema político no funciona, la solución no es llevar al PAN al poder, o al PRD, menos a Morena ni mucho menos regresar al PRI. En Francia Sartre intentó una suerte de coalición entre los jóvenes en lucha y la clase obrera, y fracasó. Hoy vemos que en efecto la rebeldía juvenil, estimulada por malos gobiernos, leyes que asfixian y que nacen en países distantes dentro del mundo globalizado por el capitalismo cada vez más feroz, ya sin contrapesos, puede ser la mecha que conduzca al estallido revolucionario, en donde los trabajadores descubran su poder.

Las noticias son graves, las listas de asesinatos son infinitas, la violencia la ejercen el Estado, el crimen organizado y los partidos políticos. Todos ponen su grano de arena. En un contexto ingrato, los jóvenes dan la pelea. No saben cómo darla, lo hacen por instinto justiciero, pero aprenderán y encontrarán aliados naturales y entonces todo ese sistema que busca parches en las paredes que crujen, será demolido y pondrán estructuras nuevas y más vigorosas.

Por fortuna, ante un sistema doblegado por la globalización, en manos de la corrupción de toda índole, sin gran futuro, queda la rebeldía juvenil. La vemos luchar sin organización y mucha coherencia, más impulsada por la indignación. Pero se ordenará y entonces, pienso, la situación cambiará.

octubre 15, 2014

Unas palabras a Miguel León-Portilla

Admirado doctor Miguel León-Portilla: durante el cumpleaños 50 del Museo de Antropología, su discurso, directo, inteligente, erudito y sencillo, me hizo repasar mis lecturas de sus libros todos memorables y, desde luego, los breves encuentros que con usted he tenido. Primero fueron sus colaboraciones en El Búho, suplemento cultural de Excélsior, con motivo de los 500 años del descubrimiento de América, del encuentro de dos mundos o de la invención de América, según la terminología que se prefiera. De todos los participantes en el debate, Silvio Zavala, Edmundo O’Gorman, Leopoldo Zea, Carlos Bosch García y otros no menos brillantes, sus artículos tenían la presencia poética y dolida de los vencidos y la idea de edificar un ser distinto, suma de dos civilizaciones. Así lo sentía yo al leerlo como editor y lector. Se apoyaba en obras fundamentales, que mucho han contribuido a la compleja búsqueda de nuestra identidad, una mezcla de triunfadores y derrotados, lo que en su hermosa obra La visión de los vencidos es posible comprender.

Más adelante compartimos la presentación del libro de Ángeles González Gamio sobre Manuel Gamio. Hablamos poco y no pude expresarle la emoción que su obra me ha producido a lo largo de mi vida, al grado de pasar sus análisis históricos a novelas. Nos limitamos a conversar sobre el Premio Gamio, que usted había recibido, y el memorable libro Forjando patria.

Su discurso improvisado en Antropología fue sin duda el más ovacionado, de mayor duración y sincero. Ante el acartonamiento de la alta academia y los funcionarios pomposos, el suyo fue una obra maestra de sencillez, cultura, talento y sensibilidad. Conmovedor, en una palabra, que permitió comprender que con frecuencia las grandes decisiones, en este caso la creación del Museo de Antropología, nacen de necesidades apremiantes y cuestiones simples.

Hablar de usted es una tarea no difícil, sino imposible, su trabajo es amplio, único y fundamental para entender al México de antes y de hoy. Al salir del Museo de Antropología, quise decirle tantas cosas y tampoco pude. Su historia curricular es abrumadora, lo mismo que sus premios y reconocimientos. ¿Qué decirle a un sabio bueno y sencillo que ha escrito, entre otras muchas obras fundamentales: Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, El reverso de la conquista. Relaciones aztecas, mayas e incas, Tiempo y realidad en el pensamiento maya, México-Tenochtitlan, su espacio y tiempos sagrados, La multilingüe toponimia de México: sus estratos milenarios, Hernán Cortés y la Mar del Sur, Cartografía y crónicas de la Antigua California, Quince poetas del mundo náhuatl, Bernardino de Sahagún, pionero de la antropología, nada, sino expresarle una silenciosa admiración?

