Tantadel

noviembre 30, 2014

Apollinaire, el arte como pasión

Supo aprovechar su vida: conoció los placeres que su época podía brindarle.

Junto con MaupassantVilliers de L’Isle-Adam GautierApollinaire(desdeñado por algunos, respetado por el inmenso Baudelaire) es uno de mis autores amados.
En México la mayoría lo admira como poeta. Lo manejamos de modo imperfecto: sus ensayos, críticas de arte, trabajos eróticos, sus aportaciones a las corrientes vanguardistas de principios de siglo, no circulan suficientemente. Tampoco profundizamos en su prosa narrativa.
Conocemos buena parte de su luminosa poesía merced a las traducciones de Agustí BartraBestiarioAlcoholesCaligramas...; el primero con ilustraciones de Juan Soriano; mientras que sus obras de prosa tienen menor difusión. ¿Por qué? ¿Debido a razones de calidad? No. En su caso, tanto la poesía como la prosa son de imponente grandiosidad. Habría que buscar la respuesta en las veleidades del tiempo. A principios del siglo XX pocos recordaban a Sade ni le concedían mérito alguno y es justamente Apollinaire quien lo regresa al mundo a veces irresponsable de la fama.
Hace casi 100 años falleció Apollinaire. Poco antes había sido gravemente herido (un fragmento de obús en los bosques de los Buttes, donde tropas francesas trataban de contener el poderío alemán). Hay fotografías que lo muestran con la cabeza vendada. En 1918 lo afecta una tremenda pulmonía y se debilita. El 9 de enero, una gripe lo mata. Vivió 38 años, pero le fueron suficientes para trasformar la poesía y conquistar un magnífico sitio dentro de la literatura universal más escrupulosa. Descansa, como tantos otros notables, en Père Lachaise. Cosa curiosa, su hermano Albert fallece tres meses más tarde en México.
Apollinaire convertía todo en literatura, como Mozart en música. Cuando le toman una radiografía y la prensa lo ofende, bromea: “Mi cabeza ha sido radiografiada. He visto, yo, un hombre vivo, mi cráneo. ¿No hay en esto algo de novedad? ¡Vaya!” Por otro lado, busca el amor. En este aspecto, no es un hombre afortunado. Aparte de poco hermoso, sus posturas audaces desconciertan, su agresividad provocaba incertidumbre en las mujeres. Era “Mal amado”, porque amaba mal y era brutal y celoso.
Apollinaire supo aprovechar su corta vida: trabajó de manera infatigable, fue a la guerra a enfrentarse con valor a las balas, constante perseguidor de ilusiones en forma de mujeres, conoció todos los placeres que su época podía brindarle, el opio incluido. En la guerra, en las fangosas trincheras, rodeado de peligros y cadáveres, reflexionó y escribió con intensidad, igual que más adelante otro notable francés lo haría luchando contra los fascistas en todos los frentes posibles: André Malraux.
El fragor del combate no le impide escribir, mucho menos amar. Herido de gravedad y sin perder el sentido del humor, Apollinaire escribe el poema citado y va con su “cabeza estrellada” a París a casarse, cuando la muerte ya lo acechaba. Picasso Vollard fueron sus testigos de boda con Jacqueline Kolb RubyJean Cocteau los acompaña.
Al morir deja un enorme hueco. La calidad de su obra y lo audaz de sus concepciones artísticas lo eternizan. Fue, con sus arriesgadas metáforas y sus nada comunes formas poéticas, un escritor que puso cimientos de la cultura del siglo XX. El surrealismo, el último gran movimiento estético de Europa y quizás del orbe, lo recuerda como a uno de sus progenitores. Sus inauditos poemas serían piedra angular de sucesivos escritores, punto de partida y solución a más de un problema estético de nuestra época. Fue un revolucionario artístico que advirtió la importancia del cine, la inutilidad de la puntuación y el futuro éxito de Picasso.
Sin Apollinaire padeceríamos un terrible retraso en materia poética. Pero no dejemos de lado sus cuentos (“El judío latino”, “El caminante de Praga” o “El heresiarca”). Si uno los lee, descubrirá que en ellos asimismo se anticipa a su época, hay genialidad. También en este género resultó ser innovador. Su talento y cultura le permiten confeccionar relatos en los que la blasfemia, la herejía, la Biblia, el sentido del humor y la fantasía se reúnen para conseguir un alucinante trabajo. Ignoro si Apollinaire tenía estima por esta faceta de su literatura o si nada más escribía cuentos para salir de apuros económicos. Tal es el caso de “Los once mil falos”. Quienes aman la literatura deberán tomar en cuenta no sólo su poesía (que sigue siendo audaz), porque sus historias breves en prosa son parte distinguida de un ser que alcanzó la perfección artística.

noviembre 28, 2014

Una renuncia natural

Hace apenas un par de semanas, la UAM-X, en la Casa Galván, le hizo un reconocimiento al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas por su amplia labor en favor de la democracia. Un grupo de analistas políticos de alto rango opinaron de su trabajo. Algunos incluso estudiaron sus antecedentes más remotos como un político siempre preocupado por la situación social de la nación. La mayoría prefirió hablar de su salida de un PRI autoritario para formar grupos, organizaciones y finalmente un partido, el PRD, para democratizar a México, para sacarlo de la esfera del priismo. Me correspondió moderar.

Al concluir, Cárdenas habló de los problemas del país e hizo énfasis en la defensa del petróleo. No tocó sus diferencias con su partido ni se asomó a su discurso muy puntual otro tema que no fuera el de los hidrocarburos y la defensa de la Constitución. Poco tiempo después del evento, solicitó la salida de los dirigentes actuales del PRD como una manera de limpiar a un partido que visiblemente se ha envilecido. La corrupción es notable, trabaja en función de los intereses de las tribus que lo componen y, para colmo, se descubre la brutalidad con la que opera en ciertas zonas, como Guerrero, concretamente en Iguala.

Cárdenas se reunió con Carlos Navarrete y como es obvio no llegaron a ningún punto de acuerdo. No es fácil que un político tenga una alta posición personal y renuncie a ella por el bienestar común del organismo que representa. Casi de inmediato, Cárdenas presentó a los medios, a la nación, su renuncia al partido que él mismo propuso y edificó empeñosamente y que ahora está poblado de intereses de escasa o nula respetabilidad. La discusión ha sido ya fatigosa. No ha escapado nadie al tema, para criticarlo o para elogiarlo.

