Tantadel

diciembre 29, 2014

Efraín Huerta, poeta de la ciudad

Realmente no llegué a ser amigo de  Efraín Huerta tal como lo fueron, por ejemplo, Dionicio Morales, Carlos Bracho y Leopoldo Ayala, tal vez por una timidez de fondo. Pero lo vi en reuniones poéticas y en fiestas donde el alcohol era desaforado y oportuno. En más de una de esas reuniones, Huerta improvisó poemas o modificó los hechos jugando con los acentos.

Efraín Huerta nació en Silao, Guanajuato, en 1914 y murió en la ciudad de México en 1982. Ingresó en 1935 al Partido Comunista, de donde, siguiendo costumbres estalinistas, lo expulsaron en los años cuarenta. A pesar de ello, igual que muchos otros izquierdistas, permaneció fiel a la causa y no distante del legendario PC. El periodismo lo atrapó y dedicó mucho esfuerzo a su práctica, especialmente a la crítica de cine. El Fígaro no era un periódico de especial peso en México, pero allí, en sus páginas escribía Efraín Huerta de cine y eso nos hacía comprarlo.

La poesía de Huerta tiene deudas con la generación del 27, quizá con la de Contemporáneos y sin duda con la enorme poesía de Pablo Neruda. Es una poesía a veces dura, amarga, callejera, de un mundo sórdido, de camiones y ciertas nostalgias, una poesía poco esperanzadora, escrita desde una brutal zona urbana que ya se anticipaba terrible. Dionicio Morales ha dicho que Huerta es “un poeta original, un poeta realista que le inyecta a la poesía mexicana rabia, algo que le hacía falta a este género en esos años, y lo cual se puede advertir en su libro Los hombres del alba, sin olvidar su sentido del humor sarcástico y su honestidad para ganarse la vida”. Yo añadiría a las palabras de Dionicio, que se trató de un caso, como el de José Revueltas, de enorme e intensa congruencia política.

Dada la situación internacional, de un lado el ascenso del fascismo y del otro una Unión Soviética que se debatía entre su pasado leninista y su presente donde Stalin se aprestaba a una brutal guerra con Alemania, el debate era sobre literatura y compromiso. Octavio Paz hizo una detallada relación de sus admiraciones y polémicas en obras autobiográficas; en algún párrafo se detiene en Efraín: “…con la excepción de Huerta, los poetas mexicanos que escribíamos en Taller, vimos siempre con recelo a la poesía social”. Nuevas metáforas más audaces e insólitas aparecieron en sus trabajos, acaso por la poesía de Maiakovski: La nube en pantalones, La flauta vertebral y La guerra y el mundo, un marxista soñador que decidió culminar sus días cometiendo el único acto de libertad que los humanos podemos darnos: el suicidio. Su vida fue una gran tragedia y su poesía revolucionaria influyó en muchas generaciones, por qué entonces, Efraín Huerta iba a dejarlo pasar desapercibido. De modo que escribió un ensayo destacado sobre el legendario personaje ruso: Maiakovski, poeta del futuro (1965).

Recuerdo que algunos de los libros de Huerta, Línea del alba (1936), Poemas de guerra y esperanza (1943), Los hombres del alba (1944), Farsa trágica del presidente que quería una isla (1961), El Tajín (1963), Barbas para desatar la lujuria (1965) y Poemas prohibidos y de amor (1973), hicieron de él uno de los poetas mayores y le dieron para siempre la reputación de un escritor comprometido con las grandes luchas sociales y con los sueños de una época que, por desgracia, no llegaron a ser realidad.

Sus últimas hazañas poéticas fueron escribir los célebres poemínimos (un género inventado por Efraín que quizá descienda de las famosas greguerías de Ramón Gómez de la Serna, del haikú de Tablada y de las jitanjáforas), bajo el título de Estampida de poemínimos, en 1981, ingeniosos juegos verbales, frases irónicas, breves y burlonas. Su obra lo trascendió.

Publicado el 09-07-2014

diciembre 28, 2014

En busca del héroe perdido 2/2

Madero pudo desencadenar una gran revolución social no por su genialidad, sino porque existían condiciones para ello

El célebre y polémico Carlos Marx concibió una lista de “héroes” que lograron transformar el curso de la historia, rodeados por las condiciones objetivas y subjetivas de una estructura que los dejó moverse cómodamente, merced a su genio y capacidades.
Contribuyeron a mover la pesada maquinaria económica y política de la  superestructura. Y a la lista del pensador alemán, sugerida en El dieciocho Brumario... se podrían añadir con toda facilidad los nombres de grandes héroes, de personajes que edificaron magnos edificios en la filosofía, la religión, la música, las artes plásticas, las letras o la política. No es posible entender a Hemingway sin haber leído aTwain o sin conocer los elementos sociales y económicos que lo conformaron. Así como tampoco lo es imaginar aLenin sin mirar hacia los movimientos revolucionarios del pasado: la Revolución France­sa, la Comuna y la primera gran derrota del proletariado ruso, el llamado por él mismo “ensayo general” de 1905...
Pero Marx precisa más todavía. En el prólogo a la citada obra, critica a Víctor Hugo, otro héroe, y considera que su obra Napoleón le Petit no es más que “una amarga e ingeniosa invectiva” contra el sobrino de Bonaparte. Y ello podría ser considerado una poderosa refutación a Carlyle. “No ve en él —dice Marx a Víctor Hugo refiriéndose a Luis Napoleón, futuro emperador de Francia, respon­sable de una invasión dolorosa a México y cuya medida vio la asombrada Europa en la derrota de Sedán frente a los nacientes y poderosos ejércitos prusianos— más que un acto de fuerza de un solo individuo: no advierte que lo que hace es engrandecer a este in­dividuo en vez de empequeñecerlo al atribuirle el poder personal de iniciativa que no tenía paralelo en la historia universal... Yo, por el contrario, demuestro cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe”.
Y en efecto toda una serie de condiciones materiales u objetivas y subjetivas, como se dice comúnmente dentro del marxismo, son las que permiten una hazaña o un efecto negativo como lo fue el surgimiento del nacional socialismo de Hitler.
A estas alturas ningún historiador podría afirmar que llegó al poder por su enorme talento político; no, lo obtuvo merced a una compleja cadena de acontecimientos que permitieron que una doctrina criminal dominara a una magnífica nación y convirtiera a ese pueblo en una suma de asesinos de comunistas y judíos.
Dentro de esa cadena está el profundo nacionalismo alemán, el militarismo prusiano, la crisis económica del 29 y las convulsiones internacionales de aquella época. Si esto no es contemplado, sólo se conseguirá darle un valor enorme al arribo de Hitler al poder, algo que fue sumamente costoso para la humanidad.
Marx, pues, no niega jamás el papel del héroe dentro de la historia, lo que hace es ir más lejos. Algo semejante a lo que hizo con la dialéctica hegeliana al decir que era correcta y que sólo necesitaba ponerse de pie, pues estaba de cabeza. El héroe existe y su papel es fundamental, pero hay que aceptar que actúa conforme a una concatenación de hechos históricos muy concretos, que le permiten surgir y actuar.
Para señalarlo con un ejemplo nuestro, Madero pudo desen­cadenar una gran revolución social no por su genialidad, sino porque existían condiciones para ello y una vez que apareció, los héroes pudieron aflorar, tanto los militares como los artísticos. Zapata y Villa en el campo del guerrero, Azuela yMartín Luis Guzmán en el terreno de las letras, Rivera y Siqueiros en las artes plásticas.
El héroe existe, en suma, como resultado de circunstancias.Carlyle tenía razón: hay un culto a los héroes que le rendimos los simples mortales, los que no conseguimos nunca las grandes hazañas, las gestas maravillosas.
También existe para Marx, nada más que éste lo despoja del halo romántico y poético que Carlyle le concede y lo pone en un papel secundario: el primero se lo da a la lucha de clases, el motor de la historia. Pero bien podríamos decir con dosis de irresponsabilidad científica social que ese motor siempre busca a un hombre para darle la tarea magna de conducir a los pueblos, justo al que denominamos héroe.

