Tantadel

enero 04, 2015

Borges: ¿“reaccionario” o “comunista”?

¿Vale la pena mantener el odio contra el autor porteño?

Durante largo tiempo supuse que el arte debería tener un obvio mensaje social. Luego me percaté que el problema es más complejo de lo que a primera vista suponemos. Fui testigo de una polémica que persiste pese a la bajeza de los argumentos: el compromiso político. Me formé en tal idea, me la imbuyeron los más destacados comunistas y trotsquistas, la izquierda histórica, y yo, ingenuo, la creí. Mi formación literaria es más cercana al arte fantástico que al realismo socialista. Más que amar a Fadeiev y a Bubennov, me sedujeron Poe y  Kafka. Si me acercaba a los rusos, me quedaba con TolstoiChejov y Dostoievski, aunque nunca rechacé a GorkiShólojov y Babel. Me gusta la expresión deNabokov: El mensaje es para los telegrafistas. El sentido del humor del exilado ruso Bulgakov, no distante del duro deOrwell, me encanta. Sobre el compromiso político,Monterroso me dio una imagen cortante: Al bombero le pedimos que apague el incendio, al escritor que haga arte.
La Revolución Cubana despertó en buena parte de mi generación esperanzas y expectativas políticas: el mundo se globalizaba en rojo. A la URSS, se sumaban por la fuerza de las armas o el poder electoral, más países: Europa del Este, China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, Chile. Ernesto Guevara era el ejemplo a seguir, no una simple imagen en una camiseta. Por años permanecí en el clóset: hablaba de compromiso, pero escribía relatos amorosos y fantasiosos inspirados en las mitologías grecolatinas y bíblicas. Ocasionalmente saltaba a la redacción de contundentes declaraciones de guerra a los sistemas capitalistas y represivos como el nacional: luego de la matanza de Tlatelolco, donde Emmanuel Carballo y yo nos encontramos antes del crimen, escribí mi novela El gran solitario de Palacio. En La Habana editaron una antología de escritores comunistas mexicanos, en el prólogo les llamaba la atención un materialista dialéctico que escribía sobre fantasmas enamorados: yo.
   En esos años, un autor admirable que ha puesto el castellano en la cúspide, Borges, era excomulgado por intelectuales izquierdistas latinoamericanos. Lo acusaron hasta de servidor del imperio y se llegó al extremo de promover libros donde se “probaba” que la suya era una “prosa reaccionaria”. Con el tiempo y el derrumbe del bloque socialista las acusaciones en tal sentido fueron sepultadas.Benedetti, en plana polémica, escribió que seguiría combatiendo al Borges político, de la misma manera que mantendría la admiración por su inmensa literatura, quien con desenfado natural no exento de ironía, confesaba disfrutar la poesía amorosa de Neruda y simultáneamente le irritaban sus poemas “civiles”. En tal sentido y en otros ámbitos, el marxista Isaac Deutscher trató el tema.
Viene al caso esta síntesis de una larga y tediosa pugna porque en muchas librerías europeas es fácil encontrar aBorges, prueba de la perdurabilidad de su genial obra, mientras que acabo de leer un texto donde vuelven a “probar” que es un intelectual “reaccionario”. ¿Vale la pena mantener el odio cuando el autor porteño ha probado la superioridad de su arte, clásico en vida a pesar de no recibir el Premio Nobel?
La lista de literatos y pintores que no tomaron en serio el compromiso político es infinita. Y algo peor: narradores como Celine, que fueron fascistas, ahora son venerados en el mundo. Contó su talento literario, no su aborrecible conducta política. Descalificar a Borges, es perderse en el vacío por más “pruebas” que logren extraer de su propia obra. En una entrevista que le hizo Andrés Oppenheimer, ante preguntas capciosas, el bonaerense concluyó con algo desconcertante para la izquierda convencional: el sentido del humor: Lo que ocurre es que ustedes me toman demasiado en serio.
Esto me recuerda algo chusco y patético: hace muchos años publiqué un artículo-ficción: Borges el comunista. Con estilo borgeano, argumentaba las razones por las que el autor se hizo marxista-leninista abandonando sus simpatías por el idealismo. La nota produjo un escándalo en Argentina y México. De Buenos Aires, comunistas porteños mostraron desconcierto y pedían mayor información. Fui llamado por el Comité Central y me dieron una severa reprimenda. Nadie, está visto, tenía sentido del humor. Un compañero de la UAM contestó como si fuera Borges y añadió más datos sobre su conversión. Finalmente, Lauro Zavala dio con él y lo rescató para una antología de cuentos. Extraño final para una simple humorada sobre un genio.

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