El actual PRD nada tiene que ver con el fundado hace veinticinco años. Se degradó con celeridad y muchos de sus cuadros de alto rango ahora han pasado al PRI o al PAN o han seguido a López Obrador, quien desea servidumbre más que adhesión a principios ideológicos. En ese mundo, tan ajeno a Cárdenas o a algunos de sus más leales camaradas, no hay mucho más qué hacer. Cabe la refundación, la que se antoja imposible debido a que cada cuadro de esa “izquierda” desea conservar su cuota de poder y para ello tiene un cúmulo de argumentos patrióticos.

Es evidente que esta nueva salida deja al PRD muy lastimado y con escasa fuerza para enfrentarse a un PRI, que desde el poder utiliza su larga y proverbial habilidad y su ausencia visible de ideología y de principios éticos. El PRD está herido de muerte que podríamos considerar natural: la corrupción lo doblegó. El PAN, en su turno, no tiene otra cosa que hacer salvo escandalizar y hacer declaraciones tremendistas, ya con la cola entre las patas luego de doce años de destruir al país. López Obrador no muestra el poderío de otras ocasiones, pero podría salir mejor librado (siempre contará con la necesidad de los mexicanos de buscar caudillos) que el perredismo. Sin embargo, es imposible que vuelva a tener la fuerza que tuvo en las dos candidaturas presidenciales anteriores.

Así las cosas, el PRI volverá a triunfar. En las redes sociales imaginan que es posible echarlo de Los Pinos con toda facilidad. No observan el entorno, la perversión a la que ha llegado todo el sistema de partidos. Se ha envilecido sin remedio. Ni reflexionan en instituciones claves del sistema: el Ejército y la Armada.

¿Qué hará Cárdenas? ¿Sus memorias? Ya las escribió, al menos lo fundamental. ¿Hará otro partido? No es fácil. Llegaría en mal momento. Me parece que ya cumplió con su cometido. México no es el mismo de hace veinticinco años. La historia lo ha registrado, nos guste o no, concediéndole un papel distinguido. A diferencia de hace dos décadas y un lustro, ya no apasiona al país, la sociedad mexicana posee una gran capacidad de olvido. Cuando el ruido cese, quedará como un político ilustre que tuvo el valor de intentar transformar a México y que si bien no lo consiguió por completo, mucho se ha avanzado. Es verdad, el monstruo sigue en Los Pinos, pero ahora ya no tiene el poder absoluto como lo tenía antes de la irrupción de Cárdenas en el necesario proceso para progresar en democracia.

noviembre 26, 2014

México, como los cangrejos

México parece una nación decidida a no avanzar. Participa en un extraño juego de las esperanzas perdidas. Cada seis años afirma que avanzará, que ahora sí vamos a dejar atrás el subdesarrollo. Pero siempre por alguna enigmática razón fracasa. En los años recientes la apuesta para progresar y dejar para siempre la miseria, las desigualdades y la ausencia de democracia, era el PRI. Una dictadura que sabía conducirse con habilidad. Hasta los muertos votaban por dicho partido. Llegó el hartazgo y votó por el PAN, organismo que desde 1939 decía que en su triunfo estaba la solución. Pues ganó con un caudillo bonachón, ignorante y rudimentario. Comenzó lo que muchos califican como la docena trágica. Fueron dos periodos en manos de la derecha. Sin embargo, los conservadores resultaron un fiasco. Una vez en el poder, no eran tan diferentes a los priistas. Simplemente eran mejores mentirosos y perfectos charlatanes e igual de corruptos.

El PRD no ganó la presidencia, pero a cambio, en manos de caudillos salvadores, obtuvieron la ciudad capital y varios estados. Su presencia, que asimismo parecía esperanzadora, fue más de lo mismo. Sus militantes insistían en que eran la izquierda y eso simplemente los ponía a salvo en un país crédulo. Sus niveles de corrupción y de fracasos culminaron con los sucesos recientes de Guerrero, los que hacen padecer más al DF que a ese estado. Al parecer el antipriismo capitalino es muy fuerte y hasta tintes violentos posee.

Pero quizás lo más grave del sistema político que se ha consolidado y cuyas culpas son responsabilidad de los partidos existentes, es su falta de previsión. Ninguno, al llegar al poder, cualquiera que sea su nivel, ve el futuro. Algo peor: tampoco analizan el pasado. Su pragmatismo es para hoy, ni siquiera para mañana. Los altos índices de inseguridad, la miseria creciente, el triunfo de una doctrina ajena al país, el neoliberalismo, las desigualdades, la falsa democracia, pésimos medios de comunicación y políticos ignorantes, insensibles y con una marcada devoción por sus haciendas personales, es lo común, la tendencia dominante. La masacre del 68 fue sólo para que los Juegos Olímpicos pudieran transcurrir sin obstáculos. La terquedad de un mandatario, Díaz Ordaz, y la tendencia al gobierno dictatorial, de brutal presidencialismo, acabaron con el intento juvenil por democratizar a México. En tan sólo una noche.

Hoy hemos llegado a algo más dramático, a descubrir que el sistema no asesinó de un golpe un medio millar de jóvenes, sino que ha permitido que la República sea un inmenso cementerio, a donde las complicidades políticas nos conducen. La palabrería es ya fastidiosa, detestable, no importa el color del político o funcionario que la exprese. El caso es que ahora tenemos a una sociedad harta no de un partido, sino de la totalidad. Se ha percatado que la lucha no es entre partidos, sino contra ellos. Parece tarde, ellos tienen en sus manos la forma de conducir al país y decirle que todo va bien, que es cosa de tiempo y listo. De nuevo las promesas y la insistencia de que vamos hacia un futuro luminoso.

Pocos lo creen. Los estudiantes y amplios sectores de la sociedad escuchan con legítima incredulidad a los políticos. Ninguno, por siglos, ha hablado con la verdad, a lo sumo ha prometido un buen día, acaso la certeza de que la semana entrante las cosas mejorarán. Pero nada cambia. Sólo el color de los partidos en el poder y la nación sigue rumbo a la ruina. Como dice la frase común: en México no pasa nada y cuando pasa, no pasa nada.