diciembre 26, 2014

Nuestras letras en Europa

Hace unas cuatro décadas en Europa sabían de los latinoamericanos, hablo de literatura porque ya Rivera y Frida anticipaban su reputación internacional y era fácil encontrar autores nuestros de alto rango: Rulfo, Fuentes, Donoso, Cabrera Infante, Borges, Carpentier, Vargas Llosa, Sabato, Lezama Lima, Cortázar y algunos más de los que llamaban, merced a la agencia literaria de Carmen Balcells, el Boom latinoamericano. Fue un extraño momento para América Latina, soberbio. Al fin casi masivamente sabían de nosotros, pues en España había un vacío provocado por el franquismo.

Con el tiempo, muchos de ellos afianzaron su reputación: García Márquez y Vargas Llosa obtuvieron el Nobel, que antes habían conseguido Neruda, Asturias y Gabriela Mistral. Pero eso no nos hizo entrar a los grandes mercados europeos, salvo por temporadas. Leñero me dijo en 1965 que en Europa y Estados Unidos éramos objeto de curiosidad exótica, no de estudios y reflexiones atentas.

Ahora descubro que sus palabras fueron proféticas. He buscado inútilmente obras de latinoamericanos, y apenas he hallado obras desde luego de Borges y García Márquez. No es fácil hallar algo más allá de Isabel Allende y si acaso de Laura Esquivel, como me sucedió en Dinamarca y en Finlandia con esta última.

Recuerdo mejores tiempos en que Paz estaba en las librerías francesas y españolas. Hoy, al menos en Italia, no lo vi, a pesar de tantos festejos mexicanos. En Venecia una señora curiosa me dijo: Habla español, ¿de dónde es? De México, respondí. Ah, ustedes si tienen cultura, mi esposo y yo amamos su país. Era de Nicaragua y se refería a la soberbia parte prehispánica. En Milán, en la Scala, durante una memorable presentación del virtuoso pianista Daniel Baremboin, me tocó al lado una persona preguntona. ¿Es usted músico? No, escritor, dije con estúpida pedantería. No tenía ni la menor idea de qué artistas había en ese enorme continente de más de quinientos millones de habitantes. Solo que Baremboin tocaba sonatas de Schubert y que había nacido judío en Argentina.

Me llama la atención que la globalización hecha básicamente a través de los medios de comunicación nos llene de información de escaso relieve. A cambio han desatado el nacionalismo. Me asomo a mi correo y tengo cientos y cientos de mensajes donde me hablan de problemas nacionales, muy locales y ninguno de Israel y sus brutales agresiones a Palestina, de la histeria occidental desatada por Corea del Norte o de un Oriente Medio abrumado por las fuerzas militares de EU. Recuerdo que hace cuatro décadas existía algo que se llamaba solidaridad internacional. Hoy apenas existe y la promueven los locales de cada país con problemas graves. En ocasiones los organismos internacionales y raramente encuentran repercusión.

Pero volvamos a la literatura. Sé que José Agustín, Salvador Elizondo, José Emilio Pacheco y Carlos Fuentes están traducidos a varias lenguas, no los hallo cuando salgo de México. A cambio me topo con libros de García Márquez y sobre todo de Borges en distintos países, a nadie más. Hay best-sellers a montones, los que uno halla en cualquier Sanborns, la mayoría provenientes de autores norteamericanos de mala calidad. Es raro toparse con algo de talento. En Roma, en la casa Feltrinelli, antaño hogar de muchos latinoamericanos, hoy solo vi a Borges traducido al italiano, en español y en versiones bilingües. Me alegro mucho. Siempre lo admiré desde que en el bachillerato, en 1960, mi maestro de literatura, Fausto Vega, me hablo de él y de su inmenso talento. Cuando los cubanos lo excomulgaron, yo seguí fiel a sus libros. Los he coleccionado en cuanta lengua lo hallo. Tengo ediciones bellas y raras. Cuando lo vi dos veces en Buenos Aires en 1971, me sentí doblemente subyugado por su genio y sensibilidad literaria, por su fino sentido del humor.

Bueno, es lo que se me ocurrió escribir estando en Italia, donde se supone que aparecerán unos cuentos míos cuyo destino es en verdad incierto.

diciembre 22, 2014

México en los medios

En el extranjero los medios de comunicación tradicionales no tienen mayor información sobre México. No somos noticia. Cuando estudié el postgrado en Francia, tan no éramos noticia que escribí un artículo afirmando que aparecíamos en los periódicos o en la televisión a menos que hubiera una matanza como la de Tlatelolco. Aquello parecía una idea descabellada, exagerada.

Pero así era. Había que aguardar las cartas familiares, las noticias telefónicas o, en el colmo de la velocidad, ir a la embajada mexicana a leer los diarios de la semana anterior. No era fácil, pues, estar bien informado acerca de los sucesos nacionales. En Moscú, alrededor de 1980, una delegación de marxistas mexicanos, donde estaba yo, tuvimos un encuentro con compatriotas estudiantes de la Universidad Patricio Lumumba. Los jóvenes compatriotas querían noticias frescas del país, las que podíamos darles nosotros.