Cuando mi compañera Cecilia Ezeta y yo fuimos a buscarlo para que aceptara un homenaje más, miró indeciso su abultada agenda; fue cuando recordó la juventud de nuestra universidad y que de ella había recibido uno de los muchos doctorados Honoris Causa que posee y le pidió a su secretaria una fecha y a nosotros una condición: que lo acompañaran sus alumnos. Salimos felices. Usted, que en ese momento releía obras de Octavio Paz y atendía llamadas de El Colegio Nacional, nos dedicó momentos deslumbrantes. México es gracias a usted más rico e intenso. Visto a través de sus ojos, nos resulta esperanzador. Su presencia en la UAM-X nos enaltece y se suma a las muchas personalidades que han venido a vincularse con nuestra comunidad, con el único objeto de que los jóvenes sepan distinguir lo valioso de lo fútil. Usted nos hereda una obra fundamental, la postura equilibrada entre Eulalia Guzmán y Silvio Zavala. Somos el resultado de una conquista brutal, donde predominan los valores de los triunfadores. Sin embargo, el largo y tenaz trabajo de multitud de mexicanos nos ha permitido valorar lo propio, sabernos dueños de un pasado ilustre que no debemos perder. Los pueblos originarios, como hoy llamamos a mayas, aztecas o zapotecas, dejaron un legado que asombra al mundo. La identidad del mexicano en su mirada nos permite comprender su complejidad y riqueza.

Gracias, don Miguel. Nuestra deuda con usted es impagable. Nos ha dado el sincero orgullo de descender de culturas fabulosas y bien podemos parafrasear a Carlos Pellicer: Los españoles no trajeron la cultura, trajeron su cultura. La nuestra estaba y está aquí y no sólo en museos, sino en el espíritu de todos nosotros.+

octubre 13, 2014

Los jóvenes de antes y los de hoy

El gratuito y torpe ataque a Cuauhtémoc Cárdenas y a Adolfo Gilly durante una manifestación de justa protesta por la desaparición de muchachos normalistas mueve a reflexiones más profundas que los comentarios periodísticos. La presencia de un líder político intachable y de un intelectual de larga tradición trotsquista en esa marcha la enriquecía. Le mostraba a los asesinos que no era una protesta de pares, sino algo más intenso: la rebeldía juvenil no está sola, hay quienes la entienden a diferencia de la actitud del aparato estatal y los partidos políticos.

El ataque a Cárdenas muestra desconcierto, falta de inteligencia, rabia sin dirección, impotencia. El fundador del PRD y por lo menos una vez despojado de la Presidencia de la República tuvo palabras serenas, pero no dejó de condenar a quienes se oponían a que la protesta fuera más amplia.

Este penoso incidente tiene otras lecturas. La primera es qué desean los jóvenes. Lo sabemos: cambios positivos. El problema está en los métodos para impulsarlos. La rebeldía juvenil del pasado, digamos la de 1968, tenía claridad en sus protestas y un rumbo de muchas maneras evidente. De un lado el sistema estaba exhausto, las promesas de la Revolución Mexicana concluyeron en un feroz autoritarismo y en mayores injusticias. Pero los jóvenes tenían esperanzas, las utopías estaban vivas y podían dejar de serlo. El bloque soviético parecía sólido y un punto de apoyo tímido, pero existía como antítesis del capitalismo que hoy ha triunfado y arrasa. Los jóvenes tenían a la naciente Revolución Cubana, la presencia del socialismo en Chile por la vía electoral, la eterna rebeldía del Che Guevara y hasta la música contestaría de Beatles, Rolling Stones, Janis Joplin y Bob Dylan.

Ahora el triunfo del capitalismo a escala mundial, la globalización feroz y un mundo cada vez más injusto donde la esperanza son monarquías añejas y ruinosas que muchos ven como “Estados de bienestar”. La educación pública disminuye en su calidad, los presupuestos la ahogan, sus problemas se han hecho barreras infranqueables. Sin apoyos ideológicos, con una globalización despiadada, a quién recurren los jóvenes. No tienen armas ideológicas, sólo indignación. Eso los hace pensar con simplismo, se autoproclaman anarquistas, lo que está bien si supieran lo que realmente significa y cuáles son las mejores ideas en cada autor, las diferencias entre sí. No basta mostrar el malestar suponiendo que es posible convocar a la nación a nombre de un imaginario “anarquismo” que nos sacará del atolladero. Anarquismo no es sólo la desaparición del Estado, hay pasos y luchas para llevar a cabo sus grandes proclamas. Entiendo el atractivo que ejerce sobre muchos jóvenes. Pero tal forma de pensamiento revolucionario no es arrojarles piedras a los mayores o pintarrajear o destruir comercios. Es algo que bien vale la pena estudiar, así como leer a Marx y saber si debe ser o no sepultado.