¿Despertará? Lo dudo, no hemos sido capaces de avanzar unos metros. Que hay grandes fortuna, es obvio, el problema es que la miseria y las desigualdades han empeorado. El PRI de hoy es tan malo como el que perdió el poder en el año 2000, el PAN fue algo peor y el PRD ha mostrado su verdadero rostro sin llegar a Los Pinos. Bueno, sigamos avanzando hacia atrás. No hay obstáculos.

noviembre 24, 2014

Mi vida entre universidades

Suelo insistir en que México es un país creado por sus grandes universidades públicas y que yo soy producto de al menos dos de ellas. Estudié en la UNAM y allí inicié mi labor académica y luego pasé, recién fundada, a la UAM-Xochimilco. Al cumplir cincuenta años con mis tres actividades a cuestas: las clases, el periodismo y la literatura, fue esta institución, cuando su rector era Salvador Vega y León, la que me hizo el primer gran festejo. De allí arrancaron muchos más. Entre homenajes, reconocimientos, doctorados honoris causa y la presidencia del Premio Nacional de Periodismo, pasó poco más de un año. La culminación fue la entrega de la Medalla Bellas Artes 2014 y la Medalla al Mérito Artístico de la Asamblea Legislativa del DF.

Si hago un balance, desde luego intensamente emocionado, veo que destacan algunos de los homenajes de universidades públicas. El siguiente luego de la UAM lo llevó a cabo la Universidad de Colima. Casi enseguida, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, cuyo rector, doctor José Manuel Piña Gutiérrez, no sólo me hizo un magnífico reconocimiento, sino que me entregó el Premio Mallinali y la Feria del Libro en ese momento llevó mi nombre. Fue un festejo conmovedor, como lo fueron los de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, el de la Universidad de Nuevo León, la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, entre otras. Ahora reacciono con gratitud y pienso que la BUAP, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, me concedió un honor más: publicó mi más reciente libro: La cantante desafinada y algo adicional. Su directora de Fomento Editorial, la doctora Ana María Huerta Jaramillo, lanzó una convocatoria para iniciar la Colección de Literatura para Jóvenes que lleva mi nombre. El argumento utilizado para la invención de la colección literaria es semejante a la que dijo José Manuel Piña Gutiérrez: mi largo trabajo literario y académico, las tareas de periodismo cultural y mi facilidad para interactuar con la juventud.

Cuando la funcionaria de la BUAP externó la idea, no supe cómo reaccionar. Realmente me emocionó escuchar la decisión de tan importante institución de estudios superiores. Poco después, mi querido amigo el poeta Jorge Ruiz Dueñas me hizo notar que bien vistas las cosas, el reconocimiento más notable era el de la universidad poblana. Tiene razón. No sé por cuánto tiempo, espero que sea por muchos años, jóvenes escritores mexicanos de menos de 30 años podrán aparecer en dicha colección. Por lo pronto, ya están listos los tres primeros títulos. Usted quería saber (cuento), de Ivonne Vira; La pared del laberinto: ceniza y destierro (poesía); de Miguel Martínez Barradas, y Los elefantes son contagiosos (novela), de Jorge Jaramillo Villarruel. Las tres obras iniciales serán presentadas tanto en Puebla como en México, en Bellas Artes, en la Sala Adamo Boari. Vale la pena añadir que todas las obras presentadas se someten al juicio de un comité responsable de la colección y de mantener la calidad de los jóvenes seleccionados.

Recuerdo bien cuando ingresé a la Escuela Nacional Preparatoria, de camino hacia la Ciudad Universitaria. Jamás imaginé que sería tan gozoso y productivo y que las universidades me serían tan gratificantes. Son la fuente de buena parte de los reconocimientos que he recibido.

noviembre 23, 2014

El fuego interno de José Revueltas

Contaba solamente con su talento literario y valor político.

Recuerdo insistentemente a José Revueltas sin barba ni bigote, con traje y corbata, como lo vi por primera ocasión alrededor de 1946 o 1947, de la mano de mis padres. José estaba con su primera esposa, Olivia Peralta, tan semejante a mi madre, nacidas el mismo año, ambas maestras normalistas, las dos casadas con escritores y recuerdo que se trataban con familiaridad y afecto. Estuve en presencia de un hombre lleno de vida, optimista, cariñoso, luego de una brutal guerra donde el Ejército Rojo derrotó al poderío nazi. Era el comienzo de la Guerra Fría, el punto más alto del comunismo ruso y el principio del fin de la URSS.
Revueltas era marxista-leninista y, como lo definió Jaime Labastida, “fue un hombre complejo, contradictorio y luminoso”. Cuando el comunismo mexicano le demandó que retirara obras como El cuadrante de la soledad y Los días terrenales y modificara su visión ética y estética, el intelectual entra en crisis. El PC de aquella época consideraba que su obra no era optimista sino derrotista. Había que ver al trabajador con certeza triunfal, bajo la lógica del estalinismo y el recetario del realismo socialista.
José aceptó por un tiempo el realismo socialista y es probable que le haya pesado más de lo que podemos suponer. En lo personal, conservo un hecho: cuando en 1962 escribía mi primer libro de cuentos fantásticos,Hacia el fin del mundo, lo que hice fue mostrárselos a Revueltas. Me dijo: “Están bien escritos, ¿pero, muchacho, por qué haces evasión?” En esa época, el compromiso en el arte ejercía mucha influencia. Lo extraño es que yo pensaba (pienso) que mis textos eran (son) una crítica al capitalismo desde una perspectiva de literatura fantástica, más cerca deOrwell que de Gorki, algo no bien visto. Kafka no encajaba en los altares del estalinismo y Borges era condenado por La Habana.
Una característica de Revueltas era la ausencia de vanidad. Contaba solamente con su talento literario y valor político, el que había mostrado desde que casi niño fue a parar tras los muros de agua y que mantuvo hasta culminar su vida en otra cárcel, Lecumberri, donde supo del apando. Fue un hombre apasionado por la revolución socialista. La izquierda perfecta. El suyo fue un marxismo capaz de asimilar otras formas de pensamiento compatibles y positivas, como las ideas de Sartre, quien como antes los surrealistas intentaron hacer la mezcla ideal: la vida y el arte, la revolución y la estética.  Como el francés, había llegado a la pureza intelectual. El problema soviético fue la ausencia de crítica. El marxismo en manos de Stalin se hizo monolítico y apareció el culto a la personalidad.
Revueltas dio su propia lucha: creó primero una organización espartaquista, leninista. Finalmente escribió una obra maestra del socialismo mexicano: El ensayo sobre un proletariado sin cabeza. El 68 lo encontró preparado para vislumbrar con más claridad un posible camino al legítimo marxismo-leninismo, una vía menos brutal al comunismo.
Quizá Pepe no se dio cuenta, pero su gran camino estaba trazado en cuentos y novelas prodigiosas. Dejó aquí y allá artículos y llamados a integrar un auténtico partido comunista. Le preocupaban los errores del socialismo real. Cuando Emmanuel Carballo y Rafael Giménez Silesllevaron a cabo la primera edición de sus obras completas, José pidió con timidez las políticas. Los editores no escucharon.
Es importante mencionar el amor que Pepe sentía por sus hermanos, particularmente por Fermín y Silvestre. La muerte de ambos es una historia triste que supo enfrentar. Vale la pena leer o releer los párrafos llenos de pasión que escribió sobre el alcohol del músico, lo equipara al de Poe, es atroz y creativo, pero consume al artista. A Silvestre lo quemaba la bebida y el arte. José estaba peor: sufría, además del arte y el alcohol, la militancia.
Jamás olvidaré su muerte, el velorio en Gayosso, esperando la llegada de su hija Andrea, la tristeza de Emma, su última mujer, unos amigos y muchos jóvenes que tal vez no lo habían leído, pero respetaban su entereza y lealtad a un marxismo crítico e incorruptible. En el entierro, Rosaura Revueltas pidió que permitiéramos hablar al secretario de Educación Pública, entre gritos y jalones el ataúd de Pepe fue devorado por la tierra del Panteón Francés, mientras Martín Dosal le reclamaba al burócrata su presencia. Fue un suceso natural en la agitada vida del luchador político notable y escritor de genio.
José Revueltas lo consumieron fuegos internos y externos.