Ahora es diferente. Cierto: somos una aldea globalizada. Pero abruma la información de la metrópoli: Estados Unidos. En Venecia, por ejemplo, una carrera de pequeñas embarcaciones, parecidas a las góndolas, permite que los competidores naveguen disfrazados de Santa Claus. Algo ridículo en un país de poderosa y fascinante historia, de gran personalidad. En las hermosas plazas y estrechas callejuelas se confunden venecianos y norteamericanos vestidos como árboles navideños, algunos llevan gorros rojos y cuernos de reno de peluche.

¿Y México? No vi en los noticiarios televisivos ningún dato sobre el país donde España cabe casi cuatro veces. Ah, pero a mi correo no cesaba de llegar información detallada del país: marchas, protestas, indignación por los pasados sucesos de Guerrero, artículos de columnistas afamados irritados por la familia Salinas, críticas a Peña Nieto, malestar por la corrupción del perredismo en la ciudad capital... Una larga lista de quejas, infinita.

Supongo que algo semejante ocurre en ciertos países europeos, pero para eso son las redes sociales: para mostrar inconformidades que no hallan cabida en los medios de comunicación usuales. Es decir, y todos lo sabemos, no hay secretos a escala mundial, todo lo que ocurre en un país (Wikileaks ya lo probó) se sabe en el resto del mundo. Las verdades y las mentiras, las exageraciones y cualquier clase de información que a una persona con internet se le ocurra pensar y escribir, es recibida en cualquier teléfono celular.

Lo digo porque a falta de información mexicana en Italia, cada vez que abro mi correo recibo cientos de mensajes sobre el estado de la nación.

Ese lo conozco más o menos bien y hasta me siento capaz de interpretarlo, pero ¿y los demás? Bueno, no me toca resolver tal asunto.

Como tampoco soy intérprete de la historia mexicana, me corresponde el modesto papel de escribir sobre algunos de sus muchos sucesos. Trato de ser objetivo, pero la realidad me abruma y supongo que de pronto también soy exagerado.

Tal vez Vicente Fox haya tenido razón al decir que no todas las noticias son negativas, también las hay positivas. Ahora, ¿cuáles son, dónde están, cómo aparecen y cómo son comentadas?

diciembre 21, 2014

En busca del héroe perdido 1/2

El idealismo y el materialismo podrían encontrarse dentro de lo posible y hasta hermanarse en algún aspecto.

Un año antes de que Karl Marx obtuviera el doctorado, el 15 de abril de 1841, en la Universidad de Jena, un hombre diametralmen­te opuesto, Thomas Carlyle, preparaba una serie de conferencias que le conseguirían la fama: Los héroes, que luego se convirtiera en su más prestigiada obra. Pasaron muchos años, Marx se ha transformado en uno de los más brillantes pensadores universales con una doctrina coherente que se propone darle al hombre su completa libertad. A su vez, Carlyle es un pensador igualmente respetado, acaso no tan célebre.
El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte es uno de los más lúcidos y acabados trabajos de Marx, escrito entre diciembre de 1851 y marzo de 1852. Tal vez el historiador inglés no llegó a conocer seriamente el pensamiento de Marx, pese a que su cultura y su devoción eran alemanas y es probable que tampoco Marx se haya preocupado mucho por su contemporáneo inglés, aunque pasó gran parte de su tiempo creativo trabajando en la Biblioteca Británica. Hoy, a la luz de nuevos acontecimientos, me parece que podríamos hallar en el trabajo de ambos el comple­mento necesario para entender que es un héroe y cuál es su función en la historia. De esta manera el idealismo y el materia­lismo podrían encontrarse dentro de lo posible y hasta herma­narse en algún aspecto.
Recuerdo una plática con un marxista de talla, Ernest Mandel. No resistí hacerle la pregunta acerca del héroe, del gran hombre que cambia el curso de la historia. La respuesta me asombró, pues en ella me parecía hallar ecos de las dos obras citadas. La suma de Carlyle y Marx hasta hace unos años podría resultar des­cabellada, supongo que ahora las objeciones podrían ser menores.
Para Thomas Carlyle es “la historia universal, la realizada por el hombre aquí abajo, en el fondo, la historia de los grandes hombres que entre nosotros laboraron. Modelaron la vida general grandes capitanes, ejemplos vivos y creadores en vasto sentido de cuanto la masa humana procuró alcanzar o llevar a cabo, todo lo cumplido que vemos y atrae nuestra atención es el resultado material y externo, la realización práctica, la forma corpórea, el pensamiento materializado de los grandes hombres que nos enviaron. Su historia, para decirlo claro, es el alma de la historia del mundo entero”.
Qué duda cabe de que Carlyle era un admira­dor de las grandes hazañas humanas, que detestaba la pequeñez porque suponía —no sin cierta razón— “que jamás pudieran des­arraigar del corazón del hombre cierta peculiar o innata reveren­cia hacia los grandes hombres, genuina admiración, lealtad, adoración, si bien empañada y pervertida”.
Carlyle trata de probarnos su teoría mostrándonos una serie de personajes legendarios: OdínMahomaDante,ShakespeareLuteroKnoxJohnsonBurnsRousseau,Cromwell y Napoleón. Sólo que a este último, como buen inglés, lo presenta como a un falso héroe.
Sus argumentos, los autores seleccionados, son realmente fascinantes. Es difícil resistirse, diga­mos, a no admitir, al menos en mi caso de escritor, que un héroe de las letras como Shakespeare no transformó la literatura de su tiempo, como ProustKafka y Borges lo hicieron con la del siglo XX.
Sin embargo, Carlyle no mira más allá de la hazaña del héroe. Deja de lado, quizás a propósito, las acciones de grandes masas, de pueblos que se levantan en armas y son capaces de derribar el antiguo orden y establecer uno nuevo, distinto y con frecuencia mejor. No toma en cuenta la silenciosa colonización de América del Norte hecha por modestos carpinteros, herreros, maestros que dejaban atrás el pasado mundo aristocrático de Inglaterra.
Y es aquí donde entra la principal refutación de Marx: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo las circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando estos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestado sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representa la nueva escena de la historia universal. Así Lutero se disfrazó de apóstol Pablo...”.

diciembre 19, 2014

DF, ¿habrá cambios?