No recuerdo una sola manifestación del 68 en la que lanzáramos piedras rabiosas contra los comercios o que atacáramos a hombres o mujeres que deseaban unirse al movimiento. Todos eran bienvenidos a la lucha. Las consignas eran sensatas, justas las demandas. No podremos convencer a la sociedad a que apoye una lucha revolucionaria si actuamos como bárbaros sin ideología. Por años los muchachos han seguido líderes mesiánicos, entre ellos al propio Cárdenas. Es tiempo de sustituirlos por ideas, por reflexiones que nos permitan recuperar mucho del bagaje revolucionario que perdimos primero porque estuvo mal planteado y se hizo dictadura, segundo porque aprovechando esa falla monumental, el capitalismo, que sabe muy bien cómo sobrevivir, aprendió y ahora se ha impuesto de una manera agresiva y decidida.

octubre 12, 2014

Dostoievski, ¿tan citado como leído?

Pocos escritores han podido hurgar tan adentro del espíritu.

Dostoievski, como todo clásico, es multicitado, leído, ignoro qué tan comprendido sea. Fue un ser complejo, como señalóWalter Kaufmann. No obstante tantos análisis, existen escasas biografías críticas y de talento acerca del autor ruso; la de Edward H. Carr es una y excelente. La mayoría lo analiza superficialmente, como a ProustJoyce oHemingwayFreud lo estudió en un artículo banal:Dostoievski y el parricidio, cuando Stefan Zweig había dicho que era el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos.
Cayendo en las generalidades propias de un artículo, es posible asegurar que la principal característica deDostoievski es la intensidad de sus historias y personajes. Pocos escritores han podido hurgar tan adentro del espíritu.Marc Slonin en La literatura rusa, precisa: “Dostoievskidescubrió tanto acerca de nuestras emociones y nuestros sentimientos, exploró tan profundamente la sique humana, hizo tan sorprendentes revelaciones acerca de nuestros impulsos reprimidos y nuevos complejos patológicos, que el mundo moderno lo proclamó maestro de la novela sicológica”.
He aquí su mérito, también su mayor desgracia, pues ha caído en manos de siquiatras y, lo que es peor, de “siquiatras literatos”, quienes han creado un buen número de futilidades en torno al autor y su obra. Por fortuna, más de una ha sido eliminada por Carr en la extraordinaria obra Dostoievski 1821-1881.
Dostoievski, dentro de los escritores rusos, es muy avanzado y peculiar para la época en que vivió, aunque tenga antecedentes e influencias. En sus mocedades sintió aprecio por Schiller y Pushkin. Seguramente es el mejor autor de su patria y una de las cumbres de la literatura universal que asombró a los narradores posteriores. Su influjo, pese a estar prohibido y censurado en diversos periodos, es notable, pero no hay equivalencias, ninguno se acerca al autor de Los hermanos Karamazov. Ni las explicaciones históricas de Tolstoi (del que salvaría sin pensarlo Ana Karenina) ni tampoco literatos como Gorki,Shólojov o Pasternak.
Fedor Dostoievski creó un mundo incomparable y terrible, retrató al ser humano con todas sus flaquezas, vicios, defectos y escasas virtudes. Si la literatura es tragedia, ruptura de la normalidad, él la reflejó como nadie. Fue el primer autor moderno de Rusia y uno de los primeros en conformar la novela urbana. Rodeado de una fuerte tradición rural, explotó la complejidad que la ciudad y sus personajes brindan.
Ciertamente la influencia de Dostoievski en la literatura universal es amplia, podemos rastrearla no sólo en Europa sino también en América. En México, José Revueltas es un heredero suyo. Su obra rebasa las fronteras literarias. Mostró a la humanidad la manera de escudriñar el espíritu y conocer los resortes de sus acciones secretas, ésas que están ocultas en lo más recóndito de la mente.
Gracias a Dostoievski (y no a Freud) hemos logrado penetrar mejor en ese fantástico laboratorio donde trabajó: la sociedad. Encontramos a los Raskolnikov potenciales, a los humillados y ofendidos, a los jugadores, a las prostitutas, a las usureras, a los asesinos, a los borrachos, una amplia gama de mentes tortuosas que una imperfecta humanidad ha ido creando.
El mérito de Dostoievski fue mostrarnos la forma en que los mecanismos mentales operan (y no hablo del modo científico, sino del literario, el camino que la inmensa mayoría de las personas transitan para conocerse a sí mismas y a los demás), explicarnos de qué manera son y por qué llegaron a cometer aberraciones o actos bondadosos.
Fue, como señaló agudamente Slonin, “un revolucionario espiritual”. Es a partir de Dostoievski —aunque hay otros autores anteriores que también llegaron a las profundidades del alma—, que la literatura se ve obligada a introducirse en los personajes, no a mostrarlos superficialmente, sin explicarnos la razón de tal o cual acto sombrío.
Fue asimismo un literato que cultivó con esmero las palabras. Muchas veces tenía que entregar las novelas, por hambre, para pagar deudas; sin embargo, cada una de sus páginas es de extraordinaria belleza. Es decir, narró historias tremendas con un lenguaje excepcional, destrozando los moldes establecidos que lo confirman como un genio. Los conflictos y la epilepsia no lo detuvieron, los usó para darles mayores sufrimientos a sus personajes y hacer de cada uno, un ser memorable, odioso o amado.