noviembre 21, 2014

La inmortalidad de Edmundo Valadés

Los homenajes, por regla general, los llevan a cabo las instituciones, al menos así surgen los mayores. Del INBA o por iniciativa de alguna universidad pública. No conozco muchos casos donde los lectores y admiradores de un escritor decidan unir esfuerzos y hacerle un reconocimiento mayúsculo a un escritor. Octavio Paz, ya envuelto por la magia del poder político, ha tenido un sinfín de festejos. Baste decir que todo este año se le ha honrado desde las más altas posiciones de la pirámide gubernamental. Y si en vida se le temía, ya muerto provoca la idea de que es posible que regrese del más allá al más acá a arruinarle la existencia a un enemigo o simple crítico de sus posturas políticas.

Edmundo Valadés siempre fue un hombre sereno, reflexivo, gran lector y uno de los mayores cuentistas que ha dado México. Vivió con modestia y sin aspavientos, dedicado a la lectura. Recuerdo que un día me telefoneó para hacerme notar que un puntal académico de la lengua en Madrid, estaba buscando dar con él y conmigo porque estaba interesado en nuestros cuentos. Parecía emocionado. El autor de algunos de los mejores relatos breves estaba contento. Me conmovió. En vida tuvo multitud de honores y premios. Lo que me llama la atención es que tanto su obra como sus generosas acciones literarias ahora produzcan el portentoso homenaje que le rinden escritores jóvenes y mayores, argentinos, mexicanos, colombianos… Escritores de todas las edades, algunos con abultadas e importantes obras, se han citado para iniciar un magno homenaje con escaso apoyo y con la voluntad de los organizadores.

Este gran homenaje internacional sin duda tiene su origen en la legendaria revista El Cuento, fundada por Valadés y que por lustros recibió colaboraciones de todo el continente. No sólo ello, sirvió como un taller literario, donde muchos escritores recibieron recomendaciones del maestro y director de la publicación. En lo personal me emociona por dos razones principales, por la hermosa amistad que mantuvimos y porque veo que si se tiene talento, obra y bondad, es posible que el reconocimiento, el gran homenaje, salga de sus pares y de sus admiradores. Conozco el mundo de los intelectuales, de los escritores, es cerrado, hermético y no suele ser cordial con sus similares. Es egoísta. Al contrario. Y ahora acudimos al llamado hecho por Alfonso Pedraza y algunos  de sus amigos cercanos a recordar al cuentista ejemplar bajo el título de 20 años sin Valadés a recordarlo con nuestros propios cuentos, con otros dichos por cuentacuentos y leyendo la obra del maestro.

Me parece que Edmundo, de apariencia tímida y gentil, siempre dispuesto a dar un consejo, estaría feliz. Nunca le conocí, como a tantos otros, un acto de vanidad, al contrario, lo vi actuar siempre con plena sencillez. Eso, sumado a su talento prodigioso de narrador, es lo que le ha permitido lo imposible: crecer sin necesidad de apoyos y estímulos oficiales. No sólo escribió libros considerados clásicos, lecturas obligatorias, sino que con su revista El Cuento nos dio la posibilidad de conocernos en un descomunal continente donde pocas cosas cordiales nos unen. Ahora su literatura y su recuerdo ejemplar consiguieron el milagro de la plena inmortalidad. Qué duda cabe: pasarán los años y seguiremos leyendo al maestro de la brevedad.  Por ahora, en su nombre, se formó una suerte de internacional de microcuentistas que fomentan los relatos breves y al mismo tiempo le rinde homenaje permanente a Valadés. Al amigo que jamás escatimó palabras de apoyo en el quehacer literario de los recién llegados.

noviembre 19, 2014

La carta de Cárdenas al PRD

La carta del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, donde pide la desaparición de todos aquellos que han manejado lamentablemente al PRD, es una misiva que, bien vistas las cosas, es un documento que podrían recibir todas las dirigencias de partidos políticos, no hay uno que podamos declarar virtuoso e inocente. Están diseñados para la corrupción y la búsqueda del poder no con fines correctos, dignos, con deseos de convertir a México en un país distinto y superior a lo que hasta hoy hemos visto.

Por ahora el PRD, luego de las perversiones alcanzadas en Guerrero, Oaxaca y en más de una delegación del Distrito Federal, ha recibido un balde de agua helada en pleno rostro. Una muy severa crítica del fundador, de alguien que lo hizo crecer hasta convertirlo en un organismo poderoso y que no ha sabido aprovechar su fuerza más que para mezclarse en turbios negocios y afanosas búsquedas de poder con fines económicos. La pareja Abarca es sólo un ejemplo. Los negocios de Marcelo Ebrard, en donde brilla la Línea 12 del Metro, es otro caso digno de mención. Entre ex priistas y dirigentes salidos de los bajos fondos políticos han acabado con el prestigio que tuviera el PRD.