El próximo año, 2015, estará marcado por cambios políticos resultado de las llamadas elecciones intermedias. Todas las delegaciones tendrán nuevos titulares. La interrogante reside en el origen político de cada uno de ellos, ¿provendrán nuevamente del PRD o la composición será más plural? Pareciera que el hartazgo por la persistencia de la corrupción e ineficacia de tal partido requerirá que haya nuevas presencias políticas, pero se antojan complejas. Los capitalinos no parecen ver la solución de sus problemas en el cambio de siglas. Antes que ver fuera al PRD del DF, suponen que se necesitan perredistas con las manos limpias. ¿Donde estarán?

Miguel Ángel Mancera pareciera tenerlas. Pero no milita formalmente en tal organismo. Sus mayores logros son: hacer que quiten los saleros de las mesas de fondas y restaurantes, fomentar el uso de la bicicleta y estimular las carreras de maratones. Del otro lado, las marchas, plantones, los ambulantes, la recolección de la basura, los baches, la corrupción, la insatisfactoria solución de la célebre Línea 12 del Metro, corruptelas de Marcelo Ebrard, en fin, una larga lista de problemas pendientes e irresolubles. El resto son políticos desprestigiados y muy vistos por la ciudadanía y los medios como impresentables.

Me corresponde como habitante del DF preocuparme por toda la ciudad en su conjunto, pero en especial por mi delegación, Tlalpan. Allí he visto los niveles más escandalosos de corrupción e ineptitud, tomando en cuenta sus características sociales y culturales. Desde la llegada de El celebérrimo Pino, hoy secretario de Educación de Guerrero, hasta Maricela Contreras, pasando por un tal Higinio, Sánchez Torres, y otros en verdad siniestros, han convertido a la delegación en muladar donde reinan los ambulantes, los giros negros y las irregularidades. No existe zona de la delegación que se salve, las quejas proliferan, pero hasta allí llegan las cosas. Las protestas más evidentes no aparecen en los medios, sino en las redes sociales. Tampoco la gente de Tlalpan parece vincular las desapariciones y muertes de Guerrero, gobernado de principio a fin por perredistas, como Tlalpan. Da la impresión que Peña Nieto y el PRI fueron a ese estado a asesinar estudiantes.

Po otro lado, ni el PAN ni el PRI parecen existir en el DF, tampoco se ven posibilidades de acuerdos comunes para si no arrojar a los corruptos perredistas de la capital, al menos darle mayor pluralidad para evitar que nos abrumen con su sofocante peso. En Tlalpan, quienes se preparan para volver a repartirse el botín son personajes del PRD que se han hecho poderosos en la delegación y ricos gracias a sus corruptelas. En la colonia donde vivo, cobran prediales carísimos y a cambio nos brindan servicios de octava clase. Los ambulantes nos inundan y jamás hay un basurero, los baches lucen bien y las luminarias sirven a medias. Todo esto lo han conseguido los perredistas. Sin mayor esfuerzo. Han degradado el Bosque de Tlalpan, zona natural protegida, y en general el área se ha deteriorado visiblemente. Los usuarios del bosque hacen lo que les viene en gana sin la debida vigilancia. ¿Qué sucederá en las próximas elecciones? Nada. Volverán a triunfar los corruptos que han logrado manipular a los enormes grupos clientelares. Todo Tlalpan, contra lo que indican letreros puestos desde tiempos priistas, no es zona de paz y tranquilidad, lo es de pura corrupción quintaesenciada.

diciembre 17, 2014

Entre rimas te veas

Hace unas semanas encontré a Emilio Cárdenas, compañero de generación en la Facultad de Ciencias Políticas. Hoy funcionario de la delegación Miguel Hidalgo. Para mayores datos, estábamos en uno de los homenajes a Octavio Paz y su viuda arribaría en unos minutos. Me dijo que siempre que platicaba con ella yo salía a la conversación. Sí, porque alguna vez el muy reconocido poeta se dio por ofendido conmigo, imagino que por mi estrecha amistad con su ex esposa, Elena Garro, e hizo un artículo en mi contra que concluyó con una rima fácil y sañuda: Rene quiso ser Hábil-es y sólo fue Ah, vil-es.

Respondí señalando que era pésima rima, no en todo caso la de un hombre inteligente y culto en exceso. Cuando cumplí veinte años, José Agustín me ofreció un festejo sensacional en su casa y como regalo me entregó en papel higiénico un largo poema irónico que terminaba más o menos así: René Avilés Fabila que pensando no da una, bebiendo Hábil-es. Lo leyó ante los festejantes y aplaudimos entusiasmados.

Mucho más adelante, mi querido Francisco Liguori, quien como Andrés Henestrosa se enorgullecía de haber bebido con tres generaciones de Avilés: mi abuelo, mi padre y yo. Debo añadir que pocos escritores, pintores y políticos de talento se sustrajeron de hacerme bromas con dardos de corrosivo buen humor. Sobre mi persona fueron varios los epigramas que hizo Liguori. No los memoricé. Por lo pronto, hay uno publicado en la revista Siempre! (número 2159, noviembre 9, 1994) que rescato:

Varios homenajes ha merecido el escritor René Avilés Fabila, creador del suplemento cultural El Búho de Excélsior:
Habilidades de Avilés

Amigo he sido de tres

Avilés:

de don Gildardo, el abuelo,

pedagogo de alto vuelo,

y también de dos Renés,

padre e hijo, y éste es

cual fue su padre, escritor;

su literaria labor

le ha dado muy justa fama.

Periodístico interés

desde muy joven lo llama.

¡Muy hábil es Avilés!



Muy a su manera, Griselda Álvarez también me escribió varios poemas, en este caso, sonetos, uno de ellos es el siguiente, publicado en El Búho, el 4 de febrero de 1996:
A René (El renacido)

Con cariño por su hermosa dedicatoria
René Avilés Fabila, escribe, escribe

como niño aplicado en su tarea.

¿Es su afán trascender? Justo que sea

que nada en este mundo lo prohíbe,

Rompe, fustiga, nadie lo cohibe,

Arremete a los grandes, sermonea,

arma la bronca, intrépido pelea,

ni siquiera su sombra lo proscribe.

Yo, la gran desvalida de la suerte,

quisiera ser su abuela. Su berrido

bañarlo en mi ternura, niño fuerte.

Aislarlo de la angustia y renacido

defenderlo con furia de la muerte

y de las telarañas del olvido.
Este soneto es más profundo de lo que a primera vista parece. Creo que hubo un amor sentimental tardío. Entramos en el típico juego nacional de escribes sobre mí y yo escribo sobre ti sin ponernos de acuerdo. Recuerdo un poema suyo, puesto en un regalo de cumpleaños que terminaba diciendo, “para René, un búho, ya que en amor no se púho”.