octubre 10, 2014

Ellos, los panistas y nosotros, los perversos

Desde niño escuché hablar del PAN, tal organismo sólo me lleva dos o tres años de edad, es decir, ambos somos viejos. Ellos son prósperos, yo no. En casa discutían sus propuestas que siempre hablaban de decencia, dignidad, combate a la corrupción y llegar al poder para hacer un nuevo sistema, limpio, sin ladrones, democrático. La verdad, es que ningún familiar mío, pese a su catolicismo, se tomó en serio al PAN, casi todos eran lo que ahora llamamos izquierda. No votaban por el PRI, que entonces tenía otras siglas y los mismos vivales, sino que soñaban con un país muy distinto.

No conocí a ningún panista hasta que llegué a la preparatoria, allí había dos y eran activos, no dejaban de insultar a Benito Juárez y de burlarse de la Revolución Mexicana. Era 1960 y todavía muchos defendían al épico movimiento ya venido a menos. Los preparatorianos de entonces nos dividimos. Los que queríamos ir como Cuba hacia el socialismo y aquellos que lo detestaban y tenían nostalgias por el conservadurismo mexicano. Los panistas no tenían muchos adeptos en la tremenda ola priista, pero eran firmes en sus ideas. Polemizamos con ellos, les dimos argumentos. No escuchaban: ellos eran decentes y puros, perfectos y creían en Dios y entonces eso los hacía diferentes. Estaban por entrar al cielo y los demás al infierno.

El tiempo pasó, todos cambiamos. Los dos panistas ahora son empresarios muy ricos. Los encuentro y me hablan de empresas y más empresas y desde luego citan la obra “benefactora” del PAN, de Fox y Calderón. Para qué discutir. Recordamos nuestra juventud y ellos esperan a sus respectivos choferes y yo me voy en Metro, no en la Línea 12, desde luego, pues no quiero padecer un accidente.

Dejadas las nostalgias escolares, leo en La Crónica una larga noticia bien trabajada: Arresta la PGR a panista por pornografía infantil en Chihuahua. Hermes Yahir Chacón Flores era un destacado funcionario de aquel estado y ahora es buscado por autoridades nacionales y extranjeras. Le encontraron un inmenso archivo de imágenes sexuales, con niños. Una cantidad asombrosa: 74 mil imágenes de pornografía infantil. El PAN, dice la nota, lo considera un político distinguido, de brillante carrera y mejor porvenir. La acusación es obvia: pornografía infantil y ya está consignado. En la computadora laboral sobraban pruebas de sus perversiones. El equipo fue asegurado, dice la información, para utilizarlo como parte de sus delitos. El panista, llevaba doble vida, como muchos de ellos. De día rezan, de noche cometen sus tropelías.

En estos meses recientes ha aparecido un largo número de panistas corruptos, sin principios. Los que se confiesan públicamente católicos, no respetan sus mandamientos. La hipocresía los envuelve. Allí están los panistas que en Brasil acosaron a una mujer y golpearon a su esposo. Para qué seguir. Y yo que de joven los veía tan decentes y decididos a luchar por un México mejor. Ni remedio, me equivoqué, por fortuna, nunca simpaticé con dicho partido, bueno, para ser justo, tampoco con los otros. Pero los restantes jamás han hablado de decencia, les gusta el dinero y poder, como a los panistas. Vaya partidos que tenemos.

¿Qué pensarán mis dos compañeros de bachillerato ahora que su partido es una cloaca abierta? ¿Me dirían que también el PRI y el PRD y todos los demás? De ser así, están en lo cierto. ¡Qué pena!