La carta de Cárdenas produjo revuelo en el partido, las reacciones fueron diversas y no cabe duda que faltarán otras. Pero si Carlos Navarrete y Los Chuchos siguen aferrados a su cuota de poder, no es fácil que los restantes, los que ahora viven holgadamente y han hecho de la demagogia una efectiva arma política, renuncien y opten por reconstruir al PRD y darle ahora un rostro de auténtica y digna izquierda, con una clara ideología y no palabrería hueca. A la larga, será Cárdenas el que se tenga que ir acaso a formar otro partido. Nadie mata a la gallina de los huevos de oro.

Pero realmente esa carta, con semejantes términos, deberían recibirla los directivos del PRI, del PAN y demás partidos. La crisis que vivimos es producto de sus demoledoras tareas, de sus turbios manejos. Entre todos han envilecido a México al convertir al sistema político nacional en una lucha de intereses donde, en rigor, todos coinciden en lo fundamental: tener a la sociedad domesticada, bajo control. La tragedia de Ayotzinapa ha permitido ver el rostro de la clase gobernante. Ha despertado del letargo a un país que merece otra forma de vida realmente justa, democrática y lo más alejada de la dominación capitalista. Ojalá que la carta de Cárdenas sea un aviso a los partidos políticos para que dejen de ser parte de un inmenso fraude político. Por ahora, en un importante golpe de audacia política, el líder moral precisa que el partido se encuentra inmerso en un proceso de descomposición. Sugiere que los candidatos pasen por un severo proceso de revisión curricular para recuperar la credibilidad. Para salvarlo es indispensable la renuncia de todos los que de una forma u otra han contribuido a ella y luego poner orden en la casa.

Por ahora, Navarrete dice que no renunciará. La misma postura tomarán los demás.

La carta de Cárdenas es para el PRD, pero cada partido debería leerla como propia. El trágico caso de Ayotzinapa es una dura lección para los partidos políticos y, bien vistas las cosas, todos reprobaron.

noviembre 17, 2014

Ante la violencia, ¿qué se hace?

Los pasados jueves y viernes estuve con el primer actor Carlos Bracho y el poeta Dionicio Morales en la Feria Universitaria del Libro de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) para la presentación de mi libro de reciente publicación, La cantante desafinada, y me tocó escuchar a más de un escritor hacer mención de la violencia que se ha acentuado en el país.

Al regresar el sábado a la ciudad de México, noté que Perisur, a dos o tres calles de mi casa, estaba lleno de policías ante la presencia de un puñado de muchachos que protestaban por la masacre de Guerrero. El domingo leo que hubo un extraño tiroteo en la Ciudad Universitaria. Saldo: un herido, según un medio, dos, según otro. Es decir, hay malestar, indignación acumulada por la lamentable conducta de algunas personas y mala información que contribuyen a aumentar el desorden y a estimular la indignación social en general y de los jóvenes en particular.

Como es obvio, los medios de ayer daban amplia información del discurso de Peña Nieto. Sus palabras pueden ser fácilmente reducibles a un llamado a no “motivar vandalismo ni violencia”. Dicho en otras palabras, condenó la violencia. Me pregunto: ¿cuál?, ¿la ejercida por el poder o la natural reacción del sector más sensible de la sociedad: los jóvenes estudiantes? En esta fórmula hay quien ejerce inicialmente la violencia, el Estado, y quien reacciona ante ella mediante las protestas. El problema es que Peña Nieto, quien estaba de gira internacional, no tiene quizás un buen sistema de información o él mismo no le concede gran importancia a los sucesos que estamos presenciando. Esto último es una posibilidad no descartable, pues nunca debió permitir que su esposa adquiriera una costosa mansión en medio de una situación compleja: a la ancestral miseria de México, la represión en diversos estados de la República y la incertidumbre en el DF, el anuncio de la escandalosa compra. Grave en especial si pensamos que no se trata de la pareja de un empresario exitoso, sino de un alto servidor público. En lo sucesivo, la familia del Presidente de México tendrá que ser más cautelosa y discreta para evitar que la molestia social crezca. Y algo más: entender el origen de la violencia, sus causas y, desde luego, las formas de frenarla.

No será con discursos que la violencia desaparezca, será con acciones concretas e inteligentes que vean el futuro inmediato y no el ruinoso presente. La sociedad está harta de partidos políticos, de todos ellos, desde los tradicionales hasta los que recién arrancan sus tareas demagógicas y su compulsiva necesidad de utilizar el poder para enriquecerse.

La reacción de las autoridades también tiene rangos: si agreden a una universidad pública, la policía llega tarde, cuando debería, en estos momentos, estar atenta. No deja de ser interesante el despliegue policiaco que las autoridades llevaron a cabo para proteger el distinguido centro comercial Perisur. Claro, es un templo donde se le rinde culto al consumismo, a la base del capitalismo, vender y vender, para que unos cuantos puedan comprar hasta lo innecesario. El “Buen Fin” y el “Teletón” son dos fuerzas que impulsan y sustituyen las funciones del Estado. En lo primero, el gobierno estimula el gasto superficial, en lo segundo, nos invitan a pagar por segunda vez las tareas que son obligación estatal.

El gobierno de Peña Nieto parecía hábil o menos malo que los anteriores. Ahora vemos con preocupación que es igual de inepto que los demás. A menos que nos diga de forma convincente qué obtuvo de su viaje en momentos delicados, seguiremos pensando que no debió asistir a esa reunión internacional mientras que la violencia en México crece y necesita su presencia y sus acciones.

noviembre 16, 2014

Revolución y arte

Zapata y Villa han sido llevados una y otra vez a la cinematografía norteamericana.