Paz o alguno de los suyos, probablemente Jaime García Terrés, volvió a la carga, ahora en Vuelta con una nota sobre mi periodismo cultural, y me dijo Bebé Avidez Tequila. Respondí de nueva cuenta: Está mejor, sólo que bebo, sí con avidez, pero puro whisky.

Esto viene a cuento porque me aburrí de ser objeto de la misma rima. ¿No podrían buscar algo distinto? La semana pasada recibí la enésima versión jugando con Avilés. Falta ingenio, qué duda cabe. Pero ahora sobra odio gratuito. No pienso responder a nadie más, son enanos y resentidos. Con Paz fue distinto, era y es un figurón. Cuando Octavio publicó el texto en mi contra, Alberto Dallal me telefoneó entusiasmado: René, ya la hiciste, un Premio Nobel te escribió, ahora tienes el epitafio para tu lapida.

Tuvo razón, ahora, tarde o temprano, aparecerá el artículo de Paz y seré reconocido no porque gane su amistad, sino su aversión.

diciembre 15, 2014

EU: la paja en el ojo ajeno

Con regularidad, Estados Unidos acusa a otras naciones de violar los derechos humanos, de utilizar el terror y cometer actos violentos contra la población. Lo hace con desparpajo, con asombrosa naturalidad. Sin embargo, eso se llama popularmente ver la paja en el ojo ajeno y no sentirse incómodo por la viga que trae en el propio. Para empezar, los norteamericanos han deshecho literalmente pueblos, allí están Irak y Afganistán. Tiene una base naval en Guantánamo, Cuba, para torturar a supuestos terroristas sin que ninguna oficina de derechos humanos se percate. Interviene con todo cinismo para apoyar gobiernos que agreden a sus respectivas sociedades o de plano, como en el caso de Israel, se hace de la vista gorda ante los asesinatos y despojos, acciones brutales que de manera cotidiana comete contra el sufrido pueblo palestino.

El propio Senado norteamericano ha reconocido que la CIA, por ejemplo, tortura y asesina, bajo cualquier pretexto y siempre esgrimiendo la seguridad nacional y los sagrados intereses de cada norteamericano que decide ir a ver el mundo y de paso despojar las riquezas naturales de otros países. Para eso está el triunfo de la libre empresa, donde EU es campeón.

No pasa un día sin que el presidente en turno de EU nos diga a los gritos que son los más respetuosos en materia de derechos humanos, que están en una sociedad de gente valiente, generosa y preocupada por la humanidad. Todo ese discurso que viene de muy hondo en esa brutal nación ya pocos lo creen, en especial, por ahora, los árabes. Para los estadunidenses, todo musulmán es criminal y a su paso por EU es vejado y hostigado, al menos vergonzosamente vigilado.

Pero de esas acciones contra la libertad y la democracia, los yanquis nada dicen. A Cuba la han sometido a un bloqueo criminal que lleva cincuenta años, no obstante que muchos países de América Latina y Europa le han pedido a EU que cese la acción, los cubanos siguen padeciendo las acciones monstruosas de la colosal potencia que surca los mares y tiene bases  militares por todo el mundo y el arsenal atómico más poderoso, poniendo orden, su propio orden. Ella dice quiénes son los buenos y quiénes los malos.

Pero lo más extraño es que el país modelo de las libertades y derechos humanos, cada tanto mata negros, mexicanos y árabes. Unos por ilegales, otros porque son agresivos y unos más porque pueden poner bombas en sus edificios. El caso es que EU es el número uno en violación de derechos humanos. Obama dijo que eliminaría la base naval de Guantánamo, sinónimo de oprobio estadunidense y allí sigue. Los que entran en ella sufren toda clase de vejaciones, torturas y hasta la muerte, y no hay nadie que defienda a los que sufren bajo las fuerzas militares y policiacas norteamericanas.  En el total cinismo, la CIA dice que sus “técnicas de interrogatorio son mejoradas” y que ya poco recurren a métodos violentos.  Y eso lejos de tranquilizar a los países que tienen algún conflicto con EU, los aterroriza.

Está visto que, por otro lado, matar negros, mexicanos y árabes es sólo un deporte. Cada ciudadano gringo tiene pequeños arsenales porque así lo permite la Constitución y la Asociación del Rifle, de tal manera que deben ser utilizados en contra de cualquiera que parezca sospechoso o simplemente les caiga mal.

Pero ni modo, quién le puede decir, en un mundo donde no existen otras fuerzas políticas y militares, no, ya basta, ustedes son racistas y torturadores y cuando uno mira el Oriente Medio, es sencillo acusarlos también de genocidas.

diciembre 14, 2014

Periodismo, ética y estética

La prensa escrita —dicen— cede, pierde espacios. Puede ser, lo veremos a largo plazo

Desde su nacimiento, el periodismo se ha debatido entre la ciencia social y el arte, a veces fue una cosa, a veces otra. Pienso que siempre existió la preocupación de fusionar el arte y la ciencia con la ética. La lucha no ha sido fácil ni breve, a la fecha no hay tantas personas que entiendan una de las ideas planteadas por Kapuscinski: el periodismo no es para cínicos, en cambio, es arte.
El mundo es cambiante, en consecuencia lo es el periodismo. Si antes sus avances se daban con lentitud, hoy, en un mundo globalizado básicamente a través de la comunicación, son más acelerados. El mundo se achica a gran velocidad a causa de las nuevas tecnologías que han sido recibidas con entusiasmo por los jóvenes. Internet, desde luego, puede ser arte, sentido de la ética, espíritu de justicia, todo depende de quién maneje la computadora.
Esto nos lleva a un dilema: ¿qué clase de periodistas necesitamos? ¿Los queremos improvisados, superficiales, frívolos, que se limiten al boletín y a las generalidades, o los requerimos convertidos en rigurosos investigadores como Sherlock Holmes o Hércules Poirot, hurgando hasta en los detalles más nimios para ajustarse a la verdad y dándole a su prosa el sentido estético que manejaron
ConradStevensonMelville y Hemingway?