El México que llegó a la gran rebelión que se transformó, junto con la rusa, en una de las grandes revoluciones del siglo XX, tiene peculiaridades. Viene, en efecto, por razones internas, luego de una larga dictadura y la entrega de recursos nacionales al extranjero, cuando los explotados sufrían y resentían la falta de libertad y democracia.
Francisco I. Madero es la mecha del enorme movimiento que se desató en pocos meses. Se acumularon fuerzas incontenibles: campesinos e indígenas con fuerte respaldo en las urbes donde intelectuales, estudiantes, profesionistas y obreros exigían cambios radicales. Con la nueva reelección de Porfirio Díaz, se establece que sólo dejará el poder por la fuerza de las armas. Madero lanza el Plan de San Luis, en donde reaparece la no reelección y hace un llamado a la insurrección el 20 de noviembre. En Puebla, Aquiles Serdánresiste y finalmente es asesinado mientras que en Chihuahua estalla una sublevación épica. Pronto aparecen los dirigentes que darán las grandes batallas contra las tropas gobiernistas.
Francisco VillaEmiliano ZapataPascual OrozcoPánfilo NateraVenustiano CarranzaFelipe ÁngelesÁlvaro Obregón y otras figuras alimentan la imaginación popular y se traducen en corridos y leyendas, murales, novelas y cuentos que desbordan las fronteras nacionales. Zapata yVilla, por ejemplo, han sido llevados una y otra vez a la cinematografía norteamericana.
Vale la pena citar la mejor versión que de Emiliano Zapatase ha hecho: ¡Viva Zapata! con Marlon Brando y Anthony Quinn, del cineasta Elia Kazan. Periodística e históricamente es el norteamericano John Reed con su obraMéxico insurgente, el mejor cronista que la naciente revolución pudo tener. También dejó un libro notable de relatos (1927) que en México publicó el Fondo de Cultura Económica en 1972, Hija de la Revolución.
Pero si en la primera y segunda etapas de la literatura de la Revolución se trata de una novela de reflejos autobiográficos, de cuadros y de visiones episódicas, de afirmación nacionalista y de esencia épica, como indica el distinguido crítico Antonio Castro Leal, en la tercera, apenas analizada, aparece marcadamente un amplio sentimiento de frustración (que es posible observar enCarlos Fuentes) y, desde luego, la parodia que destaca en la novela Los relámpagos de agosto (1964), de Jorge Ibargüengoitia.
El cine, a su vez, había regresado a los temas que la Revolución desechó de tajo y la literatura criticó rabiosa: elementos que despertaban nostalgias porfiristas: el hacendado y su bella hija, el cura de pueblo siempre generoso y lejos de Dios, los peones de perruna lealtad hacia el patrón y los valores conservadores.
Sólo algunas películas trataron de reflejar la extraña grandeza de la Revolución, con sus personajes complejos y causas perdidas. El compadre MendozaVámonos con Pancho Villa, de Fernando de Fuentes, acaso filmes dirigidos por Emilio Fernández, bajo la poderosa influencia de Eisenstein, quien vio con ojos atentos el México que despertaba: su experiencia en la actividad revolucionaria de la Rusia de los soviets le ayudaba a mejor entender el fenómeno mexicano. Su filme ¡Que viva México! es una obra de belleza singular que desde el inicio, según cuenta el propioEisenstein, encontró obstáculos.
La literatura de la Revolución Mexicana no fue ciertamente una literatura revolucionaria, un movimiento estético de gran envergadura, pero a nivel nacional consiguió profundos cambios. En la pintura, los ojos se volvieron hacia lo propio y apareció una gran preocupación por el muralismo. El estallido violento hizo que los escritores se fijaran en los indios, los campesinos, en los grandes problemas nacionales, lo cual le dio a la novela y al cuento una preocupación política desconocida hasta entonces y un impulso artístico avanzado.
Recordemos el célebre cuento de Rafael F. MuñozHombre, caballo y oro, así como el capítulo del libro El águila y la serpiente de Martín Luis GuzmánLa fiesta de las balas, o su novela La sombra del caudillo. Son trabajos memorables que dejan una profunda huella en los mexicanos. Todavía en los años cincuenta los escritores pensaban en ese movimiento. Lo que produjo fatiga no fue tanto el tiempo transcurrido como la instancia demagógica de hablar de la Revolución cuando estaba muerta y de nuevo entregaban a la burguesía y a los extranjeros los recursos por los que las masas campesinas lucharon y murieron.

noviembre 14, 2014

Café, bebida detestable

No viví con mi padre, pero lo recuerdo inalterablemente vinculado a una pequeña taza de café exprés. A eso de las diez de la mañana decía —dirigiendo sus pasos a una cafetería en Palma casi esquina con 5 de Mayo—, sin café no funciono. Acompañaba el contenido de la tacita con cigarrillos Delicados, de aroma tan fuerte como el del contenido de la taza. A eso del mediodía volvía al mismo sitio y de nuevo bebía café muy oscuro y denso.

También fue una costumbre de mi madre. Ella nunca fumó, su mayor gusto era el café. Si íbamos a un restaurante pedía como único postre (el dulce no le gustaba) un café negro o exprés, lo más cargado posible. Fuera de ellos, en mi familia nadie amaba tanto el café. Mis abuelos lo consumían en las mañanas con leche y pan dulce, conforme a las costumbres de las antiguas familias mexicanas. La verdad, nunca pude encontrarle el atractivo. De niño me parecía una bebida amarga y sin chiste alguno. Más de una vez di un sorbito al de mi mamá, el resultado era el mismo: qué asco.

Con el tiempo me hice escritor. A eso de los veinte años (en 1960) ya escribía y publicaba cuentos y artículos. En esos años de formación visitaba, en compañía del poeta fallecido Antonio Castañeda, al dramaturgo Hugo Argüelles, asimismo muerto. Nos recibía fumando ostentosa y satisfactoriamente y sólo se le ocurría invitarnos café. Acaban de prepararlo, añadía triunfante. Cuando vio que yo lo rechazaba con discreción, me ofreció un té negro o, prefieres una copa, aventuró con cautela.

El tiempo pasaba y yo me disciplinaba ante los rigores de la literatura pero siempre sin fumar y sin beber. Ésa era la definición de abstemio que con gracia daba Óscar Wilde. Observando el medio literario, concluí que para ser escritor era indispensable tomar algunas tazas de café al día o al menos durante el periodo de la creación. Me sentí desolado: por más esfuerzos que hacía, no lograba concluir una taza de café o, algo peor, de Nescafé, aclarado por la leche o crema y bañado de azúcar. Mi madre me vio hacer eso y me dijo con algún dejo de ironía: No sufras, mejor bebe chocolate y lo hubiera hecho de no ser tan incómoda su preparación.

Desde joven, en cambio, me gustó el ron y lo consumí como ahora bebo whisky, con placer. Sin embargo hay una frase de José Revueltas que me dejó desconcertado. Yo, querido René, escribo deportivamente, sin alcohol. ¿Eso presupondría que tampoco tomaba café ni fumaba mientras le dictaba a sus hojas blancas prodigiosas historias? No lo sé. El caso es que yo nunca pude tomar ni un sorbo de café con piloncillo en el momento de escribir, del mismo modo que jamás concluyo una comida con un exprés o un capuchino. Ni siquiera con alguna infusión de manzanilla o hierbabuena.

Imagino que el café tiene algún efecto sobre las personas o que por alguna razón les atrae el beberlo. Rosario, mi esposa, lo consume cuantas veces puede, sólo que lo hace durante la mañana porque después, explica, me quita el sueño. Ella misma me ha contado que de estudiante (es doctora en economía) para no dormirse en las noches bebía varias tazas de café y de esta manera se preparaba para algún examen.

Ciertamente alguna magia debe tener el café, hay pocas partes del mundo donde no lo consumen, en el Medio Oriente, digamos. Los turcos y los árabes tienen mezclas muy fuertes y esas mismas gustan en países europeos. Ignoro, pues, qué efectos pueda producir, más bien dudo de sus efectos. Alguna vez me dieron una taza enorme de café para que me pasaran los mareos del ron, pero me supo horrible y decidí no consumirlo nunca más. Leo libros sobre este enigmático líquido, escucho historias de amor y dramas en torno al café, otras más sobre mujeres que son capaces de leer los restos del café y predecir el futuro. Aparece entre grandes figuras de la ciencia y el arte, entre políticos y empresarios. Pareciera ser una bebida que tonifica, estimula creatividad y concede fuerzas. Cuando escribo, ocasionalmente tomo agua de frutas. Es todo. La mía es una historia de desamor con el café que todos aman.

noviembre 12, 2014

Crece la indignación mexicana

Donde quiera que uno se encuentre, escucha voces de protesta, frases de malestar. La indignación crece y todo a causa del fiasco que es el costoso sistema político nacional que va desde la recolecta de impuestos hasta la alegre distribución que el poder hace de esas enormes sumas de dinero, pasando, desde luego, por el costo de lo que llamamos democracia y su aparato formal, el Instituto Nacional Electoral. Es molesto saber que los políticos viven como reyes y que nadie ha llegado a multimillonario empresario de modo honesto. De por medio, siempre están los negocios al amparo del poder.

En efecto, el taxista, el mesero, el médico que te asiste, la empleada doméstica, los alumnos de escuelas públicas, desde luego los maestros, nadie disfruta la penosa situación del México que tanto pesa sobre nosotros, los simples ciudadanos. No es una novedad, lo que sí impresiona es que por primera vez la famosa voz pública resuena de manera crítica. Pocos toleran a los políticos. Vivimos una lucha entre ellos y nosotros. Una lucha desigual, pues han hecho un país a su antojo, donde siempre nos aplastan.

Sólo veamos las semanas recientes que han desatado el clamor generalizado del país y que va desde la sensación de pésimos gobernantes, ladrones y poco honestos hasta la imagen que proyectan de asesinos. Lo fueron en 1968 y lo son en 2014. Los partidos son distintos, en el fondo son iguales. Alguna vez, en una mesa redonda donde un grupo de académicos nos preguntábamos qué le sucedió a la izquierda, dónde se perdió, Enrique Semo, militante del histórico Partido Comunista, perredista luego de su extinción, señaló que se perdió a causa de la llegada de los ex priistas, los que, en rigor, jamás han dejado de serlo y algo peor, han sido capaces de contaminar a los que afirman ser progresistas y a quienes forman parte de una tediosa derecha. 

Es verdad, tiene razón. Pero eso es una explicación a medias. Falta saber hasta dónde caló el derrumbe o fracaso del pensamiento de Marx, obra tan mal puesta en escena. Los jóvenes no buscan en El capital o en el Manifiesto Comunista la ruta ideológica, más bien combaten sin una dirección fija, culpando, y no sin razón, a los partidos políticos existentes. Muestran su indignación destruyendo la Puerta Mariana de Palacio o golpeando al ingeniero Cárdenas o agrediendo a Alejandro Encinas. Todavía no reconocen a los enemigos, no precisan dónde están los aliados. Pero eso puede ser solucionado. Poco a poco los jóvenes buscan su camino hacia un país diferente. Pero un alumno me dijo retador: ¿Encinas es inocente? No, añadió, en su momento formó parte de los perredistas que cometieron excesos, que se tomaron más atribuciones de las que tenían y llegó a apoyar a un tipo vinculado al narcotráfico al introducirlo oculto en la cajuela de su auto a la Cámara de Diputados. No es inocente. En su momento verá por sus intereses, no por los de Guerrero o del DF, por los estudiantes que protestan sino que velará por los propios.

Dudo mucho que volvamos fácilmente a la calma. El presidente Peña Nieto viaja en plena crisis a Oriente. El salvador López Obrador de nuevo miente al negar sus relaciones con los políticos más turbios y dice que no los conoce cuando en los medios y en las redes sociales aparecen multitud de fotografías que lo muestran junto con el asesino Abarca. Los jóvenes tienen un futuro oscuro, mientras los políticos insisten en sus discursos demagógicos y elementales. Tengo la impresión que los jóvenes están caminando hacia transformaciones de mayor envergadura que nada tienen que ver con los partidos políticos.

noviembre 10, 2014

Todos queremos la paz

Así como la llegada del PAN a Los Pinos hizo que millones de mexicanos imaginaron que la anhelada transición modificaría profundamente el rostro de México, ahora aquellos que creyeron que el retorno del PRI, representado por un joven al parecer distinto al viejo y perverso priismo nos salvaría, pensaban hasta hace unas semanas que íbamos al progreso, la democracia, la justicia y todo lo que prometen los políticos. Nada. Las cosas no siguen igual, están peor porque los desastres llamados partidos políticos han envilecido por completo a la nación. Ahora tenemos claro que no era el PRI, que son todos los partidos. Prueban su amor y devoción por el poder y el dinero cuando están en la cúspide.

El país está irritado, confundido. Aquellos que pensaban que el PRD y Morena estaban a salvo, ya tuvieron forma de comprobar su equívoco. No hay diferencias de los demás: mienten y roban como los panistas, priistas y toda clase de lacras que deciden conformar un partido político más como negocio, como una próspera empresa que recibe dinero sin arriesgar un peso. Como es usual, los jóvenes son más sensibles por diversas razones, una de ellas porque están en un país sin futuro, a no ser la palabrería infinita de los políticos. El gobernador interino de Guerrero acaba de pronunciar una frase sublime: “Somos más los que queremos paz”. Es sin duda un acierto dirigido a tranquilizar la violencia en su estado. Pero de inmediato surge una pregunta: ¿Para qué quieren ellos, los políticos, los poderosos, la paz? La respuesta está sólo en la pareja Abarca: para hacer negocios, acumular cifras inauditas al amparo del poder. En el DF, por ejemplo, vemos a los delegados salir con las manos llenas de dinero. ¿Proviene de sus sueldos y gastos de representación que no son pocos? No. Sale de los negocios que hacen, de las pillerías que cometen. Y sin duda, en la paz los negocios marchan mejor, pues nadie está en la lupa de los medios y de la sociedad.