El periodismo no es sólo la noticia, es la historia de todo un proceso y sus efectos, donde hay seres humanos, dramas, conflictos y resultados preocupantes. De este modo, en la década de los sesenta trabajaron periodistas-literatos como Norman MailerTruman Capote y Tom Wolfe, para desatar una revolución que aún avanza y recupera los mejores elementos del pasado que lo hicieron posible: los novelistas y sus obras de ficción basadas en realidades que inquietan.
La globalización conlleva desafíos que debemos vencer. Uno es la frivolidad, la innegable tendencia a ser superficial en aras de la rapidez y el entretenimiento fácil. Estamos convirtiendo a los lectores en televidentes que apenas reflexionan, que son receptores de emisiones estúpidas.
Entre lo escrito y la televisión, está la radiofonía que se esfuerza por reponerse del éxito de las pantallas y arriesga buscando mejores comunicadores. Pero es en los medios escritos donde aparece sin duda el mejor periodismo.
Los medios electrónicos ganan terreno, vivimos la época de las pantallas y los espectadores pasivos. La prensa escrita —dicen— cede, pierde espacios. Puede ser, lo veremos a largo plazo. Por ahora hay algo que vence a la rapidez electrónica: la prensa escrita. Si bien radio, televisión e internet nos muestran la noticia en el momento mismo en que se da, es el periodismo escrito quien explica el fenómeno y lo analiza minuciosamente. Vemos una declaración de Obama, pero ¿dónde está la reacción seria, profunda, a sus palabras? No en esa misma pantalla. Surge como resultado de la experiencia de quienes ejercen el análisis y la reflexión por escrito.
En toda lógica periodística, los famosos cinco sentidos del periodista deKapuscinski son seis, pues al estar, ver, oír, compartir y pensar, siempre habrá que añadir escribir. Por ello recomendaba leer poesía, literatura, para embellecer las herramientas del seco y a veces rudo oficio periodístico. Sin esta acción no hay periodismo grande, desaparece la intensidad del texto. Los medios televisivos o radiofónicos parecen sólo necesitar presencias y voces, pero atrás de cada uno de aquellos que trabajan en los glamorosos medios electrónicos, siempre hay un complejo trabajo escrito. Sin la escritura, podemos resumir, el periodismo es palabrería y poca reflexión, verborrea y escasa profundidad en los acontecimientos.
La tarea de comunicar le concede, a quien bien la realiza, una recompensa ilimitada: el agradecimiento y el respeto de una sociedad orientada correctamente. Ahora bien, ¿de dónde sale el periodista ideal que apenas hemos esbozado? Puede formarse en las salas de redacción, como hasta hace un tiempo, pero asimismo egresan de las universidades, donde el joven recibe no sólo los elementos académicos, sino también una clara idea del código moral que debe llevar como escudo y divisa. La corrupción debe cesar del todo. El informador serio se debe a la sociedad y darnos su mayor esfuerzo ético y estético, dejando la arrogancia de lado, allí está su mayor compromiso, no con el político todopoderoso, los partidos o el Estado. Encontrará su mejor sitio junto a los mayores intereses de la nación.

diciembre 12, 2014

Silvio Zavala, la historia como pasión

Comenzaré como es usual por el principio, es un lugar común con algún encanto: conocí al doctor Silvio Zavala en París, yo trataba de hacer el doctorado en Ciencias Políticas y él era  un luminoso historiador y embajador de México en Francia. Por razones administrativas personales, lo traté un poco. Su prestigio era inmenso y su obra, seria, profunda y amplia, desbordaba inteligencia y cultura. Era en esos momentos la antítesis de doña Eulalia Guzmán, la estudiosa que encontró los restos de Cuauhtémoc en una apasionada investigación que aún quienes no estaban de acuerdo con su hallazgo y lo negaron, como Arturo Arnaiz y Freg, reconocían su talento y tenacidad. Zavala por su lado, era visto como un historiador que no estaba de acuerdo con la leyenda negra que siempre ha pesado sobre los españoles al llevar a cabo la conquista y la brutal colonización.

En 1984 recuperé la relación con mi maestro el doctor Carlos Bosch quien fue alumno de Silvio Zavala y lo fue en la época en que el discípulo respetaba profundamente al maestro e iniciamos una hermosa amistad. Me rogó que  el trato no fuera de maestro y discípulo sino de pares, algo imposible. Bosch también era dueño de una obra monumental. 

   Durante la rica polémica que se dio en el suplemento cultural El Búho sobre el quinto Centenario, Silvio Zavala intervino con la erudición y sensatez que le fue proverbial. Sus “contrincantes” fueron Edmundo O’Gorman, León-Portilla, Leopoldo Zea, Andrés Henestrosa, quizás Ernesto de la Torre Villar y otros hombres sabios que daban sus puntos de vista de lo que realmente aquel choque o encuentro de culturas significó a la larga. Así que de pronto, Bosch y yo lo visitábamos en su casona de Las Lomas y lo oíamos exponer con brillantez diversos temas. Uno destacaba en esos momentos, la destrucción del Paseo de la Reforma, los pésimos cambios que las autoridades encabezadas por Manuel Camacho, llevaban a cabo con total impunidad. Quiero aquí recordar que Zavala demandó para la Diana Cazadora un lugar adecuado y una base razonable. El entorno debería ser boscoso, como están las Dianas en todo el mundo. El resultado fue una obra que editó, me parece El Colegio Nacional, donde escribía del tema con una impresionante cultura. Durante una visita de Juan Pablo II, en 1990, don Silvio fue designado orador merced a su altísimo rango intelectual. Su texto resultó largo para la ceremonia y lo publiqué íntegro en El Búho.

En el mismo suplemento, y gracias a la relación amistosa con Alejandro Finisterre, pude publicar algunas cartas entre Silvio Zavala y Eulalia Guzmán, ambas figuras jóvenes todavía y en proceso de elaborar sus mejores obras. Fue extraño. El tiempo había llevado a doña Eulalia a una veneración extrema por el mundo prehispánico, semejante a la de Diego Rivera que pintó contrahecho a Hernán Cortés.

El recuerdo que conservo del doctor Zavala es el de un hombre elegante, mesurado y erudito. Su larga bibliografía lo prueba. Carlos Bosch, quien por cierto, murió mucho antes que el profesor a quien le dirigió su tesis doctoral, bordaba sobre sus teorías. Mucho me impresionaba la relación de cariño y respeto que ambos se profesaban. La última vez que hablé con don Silvio, lamentó no poder ir más a Europa a investigar en sus prodigiosos archivos, los largos viajes le fatigaban en exceso. Fue aparte de firme historiador, acaso el mejor de los mexicanos, jurista y diplomático. Murió en este final de año devastador para nosotros, los medios mostraron poco respeto y dieron la noticia como por obligación, no fue velado en Bellas Artes por alguna razón misteriosa para mí. Tuvo una larga vida y recibió, entre muchos otros, el Premio Príncipe de Asturias. Fue un investigador riguroso, severo y una persona cálida y fina.

diciembre 10, 2014

Luis Herrera de la Fuente, el arte universal

Hace ya algunos lustros, por razones de afinidades culturales, formamos accidentalmente un grupo que se mantuvo hasta que muchos de los integrantes comenzaron a fallecer. Lo integrábamos Luis Herrera de la Fuente, Andrés Henestrosa, Griselda Álvarez, Sebastián, Bernardo Ruiz, Carlos Montemayor y yo. Juntos asistimos a diversos actos artísticos: una mesa redonda sobre literatura, artes plásticas, o presentaciones de libros. Obvio. También hacíamos vida social. La gran figura era sin duda Herrera de la Fuente.

En la UAM-X edité un hermoso libro, por su contenido y por su digna presentación, de Herrera de la Fuente. La obra contiene agudos aforismos de Luis y pronto se agotó. Adelante, me entregó una nueva serie y decidí ponerlos juntos. Se llama Notas falsas. El prólogo me correspondió hacerlo y allí escribí insistiendo en que el músico también dominaba las letras. Luego redacté multitud de páginas sobre sus dos facetas. Me ligaba a su persona y su talento, una lejana admiración y una estrecha amistad. He recordado lo que significó para mí el primer disco que le escuché: dirigía la Sinfónica Nacional y allí estaban obras cumbres de la música sinfónica mexicana, enriquecidas por la batuta de un hombre excepcional. Más adelante, las vueltas de la vida me permitieron conocerlo personalmente y disfrutar su conversación llena de inteligente cultura y salpicada de fina ironía. No pocas veces estuvimos en la mesa de conferencias para presentar libros suyos, sobre Sebastián o míos. Esto, aparte de mostrar su faceta de hombre generoso, manifestaba una sólida preparación literaria y artística en general. Alguna vez, en un programa radiofónico, lo interrogué: ¿De dónde, Luis, tu prosa tan bien trabajada, tan literaria? Su respuesta fue sencilla: Antes que músico quise ser escritor, ésa fue mi primera vocación.

Vi a Luis Herrera de la Fuente más rodeado de literatos que de músicos. Su amistad con el poeta Rubén Bonifaz Nuño, por ejemplo, era, aparte de antigua, cálida. De este modo, respondiendo a esa vocación inicial, dejó momentáneamente la música para satisfacer su pasión de escribir. Luis ha escrito no sólo artículos agudos y ensayos brillantes, sino también obras autobiográficas, libros que nos permiten ver de cuerpo entero al músico, al artista, al hombre irónico, al analista de su tiempo, con una enorme capacidad para distinguir lo negativo de lo positivo, lo hermoso de lo desagradable. Es, lo he puesto en otras palabras, un hombre cuya presencia enriquecía. Con exactitud precisé: Cada encuentro con él es una lección, una serie de enseñanzas poderosas que no se halla en la academia. Admiro su música y su extraordinaria sensibilidad, una inmensa sabiduría, su fortaleza usada para maravillarnos y todo aquello que implica existir en el sentido que Pavese concibió en El oficio de vivir: su música, su literatura, en esencia, su pasión por lo más hermoso de lo humano.

Su muerte me conmovió a pesar de que sus amigos y familiares la podíamos anticipar. Sin Victoria, su sensible y aguda esposa, Luis se aferraba a la música. Pensaba en dirigir nuevamente. Hace poco más de un mes le llamé para invitarlo a la entrega de la Medalla Bellas Artes del INBA. Me dijo, no será fácil ir en silla de ruedas. No insistí. Yo estuve cuando le entregaron la correspondiente por sus grandes logros en el campo musical. Quedamos en comer juntos en compañía del excepcional barítono Roberto Bañuelas, amigo común.

Luis ha muerto y siento una tristeza infinita. Casi al mismo tiempo falleció el notable historiador Silvio Zavala, a quien asimismo mucho admiré y quien colaboró conmigo en el viejo suplemento cultural El Búho. Fue uno de los brillantes polemistas cuando conmemoramos el quinto centenario del descubrimiento de América. Si a don Silvio Zavala lo conocí como historiador y decidido defensor de la belleza de la capital, a Luis Herrera de la Fuente lo vi siempre como un soberbio músico que le puso a las palabras un delicado ritmo musical.

Ambos dejaron un rico legado a México. Nos corresponde mantenerlo vivo.

diciembre 08, 2014

La corrupción intelectual en México

México tiene una tradición abominable: la del intelectual que comienza su vida siendo crítico del sistema y termina sirviéndolo. No es nueva, va del gran poeta Díaz Mirón a Carlos Fuentes y Octavio Paz. Tiene hondas raíces y su vinculación más estrecha es con el caudillismo nacional. En un país donde el presidente de la República es heredero de una larga historia de tiranos que acumulan un poder inmenso y  desean someter a toda la sociedad a su control, al intelectual no le queda otra alternativa que serle útil si en efecto busca premios y recompensas. La lista de grandes artistas plásticos y de notables escritores que buscaron el afecto del poder es amplia y triste. Muchos de ellos no lo necesitaban, habían hecho obras memorables como Agustín Yánez, secretario de Educación Pública con Díaz Ordaz.

El intelectual tiene una compleja red de relaciones sociales y de entre todas ellas sin duda la más debatida se refiere a sus contactos con la política. Hay quienes se quejan de la creciente despolitización de los artistas y escritores mexicanos. Cierto, tienen razón, carecemos de los herederos de Rivera y Siqueiros, de Revueltas y Juan de la Cabada. A lo sumo padecemos jóvenes que alardean de sus juicios contestatarios, pero que de inmediato se suman a los empleos burocráticos que les ofrecen o a las tareas que hallan dentro de la esfera gubernamental.

Tenemos, sí, un buen número de poetas y narradores de calidad, sólo que casi todos ellos parecieran vivir de espaldas a la historia. Solamente en México existen o sobreviven más de 50 millones de personas en extrema pobreza. Y en el ámbito internacional, EU ha invadido países árabes sin que aparezcan las protestas de otra época. Nadie recuerda ya las fotografías que muestran a los miembros del Taller de Gráfica Popular o a los escritores de la LEAR recorriendo las calles haciendo campaña contra el fascismo o, más adelante, contra la guerra fría. Hoy prácticamente no existen intelectuales y artistas que asuman responsabilidades políticas y sociales, se limitan a buscar el éxito y la fama y ven en el Estado, sin importar quién sea el titular, una posible forma de apoyo.