La mayoría de los políticos llegan pobres y todos salen ricos, convertidos en propietarios de auténticas fortunas en inmuebles, empresas y abultadas cuentas bancarias. Quienes muestran su indignación en estos días son los que ven en la paz una forma de edificar un México justo y todo lo que ello conlleva. Pero saben que para ello tienen que recurrir a las protestas.

El gobierno de Peña Nieto fue poco imaginativo. Pensó que la llegada de un grupo de personas más o menos nuevas en las tareas estatales bastaría para mejorar la realidad. Pero ignorantes de la historia y de los grandes errores políticos, se concentraron en dos o tres tareas que al ponerlas en acción los hizo creer que la patria estaba a salvo, que sus manos eran mágicas. El error de los priistas es que no pensaron en otros escenarios que no fueran los promisorios que ellos suponen. No consideraron los siglos de corrupción acumulada, su larga y antidemocrática estancia en el poder. No vieron que su mal ejemplo estaba ya en poder del PAN, del PRD, de Morena y de los demás partidos que son negocios, como el Verde Ecologista o el de Dante Delgado. Corrupción: juntos la llevan a cabo mejor.

No bastan ya las frases hechas de llegaremos hasta el final, caiga quien caiga, ni hablar del estado de derecho… Hay que actuar finalmente. Hay leyes, ¿no? Bueno, pues hay que aplicarlas. Revisar a cada político no sólo cuando llega al cargo sino durante su mandato y volver a revisar sus cuentas al concluir su periodo. Es posible que a muchos les preocupe que el malestar de los jóvenes aumente. Sin duda es el resultado de muchas décadas de pobreza, injusticias, corrupción y sobre todo impunidad.

noviembre 09, 2014

L’amour, toujours l’amour

Un artista de genio como Alfred Hitchcock tomó más de una obra de arte literaria para incorporar la reunión de una pareja.
No siempre en las obras maestras literarias y cinematográficas está presente el amor. Más todavía, a veces no funciona. Es un elemento innecesario. Se me ocurre pensar en Lawrence de Arabia, el grandioso filme de David Lean basado en Los siete pilares de la sabiduría. Yo lo prefiero como recurso. Hasta novelas mías como El gran solitario de Palacio, obra esencialmente política, tiene por allí un toque romántico entre Sergio y Patricia. Es difícil sustraerse al influjo del amor.
Libros como Romeo y Julieta, de ShakespeareAnna Karenina, deTolstoiMadame Bovary, de FlaubertEl amante de lady Chaterley, de D. H. LawrenceEl gran Gatsby, de FitzgeraldLolita, de Nabokov, los cuentos eróticos de Anaís Nin o las duras novelas de Henry Miller han estado cerca de mí.
Las novelas y cuentos de aventuras pocas veces prescinden del amor. Tarzán, pese a su primitivismo, resultó un leal enamorado de Jean y en una de las más recientes versiones cinematográficas, acaso la última, Greystoke, un salvaje en la cama. Por esta razón, un artista de genio, como Alfred Hitchcock, tomó más de una obra de arte literaria para incorporar la reunión de una pareja. Tal fue el caso de su célebre películaLos pájaros, uno de los filmes más inteligentes y agudos de la cinematografía de suspenso.
En el cuento de Daphne du Maurier, en que se basa, no hay joven pareja de enamorados. Se trata de una familia, la del inválido de guerra Nat Hocken, un granjero inglés. Pero he aquí que Hitchcock traslada la acción a California y allí pone a una bella mujer de sociedad, algo extravagante, Tippi Hedren, persiguiendo a Rod Taylor, como de costumbre algo plano e incapaz de dejarse asediar plenamente por una dama en cuyo currículum está el arrojarse medio vestida o medio desnuda a una de las fuentes de Roma, creo que a la de Trevi.
La mamá de Rod (Jessica Tandy) resulta peor que Sara García, pero con más estilo y elegancia, sin puro entre los dientes postizos, intenta débilmente oponerse a que su guapo hijo se deje seducir por Tippi (Melanie en la película).
No obstante, entre bandadas de pájaros decididos a acabar con los torpes humanos, Rod se enamora, como recordarán quienes vieron el filme. No le importa que la atractiva maestra (Suzan Pleshette) del pueblo Bodega Bay, lo ame sin esperanza, como corresponde a una maestra rural de escasos recursos.
El cuento de Daphne du Maurier, una señora talentosa, y ya poco leída, tiene una gran intensidad y por la brevedad no se pierde nunca la emoción. Llevarlo a la pantalla era extender la historia y eso fue el reto para Hitchcock. La persecución de Tippi sobre Rod Taylor es audaz e interesante. Ella representa a una rara mujer osada. Al mismo tiempo, siguiéndola, vemos a los pájaros, gradualmente entrar en acción para vengarse de tanto niño idiota que les tira con resortera, o de adultos imbéciles, que les disparan sin ton ni son.
Rod Taylor tiene entonces una doble tarea: defender a su familia, una niña llorona, a su madre y a la hermosa Tippi, tan asexuada siempre que al año siguiente de Los pájaros, en 1964, Hitchcock la pone como cleptómana y forzada pareja del apuesto joven Sean Connery, quien se haría célebre internacionalmente interpretando al personaje de Ian FlemingJames Bond, espía inmejorable y amante desmesurado. Hablo naturalmente de Marnie, que en español tuvo apodo: La ladrona.
Según la larga entrevista que le hiciera el cineasta francés François Truffaut al agudísimo de Alfred Hitchcock, publicada por Alianza Editorial, nunca hay nada gratuito en el cine de éste. O al menos la gratuidad va a formar parte del gusto por la fantasía fundada en el absurdo. Hitchcock acierta. No se trata de deformar el cuento deDaphne du Maurier, sino de llevarlo a la pantalla y ello supone otro lenguaje y diferentes recursos. La literatura son palabras, el cine imágenes.
He leído unas tres veces Los pájaros y como película la he visto por lo menos cuatro ocasiones. Uno y otra me encantan. Aunque prefiero la versión cinematográfica: me gusta ver a una pareja de enamorados luchando contra los elementos o contra la sociedad o contra lo que sea. El amor es lo único que vale la pena de vivir.