El México reciente es un claro ejemplo. Los intelectuales y artistas de mayor éxito se formaron en tiempos en que pertenecer a la izquierda resultaba no sólo un hecho de coraje, sino también de prestigio. Carlos Fuentes y Fernando Benítez le deben parte de su reputación a este tipo de conductas. De este modo el éxito los abrumó. Los medios y la sociedad cayeron en la trampa: eran intelectuales avanzados. La mala memoria nacional también ha contribuido al mito. Pocos o nadie recuerda los lazos de ambos con Luis Echeverría. El primero fue embajador en Francia a su servicio y el segundo se dedicó a promover la imagen “combativa” de Echeverría, al proponer la siguiente disyuntiva “Echeverría o el fascismo”.

Luego, más adelante, ambos fueron útiles para que Carlos Salinas de Gortari reorientara el rumbo nacional. Asustado por la forma en que artistas e intelectuales le dieron su voto al ingeniero Cárdenas, Salinas prefirió revitalizar el tradicional apoyo estatal a los intelectuales y creó Conaculta para ponerlo en manos de Víctor Flores Olea y en las de Octavio Paz. La pugna entre ambos escritores fue un choque que terminó con el efímero reinado de Flores Olea, izquierdista en su juventud, marxista, para mayores precisiones, luego priista y finalmente (otra vez) crítico del sistema. El eterno juego intelectual, saltimbanquis políticos, incapaces de fidelidad a una causa, a ciertos principios. El hecho de que se haya derrumbado el socialismo no significa que los problemas y las injusticias hayan desaparecido. Al contrario, han aumentado merced al intento globalizador de EU, a su necesidad de continuar con el Destino Manifiesto y poner en la Casa Blanca al presidente de todo el planeta, bajo un sistema económico capitalista y un ejército demoledor mandado por el Pentágono. ¿Dónde quedaron los intelectuales sensibles a los daños del imperio o a los eternos problemas nacionales?

diciembre 07, 2014

Vicente Leñero, un justo

Fue innovador en su periodismo, hizo avanzar a la literatura con novelas, dramas y cuentos.

El poeta Marco Antonio Campos calificó a Vicente Leñero con tres palabras: Es un justo. Yo hubiera dicho ejemplar. Al enterarme de su fallecimiento y recordar su obra y vida, entiendo mejor la expresión deCampos.
Leñero vivió con dignidad y sin aspavientos. Fue innovador en su periodismo, hizo avanzar a la literatura con novelas, dramas y cuentos. No hubo prácticamente género que no cultivara. Dueño de una prosa esmerada y bella supo narrar historias en teatro, novela y diarismo.
Lo recuerdo presentado por José Agustín, ambos trabajaban en la revista ClaudiaLeñero era el director. Tenía pocos libros publicados: La polvareda y La voz adolorida. Pero en 1963, obtuvo con Los albañiles el Premio Biblioteca Breve y con ello, se convirtió en uno de los mejores narradores de México, pese a las críticas severas de algunos, Emmanuel Carballo, entre otros. Generoso con aquellos que se acercaban en busca de consejos, le mostré algunos cuentos y las primeras páginas de una novela. Seleccionó un relato y lo publicó. Nunca le dije lo feliz que fui al ver mi historia publicada bajo sus órdenes.
Tengo algunos recuerdos de esa época, incluso una larga entrevista que le hice para El Nacional, hace lustros desaparecido. Sus pláticas eran discretas pero tenían una profunda sabiduría y un elegante sentido del humor. Alguna vez caminamos por Avenida Juárez, buscaba una antología de cuentos de Luis Leal, donde Vicente estaba incluido. Lo hicimos lentamente. El resultado fue pasmoso, recibí una espléndida clase de literatura de un hombre que no había publicado muchos libros y cuyo éxito estaba por detonar.
De la entrevista que le hice conservo algunas respuestas que vale la pena reproducir más para conocer al ser humano agudo y decente, al escritor, acaso el primero en hacer en México Nuevo Periodismo. “Un autor valioso —no necesariamente un genio— termina publicando tarde o temprano…”. Otra respuesta: “Las ediciones de autor son como berrinches infantiles. Pero tal vez me equivoque”. En el mismo tono expresó: “Nadie rechaza un libro realmente bueno, si está convencido de que es bueno. El editor puede equivocarse, pero equivocarse ‘conscientemente’ obraría contra sus propios intereses literarios y comerciales”.
En este mismo tema, el editor y sus asesores, que Leñero llamaba “identificación literaria”, explicaba que pueden errar por diversos motivos. Y algo que llamó mi atención: “Un escritor que con tal de ver publicado un libro se esclaviza a las ideas ‘geniales’ del editor, es un escritor con más vanidad exhibicionista que talento, un escritor endeble. Pero si su posición ‘intervencionista’ responde a motivos de orientación al autor novel, estoy de acuerdo. La suya es una opinión de un hombre que conoce el terreno literario; es, a fin de cuentas, la de un especialista”.
De aquel diálogo distante (1966) conservo textuales sus palabras sobre la literatura mexicana en el extranjero: “Para Europa somos todavía literariamente pequeños; nuestra literatura es más objeto de curiosidad, de atractivo exótico, que de verdadero interés”. Esto lo probaba con las escasas segundas o terceras ediciones de los latinoamericanos traducidos. Finalmente, dijo: “Para conquistar las letras de molde es necesario escribir bien. Ésa es, en última instancia, la verdadera necesidad, el verdadero fin de un escritor”. Y eso hizo Leñero con cuentos, novelas, obras dramáticas, ensayos, artículos, libros memoriosos, escribir con un estilo elegante y natural. Muy cuidado.
Tuve el honor de ser su editor, publiqué sus trabajos periodísticos iniciales más emblemáticos en dos tomos en el antiguo Instituto Nacional de la Juventud, donde yo dirigía la sección editorial: El derecho de nacer y otros reportajes y La zona rosa y otros reportajes, aparecidos originalmente enClaudia. Ahora en un volumen de tareas periodísticas.
Mucho aprendí de él en breves encuentros, en pláticas cordiales. No he olvidado la aventura que fue leer Los albañilesLos periodistasEstudio QEl garabato. Sus preocupaciones formales contagiaban. Si debo definirlo ahora que ha muerto, revisando su impresionante obra literaria, dramática y periodística, su biografía, Marco Antonio Campos tenía razón, era un justo, dándole al término un sentido místico y literario. La otra pasión fue su familia. Políticamente fue severo, correcto y ajeno a la perversión intelectual, común en México.